jueves, 25 de diciembre de 2014

Cabecera del blog.

Este espacio está constantemente transformándose, pues sirve para introducir a los nuevos lectores a esta gran locura de película, y de paso, para recordarles a los viejos lectores de qué va. 
Es un humilde sitio creado a finales del 2008 por mí, único administrador del sitio, donde subo críticas de casi todas las películas que voy viendo, y algún que otro análisis de alguna en particular, que merezca mi mayor atención. 
La idea es recibir sus comentarios e ir creciendo juntos, nada más. Toda apreciación es subjetiva y discutible, y siempre que esté planteada respetuosamente, será aceptada. 
Sobre los enlaces de descarga: NO, Una Locura de Película no es un canal de circulación de enlaces, ni mucho menos un servidor de descargas. Es una pregunta frecuente que vale la pena responder. 

Por cualquier duda que tengan, están invitados a escribir debajo, o a enviar un mail a rodrigomartinmoral@hotmail.com, actual dirección de correo electrónico de quien les habla, y que además los saluda atentamente... 

viernes, 14 de marzo de 2014

Ella.

Advertencia: la siguiente crítica contiene spoilers. 

 


Crítica y análisis de Ella (Her, S. Jonze - 2013)


Ella. El amor en los tiempos de la tecnología.

Algunos piensan que la tecnología morirá junto con la civilización. Esto podría deberse a la renovación constante de la primera, generada por la segunda, mediante la aplicación del conocimiento y la creatividad en la producción. Es precisamente la creatividad aquello que mantiene vivo el espíritu de la tecnología en las sociedades actuales, lo que refuerza una relación necesaria. Creatividad que convoca al consumidor al gran mercado de las ideas y de las innovaciones. La clave radica en el juego inversamente proporcional que existe entre la eficacia y el espacio físico (tamaño). Cuanto menos espacioso y más eficaz sea un dispositivo, resultará más accesible. Por ello, las mentes creadoras persiguen el sueño de la omnipotencia, pero reducido a un aparato de dimensiones discretas.
Para muchos, el cielo no es el límite. Sí lo es el autómata. Se trata del hombre metálico que alguna vez han presentado las películas interactuando con su amo o programador, desplazándose por los pasillos internos de una casa, realizando los quehaceres domésticos. Es la imagen al frente de la cultura futurista, la máxima aspiración del hombre que pretende ceder sus aburridas responsabilidades a una máquina. Resucita una esclavitud disimulada por el metal. Pero carece de una conciencia que lo acerque al organismo vivo y humano que lo configura. De algún modo, la falta de conciencia verticaliza el vínculo, y propicia el sometimiento. Por supuesto, este sometimiento unidireccional es una fantasía que la humanidad prefiere conservar para no admitir que, en realidad, el autómata somete a su amo al crear en él la necesidad de no realizar esas tareas domésticas. ¿Qué ocurre cuando el dispositivo falla? Es el hombre quien debe encargarse de todo, pero ha perdido la costumbre: es menos útil.

En este momento de la historia, una fase dominada por los nuevos descubrimientos, aparece una película muy oportuna. Se trata de Ella, el más reciente trabajo de uno de los mejores directores vivos, Spike Jonze. Este joven cineasta ha incursionado en el mundo del videoclip con resultados muy satisfactorios, y ha dirigido en el ocaso del pasado milenio una de sus obras magnas, ¿Quieres ser John Malkovich? (Being John Malkovich, 1999), haciendo que más de un espectador anhelara hallar una planta media en un edificio cualquiera. Luego prosiguió trabajando con su guionista habitual, Charlie Kaufman, en Ladrón de orquídeas (Adaptation, 2002), una reflexión profunda sobre el bloqueo creativo protagonizada por Nicolas Cage, Meryl Streep y Chris Cooper. Sin embargo, luego de que Kaufman ganara el Oscar por su brillante trabajo en el libreto de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Eternal sunshine of the spotless mind, 2004), y de dirigir una de las mejores óperas primas de la historia del cine, Todas las vidas, mi vida (Synecdoche New York, 2008), cesaron las colaboraciones entre ambos. Y el retorno a la gran pantalla de Jonze estuvo marcado por Donde viven los monstruos (Where the wild things are, 2009), una producción infantil con profundas reflexiones sobre la mecánica del poder, que dividió las aguas como nunca en su filmografía, y que no obtuvo un gran reconocimiento pese a ser, posiblemente, su mejor película hasta esa fecha. Así, Ella, su cuarto largometraje, parece haberle dado a Jonze, encargado también del guión y de la producción, algo de satisfacción tras tantos años de inmensas producciones que indudablemente cambiaron el cine. 





La comedia romántica es uno de los géneros más defenestrados (con justicia) por la audiencia, uno de los géneros que más prestigio ha perdido a lo largo de la historia del cine. Tal vez sean pocos los títulos de esta última década que merezcan ser destacados. El primero en el que puedo pensar es La joven vida de Juno (Juno, 2007), sobre una adolescente que queda embarazada de un compañero de curso y debe tomar la decisión de dar a su bebé en adopción. Otro es Amor sin escalas (Up in the air, 2009), curiosamente también del director Jason Reitman. Y seguramente haya ejemplares en el cine europeo, como Sobreviviendo al amor (Zweiohrküken, 2009), pero son incluso más difíciles de recordar. La mayoría está por debajo de la bastante generosa línea de la mediocridad. Y ese es un problema grave que ni siquiera el aporte de Ella soluciona, pero que sí intenta revertir antes que sea demasiado tarde. Se trata de una relación amorosa que establece un escritor bastante introvertido, recién separado y sin ánimos de conocer a nadie, con un sistema operativo con inteligencia artificial que acaba de salir a la venta. Es una premisa que, si se lee sin detenimiento ni atención, puede sonar descabellada, propia de la ciencia ficción. Pero desde una perspectiva alegórica parece reflejar el estado de conexión emocional que establece el individuo con estos artefactos. Y esa situación no podría ser más actual. Hablar de ciencia ficción no es un exceso, pero tampoco define una obra como esta.

Es un romance que Theodore, interpretado magistralmente por Joaquín Phoenix, carga sobre sus espaldas. Todo comienza con una primera fase en que ambos se conocen y visualizan las capacidades del otro. Él es, paradójicamente, un hombre bastante robótico y poco expresivo; ella, contrariamente, aspira a absorber los rasgos de humanidad de los usuarios, principalmente de él. Son dos entidades que continuamente se acomodan a las expectativas del otro, y durante una primera mitad del filme, sintetizan el enamoramiento de cualquier pareja en la vida real. Este proceso también incluye los pequeños conflictos, roces y malentendidos que puedan surgir en el trayecto. Provienen de dos mundos distintos, con un lenguaje simbólico diferente, y los problemas de comunicación trascienden los alcances de la tecnología. Dichas conflictividades, inherentes al mundo físico en que vivimos, son uno de los puntos fuertes de la obra. Uno no puede dejar de tener en cuenta que el protagonista es Theodore, aunque el título pueda darnos a entender lo contrario. Es aquel sujeto en el que muchos podríamos convertirnos, porque reacciona naturalmente como cualquier mortal, ensimismado en sus videojuegos, en su particular trabajo (es contratado para escribir cartas con palabras tiernas, pero que firma con el nombre de quien le paga por hacerlo), en su elegante departamento de vista excepcional. Y además, está rodeado de cuatro mujeres; o sea, cuatro relaciones sentimentales. La ex-novia, Rooney Mara; quien asiste a una cita organizada por terceros, Olivia Wilde; ella, el sistema operativo, al que pone voz Scarlett Johansson; y finalmente su amiga y vecina, Amy Adams. Cuatro vínculos que ponen a prueba a Theodore, atascado en el duelo por el divorcio, algo que le impide avanzar.





El mundo virtual sirve, entonces, como válvula de escape. Pero en el mercado tecnológico, cualquier novedad es efímera. En algún momento, un personaje habla de verse inmerso en el espacio en blanco que existe entre dos palabras de un libro cualquiera. Es decir, es simplemente una transición de una cosa a otra. Un puente que une lo viejo y lo nuevo, que es totalmente minúsculo en el espacio y en el tiempo. Aquí aparece el concepto del amanecer, o más precisamente de todo un campo semántico relativo al mencionado sustantivo. La palabra wake se usa numerosas veces y en contextos diversos. Luego de ver la imagen final, uno puede pensar que el uso de esa palabra no es casualidad. Es que, después de la novedad, amanece otra. Y el hombre aguarda que salga el sol, que asome su luz por el horizonte e ilumine a una ansiosa (o viciosa) humanidad. Los sistemas operativos con inteligencia artificial pueden ser mejorados, porque en algún momento no satisfarán las necesidades de sus usuarios, o porque se va generando una demanda de algo mejor, que fuerza a las grandes empresas a mejorar la oferta y proveer al mundo de una versión deluxe. Un dispositivo dos punto cero con mayor capacidad y/o menor tamaño.


Él. El drama melancólico narcisista.


La película es muy clara en sus objetivos. Mostrar desde una distancia espaciotemporal considerable, aunque tampoco demasiado grande, cómo lo espiritual continúa siendo exactamente igual, mientras lo material va reemplazándose constantemente. Lo que hace Spike Jonze en su estupendo libreto es una proyección de nuestra sociedad, adivinando, o deduciendo, en qué posición nos encontraremos dentro de unos cuantos años. Debatiéndose entre lo contemporáneo y lo futurista (y para esto, no debemos olvidarnos que Ella ha sido rodada en Los Ángeles y Shanghai, dos ciudades luminosas que dan un aspecto lujoso, de avances arquitectónicos y tecnológicos), no dedica sus energías enteramente a lo estético, sino al contenido. Y cada frase, cada pequeña escena, parece alertarnos de algo. ¿Hacia dónde vamos? Es una pregunta que textualmente aparece en los comienzos del filme. Y Jonze se contesta a sí mismo con esta tierna fábula sobre la comunicación, más cercana a Perdidos en Tokio (Lost in translation, 2003) o Babel (2006) que a sus anteriores producciones. 





En primer lugar, parece útil detallar los usos corrientes que se le da a la tecnología. Reproducción de música, búsqueda de información, lectura de correos electrónicos y sexo virtual. A muy pocos les resultará extraño esto, y a los pocos, seguramente no hayan navegado aguas adentro en sitios de videoconferencia aptos para mayores de dieciocho años. Ella tiene una gran escena que incluye a un gato muerto (simbólicamente), y que se corona como una de las más divertidas del año, en la que vemos a Theodore comunicándose con una muchacha con fines sexuales: del mismo modo que el sexo telefónico, pero con auriculares. Sin embargo, todo el placer que experimenta él, es en gran parte producto de su imaginación. De hecho, da la impresión de que no existe una verdadera conexión entre ellos. La mujer parece estar gozando con ella misma y, a juzgar por sus gritos, no necesita la ayuda de un hombre que le ate algo al cuello o que la despierte. En segundo lugar, está la tonta pero significativa escena del personaje del videojuego que interactúa con Theodore, que sólo es capaz de hablar usando malas palabras. Exactamente como la sociedad en nuestros días, que usa vocativos que en otras circunstancias podrían resultar ofensivos, pero que en la práctica cotidiana son simplemente una estrategia comunicativa, una marca de la lengua. En tercer lugar, está la idea de la tecnología como compañía del consumidor durante las veinticuatro horas del día. Samantha (es decir, ella), es la primera voz que Theodore escucha cuando amanece, y también la última voz que escucha al acostarse a dormir. Y es, por cierto, la que lo acompaña durante sus jornadas laborales o sus caminatas por la ciudad. Es más que un simple vínculo amoroso, es una identificación. Como cuarta y última mención, aunque haya más, cabe destacar que prácticamente todos los personajes que aparecen en el filme son separados o divorciados, una tendencia cada vez más fuerte desde mediados del siglo XX. 

Detrás de los tonos cerúleos típicos de las películas melancólicas (si mal no recuerdo, no hay escenas de lluvia durante el filme, cosa que sorprende), se esconde algo más. Porque la película siempre es más compleja de lo que parece a simple vista. Ya hemos visto que no es simplemente una comedia romántica, ni una propuesta de ciencia ficción, ni una (inteligente) reflexión sobre la muy evidente e intensa relación con las redes sociales. Y una de las hipótesis más fuertes tras el visionado, aunque seguro no sea la única ni la definitiva, es la de entender Ella como una metáfora sobre un hombre narcisista. Es una postura bastante arriesgada porque no se hace explícita en ningún momento, pero el curso de los diálogos ofrece en numerosas oportunidades algunos comentarios que podrían permitirle a uno pensar en que, después de todo, Theodore sólo era capaz de amarse a sí mismo. 





La primera prueba está en la presentación del sistema operativo: es una conciencia, dice la publicidad. Es decir, es parte de uno. ¿El alma, quizá? Está diseñado para algo más que entender a quien lo programa. Porque si es una conciencia, entonces forma parte de quien lo programa. Samantha es una versión femenina de la conciencia de Theodore, que se anima a enviar las cartas a un editor cuando su versión masculina, más introvertida e insegura, se habría negado. Un compañero de trabajo lo elogia por la sensibilidad que desprenden esas cartas y alude a que Theodore tiene una parte masculina y una parte femenina. Está escindido internamente, y esa inteligencia artificial parece ser un reflejo de la personalidad que oculta. La segunda prueba está en las escenas de sexo con Samantha. Podría decirse que hay dos durante el filme, una consumada y otra interrumpida. La primera, es puramente virtual, similar a la masturbación. Theodore goza consigo mismo del mismo modo que la anterior compañera de la sala de chat lo hacía. La segunda, recurre (en la escena más original de la obra) a la materialización de un cuerpo femenino que supone una extensión del personaje de Samantha. Pero él no lo soporta, se siente incómodo. Porque, como todo narcisista, se niega al contacto con el otro. También rechaza llevar más allá el romance del tigre y el dragón, es decir, el suyo con la muchacha que asiste a la cita. La tercera prueba está en el fracaso del matrimonio. Ella resume los años de casados recordando que él se chocaba contra su espejo, que la dejaba sola en la relación. Claramente, un rasgo narcisista. Sólo que no se ahoga, pues se trata de un reflejo no tan peligroso, pero sí le basta para quedarse profundamente solo.

De ahí que sea solitario, prefiera las canciones melancólicas, guste de pasar tiempo en su departamento, haga de la pornografía y del videojuego sus hobbies más frecuentes, y demás. Puede decirse que Ella y más puntualmente la relación entre Theodore y Samantha son una alegoría del duelo que hace él mediante una introspección. Es un viaje al interior de su conciencia, para entender qué es lo que ha hecho mal, para hallar respuestas y una fórmula que le permita salir adelante, engañarse a sí mismo con otra mujer. El aprendizaje parece hacerse definitivo cuando, a la manera de la Nanny McPhee (que se irá cuando ya no la necesiten), su versión femenina se marcha para siempre de su vida. En la última conversación que mantienen juntos, Samantha le dice que ahora sí saben cómo amar. O mejor dicho, que Theodore ha aprendido a mirar más allá de su nariz. Y que, en aquella vecina desolada por la inminente separación, a quien ha amado en el pasado (pero con quien no ha funcionado la relación), puede encontrar alguien a quier querer. No necesariamente a la mujer de su vida, pero sí a alguien de quien enamorarse y que le permita abandonar el solipsismo de una buena vez por todas. Alguien que ponga punto final a las penas de un divorcio difícil, y que, paralelamente a este nuevo renacer emocional, concluye en la última carta (que él escribe no para otros, sino para su ex-esposa). 





Entenderla desde este lugar no significa dejar de interpretarla desde otros. La originalidad de este guión de Spike Jonze excede cualquier tipo de demanda por plagio. Su obra es prácticamente definitiva dentro del empobrecido género romántico. Es complejísima, ambiciosa y produce una entera satisfacción al espectador. Cada escena es mejor que la anterior, están plagadas de una belleza impresionante. Y lo mejor de todo, es que el equilibrio entre forma y contenido se produce en lo alto, donde el cine alcanza niveles óptimos y se convierte en experiencia inolvidable. Mención especial para la galería de intérpretes, principalmente para los protagonistas de esta hermosa historia de amor: Joaquín Phoenix, que abandona sus personajes duros y se mete de lleno en el simpático Theodore; y Scarlett Johansson, cuya voz consigue registros de altísima intensidad. También para la musicalización de Arcade Fire, y la canción de Karen O, The moon song, que no podría ser más encantadora. Es, en síntesis, un triunfo del cine contemporáneo, un triunfo del amor, una embriagadora fábula sobre la vida misma, donde la ficción futurista y la realidad de los neuróticos cibernautas de hoy están separada apenas por unos pocos pasos.

Puntuación: 10/10 (Sobresaliente)

Overall rating
 

domingo, 2 de marzo de 2014

86ª entrega de los Oscar.

Falta muy poco tiempo para la celebración de la octogésima sexta entrega de los Premios Oscar, estatuillas que buscan reconocer lo mejor de la industria cinematográfica a partir del juicio de más de seis mil votantes sobre las películas estrenadas durante el año pasado. Este año, y por tercer año consecutivo, las nominadas en la categoría reina son nueve. Con un nivel promedio considerablemente más bajo que en otras ediciones, no deja de haber, por supuesto, algún título significativo.
Las dos producciones que parten como favoritas son Gravedad, del mexicano Alfonso Cuarón, y Doce años de esclavitud, del británico Steve McQueen. Ambas son inspiradoras historias de superación personal, pero de un estilo totalmente distinto. La primera se sitúa en el espacio, a varios cientos de kilómetros sobre la superficie del planeta Tierra; la segunda, durante la década de 1850, tiempos duros para hombres de raza negra que, o bien eran esclavos, o bien eran secuestrados y forzados a serlo. Con diez nominaciones la primera y nueve nominaciones la segunda, son obras que han dominado la temporada de premios, ya sea en rubros técnicos como en los de mayor peso. Como tercera opción está Escándalo americano, la estupenda comedia de David O. Russell que ha conquistado al Sindicato de Actores, la rama de votantes más numerosa de los Oscar. Con diez nominaciones, y habiendo hecho pleno en las cuatro categorías de interpretación, es sin lugar a dudas una posible sorpresa. Tiene el aval de la Asociación de Prensa Extranjera, que la reconoció ni más ni menos que con tres Globos de Oro, correspondientes a la mejor película (comedia), mejor actriz protagónica (comedia) y mejor actriz secundaria.
Un cuarto título, que posiblemente se convierta en uno de los grandes premiados de la noche, es El club de los desahuciados (del canadiense Jean-Marc Vallée). Se trata del biográfico independiente sobre Ron Woodroof, un cowbow homofóbico que tiene SIDA y busca una recuperación mediante el consumo de medicamentos no aprobados en el país. Protagonizada por Matthew McConaughey y el líder de 30 seconds to Mars, Jared Leto, tiene seis nominaciones y la posibilidad de materializar tres de ellas en estatuilla. Al menos las de sus dos intérpretes principales en una labor maravillosa.
Otros dos trabajos cinematográficos ostentan seis nominaciones al Oscar. Por un lado Capitán Phillips, del británico Paul Greengrass, sobre el secuestro del Maersk Alabama en 2009 por piratas somalíes. A causa del olvido de su director y su actor principal, Tom Hanks, en las categorías de dirección e intérprete masculino protagónico respectivamente, puede decirse que la Academia ha mostrado muy poca consideración hacia uno de los grandes thrillers del año. Eso no quita que tenga chances de triunfar en algunos rubros, como el de guión adaptado, una categoría muy abierta todavía, el de montaje o los apartados sonoros. 

 Por el otro lado Nebraska, del estupendo Alexander Payne, una sobrevalorada comedia en blanco y negro hecha road movie sobre el viaje de un padre y su hijo hacia el absurdo. Con las candidaturas principales (mejor película, dirección, guión, actor) y una extraordinaria muestra de talento del eterno Bruce Dern, es, no obstante, una de las potenciales perdedoras.
Con cinco nominaciones, dos asombrosos trabajos. El primero está dirigido por Martin Scorsese: es la biografía de Jordan Belfort, un corredor de bolsa adicto a las drogas, al sexo, al dólar y a la diversión. El lobo de Wall Street tiene como protagonista a Leonardo DiCaprio en una de sus más grandes personificaciones de la última década. También nominada a las principales categorías, su exceso puede jugarle en contra, siendo, junto a la cinta de Payne, otra de las posibles perdedoras de la noche. 

El segundo es la comedia romántica en tiempos tecnológicos (o drama narcicista, como sea) escrita y dirigida por el joven maestro Spike Jonze. El hombre solitario que se enamora de un sistema operativo, reflejo de una sociedad que camina velozmente hacia un futuro tal como lo plasma este sujeto. Hablo de Ella, la única que no ha llegado a estrenarse en cines argentinos antes de la entrega de premios. Al margen de ser la mejor película vista en lo que va del año, parece no haber sido tan reconocida por los académicos. Es la única de las nueve candidatas cuyos actores no han sido nominados, y su director tampoco lo ha sido. Sus opciones de premio son pocas, pero es favorita en el rubro de mejor guión original, tras haber ganado el Globo de Oro, el WGA y el Critics' choice award. Gran sucesor de Woody Allen y Quentin Tarantino, algunos de los mejores guionistas vivos.
La última es Philomena, la melodramática búsqueda que una anciana emprende para localizar a su hijo, quien ha sido separado de ella durante su primera infancia. Encarnada por Judi Dench, es el drama chiquito del año, con acento británico y sabor a poco. Candidata a los premios de mejor película, mejor actriz, mejor guión, y mejor música, parece, con todo, tener algunas chances en estos últimos dos rubros. El guión adaptado ha sido premiado en el Festival de Venecia y se ha llevado un significativo premio en los BAFTA, la Academia de cine inglés, derrotando al favorito John Ridley por la adaptación del visceral drama sobre la esclavitud. 



También cabe tener en cuenta un grupo selecto de películas no presentes en la categoría reina, pero que seguramente alcancen uno o más triunfos. Una de ellas es Blue Jasmine, del genial Woody Allen, una obra de total madurez protagonizada por Cate Blanchett, una de las seguras triunfadoras esta noche. También nominada a mejor guión original y mejor actriz secundaria (Sally Hawkins), es para muchos la "décima nominada", la que más cerca podría haber quedado de la candidatura a la mejor película. Otra de ellas es El gran Gatsby de Baz Luhrmann, el director de Australia y Moulin Rouge, dueño de un estilo único que adapta la novela homónima de Fitzgerald y le da a su esposa, Catherine Martin, la posibilidad de competir esta noche en dos rubros: por el diseño de producción y el diseño de vestuario del filme. Para muchos es favorita en ambos rubros, y merecidos tendría los premios, a pesar de haber sido una de las más decepcionantes cintas de este año. Pero que una película tan odiada por tantos haga pleno llevándose ambos premios, y después de la derrota en el gremio de diseñadores de vestuario, parece que sólo materializará uno. Finalmente, el musical de Disney Frozen, un regreso al buen cine de los viejos tiempos, está nominada a mejor película animada y mejor canción. Esta aventura congelada tiene una maravillosa historia, además de ser visualmente imponente, y su musicalización es un punto a su favor. La canción "Let it go", una de las cuatro que serán interpretadas durante la gala, tiene serias chances de triunfo.

A continuación, un listado completo de las nominadas en los veinte rubros de largometrajes de ficción.

[ACLARACIONES:
- El orden responde a las preferencias de quien escribe, siendo favorita la primera y menos favorita la última.
- Para establecer las preferencias no se han tenido en cuenta las siguientes películas, por no haber sido estrenadas ni vistas: The wind rises, Omar, The missing picture y The invisible woman]


Mejor película.

Ella / Her.
Escándalo americano / American hustle.
El lobo de Wall Street / The wolf of Wall Street.
El club de los desahuciados / Dallas buyers club.
Capitán Phillips / Captain Phillips.
Gravedad / Gravity.
Nebraska.
Doce años de esclavitud / Twelve years a slave.
Philomena.

Predicción: Doce años de esclavitud / Twelve years a slave.







Mejor película de habla no inglesa.

La gran belleza / La grande bellezza (Italia)
La cacería / Jagten (Dinamarca)
The broken circle breakdown (Bélgica)
Omar (Palestina)
The missing picture / L'image manquante (Camboya)

Predicción: La cacería / Jagten (Dinamarca)

Mejor largometraje animado.

Frozen, una aventura congelada / Frozen.
Ernest et Célestine.
Los Croods, una aventura prehistórica / The Croods.
Mi villano favorito 2 / Despicable me 2.
The wind rises / Kaze tachinu

Predicción: Frozen, una aventura congelada / Frozen.

Mejor dirección.

Escándalo americano / American hustle (David O. Russell)
Gravedad / Gravity (Alfonso Cuarón)
Doce años de esclavitud / Twelve years a slave (Steve McQueen)
El lobo de Wall Street / The wolf of Wall Street (Martin Scorsese)
Nebraska (Alexander Payne)

Predicción: Gravedad / Gravity (Alfonso Cuarón)

Mejor guión original.

Ella / Her (Spike Jonze)
Escándalo americano / American hustle (David O. Russell, Eric Warren Singer)
Blue Jasmine (Woody Allen)
El club de los desahuciados / Dallas buyers club (Craig Borten, Melisa Wallack)
Nebraska (Bob Nelson)

Predicción: Ella / Her (Spike Jonze)


 

 














Mejor guión adaptado.

Antes de medianoche / Before midnight (Richard Linklater, Julie Delpy, Ethan Hawke)
El lobo de Wall Street / The wolf of Wall Street (Terence Winter)
Philomena (Jeff Pope, Steve Coogan)
Doce años de esclavitud / Twelve years a slave (John Ridley)
Capitán Phillips / Captain Phillips (Billy Ray)

Predicción: Philomena (Jeff Pope, Steve Coogan)

Mejor interpretación protagónica masculina.

El lobo de Wall Street / The wolf of Wall Street (Leonardo DiCaprio)
El club de los desahuciados / Dallas buyers club (Matthew McConaughey)
Nebraska (Bruce Dern)
Doce años de esclavitud / Twelve years a slave (Chiwetel Ejiofor)
Escándalo americano / American hustle (Christian Bale)

Predicción: El club de los desahuciados / Dallas buyers club (Matthew McConaughey)

Mejor interpretación protagónica femenina.
Blue Jasmine (Cate Blanchett)
Philomena (Judi Dench)
Agosto / August: Osage county (Meryl Streep)
Escándalo americano / American hustle (Amy Adams)
Gravedad / Gravity (Sandra Bullock)

Predicción: Blue Jasmine (Cate Blanchett)

Mejor interpretación masculina de reparto.

El club de los desahuciados / Dallas buyers club (Jared Leto)
El lobo de Wall Street / The wolf of Wall Street (Jonah Hill)
Doce años de esclavitud / Twelve years a slave (Michael Fassbender)
Escándalo americano / American hustle (Bradley Cooper)
Capitán Phillips / Captain Phillips (Barkhad Abdi)

Predicción: El club de los desahuciados / Dallas buyers club (Jared Leto) 


Mejor interpretación femenina de reparto.



Escándalo americano / American hustle (Jennifer Lawrence)
Doce años de esclavitud / Twelve years a slave (Lupita Nyong'o)
Agosto / August: Osage county (Julia Roberts)
Blue Jasmine (Sally Hawkins)
Nebraska (June Squibb)

Predicción: Escándalo americano / American hustle (Jennifer Lawrence)


 

Mejor banda sonora original.

Ella / Her (Owen Pallett, William Butler)
Philomena (Alexandre Desplat)
Gravedad / Gravity (Steven Price)
La ladrona de libros / The book thief (John Williams)
El sueño de Walt Disney / Saving Mr. Banks (Thomas Newman)

Predicción: Gravedad / Gravity (Steven Price)

Mejor canción original.

Mandela: long walk to freedom ("Ordinary love", U2)
Ella / Her ("The moon song", de Karen O., Spike Jonze)
Frozen: una aventura congelada / Frozen ("Let it go", Kristen Anderson-Lopez, Robert Lopez)
Mi villano favorito 2 / Despicable me 2 ("Happy", Pharrell Williams)

Predicción: Frozen: una aventura congelada / Frozen ("Let it go", Kristen Anderson-López, Robert López)

Mejor sonido.

Gravedad / Gravity (Chris Munro, Christopher Benstead, Niv Adiri, Skip Lievsay)
El Hobbit: la desolación de Smaug / The Hobbit: the desolation of Smaug (Christopher Boyes, Michael Hedges, Michael Semanick, Tony Johnson)
Balada de un hombre común / Inside Llewyn Davis (Skip Lievsay, Greg Orloff, Peter F. Kurland)
Capitán Phillips / Captain Phillips (Chris Munro, Chris Burdon, Mark Taylor, Prestwood Smith)
Lone survivor (Andy Koyama, Beau Borders, David Brownlow)

Predicción: Gravedad / Gravity (Chris Munro, Christopher Benstead, Niv Adiri, Skip Lievsay)


 

Mejor edición de sonido.

Gravedad / Gravity (Glenn Freemantle)
El Hobbit: la desolación de Smaug / The Hobbit: the desolation of Smaug (Brent Burge, Chris Ward)
Lone survivor (Wylie Stateman)
Capitán Phillips / Captain Phillips (Oliver Tarney)
Cuando todo está perdido / All is lost (Steve Boeddeker, Richard Hymms)

Predicción: Gravedad / Gravity (Glenn Freemantle)

Mejores efectos visuales.

Gravedad / Gravity (Tim Webber, Chris Lawrence, David Shirk, Neil Corbould)
El Hobbit: la desolación de Smaug / The Hobbit: the desolation of Smaug (Joe Letteri, Eric Saindon, David Clayton, Eric Reynolds)
Star trek: en la oscuridad / Star trek: into darkness (Roger Guyett, Patrick Tubach, Ben Grossmann, Burt Dalton)
El llanero solitario / The lone ranger (Tim Alexander, Gary Brozenich, Edson Williams, John Frazier)
Iron man 3 (Christopher Townsend, Guy Williams, Erik Nash, Dan Sudick)

Predicción: Gravedad / Gravity (Tim Webber, Chris Lawrence, David Shirk, Neil Corbould)

Mejor maquillaje y peluquería.

Jackass: el abuelo sinvergüenza / Bad grandpa (Stephen Prouty)
El llanero solitario / The lone ranger (Gloria Pasqua-Casny, Joel Harlow)
El club de los desahuciados / Dallas buyers club (Adruitha Lee, Robin Mathews)

Predicción: El club de los desahuciados / Dallas buyers club (Adruitha Lee, Robin Mathews)


 

 












Mejor diseño de producción.

El gran Gatsby / The great Gatsby (Beverley Dunn, Catherine Martin)
Escándalo americano / American hustle (Judy Becker, Heather Loeffler)
Ella / Her (Gene Serdena, K.K. Barrett)
Doce años de esclavitud / Twelve years a slave (Adam Stockhausen, Alice Baker)
Gravedad / Gravity (Andy Nicholson, Rosie Goodwin, Joanne Woollard)

Predicción: El gran Gatsby / The great Gatsby (Beverley Dunn, Catherine Martin)

Mejor dirección de fotografía.

Balada de un hombre común / Inside Llewyn Davis (Bruno Delbonnel)
Gravedad / Gravity (Emmanuel Lubezki)
The grandmaster (Philippe Le Sourd)
La sospecha / Prisoners (Roger Deakins)
Nebraska (Phedon Papamichael)

Predicción: Gravedad / Gravity (Emmanuel Lubezki)

 Mejor diseño de vestuario.Escándalo americano / American hustle (Michael Wilkinson)
El gran Gatsby / The great Gatsby (Catherine Martin)
Doce años de esclavitud / Twelve years a slave (Patricia Norris)
The grandmaster (William Chang Suk Ping)
The invisible woman (Michael O'Connor)

Predicción: Escándalo americano / American hustle (Michael Wilkinson)


Mejor edición.

Capitán Phillips / Captain Phillips (Christopher Rouse)
Escándalo americano / American hustle (Jay Cassidy, Crispin Struthers, Adam Baumgarten)
El club de los desahuciados / Dallas buyers club (Martin Pensa, Jean-Marc Vallée)
Gravedad / Gravity (Mark Sanger, Alfonso Cuarón)
Doce años de esclavitud / Twelve years a slave (Joe Walker)

Predicción: Capitán Phillips / Captain Phillips (Christopher Rouse)


 

 














 
Las cosas así darían como ganadora a Doce años de esclavitud, quien triunfaría solamente en la categoría reina, dando la sorpresa de la noche. Por otro lado, Gravedad, estaría arrasando con seis estatuillas, y El club de los desahuciados se llevaría tres. Por supuesto, cualquier cosa puede pasar. Después de todo, son los Oscar, esos premios que los cinéfilos aman y odian en partes iguales, pero para los que resultan inevitables.

jueves, 20 de febrero de 2014

Nebraska.




Crítica.
[Nebraska, A. Payne - 2013].


El estreno de Los descendientes (The descendants, 2011) hace algunos años significó, para muchos, el regreso a la gran pantalla de uno de los mejores cineastas americanos de la actualidad. Habiendo sido responsable de La elección (Election, 1999) y Las confesiones del Sr. Schmidt (About Schmidt, 2002), alcanzó su momento de gloria al ser galardonado con el premio Óscar por uno de sus títulos más recordados, Entre copas (Sideways, 2004), que fue la primera de una seguidilla de comedias dramáticas independientes que recuperó algo del prestigio perdido por el género a comienzos de  la década. Luego de haber ganado ese premio, abandonó los largometrajes por un tiempo tan largo que enervó a algunos fanáticos e impacientó a varios ansiosos. Y Los descendientes fue un retorno a lo grande luego de siete años, tal vez su mejor película hasta la fecha, en la que demostró su capacidad para amalgamar géneros tan opuestos como la comedia y la tragedia en una trama presuntamente sencilla que aborda el alma humana. Por supuesto, es un trabajo mucho más complejo, y ya ha sido comentado en su momento [crítica]. Nebraska, su sexto largometraje, es además otro tirón hacia la creación de grandes personajes masculinos. Sus primeros largometrajes contaban con Laura Dern y Reese Witherspoon, en ese orden, y resultaron una génesis casi perfecta de personajes femeninos. Pero desde Warren Schmidt en adelante, actores como Jack Nicholson, Paul Giamatti, Thomas Haden Church y George Clooney inmortalizaron ejemplares inolvidables de hombres en ruinas. Y Bruce Dern, hoy, se suma sin problemas al listado por su interpretación como Woody, singular y entrañable personaje que indudablemente perdurará en la memoria colectiva de los cinéfilos.

Esta road movie cierra, intuyo, un ciclo sobre relaciones de paternidad. Los descendientes giraba en torno a un hombre casi viudo al que la desgracia convocó para hacerse cargo de dos hijas a las que parecía no comprender. Y Nebraska es, contrariamente, la historia del tipo sin rumbo, un joven vendedor de electrodomésticos forzado a conducir a su padre hacia una aventura absurda, con la posibilidad de conocerlo en el camino como jamás lo ha hecho, consciente de que, por su avanzada edad, puede ser su último viaje juntos. Padre e hijo son astros que se desplazan a distintos ritmos y por distintos caminos. El problema fácilmente se atribuye a una falta de comunicación, que no es consecuencia sino causa en sí sola. No obstante, ambos están unidos por la esencia de sus almas. Son perdedores en todo sentido de la palabra, y en ese vacío al que se sumergen para sobrevivir están llamados a encontrarse. Después de todo, en la familia que George Clooney formaba junto a Shailene Woodley y Amara Miller, sus integrantes no eran tan diferentes después de todo. No sólo descendían de poderosos terratenientes, sino de hombres y mujeres en cuyo ADN podían identificarse rasgos similares (el uso de malas palabras, por ejemplo). Así, no es casual que Woody y David (Bruce Dern y Will Forte), protagonistas de Nebraska, logren entenderse aun cuando hablan en lenguajes diferentes (uno se expresa inquisitivamente, el otro está totalmente distraído). El hijo, cuarentón recién separado y eternamente eclipsado por su hermano mayor, ha recibido una herencia que va más allá de lo económico, y el guión de Bob Nelson la usa a su favor para la descripción sistemática de conversaciones en bares y aventuras sobre ruedas. Se trata de una herencia que se expresa en algo tan sencillo como el modo de caminar, en el nombre de su personaje (David, igual que aquel tío muerto a los dos años por enfermedad), en el legado de los restos de la cerveza durante su infancia. Hasta su madre vaticina que, si no cambia las cosas, acabará como su padre: un renegado anciano perdido en el horizonte de sus ilusiones, ahogado por el alcohol, quien, como ocurre en todas las películas, es un veterano de guerra. Para variar.

La inexplicable renuncia de Alexander Payne al libreto es llamativa, y se hace notar en los brotes de comicidad originados por el diálogo. Hay grandes episodios en Nebraska a lo largo de las casi dos horas de duración, como el extravío de una prótesis dental o la secuencia final, portadores de un ingenio y una lucidez que rara vez se encuentra en la comedia actual, a los que no les hace falta la palabra. La naturalidad de estos acontecimientos engrandece una obra como esta. Pero un problema recurrente aparece en los diálogos o, para ser más preciso, en los chistes. Si hay un personaje al que culpar por esto, es al de Kate, la anciana esposa de Woody, interpretada por la nominada al Óscar June Squibb. Es el estereotipo de mujer que demuestra el amor a través del odio, para resumirlo de una manera imperdonable pero simple de comprender, y es un ser que habla mucho. La construcción del personaje es coherente, pero su insistencia en la provocación de una forma poco elegante y extremadamente poco sutil, y el abuso del humor que ocasionalmente transmite (como esa escena del cementerio, una de las más extensas del filme, en la que critica a más de seis parientes cuando no eran necesarios tantos, o las veces que pronuncia la frase «voy a ponerlo en un geriátrico»), la vuelven insoportable. Y no en el sentido que la quieren mostrar Nelson y Payne, pues no hay que olvidar que la gracia de Kate es precisamente esa: la de hartar a un hombre ya bastante harto como Woody. A esto cabe añadir, como detalle menor, que la actuación de Squibb es mucho menos correcta de lo que se dice. Sus primeras dos apariciones y sus salidas de escena, en las que escupe dos reproches humorísticos, no se ven fluidas sino atascadas en una suerte de complejo de actriz teatral amateur.





Es imposible negar que, a pesar de todo, Nebraska está engalanada por una música impecable y montón de actuaciones secundarias inolvidables. Stacy Keach y Angela McEwan, excepcionales en sus roles, se sacrifican al servicio del grand finale, acrecientan su impacto emocional. Se trata de una conclusión que no podría ser más complaciente, pero que tampoco podría ser más efectiva. Y es, por lejos, lo mejor de la película (con el permiso de Bruce Dern y Will Forte, que merecen los aplausos en sus roles de padre e hijo). Ahora bien, su planteo inicial, que consiste en explorar la conflictiva relación familiar, ¿tiene un cierre definitivo? Para nada. No hallamos a la familia sentada en un gran sofá mientras mira un documental narrado por Morgan Freeman tras las discusiones que una enorme suma de dinero haya podido generar (las tierras en Los descendientes, el millón de dólares en Nebraska), y es posible que el autor nos haya quedado debiendo algo de eso. Después de todo, ¿cuál es el propósito del filme? ¿Es acaso un simple homenaje a la tierra natal del director? ¿O una feel-good movie condicionada por el apático blanco y negro, en una posición que aleja inevitablemente a las audiencias que tanto han disfrutado, por ejemplo, de una deliciosa comedia como Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006)? Sea como sea, es una obra prolija, tal vez de las menos profundas y memorables del director, pero sí una cita obligada para los que todavía creen en el poder curativo de la road movie.

Puntuación: 6/10 (Buena)

sábado, 8 de febrero de 2014

Agosto.





Crítica.
Agosto ["August: Osage county", J. Wells - 2013]


La multipremiada tragicomedia doméstica Agosto: condado de Osage llega a los cines de la mano del director John Wells, adaptada por el propio autor de la obra original, Tracy Letts. Se trata de una explosiva reunión familiar durante el mes de agosto, cuando el calor, al menos en el hemisferio norte, se vuelve sofocante. La misteriosa desaparición del patriarca arrastra a cada miembro de la familia a esa elegante casa en Oklahoma donde tres hermanas, quienes ya han abandonado el nido mucho tiempo atrás, han sido criadas. Con un punto de partida que parece hallar algunas lejanas similitudes con El primer día del resto de nuestras vidas (Un conte de Noël, 2008), el filme de Arnaud Desplechin protagonizado por Catherine Deneuve, esta producción depende de la efectividad de su humor y de la credibilidad de las confrontaciones entre las distintas ramas del árbol genealógico.

Este no tan dulce hogar es la representación del fracaso absoluto, de la derrota. El longevo matrimonio está destinado a ser sepultado por los escombros de la casa. Él, incapaz de cruzar la frontera, lucha por una muerte más digna en las afueras de su resquebrajado palacio; ella, sobrevive al día a día con una enfermedad y un temperamento que, con todo, no la muestra en una sola escena en el exterior. Una de las hijas es la que visita con frecuencia a sus padres: ha sido vencida por la vida y además tiene una relación prohibida con un perdedor. La segunda hija, contrariamente, es el indicador del éxito, que trasciende los altibajos y halla justificación tanto en la huida del lugar como en la ruptura de todo vínculo familiar. La mayor, separada y madre de una adolescente rebelde, es el ave que ha querido volar alto y no ha podido. Es la única mujer sin planes a futuro pero con un ligero remordimiento por abandonar a su madre. En un palacio gobernado por la ley del más fuerte, ella se ve en desventaja.

La comicidad de la obra es el resultado de los constantes roces entre integrantes del clan, aunque esté bastante eclipsada por la tragedia durante la primera mitad. Se trata de un humor excesivo y muy poco sutil. La agresividad de hombres y mujeres en posición de ataque, como un combate verbal sin tregua, y un calor que asfixia. Hasta los pájaros mueren dentro de la casa, porque es agosto, y porque la fricción aumenta todavía más la temperatura. ¿Humor efectivo? Indudablemente. Es la clase de planteos y respuestas que el espectador espera oír en una comedia. De hecho, y por desgracia, los insultos son mucho más divertidos que los chistes. Y, mala noticia, algunos de estos chistes se pierden en la traducción. Por otra parte, está el elenco, un as bajo la manga, portador de armas peligrosas y munición pesada. El duelo principal está conformado por las ganadoras del Oscar Meryl Streep y Julia Roberts, quienes interpretan a la madre y su hija mayor, respectivamente. Ellas son el alma de Agosto: condado de Osage, cargándose el libreto a los hombros y conformando una dupla memorable. Las acompañan los siempre efectivos Ewan McGregor, Margo Martindale y Chris Cooper, así como Dermot Mulroney, Juliette Lewis, Abigail Breslin y Benedict Cumberbatch. En conjunto responden a los cánones del subgénero de comedias sobre familias disfuncionales y le dan un más que valioso soporte al guión de Letts. 
 

En síntesis, es una adaptación correcta de una obra políticamente incorrecta. Considero que pudo haber sido mucho mejor. Es una película bien hecha, con un buen trabajo de fotografía y música, esta última a cargo del argentino Gustavo Santaolalla, pero no puedo dejar pasar dos detalles. En primer lugar, hay adaptaciones teatrales, como la que Roman Polanski ha hecho en Un dios salvaje (Carnage, 2011), que son mejores si se conserva la mínima unidad de espacio, siendo en ambos casos una casa familiar. Por supuesto, el séptimo arte permite mayor movilidad, así como una ruptura de la teatralidad (ya que, para eso, está el escenario). Pero en casos como este, que aprovecha para mostrarnos un automóvil rojo andando más rápido de lo permitido y no demasiadas cosas más, hubiera sido más conveniente desarrollarlo todo dentro de los límites de la propiedad. Esto habría generado una sensación más sofocante, de opresión sobre los personajes y sobre los espectadores, recordándonos que no se llama agosto por puro capricho. Apostar a los ventiladores o a objetos varios hechos pasar por abanicos es una jugada que divierte la primera vez e irrita en las sucesivas. Y en segundo lugar, está el tiempo de la ficción. La introducción se extiende demasiado y las confesiones, los secretos y mentiras descubiertos, se comprimen en el lapso de los veinte minutos finales. Habría sido considerablemente más prudente dilatar el drama de cada personaje e indagar en las consecuencias que un conflicto genera sobre otro. El personaje de Margo Martindale, por ejemplo, parece haber sido olvidado. Hay una sensación de apuro, de querer ajustar los tiempos sobre el final. Y el epílogo, que no está nada mal, arroja sobre nuestra conciencia la idea de una adaptación no revisada del todo, de un montaje hecho a contrarreloj o de una dirección hecha bajo amenaza de bomba. Esta película no es gran cosa, pero se deja ver, al menos como curso de interpretación para mujeres que deseen incursionar en el mundo del cine.

Puntuación: 5/10 (Floja)


Overall rating