domingo, 18 de octubre de 2009

Un gran paso para los espíritus demoníacos...

Requiem.


Quien estuvo toda su vida en contra de las películas de terror (ya que desafortunadamente, no había nacido cuando se gestó la época dorada del cine del género, donde los monstruos y bichos raros asustaban a la gente) y contra el cine americano (por falta de originalidad y exceso de marketing), podría abrir su corazón a una película fresca, original y de altísima tensión como ''Requiem'' o ''La Posesión'', una maravilla del cine de suspenso-terror alemán con un argumento brillante y cruelmente real.
La idea de embriagarnos con una historia apasionante, al punto de hacernos sentir las emociones que quienes están en la otra dimensión pueden sentir, puede resumirse con la palabra REALISMO, algo que las películas de hoy en día están perdiendo en inmensas proporciones. Son pocos los largometrajes de terror de esta década que nos han brindado un espectáculo interesante. Una de ellas, de las primeras, fue ''Los Otros'' (de Amenábar), y la siguieron algunas adaptaciones de libros de Stephen King, ''El Orfanato'' y ''El Descenso'' (una muy buena, aunque desde lo personal no me gustó mucho), entre otras tantas que me vendrán a la mente a lo largo de la crítica. Algo para dejar en claro: que la mayoría de las películas de terror que me gustan, son europeas. Probablemente sea porque el cine americano está decayendo en todo sentido y género. El terror, sólo causa risa o, en su defecto, pena. Y las historias cautivantes del cine europeo que marcan territorio, son las que dan ganas de copiar (y que el cine estadounidense copia, por supuesto, sin crear el efecto que debería).
Requiem, es una de ellas. Una historia con una atmósfera compleja, que combina el drama de una chica poseída por el dominio de su propia madre y el terror de una chica poseída por el demonio. Claro, elementos religiosos están predispuestos a la perfección, para crear un clima tenue y hasta sensual, con planos que se aproximan al tono sepia. Los años 70' pueden sonar a excusa para crear un efecto interesante, aunque, al haber sido un suceso real, podemos reconocer el efecto y la inteligencia que los creadores han aplicado para la realización de este gran film. Quizá no parezca gran cosa, pero generalmente, suelen hacerse este tipo de películas en un ambiente que está constantemente modernizado. Y eso molesta.
Una mujer quiere independizarse finalmente de su familia y también -involuntariamente- del espíritu que la posee. Su madre, la retiene por temor: una mujer muy posesiva y soberbia, que la deja partir con desconfianza. Ella busca el amor y la normalidad, como cualquier mujer joven, aunque sufriendo frecuentemente ataques de epilepsia que se van agravando y van complicando su situación. La Fe, juega un rol fundamental en la película. Desde sacerdotes que se obligan a no creer la idea de que los demonios existen realmente hasta una mujer siempre católica que no puede tocar un crucifijo. Y más. Metáforas sobre la confianza y la fe en lo sobrenatural, que se van espiralando hasta llegar a un punto donde sólo resta el infinito. Y acá es donde nos damos cuenta de que la misma creencia de los orgullosos fue tan sólo una farsa para vivir la vida a pleno, sin temor a lo oscuro de la vida después de la muerte. O no. Requiem se pasa de lo objetivo y decae cuando quiere armar debates extensos como ícono infalible de las películas de competencia. La retórica, entre otras cosas, sirve como tarjeta de invitación ante una filosofía fuera de serie, que es tan interminable como la espiral que forma la historia de Michaela. Y ahí es donde enloquecemos. Venimos entusiasmados con una película hermosa, que nos da el pie para asustarnos un poco, para darnos cuenta de que ella es tan normal como cualquier mujer, para luego cruzarnos con una historia de fe que sólo quiere encuestarnos para armar estadísticas y, probablemente, ganar dinero. Fines económicos a través de la polémica y la filosofía, como un retrato desgarrador a prueba de fe. Y la psicología jamás se encierra en el conjunto de temáticas, lo cual nos genera algo de intriga. Un cuento fantástico para un sinfín de hipótesis que acabarán siendo vagas e irresolutas. Porque hasta el momento, eso es la fe en lo sobrenatural.
El estudio de lo humano la asemeja figurativamente a los pasos de gigantes. Es un gran paso para los espíritus demoníacos, pues se ganan el espacio en una película inteligente y que tiene con qué dar pelea. Se destaca entre un montón de fraudes que llevaron y aún llevan al género del terror a la perdición. Tiene una compresión brillante y tan ligeramente retocada que no le da el pie a la destrucción del producto. La sencillez de ciertos momentos, donde la imagen de un personaje en medio de la nada vale oro, hace que nosotros nos convirtamos en invasores de una intimidad vergonzosa y dificil de manejar. Porque todos la poseemos en cierto modo, ella nos complace a través de nuestros gustos y nuestras ganas de escapar o de hablar. Un trabajo de humanización estupendo, pues la firmeza del personaje (o la persona) puede compararse con ''la persona común y corriente'' que ve la película sin tantas expectativas. El espejismo espiritual que tan pocas logran.
Más allá de amar la polémica de lo concreto y detestar la polémica de lo abstracto -para ganar fama, fortuna y premios, claro-, creo que ''Requiem'' es una maravilla técnica, con gestos de racionalismo increíbles que la hacen especial, una excepción a todas las reglas. Una interpretación increíble de Sandra Hüller, envuelta en un argumento pasional que destruye a su persona, pero que nos genera más ganas de ver películas como éstas: de gran consistencia y, sobre todas las cosas, de progreso.
Puntuación: 7/10 (Notable)

sábado, 17 de octubre de 2009

Las Viudas Argentinas... ¿Más de lo mismo?

Las viudas de los jueves


Ya sabemos que son todos ricos. ¿Era necesario fortificar dicha afirmación con dos horas de un festival de groserías, sexo y el típico aburrimiento que caracteriza a nuestras películas?
Telefé hoy es grande, productor de dos películas taquilleras (no podría decir buenas: una no la vi y la otra, bueno, de terror) que siguen con el éxito del primer día. Una de ellas es ''Las Viudas de los Jueves'', una historia que constantemente intenta alcanzar los climas europeos (de películas francesas repletas de silencio o con la tensión de las cintas de suspenso alemanas), pero que acaba hundiéndose como un ancla en el fondo de una piscina.
La historia, comienza con una silenciosa escena entre caminos cruzados que llevan al interior de un country (un lugar lujosísimo y muy bonito, a propósito), cerca de la piscina que alberga humildemente a tres cadáveres. El personaje, que ingresa a la casa, no alcanza a ver los cuerpos y sigue normalmente su curso (como toda película nacional, donde nada pasa cuando en realidad, pasan cosas mucho más graves).
El misterio ya está resuelto en el country, eso es lo que quita la presión o la tensión esencial que merecía una película bien argumentada aunque maltratada (la hubiera inyectado de realismo, de nerviosismo y, si se le sumasen interpretaciones auténticas y profundas, la habrían empapado de emoción). El misterio sólo es para nosotros (con fines que sólo ellos sabrán... entretenimiento, no creo) y va conjugando las escenas para crear, a través de piezas independientes, un rompecabezas cada vez más completo.
Ya que los fines sólo los conocen ellos, nos paramos a suponer que uno de ellos (y acá podemos errar gravemente) es distinguir a cada uno de los ocho protagonistas de la historia. Como en ''El Método'', donde los artistas crean situaciones extremas a través de interpretaciones fantásticas. Juan Diego Botto, Ernesto Alterio (unos varios me han dicho que se llama Héctor... ¡No! Es Ernesto -superior a Héctor, ojo-), Pablo Echarri, Leonardo Sbaraglia, Juana Viale, Gloria Carrá, Gabriela Toscano y Ana Celentano (reciente ganadora del Cóndor de Plata por una actuación alucinante en Las Vidas Posibles). Cada uno en lo suyo, constituyen -en diferentes medidas y a través de diferentes situaciones- cuatro parejas viviendo ''la vida perfecta'' en el lugar perfecto.
Hombres de negocios y canchas de tenis, mujeres (¿de limpieza? ¡No! De eso también hay, pero no son las cuatro protagonistas) de salidas, restaurantes, cenas, mensajitos de texto y affaires con otros hombres más ricos, apuestos o sexualmente capacitados que sus maridos. Una vida fuera del esfuerzo, parece, aunque todo comienza a ganar presión a la medida que nos acercamos a diciembre del 2001, un momento en que Argentina vive una gran crisis económica, con el gobierno de Fernando de la Rúa y los bancos en pleno derretimiento.
La mirada económica/política es interesantísima. Es más, la comparación que resume la película y la situación en una de las escenas finales, es algo glorioso (inteligente y hasta digno de grandes polémicas fuera de lo cinematográfico). Por eso, considero que ingresar a los campos donde el juego es la plata (lo único que importa, según en Tano) y donde la tribuna alienta (o no) los ingresos del trabajador, ha sido una estrategia inteligente de quien escribió el libro y de quien lo adaptó a la pantalla grande.
Creo que abusar del espacio hablando de lo que una película es, es perder el tiempo, aunque bien que no me alcanzará el espacio para decir lo que realmente siento de ella. Los increíbles intentos de convertirla en algo extranjero (lo cual no habla muy bien del cine nacional) o las pesadísimas insistencias de la riqueza de los personajes, sumadas a las palabras en inglés y a la esencial presencia de los teléfonos celulares, hablan de una película que finge durante 120 minutos, que se escapa de sí misma, que vive de las pretensiones de un público con pocas necesidades y ganas en común (casualmente eso nos remite a la vasta variabilidad de opiniones y críticas), que deja de ser original y que se basa en el americanismo de cada una de las escenas que estructuralmente la forman.
Las groserías no faltan, lo cual es en parte positivo (algo que caracteriza, desafortunadamente, al cine argentino) y en parte negativo (más de lo mismo), aunque agregan pequeñas dosis de humor a algunas escenas que nos muestran que en un country, que en una vida de lujos, el sexo no es tan limpio como otros creen. Y acá, llega involuntariamente (o no) el otro concepto que contribuye a la firmeza aparente de este largometraje: el sexo. El uso de imágenes altamente obscenas, sucias y hasta desagradables (porque ni siquiera vemos cosas tan repugnantes en películas eróticas), la hace bastante original y hasta la fortifica en varios aspectos. Más allá de mi personal contradicción al uso de la sexualidad en exceso, creo que desde una mirada objetiva, acabó favoreciéndole bastante. El tercer concepto de este festival de ricos, ricos y ricos, es el aburrimiento. Si no fuera por unos últimos veinte minutos de grandeza, habríamos llegado al final dormidos. El largometraje va perdiendo el ritmo y no alcanza la belleza y la calidad técnica de ese extraordinariamente formado (aunque fingido) inicio.
Jamás podremos decir que la película está dividida, ya que el before and after está distribuído de a poco a lo largo de la película, a través de un divertidísimo (porque admitamos que algunas cosas son horrorosamente graciosas) trabajo de edición. Escenas de alto dramatismo tan inoportunas que habrían contribuído, si se seguía abusando de ellas, al abandono de nuestros ojos en la sala inmediatamente y a, probablemente, salir corriendo. Rebaja su calidad sin piedad, la arruina minuto a minuto. Pero es divertido (positivo, en cuanto se sepa que el fin de quienes la idearon era la diversión), espontáneo y hasta puede concebirse como algo irónico.
Técnicamente, un logro relativo. Un gran trabajo de musicalización, que alcanza la genialidad en el inicio y que luego pierde la chispa -aunque no se arruina, afortunadamente-. Por otra parte, las tomas aéreas y la oscuridad de las escenas del día de la tragedia inicial/final, me parecen inteligentes, soberbias y hasta europeas (para poner contentos a los realizadores)
Ahora bien, interpretativamente, un circo. Juan Diego Botto y Juana Viale, constituyen una pareja ideal (quizá, la pareja más normal de todas y de vida más compleja), no sólo a través de personajes espectaculares (muy bien pintados), sino también a través de trabajos muy buenos e inteligentes, escenas que nos regalan tensión, entretenimiento y que no nos despegan tanto de la pantalla. Ana Celentano y Leonardo Sbaraglia, dos grandísimos actores, están muy bien en lo suyo, aunque no de modo sobresaliente como el par previamente mencionado. El resto, un desastre. Mejor no entrar en detalles, pero en líneas generales, la selección actoral o la creación e intento fallido de personajes icónicos fue desastrosa y decadente.
Por eso, más allá de algunas cosas interesantes (como los pocos gestos respetados que caracterizan al cine nacional, algunas interpretaciones, el inicio y el final, la oscuridad y la musicalización), cosas como la pobreza interpretativa, el ligero desvanecimiento de los planos ''casi-importados'' y la pobreza del resto de los momentos bien argentinos (los cuales nos llevan al caos de marzo que produjo la película ''Rodney'' y no nos sorprenderían ante la aparición de... por ejemplo... Sofía Gala Castiglione abriéndose de piernas, inyectándose droga y prostituyéndose) hacen de ''Las Viudas de los Jueves'', un homenaje a todos los fraudes que han invadido las pantallas grandes a lo largo de la década... Algo muy poco Piñeyro, ¿O no?
Puntuación: 4/10 (Regular)

lunes, 12 de octubre de 2009

Una comedia recién sacada del horno...

Julie y Julia


Cuando buscamos algo original, sabroso, interesante y cómico, Julie y Julia está entre las mejores posibilidades. Más aún, cuando en su cúspide está la estrella Meryl Streep, acompañada por una sensual, joven y talentosa actriz como Amy Adams (quien desafortunadamente sí necesita presentación, la muchacha ingenua de La Duda, la protagonista de Encantada y Un gran día para ellas).
Un reparto de lujo, que lo completan Stanley Tucci (quien se viene con una actuación espectacular en Desde mi cielo, de Peter Jackson -sí, el de El Señor de los Anillos-) y Chris Messina (el de Vicky Cristina Barcelona). Suena apetecible, aunque está claro que la perfección no existe y que tiene varias fallas inquietantes a la hora de entretener y de contarnos una historia.
·Algo Original. La película está basada en dos historias reales, que en diferentes momentos de la historia, han invadido (supuestamente) la literatura universal y han conmovido desde diferentes perspectivas, a espectadores de diversos paises y continentes a lo largo del planeta. Una, escrita en los años 60 por Julia Child, una mujer radiante, viva, que ve en todo lo que la rodea algo mágico y lo disfruta hasta el cansancio. Debe trasladarse seguido y llega a Francia: debe -también- aprender a leer, a escribir y a cocinar, actividades de variado nivel de obligación. En la cocina descubre el modo para desarrollar su felicidad y su amor a las cosas e intenta, junto a un grupo de amigas, escribir un libro. Julie Powell, una mujer contemporánea y norteamericana, vive en un apartamento con su pareja y planea tomar un año para hacer las más de 500 recetas de Julia Child y subir las experiencias a un blog. Pero, claro, este régimen la llevará a recorrer diversas emociones que acabarán por transformarla. En el camino, verá y aprenderá de las similitudes y diferencias con Julia, y que no todas las personas son como parecen...
·Algo Sabroso. A lo largo de los 120 minutos de película, vemos muchísimos platos -algunos apetecibles, otros no tanto-. Una experiencia que nos permite descubrir nuevos sabores en una dimensión desconocida más allá de la pantalla. De elegante presentación, platos que ocultan cocineros en una etapa de aprendizaje (ni Julie ni Julia, nacieron sabiendo del tema). Lo curioso, es que las películas que giran alrededor de algo sencillo (siempre pongo como ejemplo a aquellas películas que persiguen un camino, como las de ciclos lectivos -que se traten de lo que sea siempre entretienen-, de concursos de baile/canto, de una cocina a los apurones tipo cuenta regresiva; todo aquello que tiene una dirección cuyo fin conocemos, generalmente: la última receta, la última clase, la premiación). Son películas elegantes, e incluso me llegan a involucrar un gran porqué: ¿por qué a la gente -que quizá no la haya ido a ver con intenciones de pensarla y de agitara hasta sacarle todo el jugo- le gustó tanto Slumdog Millionaire? ¿Será porque no ha existido a lo largo de ese año, cosa más increíblemente tensa que un concurso sencillo que hasta el último minuto te tiene con el corazón en la boca? Hablamos de uno de los fines del cine: el entretenimiento. ¿Por qué no concluir con un ''a la gente le gustan estas cosas''?
·Algo interesante. Está claro que las dos historias están plagadas de diferencias. Básicamente, el estilo de vida de cada una de ellas. La vida de una de ellas roza más lo clásico, lo poético; lo maravilloso que esta vida nos ofrece, todo aquello que nos forma y forma aquello que realmente nos forma. La otra, más mecánica, más estadounidense; esclava de sí misma, con las típicas rutinas de las parejas neoyorquinas. Busca lo poético en una vida superficial que acaba demostrándole que no puede cambiar su vida a la fuerza, aunque sí puede transformar aquellas cosas que no le son importantes.
También, es muy interesante el hecho de que las actitudes de Julia no son coincidentes con la actitud final. Eso, si la película extrae su historia a modo de biografía, habla de -probablemente- una contradicción o -en un caso extremo- una mentira. ¿Es Julia Child un personaje honesto? Y, minimizando las intenciones: ¿Podemos tener cariño por un personaje que roza lo mitológico?
·Algo cómico. Está bien que Amy Adams no es una mujer hecha para la comedia. Supongo que puede dedicarse a hacer grandes producciones que recorran el romanticismo y el drama, pero que vaya alejándose de la comedia porque definitivamente no hay lugar para ella. Meryl Streep aporta todo lo que condimenta a la película desde este aspecto. Todas las situaciones graciosas -o prácticamente todas- las tienen a ella: una mujer que se ríe de todo, con humildad -claro- y sin la necesidad de sobreactuar. ¿O sí?

Se puede tomar esta película desde muchos aspectos: desde lo sorprendente de dos biográficos en paralelo (del estilo a ''Las Horas'' pero flojo, pesado y sin tan buenas actuaciones), desde el modo en que la ambición de una acaba poseyéndola, destruyendo todo lo que la rodea, desde lo cómico e insólito de dos vidas completamente diferentes que tienen una tendencia imposible de ser idénticas, desde lo agradable de ver una cake movie , o con las obvias intenciones de acentuar la intervención de Streep, en una película que sólo conseguirá la fama por ella (no precisamente por su extraordinaria compañera). La dirige Nora Ephron, cuyo primer trabajo es una de las películas que más me gusta ver, ''Esta es mi vida'', sobre dos hermanas que viven con su madre y tienen -entre otros sueños- ganas de conocer al padre. Quizá, por esta película tan emotiva, esperaba algo mejor. Julie & Julia es un centro con diferentes miradas, pero ninguna demasiado inteligente (o interesante) como para llamar la atención. Ninguna de las dos actuaciones es sobresaliente: coincido con quienes dicen que Meryl Streep ha vuelto a sobreactuar un poquito (está bien que el personaje así lo determina, supuestamente, quizá se lo pueda perdonar), con quienes dicen que Amy Adams trabaja cada vez mejor (esos ataques de locura son algo actuados; ella misma se ve y cree que así son, pero bueno), con quienes dicen que Stanley Tucci va creciendo (y que con este papel, mostró una gran sensibilidad, gran talento y -aparte- mostró que un personaje mal constituído le pueden restar los puntos que lo pueden llevar a la gloria. Messina, bien.
Una película que empieza siendo muy entretenida, luego decae y se torna muy pero muy aburrida. Las actuaciones fueron entre buenas y regulares. La historia, llena de contradicciones y con la falta de respuestas que la literatura nos ha regalado (un vacío más), se hace pesada. Igualmente, se disfruta; es cómica, alegre, deliciosa (en el sentido alimenticio) y, para pasar el rato, es una buena posibilidad.
Una comedia recién sacada del horno, a vuestra disposición. Para verla, sacar conclusiones, compararlas, pelearse, matarse (...)
Puntuación: 6/10 (Buena)

viernes, 9 de octubre de 2009

Para amantes del género Almodóvar, un producto diferente.

Los abrazos rotos.


Frente a una posible decepción de Don Pedro y su reciente película Los Abrazos Rotos, esta obra preciosísima de uno de mis directores preferidos no hizo menos que alegrarme y sorprenderme. La versión más seria, reflexiva y decente de La Mala Educación, otra de las películas del director español, con muchísimas características en común, pero con escenas no tan exageradas, ni con tantas escenas de sexo como las hubo en la película que protagonizó el maestro Gael García Bernal. Mateo Blanco o Harry Caine, el personaje en quien vuelca su identidad como persona y como profesional, es el protagonista de esta historia de desencuentros, desgracias y pérdidas en el camino de la vida. El actor, Lluís Homar, interpreta a un escritor ciego con dos personalidades: en una vuelca su vida más personal, es él mismo; en cambio, en la otra, vuelca su vida profesional y la va intensificando a la medida que los años pasan y que él comienza a perderlo todo.
Un enfoque actual, con otro paralelo que nos remite al pasado. Como La Mala Educación, donde el encuentro de los dos ex compañeros y la producción de ''La Visita'' nos lleva al pasado de estos desconcertados personajes (cada uno con motivos diferentes, claro), la visita de un homosexual, hijo de un empresario y sus ganas de escribir una historia sobre su propia vida nos remiten al pasado. Mateo Blanco, o Harry Caine, quien en un racconto nos lleva a su conflicto amoroso y a su pérdida más grande (la de su personalidad, entre otras) 14 años atrás, es el que encuentra en este entusiasta muchacho la posibilidad de sacar una buena coartada y, a su vez, filmar algo que siempre quiso (y que nunca pudo, por cosas de la vida). Pero todo paso a paso, claro; su confianza no se construye en un día (mucho menos la de la gente que lo rodea)
Existió inicialmente una rivalidad entre el escritor y este joven muchacho homosexual que quería que el otro escribiera su historia a toda costa. Más allá de ser uno de los personajes que lo perjudicó indirectamente, pero directamente a quien amaba con locura, logró llevarlo a la duda (cosa que jamás hubiera concebido el mismo sujeto) y a la posibilidad de aceptar la propuesta. Una idea que nos queda debiendo hasta los créditos finales.
Con cámara en mano y una personalidad algo ambigua, no quedó bien en claro el porqué de su entusiasmo por conseguir la historia. Podríamos elaborar muchas hipótesis, pero quedaría clarísimo que la poca emoción que intervino en el rostro del joven (quedaría claro que tampoco la tenía 14 años antes) fue la llave del cofre escondido. Fue uno de los personajes que me generó más dudas en cuanto a sus verdaderas intenciones, e incluso al final, donde todo quedó bastante aclarado excepto si todo lo que había dicho era verdad. Generalmente aquellos que jugaron alguna vez con la sexualidad en una película de Almodóvar, fueron las llaves de valiosos tesoros para el cine contemporáneo.
A lo largo de su carrera, Pedro trazó una línea y marcó su estilo, un género inigualable. Existirían, años más tarde, películas suyas que superarían sus propias expectativas (Hable con ella, por ejemplo) y otras que quedarían por debajo (La mala educación). Pero algo triste sería, para un hombre que marcó una tendencia, que una película quedara muy por debajo de su estilo.
No significa que ''Los Abrazos Rotos'' sea una película poco Almodóvar, sólo carece de ciertos personajes míticos que ha creado el español a lo largo de su carrera (de personas con identidades sexuales inimaginables y hasta desconocidas) del humor y carisma que han mostrado éstos a través de las palabras que pronuncian en sus correspondientes largometrajes. Yo creo que es sorprendente, porque Almodóvar suma muchos de sus productos anteriores y verifica que al ser tan desparejos, el resultado no es muy estable. Y esto, probablemente, sea para él algo bueno: que jamás hizo cosas idénticas y que puede jugar con cosas nuevas, con experiencias traumáticas e intensas (esta película las tiene) que trabajen con menos monólogo, con menos carisma, pero con la esencia misma de una filmografía brillante.
Llena de metáforas (la de los abrazos rotos, algo subliminal y fantástico), de personajes soñadores (una actriz, como Ángel y sus ganas de ser LA protagonista), de referencias de otras películas suyas (Mujeres al borde de un ataque de nervios, La Mala educación) y de escenas de alta tensión (principalmente las que Penélope Cruz comparte con José Luis Gómez), los abrazos rotos muestran en dos horas de puro entretenimiento, la falta de cariño, de comprensión, de compasión, de piedad, de sentido y de compañía.
Me han sorprendido -y gratamente- muchísimas cosas. La capacidad de los actores de permitirnos soñar -al menos por un rato- sus vivencias y sus verdaderos pensamientos. La capacidad de otros tantos de hacernos dudar. En líneas generales, de involucrarnos abruptamente en la historia sin la necesidad de no haber sido convocados por Almodóvar. La maestría de un guión escrito con el alma en la mano: una revelación casi autobiográfica (con todos esos personajes dando vueltas, que -yéndonos al otro mundo- podrían significar la ceguera creativa de Almodóvar, lo cual lo haría mucho más trágico) y con momentos sumamente cómicos (las referencias sexuales y los momentos que Harry comparte con el hijo de su compañera), bastante inesperados para el tono de película. Luego, la maldad de un personaje tan extraño como el de J.L.Gómez, cuya actuación fue impecable al igual de la que realizó mi queridísima Penélope Cruz. Volvió a mostrarnos que el Oscar que ganó por María Elena no fue producto de un golpe de suerte. Las dosis de hermosura, sensualidad y buen gusto que nos inyectó durante 70 minutos, fueron de las más gratas que recibí en mi vida. Y ella también, mostró parte de sus dos personalidades: una mucho más humana, que vivió dos años antes del pasado de Harry Caine y una robótica tras la tragedia del 1992. Como su amante, hacia el 1994, ella volvió a sentir que era su otra cara, no podía cambiarla. Pero el mundo nos ha cambiado contra nuestra propia voluntad. La musicalización al final de la película. Algunas escenas claves entre Cruz y Gómez (una de ellas, en la que Cruz repite lo que Gómez está mirando un video grabado por su propio hijo, junto a una mujer que va leyendo con la menor gracia posible todos los diálogos que se suscitan en la grabación. Un interesantísimo manejo de las cámaras, principalmente en las escenas de mayor tensión y en las que intervienen algunas metáforas sobre los abrazos rotos.
Otra nueva historia de secretos, palabras no dichas, de cine dentro del cine, de pasiones, pérdidas y reencuentros. No digo que sea lo mejor de Almodóvar, ni tampoco sea una comedia dramática que sobresalga del montón. Una cinta bien ideada, con personajes algo desarticulados pero suficientemente justificados. Se disfruta del principio a fin, y se puede ver a través de los abrazos rotos y de un montón de recuerdos del pasado, el género Almodóvar.
La dificultad de verlo, es lo que hace de este producto diferente, una cinta que todos los amantes del español debemos ver.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

El infierno es una chica adolescente deliciosamente insuficiente

Diabólica Tentación.


Quien haya visto Juno alguna vez en su vida, y quien sepa que Diabólica Tentación es una película reciente de los mismos creadores, probablemente pueda comentar a quienes no lo saben que una ola vestida diabólicamente de escenas graciosas está por invadir la pantalla grande para hacernos entretener un buen rato. Así como hace años atrás, ''El diablo viste a la moda'' invadió masivamente las pantallas de cine y hogares descostillándonos de la risa -al menos a mí-, hoy el diablo se saca los buenos trajes y, prácticamente desnudo, infarta a los hombres de todas las edades, arrasa con las envidiosas y más sensuales mujeres del mundo pero, aunque todo parece genial, el efecto que tiene con los críticos probablemente no sea el mismo. Creo que es lo más parecido a una bofetada.
Una película dirigida por Karyn Kusama, quien ya probó suerte con un fracaso llamado ''Aeon Flux'' y que cuatro años después vendría a decepcionar con un largometraje bastante prometedor (dentro de lo natural y lo relativamente racional) y con mucha repercusión en el mundo (no precisamente acá, por lo que vi, pero ese sería tema para otro momento). El guión, escrito por la ganadora del Oscar Diablo Cody (quien lo ganó en el 2008 por ''Juno'', de Jason Reitman), tuvo muchas similitudes con el que años atrás conquistó a un número impresionante de críticos sedientos y soñadores como yo. Una de ellas, fue el humor extremo. Escenas intensamente trágicas, fueron convertidas en algo sumamente irónico, con las chispas del humor negro de Cody, las inmadureces sexuales y las constantes referencias de la vida real. Otra, las palabras en español que dijeron los personajes principales en el transcurso de la película. Entre otras más secundarias, el rock como elemento el común, las emociones de los adolescentes entre muros y algunos actores que hemos visto alrededor de Juno, la muchachita embarazada, como Valerie Tian (Su-chin, quien estaba gritando en el estacionamiento de ''Mujeres Ahora'', contra el aborto) o J.K. Simmons (el padre, claro). Una capacidad inmensa de Cody, para crear un guión tan prolijo y con tantas emociones al brote, a pesar de que la historia se fuera por las ramas y acabara siendo un producto de fantasías y delirios en exceso (yéndose, incluso, a las películas hechas pura y exclusivamente para adolescentes embobados con las piernas de las actrices o embobadas y furiosas por el cuerpo de éstas)
Protagonizada por Amanda Seyfried (Mamma Mia!, Chicas Pesadas, Juegos Prohibidos), ''Diabólica Tentación'' cuenta la historia de Needy, una mujer que relata su trágica crónica desde un instituto mental, entre palabras y acciones que parten desde la violencia y la frialdad como principio invencible de mujer. Dos meses antes, ha ocurrido en su vida un hecho que le ha cambiado su vida (...) Una mujer normal, convertida en un monstruo... Una inteligencia artificial y una capacidad que va mostrando sus fronteras a la medida que pasa el tiempo, hasta darnos un final... de lujo, digámoslo como corresponde.
Luego, como cuerpos que giran alrededor de este sol, se encuentran la obtusa Megan Fox, el comiquísimo Adam Brody (que acá se manda de las suyas, siendo el único que vale la pena), el cara de pavo Johnny Simmons (llegué a dudar si interpretaba un ser humano o a un objeto) y Kyle Gallner (un gran ícono para presentar una de las temáticas generales de la película, muy bien interpretado). Todos se unen para mostrar, más allá de la historia de una manipulación, de un dominio generado a partir de una amistad muy superficial (¿O en algún momento sentimos afecto entre las muchachas?), un proceso mental violento y abrupto del verdadero protagonista, que se ve afectado por la realidad (la poderosa intervención de los dioses del subsuelo) y por la maldad poseyendo el cuerpo de su mejor amiga. No tenemos derecho a decir que acabó en un instituto mental por loca, aunque tampoco podemos asegurarnos de lo contrario... Sólo sabemos que este camino, de la sencillez de una nerd hasta la locura pasional, está arruinado por la sangre a raudales, las miradas penetrantes y las tragicómicas muertes.
Para mostrarnos que no está nada desactualizada, la película también se enfoca en cuestiones secundarias, como la tecnología, la mentalidad juvenil y las tribus urbanas, que le dan cuotas de humor a una historia ya predispuesta a causar gracia entre tantas vísceras. También, hace repetidas referencias a la maldad seria e infernal (diferentes tributos y obras endiabladamente inteligentes, como la convocatoria a los animales del bosque, el sacrificio o los cuerpos abiertos completa y transversalmente, casi vacíos y alimentando a un grupo de animales altamente satisfechos).
Respondiendo por qué no acabó de convencerme, podría -principalmente- asegurar que el nivel interpretativo de la película era una media entre lo pésimo y lo patético. También, que ya era suficientemente original la trama como para arruinarla con un enorme grado de terror barato y fugaz, escenas algo morbosas y muy trilladas, de vínculos sexuales adolescentes que acabaron hartándome y con momentos de tal obviedad. La sobrenaturalidad intervino abruptamente en un largometraje de admirable armonía, para debilitarla, dejándola consumirse por el resto de los errores que en otro momento hubieran sido enfrentados. Fue perdiendo color segundo a segundo y logró mantenerse en una línea satisfactoria en los últimos momentos, regalándonos esas escenas de suspenso que hubiéramos querido para el resto de la película.
Los créditos finales, junto a la música, me parecieron desubicados y algo tontos, aunque aclaro que sí valió la pena especificar cómo acabó todo, para cerrar el paquete y asegurarnos, al 100%, que no habrá secuela (¡¿Gracias a Dios?!)
Igualmente, el quedarse con ganas de más después de un final bien ideado, después de una película moderada entre grandes virtudes y terribles defectos, nos deja en la duda: ¿Esperar o no una continuación que justifique los errores de esta? Para la reflexión...
Puntuación: 5/10 (Floja)