sábado, 31 de diciembre de 2016

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Bienvenidos a Una Locura de Película, un sitio de crítica cinematográfica en continua transformación. Creado a finales del 2008 por Rodrigo Moral, único administrador, procura tanto comentar algunos de los títulos más significativos de la actualidad como analizar algunos clásicos consagrados. Toda apreciación es subjetiva y el público está invitado a plasmar en los comentarios la suya. 
Además, es necesario aclarar que este sitio no difunde links de descarga ni está asociado a ningún servidor de descargas. 

Por cualquier duda que tengan, están invitados a escribir debajo, o a enviar un mail a rodrigomartinmoral@hotmail.com, actual dirección de correo electrónico de quien les habla, y que además los saluda atentamente.

sábado, 4 de abril de 2015

Leviathan.




Crítica.

Título: Leviathan (Левиафан)
Dir.: Andrei Zvyagintsev.
Año: 2014.



Los amaneceres en las películas son la transición a una nueva fase en la vida de las criaturas cinematográficas, una renovación del espíritu tanto individual como colectivo. Eso lo saben muy bien los directores de fotografía, que captan la belleza inigualable del cielo durante la salida del sol en los momentos precisos. Así lo entendió recientemente Hoyte van Hoytema, cuyo trabajo en la fotografía de la obra maestra de Spike Jonze Ella no quedó exento de este tópico: el plano final es la garantía del renacer, del "pasar a otro tema", ese espacio en blanco que hay entre palabra y palabra o entre tecnología y tecnología; es, en síntesis, lo nuevo, el porvenir. Dicho uso del amanecer ya ha sido oportunamente analizado en la crítica del filme de Spike Jonze, y su mención aquí sirve tan solo a modo de ejemplo. Introducida esta cuestión, no puede dejar de remarcarse el sobresaliente trabajo de Mikhail Krichman, director de fotografía de Leviathan, producción rusa estrenada esta semana en cines argentinos. La obra comienza con unas bellas postales del norte ruso durante el amanecer, con un fragmento del preludio del Akhnaten de Philip Glass musicalizando las imágenes. No hay acción y el único movimiento perceptible es el de las aguas del mar de Barents apenas agitándose. El resto es soledad, aislamiento, silencio y ruina, elementos habitualmente presentes en las películas de Andrei Zvyagintsev, director del filme. Se trata de un inicio magistral que sumerge de lleno a la audiencia en la desolación del lugar, con la promesa de que ese amanecer suponga un cambio radical en la vida de sus protagonistas. 

El cine de este gran director ruso, para muchos heredero de Tarkovski, para otros simplemente un admirador de Tarkovski pero con estilo propio y enormes capacidades, es complejo en varios niveles. Zvyagintsev está atento al lenguaje fotográfico, que traduce los sentimientos de los personajes. Sus largos planos hablan por sí solos, como en Izgnanie/The banishment, uno de sus títulos más redondos y más logrados en términos artísticos. Normalmente deja que ese lenguaje tenga mucho más peso que los diálogos entre personajes, bastante escasos. Eso ha hecho que el mercado occidental (o para ser más justos con el término, el mercado americano) no haya recibido debidamente el cine del director. Sus otras dos películas, El regreso y Elena han pasado por algunas salas sin pena ni gloria, cosa bastante lamentable sobre todo en el primer caso, el de su ópera prima, que es por lejos su mejor película y una de las obras maestras fundamentales del siglo XXI. Pero Leviathan, con sus conflictos universales, su temática política, su costado jurídico y su descripción de la desintegración familiar, sumados al incansable diálogo entre sus miembros y a los destellos de humor corrosivo y mordaz, ha logrado una aceptación notoria en los Estados Unidos, país en el que obtuvo, entre otros reconocimientos, el prestigioso Globo de Oro que anualmente otorga la asociación de prensa extranjera. 

Pero la complejidad de su cine no atraviesa exclusivamente aspectos de estilo sino, además, rasgos psicológicos en la configuración de los personajes, que viven en silencio, sufren en silencio y estallan en silencio. Hay una gran oscuridad en las interacciones familiares, una ausencia casi total del afecto. Predominan los núcleos familiares que, por causas tanto internas como externas, entran en tensiones insostenibles que desembocan en lugares no deseados. En Leviathan confluyen factores de ambas clases. La causa interna es el vínculo poco afectuoso (o muy agresivo) entre el niño y la actual pareja de su padre, que se debe naturalmente a las dificultades de adaptación del nuevo esquema familiar, que ya no incluye a la figura de la madre sino a otra mujer. La causa externa es precisamente la que da nombre al filme: la presencia intimidante del alcalde que hostiga a la familia para apropiarse de su terreno, demoler la casa y edificar allí. El patriarca, Kolya, inicia un proceso judicial contra la autoridad máxima de su pueblo. Invita a un abogado amigo de Moscú a quedarse un tiempo y ayudarlo con el proceso, aunque desde un comienzo uno intuye que verdaderamente no hay mucho que hacer. El alcalde es un hombre bajo y gordo, bastante vulgar, siempre ebrio (de poder o de alcohol: en algún punto ambas adicciones son igual de peligrosas), con estupendas relaciones con la iglesia y demás organismos de poder; no es ni más ni menos que un corrupto, o dicho de otra manera, el representante de la ciudadanía. 

La crítica a la iglesia y a la política hizo que el Ministerio de Cultura Ruso, que financió parcialmente y sin titubeos la obra del cineasta actual más importante del país, se arrepintiera luego de haberlo hecho: más de un dirigente político se enfureció tras ver Leviathan, película que no consideran que refleje la realidad de la gestión de Vladimir Putin. El resultado: fue estrenada en cines selectos y con escenas censuradas, pero amada por un gran sector de la población que supo valorar la osadía de mostrar la cruda realidad sociopolítica. Zvyagintsev aclaró que no pretendía hablar de la política de un país sino de la corrupción universal. La escena en que un grupo de hombres beben vodka y disparan a un montón de retratos de antiguos líderes soviéticos (uno de ellos incluso pregunta si no hay un retrato de algún líder ruso contemporáneo) es defendida por el cineasta bajo el pretexto de ser una escena humorística para que los casi ciento cincuenta minutos de duración no sean tan duros. Y en esto tiene razón: si hay algo que le sobra a Leviathan es dureza y crudeza. Pero va mucho más allá de la reflexión política (que sigue la línea del Leviatán de Hobbes y usa la misma metáfora del Leviatán bíblico para aludir a una criatura, el Estado, que lo devora todo), y se centra en cómo este paradójico proceso judicial, este laberinto sin salida, activa el irreversible resquebrajamiento de la unidad familiar, o lo poco que quedaba de ella. En este punto, quien haya visto Izgnanie, notará similitudes elementales. Con todo, no deja de ser una mirada singular acerca de cómo los agentes externos tienen la fuerza suficiente para arrasar con los seres vulnerables, más aun cuando a estos últimos no los gobiernan ni la unión ni la concordia. 

Sobre todo lo controversial que puede ser el más reciente filme de un magnífico cineasta como Andrei Zvyagintsev, la experiencia que supone verlo es devastadora en el mejor de los sentidos. Porque en esos paisajes solitarios y en esos recintos donde se enriquecen los más sucios burócratas está la clave para generar en el espectador muchos sentimientos, desde la satisfacción que producen los pequeños triunfos hasta la impotencia que genera la lucha desigual entre un líder político y un indefenso civil. Un extraordinario trabajo de dirección, un libreto notable y un elenco más que efectivo son algunos de los tantos atractivos que convierten a Leviathan en uno de los títulos imprescindibles del año. Tal vez los amaneceres de Mikhail Kirchman no sean como el resto de los amaneceres, faros de esperanza alumbrando los rincones más sombríos de la naturaleza humana; del mismo modo el cine de Zvyagintsev no se parece a nada, ni siquiera al cine de Tarkovski, al que por supuesto guiña sin disimulo. Dicho todo esto, de principio a fin y por muchos motivos, una película inigualable e imprescindible. 

Puntuación: 8/10 (Muy buena)

lunes, 30 de marzo de 2015

Attila Marcel.




Crítica.

Attila Marcel.
Dir.: Sylvain Chomet.
Año: 2013.


Sylvain Chomet es uno de esos representantes del séptimo arte que se toman su tiempo para rodar y, cuando lo hacen, inundan el cine de una magia pocas veces vista. Este gran director lleva dirigiendo casi dos décadas, pero cuenta con tan solo tres largometrajes. Los dos primeros trabajos son sin dificultad dos de las mejores películas animadas de la historia del cine: Las trillizas de Belleville y El ilusionista. El tercero es Attila Marcel, con el que se desplaza a la acción real, pero preservando intactos tanto sus excesos habituales como su indiscutible frescura como contador de historias. Además, insiste en seguir explorando los conflictos intergeneracionales, un motivo que viene repitiéndose desde su ópera prima, en la que una abuela intenta descubrir cuál es la pasión de su nieto. Attila Marcel promete un desarrollo similar, fundamentalmente centrado en la relación entre un joven músico y sus tías; no obstante, estas mujeres no pretenden descubrir la pasión del sobrino, sino más bien imponerle la suya: el piano. Su título es la primera de las tantas referencias artísticas, puesto que toma el nombre de una de las canciones que el mismo Chomet compuso para la banda sonora de Las trillizas de Belleville. Las razones de la elección son misteriosas, pero constituyen el primer síntoma de un libreto repleto de detalles deliberadamente dispuestos para ampliar las lecturas sobre la obra. 

La trama es relativamente sencilla: se centra en la cansina rutina diaria de un joven soltero de treinta y tantos, abandonado al mutismo y a la insoportable convivencia con dos tías que dictan cursos de danza y lo usan como musicalizador. El muchacho, al igual que su familia entera, tiene un talento natural para la música y para el piano, instrumento que toca anualmente en concursos de la juventud. Sin embargo, comprende que no es su pasión, y que está viviendo la vida de alguien más: guiado desde pequeño a convertirse en otro individuo por su entorno familiar, ha terminado delante de un desafinado piano de cola. Sus tías ganaron la pugna por el niño prodigio, mientras que este padece la infelicidad de una vida de alquiler (hay un oportuno número musical, "Ni l'un ni l'autre", de una belleza salvaje). Todo cambia cuando conoce a Madame Proust, una suerte de hippie decadente, de ambientalista desatada, de desequilibrada mental o de psicoanalista budista que le ofrece un servicio muy particular, que bien podría llamarse "servicio proustiano". Es una terapia que mezcla la hipnosis con el fenómeno de la memoria involuntaria, que quedó inmortalizado en alguno de los tomos de la extensa novela de Marcel Proust En busca del tiempo perdido. Este mecanismo busca rastrear recuerdos ocultos en el inconsciente y se activa con tres elementos: la música, el té de hierbas y una madeleine. Este último objeto, de tradición simbólica en la literatura, luego se desplazó a otras artes y, alterando su forma, ablandó en la gran pantalla del cine el alma de Anton Ego, crítico culinario de Ratatouille, víctima del efecto Proust que araña involuntariamente las rústicas paredes de su infranqueable memoria. El uso de la madeleine y el nombre del personaje, Mme. Proust, forman un par ordenado demasiado icónico como para ser simplemente una casualidad. 

Pero hay vida más allá de los flashbacks proustianos y de las referencias artísticas. También es mucho más que pura estética, ya que el uso de colores vivos, que amenaza con emparentarlo a las peores producciones de Jean-Pierre Jeunet (básicamente las que no hizo con Marc Caro), tiene propósitos mucho más nobles que la mera decoración, como puede verse en el uso de colores opuestos (azul/naranja) en la vestimenta del protagonista y sus tías para marcar un contraste. Todo esto está, y puede llegar a desviar la vista, pero hay mucho más. Sustancia emocional a raudales, grandes interpretaciones del cuarteto protagónico (el joven, la vecina y las tías), que son algo nuevo en la carrera de un director que siempre ha extraído de los actores sus voces y nunca sus gestos, sus movimientos, sus transformaciones (principalmente esa gran revelación del cine francés, Guillaume Gouix, con poca trayectoria en la actuación y la dirección, pero con una enorme fuerza que lo convierte en una promesa del cine francófono, tal como lo demostró en el notable drama de temática gay Hors les murs). También está la historia de fondo, que se mueve entre la comedia y el drama con mucha delicadeza, sin dejar que una eclipse a la otra. Este movimiento pendular la hace sorprendente y mucho más emocionante hacia el acto final, que gana en intensidad. Esa mezcla de patetismo, ridículo y fantasía se vuelve sobre el espectador haciéndolo vibrar emocionalmente, y sembrando en él algunos momentos inolvidables, números musicales insólitos, ocurrencias desopilantes, personajes brillantemente diseñados (atención a la tríada del sordo-mudo-ciego); recuerdos que, en definitiva, tardarán mucho tiempo en ser enterrados bajo la conciencia o la lucidez, como las grandes piezas artísticas que de vez en cuando el cine regala a su audiencia. Y si el tiempo o el deterioro los sepultaran, siempre quedarán las madeleines. 

Puntuación: 8/10 (Muy buena)

domingo, 22 de febrero de 2015

Predicciones y favoritos para el Oscar.

Nominados y favoritos al Oscar.

Los Oscar, amados y odiados en partes iguales, marcan como es habitual el cierre de la temporada de premios, iniciada aproximadamente cuatro meses antes. En ese lapso llueven pronósticos, muchos de los cuales no podrían estar más equivocados, la crítica estadounidense otorga sus premios por Estado, algunas asociaciones importantes hacen lo suyo, el año se termina, comienza uno nuevo, hasta que los Critics' choice awards, los Globos de Oro, los premios de los sindicatos (productores, directores, actores, etc) y los BAFTA (los "Oscar británicos") dictan sentencia. Estos últimos cuatro premios conforman lo que tradicionalmente denominamos "la antesala del Oscar", y sirven como termómetro más o menos fiable de lo que ocurrirá en el último round. 

Este año, dos películas en cierto punto diferentes llegan con ventaja. "Momentos de una vida", cinta estadounidense independiente premiada en el Festival de Berlín hace un año y dirigida por Richard Linklater, un cineasta respetado pero no demasiado reconocido por la Academia. Su gran innovación es haber sido rodada en alrededor de cuarenta días distribuidos en doce años, captando la transformación física (el envejecimiento, sobre todo) de sus actores/personajes. "Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia", también estadounidense pero dirigida por un mexicano y co-guionada por argentinos, tiene la particularidad de haber sido rodada en una falsa única toma (es decir: aparenta estar filmada así). Son propuestas arriesgadas que desplazaron a productos nominados más convencionales, de tipo academicista, como El código Enigma de Morten Tyldum y La teoría del todo de James Marsh, ambos biográficos de Alan Turing y Stephen Hawking, respectivamente. La tercera alternativa es "El gran hotel Budapest", una narración muy interesante a cargo de Wes Anderson, que conserva su estilo, y le añade una seriedad que pocas veces se vio en su cine. Siendo probablemente su obra más madura, ha sido reconocida con nueve candidaturas (lidera en número de nominaciones, junto a Birdman). 

Aparte de las cinco nominadas antes mencionadas, Clint Eastwood logró un espacio de privilegio con "El francotirador", una película sumamente exitosa sobre la vida y obra de Chris Kyle, el hombre más letal de los Estados Unidos durante la intervención del país en Oriente medio. Una película valiente en casi todas las formas posibles. El joven Damien Chazelle consiguió cinco nominaciones con "Whiplash", drama sobre la música y la obsesión por la perfección, que aborda la relación entre un exigente profesor/director y un alumno dispuesto a todo por alcanzar la gloria de los grandes. Y finalmente "Selma", un poderoso drama producido por Oprah Winfrey sobre Martin Luther King Jr., que con solo dos nominaciones (menos de las que merece) se ha colado entre las ocho finalistas. 
Afuera se han quedado títulos como "Interestelar", con cinco nominaciones; la excelente "Foxcatcher" con igual número (nominada, entre otras categorías, a mejor dirección) y "Mr. Turner" con cuatro. 

Los argentinos depositan sus esperanzas en el triunfo de "Relatos salvajes" en la categoría de mejor película extranjera, que este año no cuenta con un gran nivel (se han quedado afuera tres películas enormes como "Sueño de invierno" de Turquía, "Dos días una noche" de Bélgica y "Fuerza mayor" de Suecia), pero que aun así no está tan mal. La argentina tiene muchas cosas a favor: una muy buena recepción del público (son muy pocos los detractores), un estilo más cercano al cine americano, algunas caras conocidas (Gustavo Santaolalla en la música, Ricardo Darín en el elenco), algún que otro premio en el camino (fue reconocida en los premios del National Board of Review) y una muy buena recepción de la crítica, además de los aplausos que recibió en el Festival de Cannes, en donde no ganó nada. Pero recordemos que la Academia suele premiar a aquellas películas que han sido derrotadas en festivales: el año pasado fue "La gran belleza", que aun siendo la mejor película de la selección del festival francés, no se llevó ni un solo premio. Meses después ganó el Oscar. Volviendo al caso de "Relatos salvajes", tiene en contra pertenecer al género de la comedia, que siempre ha estado un paso atrás del drama en casi todas las categorías. Y también tiene en contra a sus competidoras, que conservan la fuerza: "Leviathan" (Rusia), la mejor del quinteto, ganadora del Globo de Oro, puro cine de autor, devastador y satírico, propuesta muy artística pero con un ritmo y estilo más propios de festivales europeos; "Ida" (Polonia), un drama sobre las consecuencias del nazismo y del comunismo en ese país, en blanco y negro, que puede despertar simpatía entre los sectores más conservadores; "Mandarinas" (Estonia), de esas pequeñas grandes películas que podrían ganar tranquilamente sin que nadie objete su triunfo, un canto a la tolerancia religiosa contextualizada en los años 90 pero más oportuna que nunca; y "Timbuktu" (Mauritania), de la que no puedo decir mucho dado que no se ha estrenado aun. 

A continuación, el listado completo de los nominados al Oscar. 
Aclaración: están ordenadas preferencialmente. Es decir, la primera opción que aparece es mi favorita en la categoría, y así hasta llegar a la quinta.  


Mejor película.

El gran hotel Budapest (The grand Budapest hotel).
Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman or the unexpected virtue of ignorance).
El código Enigma (The imitation game).
Momentos de una vida (Boyhood).
Selma.
El francotirador (American sniper).
Whiplash: música y obsesión (Whiplash).
La teoría del todo (The theory of everything).

Predicción: Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia.
Podría ganar: Momentos de una vida.
Debería estar nominada: Foxcatcher.


Mejor dirección.

Bennett Miller - Foxcatcher.
Wes Anderson - El gran hotel Budapest (The grand Budapest hotel).
Alejandro González Iñárritu - Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman or the unexpected virtue of ignorance)
Morten Tyldum - El código Enigma (The imitation game).
Richard Linklater - Momentos de una vida (Boyhood).

Predicción: Richard Linklater - Momentos de una vida.
Podría ganar: Alejandro González Iñárritu - Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia.
Debería estar nominado: Paul Thomas Anderson - Vicio propio.


Mejor actor.

Steve Carell - Foxcatcher.
Bradley Cooper - El francotirador (American sniper).
Benedict Cumberbatch - El código Enigma (The imitation game).
Michael Keaton - Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman or the unexpected virtue of ignorance).
Eddie Redmayne - La teoría del todo (The theory of everything).

Predicción: Michael Keaton - Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia.
Podría ganar: Eddie Redmayne - La teoría del todo.
Debería estar nominado: David Oyelowo - Selma.


Mejor actriz.

Marion Cotillard - Dos días una noche (Deux jours une nuit).
Julianne Moore - Siempre Alice (Still Alice).
Reese Witherspoon - Alma salvaje (Wild).
Rosamund Pike - Perdida (Gone girl).
Felicity Jones - La teoría del todo (The theory of everything).

Predicción: Julianne Moore - Siempre Alice.
Podría ganar: Felicity Jones - La teoría del todo.
Debería estar nominada: Amy Adams - Big eyes.


Mejor actor secundario.

J. K. Simmons - Whiplash: música y obsesión (Whiplash).
Ethan Hawke - Momentos de una vida (Boyhood).
Robert Duvall - El juez (The judge).
Mark Ruffalo - Foxcatcher.
Edward Norton - Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman or the unexpected virtue of ignorance).

Predicción: J. K. Simmons - Whiplash: música y obsesión.
Podría ganar: Edward Norton - Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia.
Debería estar nominado: Josh Brolin - Vicio propio.


Mejor actriz secundaria.

Patricia Arquette - Momentos de una vida (Boyhood).
Meryl Streep - En el bosque (Into the woods).
Emma Stone - Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman or the unexpected virtue of ignorance).
Keira Knightley - El código Enigma (The imitation game).
Laura Dern - Alma salvaje (Wild).

Predicción: Patricia Arquette - Momentos de una vida.
Podría ganar: Emma Stone - Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia.
Debería estar nominada: Rene Russo - Primicia mortal.


Mejor película extranjera.

Leviathan (Rusia).
Mandarinas (Estonia).
Relatos salvajes (Argentina).
Ida (Polonia).
Timbuktu (Mauritania).

Predicción: Mandarinas.
Podría ganar: Relatos salvajes.
Debería estar nominada: Fuerza mayor.


Mejor película animada.

El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no monogatari).
Grandes héroes (Big hero 6).
Cómo entrenar a tu dragón 2 (How to train your dragon 2).
Los Boxtrolls (The Boxtrolls).
Song of the sea.

Predicción: Grandes héroes.
Podría ganar: Cómo entrenar a tu dragón.
Debería estar nominada: La gran aventura Lego.


Mejor película documental.

Citizenfour.
Virunga.
La sel de la terre.
Last days on Vietnam.
Finding Vivian Maier.

Predicción: Virunga.
Podría ganar: Citizenfour.
Debería estar nominada: Life itself.


Mejor guión original.

El gran hotel Budapest (The grand Budapest hotel).
Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman or the unexpected virtue of ignorance).
Foxcatcher.
Momentos de una vida (Boyhood).
Primicia mortal (Nightcrawler).

Predicción: El gran hotel Budapest.
Podría ganar: Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia.
Debería estar nominada: La gran aventura Lego.


Mejor guión adaptado.

Vicio propio (Inherent vice).
El código Enigma (The imitation game).
El francotirador (American sniper).
Whiplash: música y obsesión (Whiplash). 
La teoría del todo (The theory of everything).

Predicción: La teoría del todo.
Podría ganar: El código Enigma.
Debería estar nominada: Perdida.


Mejor banda sonora original.

El código Enigma (The imitation game).
Interestelar (Interstellar).
La teoría del todo (The theory of everything).
El gran hotel Budapest (The grand Budapest hotel).
Mr. Turner.

Predicción: El gran hotel Budapest.
Podría ganar: La teoría del todo.
Debería estar nominada: Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia.


Mejor canción original.

"Everything is awesome" - La gran aventura Lego (The Lego movie).
"Glory" - Selma.
"Lost stars" - ¿Puede una canción de amor salvar tu vida? (Begin again).
"I'm not gonna miss you" - Glen Campbell: I'll be me.
"Grateful" - Beyond the lights.

Predicción: "Glory".
Podría ganar: "Everything is awesome".
Debería estar nominada: "Big eyes".


Mejor edición de sonido.

Interestelar (Interstellar).
El francotirador (American sniper).
El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos (The Hobbit: the battle of the five armies).
Inquebrantable (Unbroken).
Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman or the unexpected virtue of ignorance).

Predicción: El francotirador.
Podría ganar: Interestelar.
Debería estar nominada: Corazones de hierro.


Mejor sonido.

Interestelar (Interstellar).
Whiplash: música y obsesión (Whiplash).
El francotirador (American sniper).
Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman or the unexpected virtue of ignorance).
Inquebrantable (Unbroken).

Predicción: Whiplash.
Podría ganar: Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia.
Debería estar nominada: Guardianes de la galaxia.


Mejor diseño de producción.

El gran hotel Budapest (The grand Budapest hotel).
El código Enigma (The imitation game).
Interestelar (Interstellar).
Mr. Turner.
En el bosque (Into the woods).

Predicción: El gran hotel Budapest.
Podría ganar: En el bosque.
Debería estar nominada: Vicio propio.


Mejor diseño de vestuario.

Vicio propio (Inherent vice).
El gran hotel Budapest (The grand Budapest hotel).
Mr. Turner.
En el bosque (Into the woods).
Maléfica (Maleficient).

Predicción: El gran hotel Budapest.
Podría ganar: En el bosque.
Debería estar nominada: El Hobbit: la batalla de los cinco ejércitos.


Mejor dirección de fotografía.

Ida.
El gran hotel Budapest (The grand Budapest hotel).
Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman or the unexpected virtue of ignorance).
Mr. Turner.
Inquebrantable (Unbroken).

Predicción: Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia.
Podría ganar: El gran hotel Budapest.
Debería estar nominada: Interestelar.


Mejor edición.

El gran hotel Budapest (The grand Budapest hotel).
El código Enigma (The imitation game).
El francotirador (American sniper).
Momentos de una vida (Boyhood).
Whiplash: música y obsesión (Whiplash).

Predicción: Momentos de una vida.
Podría ganar: El gran hotel Budapest.
Debería estar nominada: Selma.


Mejores efectos visuales.

Interestelar (Interstellar).
El amanecer del planeta de los simios (Dawn of the planet of the apes).
Guardianes de la galaxia (Guardians of the galaxy).
X-Men: days of future past (X-Men: días del futuro pasado).
Capitán América: el soldado de invierno (Captain American: the winter soldier).

Predicción: El amanecer del planeta de los simios.
Podría ganar: Interestelar.
Debería estar nominada: Lucy.


Mejor maquillaje y peluquería.

Foxcatcher.
Guardianes de la galaxia (Guardians of the galaxy).
El gran hotel Budapest (The grand Budapest hotel).

Predicción: El gran hotel Budapest.
Podría ganar: Guardianes de la galaxia.
Debería estar nominada: Jersey boys. 

A propósito de Relatos Salvajes y el Oscar.

Relatos Salvajes y el Oscar.

La última película de Damián Szifrón, titulada "Relatos salvajes", viene dando vueltas desde su estreno en el prestigioso Festival de Cannes, en el que no obtuvo reconocimientos del jurado, pero sí una gran ovación. Muchos intuían que sus diálogos ácidos y la extravagante resolución de sus conflictos podría darle el premio al mejor guión. Pero un año antes, una producción china de características similares, titulada "A touch of sin" (película dividida en cuatro episodios protagonizados por personajes que pierden el control y que ven en la violencia una ruta alternativa para alcanzar la plenitud) se llevó ese premio, y todos sabemos que Cannes no premia dos años seguidos al mismo libreto. 

Aquello fue en mayo, tres meses antes de un accidentado estreno comercial en Argentina. ¿Por qué accidentado? Porque fue postergado una semana, una movida estratégica que generó aun más expectativas y ansiedades entre los espectadores locales. Luego ellos respondieron con una generosidad impresionante, permaneciendo hasta el día de hoy en cartelera cinematográfica, aproximadamente durante veinticinco semanas. En La Plata, se recuerdan pocos casos de obras que lograran sobrevivir tanto en cartelera: los casos más recientes y conocidos fueron la española "Volver" y la también nacional "Elsa y Fred". Pero hay más: "Relatos salvajes" no tardó mucho en convertirse en la obra nacional con mayor convocatoria en el país. A eso ayudó no solo el mérito propio de la película, una obra hecha para la gente (la violencia complace a las masas, o pregúntenselo a Quentin Tarantino), sino también la amabilidad de los medios de distribución clandestinos. La piratería hizo estragos en la Sony Pictures Classics (dicho sea de paso, la encargada de traer muchos de los mejores títulos del año), pero "Relatos salvajes" apareció recién en la red en el mes de febrero, casi medio año después de su estreno en Argentina. 

¿Cómo se explica el entusiasmo? Del mismo modo que en Una Locura de Película hemos intentado explicar la pasión que despertó "Whiplash: música y obsesión": Szifrón le da a la gente todo lo que quiere ver. Un compilado de situaciones cotidianas (caso Darín, caso Sbaraglia, caso Rivas) mezcladas con otras situaciones más extraordinarias (caso Martínez, caso Grandinetti, caso Cortese), pero las seis, en conjunto, explosivas. De algún modo u otro, todo lo que en la vida real se reprime, acá estalla. Y el placer de ver el estallido en pantalla, de ver materializarse lo prohibido, de ver consumarse el pecado, es innegablemente atractivo. De ahí que algunos detractores mal intencionados culparan al joven Szifrón por ser la causa única de ciertos actos vandálicos. Puede ser que existiera una relación entre la película y estos actos, pero la culpa no es del director: es de los vándalos. Siempre. 

La obra pasó por otros festivales menores en los que recibió más ovaciones. Tratándose de una película tan universal, cualquier individuo puede sentirse identificado con algún personaje: los infieles, los que están hartos del sistema, los que se vengan del abuso emocional, etc. La National Board of Review le dio un reconocimiento, el de mejor película de habla no inglesa, quizás el más importante que recibió en la temporada de premios. Los cóndores de plata volaron hacia Szifrón del mismo modo que la fama. Una fama que en Argentina ya existía gracias a sus trabajos previos en cine y televisión, pero que fuera de las fronteras no era tal. También fue nominada en alguna otra entrega de premios, como los Satellite awards o los Critics' choice awards, sin éxito. Pero el hecho de que una comedia explosiva y popular tuviera tanta repercusión es más que destacable.

Poco a poco, el desfile de cámaras y flashes va llegando a su fin. Se va preparando el aterrizaje de la película en dvd, que seguramente se venderán a precios altísimos (pero se venderán, a fin de cuentas). Ya no hay muchos premios que dar (tal vez los BAFTA, los "Oscar británicos", en un año, le den un reconocimiento tardío como ya han hecho con "El secreto de sus ojos"), la última estación parece ser Hollywood, el Kodak Theatre y esos premios amados, los Oscar. Hace cosa de cinco semanas, se hizo el anuncio de los nominados al Oscar, y "Relatos salvajes" ingresó en el quinteto, que tuvo alguna que otra sorpresa (la exclusión de "Fuerza mayor", una de las mejores películas del año). Pero de ninguna manera puede decirse que "Szifrón sacó a Östlund", porque sabemos muy bien que la Academia no premia un cine como el que hace el sueco: delicioso, verdaderamente divertido, sutil, único. El argentino se ganó su lugar: creó una de esas películas que Estados Unidos moriría por hacer, y probablemente lo haga. "El secreto de sus ojos" tendrá su remake en Estados Unidos, con un protagonista negro y una mujer en el papel de Guillermo Francella. 

El quinteto de nominados al Oscar está conformado por:
1) "Ida", película polaca en blanco y negro, ambientada en la década de 1960, que critica al comunismo pero habla bastante del nazismo y se centra en el catolicismo. Ejercicio artístico-intelectual y bastante desapasionado, que en la crítica estadounidense despertó cierta nostalgia. Sobre todo en los críticos mayores de ochenta años. Quizás setenta. Película de Pawel Pawlikowski, que sabe dirigir a actrices británicas (ya lo hizo con Emily Blunt), algo que suele jugar a favor. Los europeos la amaron, pero ese es el problema: cuando la aman los europeos, la Academia comienza a sospechar. Porque a los europeos les encantan las cosas lentas en las que hay que pensar. A los académicos no. Y aun durando menos de una hora y veinte, "Ida" es la película más aburrida de las nominadas. Insisto: los críticos la premiaron, pero la industria puede esperar una película más llamativa para reconocer a Polonia, un país que todavía no tiene estatuillas. Y eso que tienen a Wajda.

2) "Timbuktú", co-producción franco-mauritana de la que poco se sabe porque no se estrenó. Los españoles, más afortunados, pueden hablar por mí. A juzgar por los adelantos, es la clase de película dura e insoportablemente violenta y cruda, bien trágica. Parece seguir la línea de la canadiense "Rebelle", o de casi todo el cine que se hace en Oriente medio sobre conflictos de Oriente medio. El hecho de que no haya sido premiada en Cannes (sostengo la teoría de que los premios en Festivales te quitan oportunidades de ganar el Oscar) le puede jugar a favor. Ayer ganó siete premios de la Academia de cine francés, incluyendo un reconocimiento a la mejor película, a pesar de ser una producción mayoritariamente africana. Claramente dejó un buen sabor de boca a pesar de todo.

3) "Leviathan", película rusa subsidiada por el ministerio de cultura y censurada por el ministerio de cultura. ¿Paradójico? ¿Insólito? Como la película. Andrey Zvyagintsev es un maestro del séptimo arte, siempre apostando por el silencio y por la fotografía, dos elementos que hablan más que sus actores. Tiene tres películas anteriores muy buenas, y esta se suma a una filmografía admirable. Es la mejor de la categoría, pero desgraciadamente es una crítica sin sutileza (o sin vaselina, como dirían los argentinos más guarros), y a Vladimir Putin no le ha hecho gracia. Aspira a ser una sátira universal, pero en realidad es una tragedia mas rusa que el vodka. Además, si hay algo que no le gusta a Estados Unidos es hundir la cabeza en polémicas. Y premiar una película anti-Putin sería fatal. Ya ese trabajo lo hizo la prensa extranjera. Esperen, en realidad hay algo que le gusta aun menos a Estados Unidos, y es una película lenta. "Leviathan" no es para nada aburrida, pero es lenta. Para paladares europeos, dirían algunos. Elitista, dirían otros. Ya Cannes la premió. ¿Y los Oscar? Sí: "Leviathan" posiblemente pierda, pero igual merece ese Oscar. Es una película fascinante en todo sentido. 

4) "Tangerines", co-producción estonio-georgiana sencilla, chiquita pero de gran corazón. Pocos actores, muchas mandarinas. Y una convivencia entre cuatro hombres: dos amigos y dos soldados, estos últimos enfrentados entre sí, y brutalmente heridos en un enfrentamiento. Es la clase de películas que ganan premios: "No man's land", película bosnia, ya derrotó a "El hijo de la novia" y "Amélie" en 2001. ¿Por qué ganan? Porque están filmadas con un estilo americano. Esta apela a las emociones y no al intelecto, está muy bien hecha, habla de un tema polémico como la intolerancia religiosa sin tomar como ejemplo un caso actual, sino un conflicto bélico con veinticinco años de antigüedad. Es una crowd-pleaser, película completamente inofensiva, interesante, corta, agradable de ver y más o menos memorable. 

5) "Relatos salvajes", co-producción española-argentina. Generó una especie de revolución en este país, como ya se ha dicho antes, y ha caído muy bien en el resto del mundo. El hecho de que sea una película "universal" le da mucha fuerza. El cine argentino está muy bien valorado en los Estados Unidos, ya tiene dos Oscar en la categoría de película de habla no inglesa, y tranquilamente podría llevarse el tercero. Película palomitera pero inteligente. Recepción positiva de crítica y público. ¿Qué puede fallar? Varias cosas. Primero: el conservadurismo de la Academia apenas está abriendo las puertas a la violencia. Quentin Tarantino fue ignorado durante años hasta "Bastardos sin gloria". Y "Relatos salvajes" no tiene mucho más que violencia y humor. Alguno se preguntará, ya que la violencia no está tan bien vista, si el humor le ofrece alguna otra oportunidad: menos aun. La comedia es un género con pocas chances en esta categoría. Por suerte, la película tiene la famosa excusa que usa Szifrón y su elenco en casi todas las entrevistas: "Relatos salvajes no es una comedia". Es evidente que los millones de espectadores que nos reímos a carcajadas con la película estábamos terriblemente equivocados. El público de Cannes debería replantearse su existencia. 
Otra cosa que tiene en contra es su estructura. Seis cortos en uno. ¿Es una película o son seis? Yo opino que son seis, ya que no tienen nada que ver una con la otra. Solo una conexión temática, que también es discutible. La Academia está acostumbrada a lo convencional. Una sola película, una sola historia.  

El periodismo hará de las suyas este fin de semana. Todos detrás de Szifrón, hoy querido más que nunca, mañana (quizá) olvidado. Todos dirán que "Relatos salvajes" es la favorita. Bueno, no lo es. Aun así, tiene grandes chances de ganar, si es que la Academia vuelve a cometer la locura de premiar a la Argentina antes que a películas mejores. Un lustro atrás, Pedro Almodóvar y Quentin Tarantino anunciaban que Juan José Campanella había derrotado a "Un profeta" de Jacques Audiard y "La cinta blanca" de Michael Haneke, dos obras maestras. Después de eso, no se le puede exigir a los votantes demasiado sentido común o un criterio decente. Y en esa línea, si se premia lo sensible y/o lo popular, todo parece indicar que Estonia y Argentina pelearán por el premio. Aunque es una categoría totalmente abierta a las sorpresas, y las cinco tienen posibilidades de ganarlo. Con todo lo que se puede decir de las películas, lo bueno y lo malo, las críticas (constructivas, siempre) para una película como "Relatos salvajes", sostengo que el pueblo argentino debe apoyar a la nominada local. Sabemos que no es la mejor, pero es nuestra. 

jueves, 19 de febrero de 2015

Selma.




Crítica.

Selma.
Dir.: Ava DuVernay.
Año: 2014.


Cuando hace algunos años Daniel Day-Lewis se llevaba el Oscar por interpretar al presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln, muchos votantes dijeron que optaron por este brillante actor ya que, cuando lo escuchaban, sonaba como el mismísimo presidente. Ninguno de estos miembros de la industria escuchó jamás hablar a Lincoln. Sin embargo, lo que quisieron decir, es que la presencia de Day-Lewis en pantalla era tan significativa, que cualquier cosa que dijera era creíble. Ahí radica la magia de una brutal actuación: le hizo creer a la audiencia que así sonaban los discursos del político. Unos años más tarde llegaría Selma, una oportunidad única e irrepetible para David Oyelowo, un actor sin dudas muy bueno y poco reconocido. Y su personaje protagónico no sería ya Abraham Lincoln sino Martin Luther King Jr., una de las causas por las que hoy los blancos no maltratan (tanto) a los negros. Siendo una de las figuras clave de la política americana de la década de 1960, logró desde el pacifismo construir un discurso convincente sobre los derechos igualitarios. Ahora bien, ¿a qué viene la mención de Daniel Day-Lewis? Pues ambos actores supieron reconstruir a Lincoln y a King no exclusivamente desde lo físico (hay muchas producciones que buscan el maquillaje perfecto y olvidan todo lo demás) sino fundamentalmente desde la fuerza del discurso. Y es esta fuerza la que guía a Selma por los peligrosos caminos de una temática que ya ha sido llevada al cine cientos de veces, y que parece haberse quedado sin aportes. Si no, pregúntenle a Oprah Winfrey, que ha producido casi todos los títulos asociados a la igualdad racial durante los últimos años.   

Ava DuVernay, directora que no es debutante pero que sin embargo resulta ser una completa desconocida para muchos, crea una obra biográfica particular, distinta, no enfocada en la vida entera del personaje sino en mostrar su psicología de una manera lo suficientemente verosímil como para poder explicar algún acontecimiento puntual de su obra pública. En este caso se trata de una marcha de protesta pacífica desde Selma hasta Montgomery, Alabama, liderada por él, y que el gobierno de Selma impide y reprime violentamente en primera instancia. Siendo una directora mujer, recuerda a Kathryn Bigelow por su habilidad para borrar todos los rastros de sensibilidad femenina y crear un pedazo de historia real dura de ver y de oír, pero sin llegar a los extremos que habitó Steve McQueen con sus cuestionables Doce años de esclavitud. DuVernay no hace teatro sobre la miseria, el dolor y la agresión, pero tampoco oculta una realidad: desde las primeras escenas, que alcanzan una intensidad que no vuelve a repetirse en ningún momento de la obra, la directora está dejando en claro que Selma habla desde la honestidad. También desde un conocimiento manifiesto, ya que el libreto, escrito en conjunto con Paul Webb, aparenta ser el resultado de un trabajo de investigación, del mismo modo que trabajaba Mark Boal, colaborador de Bigelow en cintas como Vivir al límite y La noche más oscura

La frialdad de la política, las negociaciones, la lucha de poder, los intereses propios de los actores principales implicados en el conflicto, están presentes a lo largo de las dos horas de metraje de Selma, un documento histórico más que una película, próxima al documental y lejana al espectáculo de masas. Contribuye a esto la voz furiosa de Oyelowo, una interpretación impresionante, que enuncia cada palabra del discurso de Martin Luther King Jr. apropiándose de todas ellas, sintiéndolas en lo profundo, y manifestándose (probablemente) desde su condición natural de hombre negro. Un discurso preciso pero puntillosamente diseñado por un hombre que era consciente del lugar que ocuparía en la historia. El elenco, una galería de secundarios entre los que destacan Tom Wilkinson y Tim Roth, cumple con su labor, pero dejándole vía libre al británico para lucirse como centro de atención. Hacia el último tercio de película, Selma toma una ruta equivocada, y tiende a confundirse con numerosas obras de lucha y superación. La canción "Glory", escrita para el film y ganadora de un Globo de Oro, forma parte de una estrategia para darle calor a una obra que, por su sistematicidad y su frialdad, puede ser juzgada como insensible o carente de alma. Esta mezcla desconcierta hasta que el discurso final, Oyelowo nuevamente al poder, vuelve las cosas a su lugar, sirviendo como broche de oro de una película difícil pero sumamente necesaria en los tiempos actuales. 

Puntuación: 6/10 (Buena)

sábado, 14 de febrero de 2015

Ida.




Crítica.

Ida.
Dir.: Pawel Pawlikowski.
Año: 2013.


El fanatismo religioso no es ninguna novedad en el cine de Pawel Pawlikowski. Quien recuerde aquella sombría obra británica Mi verano de amor, con una joven Emily Blunt entregada a la pasión por otra mujer, seguramente tenga en la memoria a aquel hermano ultracatólico que predicaba y paseaba una cruz gigante por la región, seguido por un montón de fieles. Ida retoma algunas de esas preocupaciones, puntualmente la del fanatismo por la religión, contextualizándola en Polonia durante la década de 1960. Un país que, como casi el resto de Europa, todavía no podía levantarse del todo. El comunismo había desplazado al nazismo, siendo Polonia el primer país ocupado por la Alemania Nazi en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Pero de algún modo, fascismo y comunismo no habían podido solucionar los grandes problemas del país. 

En el medio de los escombros está Anna, una joven pelirroja a punto de convertirse en monja. Antes de hacerlo, la Madre Superiora la envía a conocer a su tía, Wanda, una mujer completamente distinta a Anna, más inclinada hacia los vicios y los placeres de la carne. El encuentro de Anna y Wanda desentierra un secreto familiar que las reúne en un viaje para conocerse entre ellas y, sobre todo, conocerse a sí mismas. Un secreto que lleva enterrado más de dos décadas, el tiempo que pasó desde la ocupación del país. Esta obra sencilla escapa a la fórmula clásica de personajes antagónicos (en este caso, tía y sobrina serían la Lucía y la Francisca), más propia de la comedia. Eso no quita que en medio de tanto drama, Ida tenga algún destello de humor inesperado. 

Es digno de destacar un ritmo pausado pero por lo general acertado y una fotografía en blanco y negro que opta por un formato de pantalla visto varias veces ya en el año (4:3) y unos deliciosos planos que, en su mayoría, enfocan a sus personajes por sobre sus hombros, ubicándolos sobre el margen inferior de la imagen. Los seres de mundo, ínfimos, perdidos en la inmensidad del espacio que la cámara capta, atenta a su belleza intrínseca. Luego están las dos actrices, Agata Trzebuchowska, una muchacha adorable, bellísima, y su tía, interpretada por Agata Kulesza, personaje cargado de intensidad, la voz cantante de una obra plagada de silencios. 

La obra aspira a un perfeccionismo estético, pero las feroces interpretaciones de las actrices tocayas, por buenas que sean, no son suficientes para transmitir demasiada emoción. Toda la búsqueda de la verdad se resuelve muy rápidamente, no da tiempo a la implicación emocional del espectador. Y esta odisea de a dos, circunscripta en un plan más grande (hablar de la religión, quizás criticarla), acaba perdiéndose en un mar de escenas sospechosas que hablan sobre la conducta pecaminosa que le fue vedada a Anna desde su más tierna edad. Presa en un convento, no ha podido conocer demasiado. Y Anna cede, por curiosidad o por furia (nunca queda del todo claro) a las tentaciones. Estas son las escenas más discutibles, por no decir tontas, en parte porque son una solución fácil, en parte porque no quedan debidamente explicadas, y en parte porque demuestran que el puente que comunica una historia (la del secreto mejor guardado) con otra (la monja que decide entender la naturaleza del sacrificio) puede caerse a pedazos. Hay lugar para las especulaciones: que conocer el pecado y explorar un lado oculto de uno mismo es la última fase de un proceso difícil que comenzó con la búsqueda de la verdad. Pero no se puede culpar a Ida por guardarse tantas respuestas, cuando hay tantos títulos celebrados por su capacidad para sugerir y no mostrar. Al contrario. Hay que verla como una obra interesante, a su manera; sencilla y bien hecha. No es el testimonio final sobre un tema delicado y explorado por el séptimo arte, tampoco el más revolucionario, pero sí un testimonio que es conveniente no dejar pasar.  

Puntuación: 6/10 (Buena)

viernes, 13 de febrero de 2015

Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia.




Crítica.

Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (Birdman or the unexpected virtue of ignorance).
Dir.: Alejandro González Iñárritu.
Año: 2014.


Cuando Charlie Kaufman estrenó Todas las vidas mi vida, ópera prima protagonizada por Philip Seymour Hoffman, dio la impresión de que todo lo que podía decirse sobre el mundo del teatro estaba dicho. Fue una obra tan extraña, tan irónica, tan icónica, tan extraordinaria, que parecía la última que se haría con esa temática. Hasta que llegaron Alejandro González Iñárritu y sus amigos, los co-guionistas de sus últimas dos obras, Armando Bo (Nieto), Alexander Dinelaris y Nicolás Giacobone, que escribieron un libreto extraño, irónico, icónico y extraordinario sobre el mundo del teatro en Broadway, sobre el mundo del espectáculo en los Estados Unidos, y sobre el universo íntimo de esos "cadáveres artísticos" que de repente son traídos de nuevo a la vida. Pero no solamente se trataba de Riggan Thompson, un personaje fracasado y entrado en años que alguna vez fue Birdman, un superhéroe que quedó sepultado dos décadas atrás: también de Michael Keaton, el intérprete, que dio vida a Batman hace muchos años y que la fama y el éxito prefirieron olvidar... hasta hoy.

Siendo hoy Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia una de las candidatas al premio Oscar, triunfadora en numerosas entregas de premios, y Keaton reconocido por esa resurrección artística, podría decirse sin titubeos que la palabra de Charlie Kaufman no fue la última, aunque posiblemente haya sido el mejor manifiesto acerca del mundo de las tablas. Eso no debe quitarle méritos a Iñárritu, cuya película persigue y alcanza objetivos diferentes, y adquiere un tono mucho más optimista, a pesar de que el camino que recorre Riggan durante ese fin de semana de ensayos (y del ansiado estreno, adaptación de una obra de Raymond Carver) sea lo más parecido al via crucis. La ambición de Riggan de volver al ruedo no tiene límites: él ha escrito, dirigido y pretende interpretar ese libreto. Ha invertido todas sus energías en lo que reconoce como su última oportunidad de que el público lo tome en serio sin necesidad de calzarse un molesto traje. Aun así, Birdman es un ícono pop del pasado, y sus seguidores se lo hacen saber. 

Alejandro González Iñárritu es conocido por meterse de lleno en el universo de las miserias. Desde su primer trabajo, Amores perros, y de manera más que clara en la obra maestra del 2006, Babel, y en la inquietante Biutiful, ha dejado en claro cuáles son los personajes y los entornos que a él le interesan. Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia no dista mucho de eso, aunque los escenarios, las luminarias y los eternos pasillos den la apariencia de un sitio agradable. No lo es. Y como si eso fuera poco, Iñárritu, con la colaboración del eficiente director de fotografía Emmanuel Lubezki, se animan a montar un espectáculo de casi dos horas en una (falsa) sola toma, que en realidad es un puñado de planos secuencia, que pueden contarse con los dedos, y que están ensamblados estratégicamente para dar una apariencia de continuidad. La cámara ágil e incansable sigue a los personajes constantemente, luego persigue a otros, husmea sus conflictos personales, en la sangrienta batalla de egos, en la lucha por la perfección y el reconocimiento. Cada pieza de su elenco, compuesto por Edward Norton, Naomi Watts, Zack Galifianakis y otros notables actores (Amy Ryan, Emma Stone), tiene su momento, su drama, su escena. 

Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia es una ingeniosa puesta en escena de una poco ingeniosa y errática puesta en escena, una sátira del mundo del espectáculo (la crítica a los estudios de producción que esclavizan a los héroes de las largas sagas cinematográficas, la crítica a la crítica, o la crítica a las cirugías estéticas, entre otras) que usa referencias directas muy actuales (hija salida de rehabilitación, el boom de las redes sociales) para hacer reír. Y lo hace, sin dudas. Los actores hacen lo suyo, pero el guión es la prima donna de esta ópera sobre el éxito y el fracaso. La voz ronca de un superhéroe lleno de polvo invita a Riggan, este actor caído con síntomas de demencia y depresión, a volver a calzarse el traje. Pero Riggan intenta demostrarle al hombre pájaro que realmente puede elevarse ante los ojos de sus seguidores y sus seres queridos, que puede triunfar huyendo de la cárcel de la popularidad, y que puede demostrar ser algo más que un actor de películas mediocres sobre superhéroes aun más mediocres. 

Mucho se ha hablado de los propósitos de esa (falsa) única toma, que abarca un 90% de la película (el último tramo está filmado y acabado con un montaje convencional). No es la primera vez que alguien lo hace ni será la última. Muy logrado y osado ha sido el experimento de Alexandr Sokurov en El arca rusa hace poco más de una década, e Iñárritu poco tiene que envidiarle. Su puesta en escena es armoniosa y muy bien confeccionada, todo está en su lugar. La cámara atravesando pasillos y casi topándose con el baterista que musicaliza (improvisadamente) el film logra meter al espectador de lleno en ese teatro, lo hace caminar en medio de estos personajes al límite de su paciencia. Sin lugar a dudas funciona, pero no es un logro en sí mismo, sino un logro que tiene valor gracias a un libreto filoso y a un cast admirable. El mexicano saca lo mejor de estos intérpretes. Tal vez no lo mejor de sí (Babel sigue pareciéndome su mejor película), pero por fortuna una de las mejores cosas que se verán este año en la gran pantalla. Para no perdérsela. 

Puntuación: 8/10 (Muy buena)