sábado, 17 de octubre de 2009

Las Viudas Argentinas... ¿Más de lo mismo?

Las viudas de los jueves


Ya sabemos que son todos ricos. ¿Era necesario fortificar dicha afirmación con dos horas de un festival de groserías, sexo y el típico aburrimiento que caracteriza a nuestras películas?
Telefé hoy es grande, productor de dos películas taquilleras (no podría decir buenas: una no la vi y la otra, bueno, de terror) que siguen con el éxito del primer día. Una de ellas es ''Las Viudas de los Jueves'', una historia que constantemente intenta alcanzar los climas europeos (de películas francesas repletas de silencio o con la tensión de las cintas de suspenso alemanas), pero que acaba hundiéndose como un ancla en el fondo de una piscina.
La historia, comienza con una silenciosa escena entre caminos cruzados que llevan al interior de un country (un lugar lujosísimo y muy bonito, a propósito), cerca de la piscina que alberga humildemente a tres cadáveres. El personaje, que ingresa a la casa, no alcanza a ver los cuerpos y sigue normalmente su curso (como toda película nacional, donde nada pasa cuando en realidad, pasan cosas mucho más graves).
El misterio ya está resuelto en el country, eso es lo que quita la presión o la tensión esencial que merecía una película bien argumentada aunque maltratada (la hubiera inyectado de realismo, de nerviosismo y, si se le sumasen interpretaciones auténticas y profundas, la habrían empapado de emoción). El misterio sólo es para nosotros (con fines que sólo ellos sabrán... entretenimiento, no creo) y va conjugando las escenas para crear, a través de piezas independientes, un rompecabezas cada vez más completo.
Ya que los fines sólo los conocen ellos, nos paramos a suponer que uno de ellos (y acá podemos errar gravemente) es distinguir a cada uno de los ocho protagonistas de la historia. Como en ''El Método'', donde los artistas crean situaciones extremas a través de interpretaciones fantásticas. Juan Diego Botto, Ernesto Alterio (unos varios me han dicho que se llama Héctor... ¡No! Es Ernesto -superior a Héctor, ojo-), Pablo Echarri, Leonardo Sbaraglia, Juana Viale, Gloria Carrá, Gabriela Toscano y Ana Celentano (reciente ganadora del Cóndor de Plata por una actuación alucinante en Las Vidas Posibles). Cada uno en lo suyo, constituyen -en diferentes medidas y a través de diferentes situaciones- cuatro parejas viviendo ''la vida perfecta'' en el lugar perfecto.
Hombres de negocios y canchas de tenis, mujeres (¿de limpieza? ¡No! De eso también hay, pero no son las cuatro protagonistas) de salidas, restaurantes, cenas, mensajitos de texto y affaires con otros hombres más ricos, apuestos o sexualmente capacitados que sus maridos. Una vida fuera del esfuerzo, parece, aunque todo comienza a ganar presión a la medida que nos acercamos a diciembre del 2001, un momento en que Argentina vive una gran crisis económica, con el gobierno de Fernando de la Rúa y los bancos en pleno derretimiento.
La mirada económica/política es interesantísima. Es más, la comparación que resume la película y la situación en una de las escenas finales, es algo glorioso (inteligente y hasta digno de grandes polémicas fuera de lo cinematográfico). Por eso, considero que ingresar a los campos donde el juego es la plata (lo único que importa, según en Tano) y donde la tribuna alienta (o no) los ingresos del trabajador, ha sido una estrategia inteligente de quien escribió el libro y de quien lo adaptó a la pantalla grande.
Creo que abusar del espacio hablando de lo que una película es, es perder el tiempo, aunque bien que no me alcanzará el espacio para decir lo que realmente siento de ella. Los increíbles intentos de convertirla en algo extranjero (lo cual no habla muy bien del cine nacional) o las pesadísimas insistencias de la riqueza de los personajes, sumadas a las palabras en inglés y a la esencial presencia de los teléfonos celulares, hablan de una película que finge durante 120 minutos, que se escapa de sí misma, que vive de las pretensiones de un público con pocas necesidades y ganas en común (casualmente eso nos remite a la vasta variabilidad de opiniones y críticas), que deja de ser original y que se basa en el americanismo de cada una de las escenas que estructuralmente la forman.
Las groserías no faltan, lo cual es en parte positivo (algo que caracteriza, desafortunadamente, al cine argentino) y en parte negativo (más de lo mismo), aunque agregan pequeñas dosis de humor a algunas escenas que nos muestran que en un country, que en una vida de lujos, el sexo no es tan limpio como otros creen. Y acá, llega involuntariamente (o no) el otro concepto que contribuye a la firmeza aparente de este largometraje: el sexo. El uso de imágenes altamente obscenas, sucias y hasta desagradables (porque ni siquiera vemos cosas tan repugnantes en películas eróticas), la hace bastante original y hasta la fortifica en varios aspectos. Más allá de mi personal contradicción al uso de la sexualidad en exceso, creo que desde una mirada objetiva, acabó favoreciéndole bastante. El tercer concepto de este festival de ricos, ricos y ricos, es el aburrimiento. Si no fuera por unos últimos veinte minutos de grandeza, habríamos llegado al final dormidos. El largometraje va perdiendo el ritmo y no alcanza la belleza y la calidad técnica de ese extraordinariamente formado (aunque fingido) inicio.
Jamás podremos decir que la película está dividida, ya que el before and after está distribuído de a poco a lo largo de la película, a través de un divertidísimo (porque admitamos que algunas cosas son horrorosamente graciosas) trabajo de edición. Escenas de alto dramatismo tan inoportunas que habrían contribuído, si se seguía abusando de ellas, al abandono de nuestros ojos en la sala inmediatamente y a, probablemente, salir corriendo. Rebaja su calidad sin piedad, la arruina minuto a minuto. Pero es divertido (positivo, en cuanto se sepa que el fin de quienes la idearon era la diversión), espontáneo y hasta puede concebirse como algo irónico.
Técnicamente, un logro relativo. Un gran trabajo de musicalización, que alcanza la genialidad en el inicio y que luego pierde la chispa -aunque no se arruina, afortunadamente-. Por otra parte, las tomas aéreas y la oscuridad de las escenas del día de la tragedia inicial/final, me parecen inteligentes, soberbias y hasta europeas (para poner contentos a los realizadores)
Ahora bien, interpretativamente, un circo. Juan Diego Botto y Juana Viale, constituyen una pareja ideal (quizá, la pareja más normal de todas y de vida más compleja), no sólo a través de personajes espectaculares (muy bien pintados), sino también a través de trabajos muy buenos e inteligentes, escenas que nos regalan tensión, entretenimiento y que no nos despegan tanto de la pantalla. Ana Celentano y Leonardo Sbaraglia, dos grandísimos actores, están muy bien en lo suyo, aunque no de modo sobresaliente como el par previamente mencionado. El resto, un desastre. Mejor no entrar en detalles, pero en líneas generales, la selección actoral o la creación e intento fallido de personajes icónicos fue desastrosa y decadente.
Por eso, más allá de algunas cosas interesantes (como los pocos gestos respetados que caracterizan al cine nacional, algunas interpretaciones, el inicio y el final, la oscuridad y la musicalización), cosas como la pobreza interpretativa, el ligero desvanecimiento de los planos ''casi-importados'' y la pobreza del resto de los momentos bien argentinos (los cuales nos llevan al caos de marzo que produjo la película ''Rodney'' y no nos sorprenderían ante la aparición de... por ejemplo... Sofía Gala Castiglione abriéndose de piernas, inyectándose droga y prostituyéndose) hacen de ''Las Viudas de los Jueves'', un homenaje a todos los fraudes que han invadido las pantallas grandes a lo largo de la década... Algo muy poco Piñeyro, ¿O no?
Puntuación: 4/10 (Regular)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno he leído tu comentario sobre esa película que jamás hubiera ido a ver, pero no estoy de acuerdo en tu generalización del cine argentino, hay un grupo de películas que no interesan pero te podría nombrar algunas que quizás no hayas visto lo que te da lugar a ese prejuicio con respecto al cine nacional Pizza, birra faso, Mundo Grua, XXY, Una mujer sin cabeza, La cienaga, La niña santa, Leonera, El secreto de tus ojos, por decir solo algunas más o menos recientes creo que ninguna de las mencionadas se parecen remotamente a la que comentaste, muestran que es posible otro cine con lugares comunes claro. Pero interesantes reflejan lo que somos y eso ya es aterrador en sí mismo . Saludos V

unalocuradepelicula dijo...

Respondiendo, vi 4 de las ocho (XXY, La Niña Santa, La Mujer Sin Cabeza, Leonera -y mañana veré ''el secreto...''), y son excepciones (no las 4, eh, te hablo de XXY y La Niña Santa) ocultas en el montón de fraudes.
Si colocas estadísticamente todas las películas argentinas que se realizan, la balanza se nos va al diablo...
Y las películas argentinas, aunque haya excepciones (como ANICETO), siguen siendo películas argentinas. Por eso me quedo con las que no lo parecen...
Saludos!