viernes, 9 de octubre de 2009

Para amantes del género Almodóvar, un producto diferente.

Los abrazos rotos.


Frente a una posible decepción de Don Pedro y su reciente película Los Abrazos Rotos, esta obra preciosísima de uno de mis directores preferidos no hizo menos que alegrarme y sorprenderme. La versión más seria, reflexiva y decente de La Mala Educación, otra de las películas del director español, con muchísimas características en común, pero con escenas no tan exageradas, ni con tantas escenas de sexo como las hubo en la película que protagonizó el maestro Gael García Bernal. Mateo Blanco o Harry Caine, el personaje en quien vuelca su identidad como persona y como profesional, es el protagonista de esta historia de desencuentros, desgracias y pérdidas en el camino de la vida. El actor, Lluís Homar, interpreta a un escritor ciego con dos personalidades: en una vuelca su vida más personal, es él mismo; en cambio, en la otra, vuelca su vida profesional y la va intensificando a la medida que los años pasan y que él comienza a perderlo todo.
Un enfoque actual, con otro paralelo que nos remite al pasado. Como La Mala Educación, donde el encuentro de los dos ex compañeros y la producción de ''La Visita'' nos lleva al pasado de estos desconcertados personajes (cada uno con motivos diferentes, claro), la visita de un homosexual, hijo de un empresario y sus ganas de escribir una historia sobre su propia vida nos remiten al pasado. Mateo Blanco, o Harry Caine, quien en un racconto nos lleva a su conflicto amoroso y a su pérdida más grande (la de su personalidad, entre otras) 14 años atrás, es el que encuentra en este entusiasta muchacho la posibilidad de sacar una buena coartada y, a su vez, filmar algo que siempre quiso (y que nunca pudo, por cosas de la vida). Pero todo paso a paso, claro; su confianza no se construye en un día (mucho menos la de la gente que lo rodea)
Existió inicialmente una rivalidad entre el escritor y este joven muchacho homosexual que quería que el otro escribiera su historia a toda costa. Más allá de ser uno de los personajes que lo perjudicó indirectamente, pero directamente a quien amaba con locura, logró llevarlo a la duda (cosa que jamás hubiera concebido el mismo sujeto) y a la posibilidad de aceptar la propuesta. Una idea que nos queda debiendo hasta los créditos finales.
Con cámara en mano y una personalidad algo ambigua, no quedó bien en claro el porqué de su entusiasmo por conseguir la historia. Podríamos elaborar muchas hipótesis, pero quedaría clarísimo que la poca emoción que intervino en el rostro del joven (quedaría claro que tampoco la tenía 14 años antes) fue la llave del cofre escondido. Fue uno de los personajes que me generó más dudas en cuanto a sus verdaderas intenciones, e incluso al final, donde todo quedó bastante aclarado excepto si todo lo que había dicho era verdad. Generalmente aquellos que jugaron alguna vez con la sexualidad en una película de Almodóvar, fueron las llaves de valiosos tesoros para el cine contemporáneo.
A lo largo de su carrera, Pedro trazó una línea y marcó su estilo, un género inigualable. Existirían, años más tarde, películas suyas que superarían sus propias expectativas (Hable con ella, por ejemplo) y otras que quedarían por debajo (La mala educación). Pero algo triste sería, para un hombre que marcó una tendencia, que una película quedara muy por debajo de su estilo.
No significa que ''Los Abrazos Rotos'' sea una película poco Almodóvar, sólo carece de ciertos personajes míticos que ha creado el español a lo largo de su carrera (de personas con identidades sexuales inimaginables y hasta desconocidas) del humor y carisma que han mostrado éstos a través de las palabras que pronuncian en sus correspondientes largometrajes. Yo creo que es sorprendente, porque Almodóvar suma muchos de sus productos anteriores y verifica que al ser tan desparejos, el resultado no es muy estable. Y esto, probablemente, sea para él algo bueno: que jamás hizo cosas idénticas y que puede jugar con cosas nuevas, con experiencias traumáticas e intensas (esta película las tiene) que trabajen con menos monólogo, con menos carisma, pero con la esencia misma de una filmografía brillante.
Llena de metáforas (la de los abrazos rotos, algo subliminal y fantástico), de personajes soñadores (una actriz, como Ángel y sus ganas de ser LA protagonista), de referencias de otras películas suyas (Mujeres al borde de un ataque de nervios, La Mala educación) y de escenas de alta tensión (principalmente las que Penélope Cruz comparte con José Luis Gómez), los abrazos rotos muestran en dos horas de puro entretenimiento, la falta de cariño, de comprensión, de compasión, de piedad, de sentido y de compañía.
Me han sorprendido -y gratamente- muchísimas cosas. La capacidad de los actores de permitirnos soñar -al menos por un rato- sus vivencias y sus verdaderos pensamientos. La capacidad de otros tantos de hacernos dudar. En líneas generales, de involucrarnos abruptamente en la historia sin la necesidad de no haber sido convocados por Almodóvar. La maestría de un guión escrito con el alma en la mano: una revelación casi autobiográfica (con todos esos personajes dando vueltas, que -yéndonos al otro mundo- podrían significar la ceguera creativa de Almodóvar, lo cual lo haría mucho más trágico) y con momentos sumamente cómicos (las referencias sexuales y los momentos que Harry comparte con el hijo de su compañera), bastante inesperados para el tono de película. Luego, la maldad de un personaje tan extraño como el de J.L.Gómez, cuya actuación fue impecable al igual de la que realizó mi queridísima Penélope Cruz. Volvió a mostrarnos que el Oscar que ganó por María Elena no fue producto de un golpe de suerte. Las dosis de hermosura, sensualidad y buen gusto que nos inyectó durante 70 minutos, fueron de las más gratas que recibí en mi vida. Y ella también, mostró parte de sus dos personalidades: una mucho más humana, que vivió dos años antes del pasado de Harry Caine y una robótica tras la tragedia del 1992. Como su amante, hacia el 1994, ella volvió a sentir que era su otra cara, no podía cambiarla. Pero el mundo nos ha cambiado contra nuestra propia voluntad. La musicalización al final de la película. Algunas escenas claves entre Cruz y Gómez (una de ellas, en la que Cruz repite lo que Gómez está mirando un video grabado por su propio hijo, junto a una mujer que va leyendo con la menor gracia posible todos los diálogos que se suscitan en la grabación. Un interesantísimo manejo de las cámaras, principalmente en las escenas de mayor tensión y en las que intervienen algunas metáforas sobre los abrazos rotos.
Otra nueva historia de secretos, palabras no dichas, de cine dentro del cine, de pasiones, pérdidas y reencuentros. No digo que sea lo mejor de Almodóvar, ni tampoco sea una comedia dramática que sobresalga del montón. Una cinta bien ideada, con personajes algo desarticulados pero suficientemente justificados. Se disfruta del principio a fin, y se puede ver a través de los abrazos rotos y de un montón de recuerdos del pasado, el género Almodóvar.
La dificultad de verlo, es lo que hace de este producto diferente, una cinta que todos los amantes del español debemos ver.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

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