domingo, 8 de noviembre de 2009

La música no siempre nos lleva al paraíso...

El Solista

Joe Wright, ha demostrado en estos últimos años, que es un héroe del drama romántico: un ícono casi irreal que demuestra que se puede perfeccionar una obra de poca consistencia romántica, transformándola no sólo en una obra de arte, sino también en un largometraje de alta (altísima) carga dramática. ''Orgullo y prejuicio'', la película de época basada en la exitosa novela de Jane Austen y ''Expiación'', el drama basado en la novela de Ian McEwan, son dos gestos maravillosos de perfeccionismo y de sensación.
Generalmente, una película de Wright puede hacernos reir, o llorar, con situaciones sencillas pero increíblemente planteadas. Y el adelanto de ''El Solista'', es el que más promete de todos: una música conmovedora, una historia fuerte, actuaciones de Oscar (al menos la de Foxx, parece), entretenimiento y el encanto dramático de una película de grandes conflictos. Pero como una pila de objetos que se va agrandando, puede correr el riesgo de derrumbarse. Y ahí está el conflicto.
Si una película que promete entretener, aburre con menos de 110 minutos; si una película que promete ser un drama terrible, tiene indefinido el género y no te permite tener una perspectiva uniforme; si una actuación de Oscar es tan común y corriente como cualquier otra, podemos llegar a la conclusión de que Wright no logró su meta (o sí, si pretendía hacer un final de tipo laberinto).
La historia es sencilla: un hombre sin palabras (literalmente!), un hombre que padece esquizofrenia, una mujer que busca comprender. Este trío converge en una realidad cruda: la vida. Con, claro, unas extraordinarias tomas de la pobreza y el racismo para adornar un poquito todo. Creo que Wright tiene intenciones de hacer polémica con esta película: de dar de qué hablar, no de hacernos sentir pena por ese hombre, sino de comprender su incapacidad y a su vez, de descubrir que hay algo realmente grande en su interior. Es increíblemente capaz, no sólo a nivel musical, sino a nivel expresivo. También, las imágenes de ese espacio con personas que padecen diversas enfermedades para ''chocar'' o ''impactar'': otra prueba de que la transmisión gráfica es realmente trascendente en nuestra historia. Coincido con muchos en que ha logrado impactar con todas las escenas de la pobreza, aunque no creo que haya logrado demasiado con Nathaniel Anthony Ayers Jr. y su modo de mostrarse al mundo. A mí no me hizo sentir nada, nada de emoción, nada de nada -desafortunadamente.
Esperaba encontrarme con un personaje construído de modo tal que me llevase a sorprenderme. Pero fue uno más, nada extraordinario -ni de casualidad. Incluso, debería admitir que me impresionó mucho más la interpretación de Downey Jr., que logró convencerme desde los lados del drama y la comedia. Quizá no me supo demasiado bien la fusión de géneros, pero sí la fusión de emociones dentro de cada personaje. Y en verdad que el de Downey Jr. tiene mucho para mostrar.
Keener, que siempre suele hacer papeles raros (de la amante bisexual, de la esposa rara hundida en la depresión, de lesbiana) acá se quedó corta con un papel muy convencional, superficial y con poco significado. Cuando los personajes con tendencia icónica son tan secos, acaban en el desastre. Y Keener demostró que tiene talento, siempre y cuando tenga la película justa.
Marianelli, el compositor que ganó un Oscar por ''Expiación'' y que estuvo nominado a muchísimos premios por su trabajo en las películas ''V de venganza'' y ''Orgullo y prejuicio'', acá no mostró mucho sentimentalismo, y aparte en general, toda la musicalización se quedó corta. Poco, y no tan emotivo.
Un buen paso fue el de mostrar el pasado de Nathaniel, para comprender un poco el costado sentimental del personaje (y no tanto su mentalidad) y así poder llegar a un acuerdo con un final satisfactorio de -probablemente para quienes lo hayan vivido- alta emoción. En esos momentos sí que me logró mostrar el corazón de Ayers Jr., e incluso todo era perfecto. Un buen camino, que luego se convirtió en una hecatombe cuyas víctimas acabamos siendo nosotros, los espectadores.
Igualmente, nada justifica nada. Se agradecen profundamente los ratos disfrutables, principalmente esas ironías, caras, insultos, ocurrencias, sucesos y demás, todos sobre la espalda de un Downey Jr. que debió comerse la pantalla (y lo hizo!). Se agradecen también los flashbacks , pero tampoco podemos hablar como la película del milagro, ni nada de eso. Culpo a quienes venden una película como un ejemplo de amistad, cariño, cuando en realidad no es más un objeto para alcanzar mayores metas personales. Un intento de película emotiva más, que me decepcionó bastante, pero que debe ser vista -al menos, para poder opinar-. No es mala, es floja, pero en todo los sentidos.
Puntuación: 5/10 (Floja)

lunes, 2 de noviembre de 2009

¿Dónde está la gracia?

La Propuesta.

Para aquellos fanáticos de las comedias que no hacen reir, de las películas mal actuadas, de los absurdos y principalmente de los extensísimos callejones sin salida, La Propuesta, la película que protagonizan Sandra Bullock y Ryan Reynolds es indudablemente la mejor opción. La taquilla, me ha comentado al oído meses atrás que hay muchos fanáticos de esas cuestiones mencionadas, porque fue un éxito increíble en muchísimas salas a lo largo de su duración en cartelera y en todo el mundo. Y eso me apena bastante, debo admitir, porque conformarse y aplaudir una película pobre es algo bastante flojo a nivel cultural.
Cuando un producto carece de originalidad -algo que Estados Unidos necesita mucho, y es por ello que intenta copiar la originalidad europea-, está hundido -por más intenso o caro que sea. Probablemente la gente muera de ganas por verla y probablemente los realizadores acaben nadando en una tinaja de billetes. La gente va al cine y ajusta las posibilidades fuera de lo que debería -principalmente, a partir de esas películas que viven del marketing o del boca en boca, de bocas que ni siquiera la han visto pero que quisieran- y acaba amargándose (o no). Muchas veces es engañada; como siempre, los Estados Unidos -un país que nos ha conquistado- ganan la guerra de la cultura y nos hacen comer dólares y pagar el triple. La Propuesta, tiene la marca del americanismo en la frente.
Una historia que arranca de un éxito como ''El Diablo Viste a la Moda'', la idea de una 'jefa asesina', temida, sin vida y que genera un terror muy particular a quienes trabajan con ella. Está claro, desde ya, que comparar a una actriz como Meryl Streep, con la estúpida Bullock es obsceno; luego, comparar a Hathaway con Reynolds es aún más terrible. A esta falta de originalidad, le agregan el ritmo neoyorquino de las películas ''cómicas'' que hablan de amor sin saber siquiera qué significa (obviamente, partieron de alguna definición en Wikipedia o algo de eso), como esas que siempre meten a las mismas rubias estúpidas pero de aparente buen corazón. Mezclado con un lío político complicado, le dan una solución sencilla para generar lo obvio: ¿Cómo dos personas que se odian, pueden enamorarse?
Si hiciésemos una encuesta, sobre quiénes JAMÁS VIERON UNA PELÍCULA DONDE DOS PERSONAS ODIADAS ACABAN ENAMORÁNDOSE, probablemente la resolución (si es sincera) sea unánime y me conformaría de este modo, pues la misma apoyaría mi hipótesis.
La ternura familiar 'ablandacorazones' nos hace cambiar; a aquellos duros como Streep, ciertas cuestiones les hallan sus puntos débiles. Pero acá, este proceso interior se ve opacado por la sequedad de lo superficial, de tópicos que han conquistado tantas veces nuestros corazones y nuestras mentes, que sólo nos invitan a dormir un rato. Es difícil tener cariño por alguno de los personajes, más aún cuando de ellos sólo brota falsedad, frialdad y pobreza.
La generosidad en exceso como parte de este proceso está dada nuevamente por elementos gráficos dignos de una comedia de cuarta como esta. No es el collar, un gesto tan dulce ni tan profundo como ''la herencia'' de la joya de la familia: un anillo que representa no sólo muchas emociones, sino que representa cómo éstas emociones intervienen en otras nuevas emociones para hacer llorar a los personajes y a los espectadores. Un vestido espantoso y ''significativo'', dulce para conciliar la esencia de un alma tan pura como la de la protagonista. Eso me pareció justo.
La escena casi final de esa muerte que no es muerte, me pareció una burla ofensiva. Cosas como esa son tan bajas y tan pobres, que tan sólo dan pena. En una película seria, o al menos realizada por una cabeza algo racionalista, no vemos fraudes ni bromas como ésta. Nos sorprenden, sí; pero si nos ponemos a pensar, están usadas como último recurso para darle giros innecesarios a películas sensibleras, artificiales y más oscuras de lo que parecen. Previsible, más aún, cuando está actuada por una actriz mayor de la que no he oído nunca nada, pero que realmente me ha decepcionado muchísimo.
Brindo tan sólo por algunas escenas y de algunas mínimas interpretaciones que se salieron de lo típico, por la química de estos dos terribles actores que han generado una correcta relación -en líneas generales-. No diré que veo amor en esa pareja, aunque sí que noto buenas intenciones y buena onda. Aparte, Reynolds es un muy buen actor como para verse perjudicado por este fraude. Bullock, solita se cava la fosa.
¿Qué decir en estos casos? ¿Que estas pequeñas cuestiones la elevan un poco o que no deja de ser pobre? Creo que podemos conjugar ambas.
No he podido rescatar ningún elemento gráfico de la película. Del argumento, adaptación de otros argumentos que han hecho historia, mucho menos. De los maniquíes a quienes muchos llaman actores, tampoco. Es difícil ser benévolo con una película de 100 minutos, escoltada por el aburrimiento, el desgano y la desprolijidad de las manos creadoras. Como trapo apenas sucio podrá ser bien juzgada, posiblemente, por un crítico más alegre al que estupideces en cadena puedan arrancarle una sonrisa.
Puntuación: 3/10 (Mala)

domingo, 1 de noviembre de 2009

Pasiones de la vida, tras las rejas.

Aliento


Kim Ki Duk, el rey de la pasión gráfica y director de grandes (enormes) películas como ''El Tiempo'', ''Primavera, verano, otoño, invierno.. y otra vez primavera'', ''Hierro 3''..., vuelve con una de esas películas que tanto le caracterizan: donde se habla de dinámicas (o estáticas), de pasión (y todo lo que ello implica), de relaciones profundas vistas casi internamente (como si la cámara estuviera dentro del cuerpo que sufre) o del tiempo. En esta ocasión, todo esto se concentra entre cuatro paredes, con un escape a la vida real -que sigue estando entre paredes pero que se convierte en un sufrimiento constante-. Una mujer infeliz, casada y con una hija, ve en las noticias que un hombre condenado a muerte, días antes de morir, ha intentado quitarse la vida. Vive en un espacio reducido, tras unas rejas pequeñas en la ventanilla de la parte superior de una puerta que limita aún más la respiración de estos condenados. Es extraña la relación que a estos les une, resulta de la razón del encierro, de la desesperación y de una predicción intocable. Algo que suma encanto a esto, es la respiración y las reacciones de estos cuatro uniformados como víctimas de unas cuantas parcas aguardando a la salida. El cíclico circuito humano que los bloquea, es el que los maldice día a día.
El quiebre de la rutina lo da esta mujer, que viviendo lejos de la cárcel, se anima a contarle su historia a uno de los presos. El elemento en común: ambos están o han estado cerca de la muerte. Y pueden conocer sus actitudes, pueden conocerse más que nadie sin siquiera haberse visto antes, pueden predecir el futuro del otro sin ninguna dificultad, un lazo más fuerte que la sangre, que el mismo tiempo o que el mismo espacio: la pasión de estas dos almas latentes al borde del abismo -en diferentes contextos-.
La parte estética del cine de Kim Ki Duk, está dada por una actitud humilde y sencilla -quizá, tonta y demasiado cursi para la gente corriente-, de llevar a un cuarto tan reducido como el espacio donde se encuentra él con los otros tres presos, elementos que representen las cuatro estaciones. Lleva la voz, una historia para contar y un acto fugaz de conexión físico sexual para adquirir (sin necesidad de hacerlo a la fuerza) las cualidades de cine Kim Ki Duk, con la emoción, la tentación y el erotismo desplegando alas al compás de la música.
Cuando los silencios abarcan la mayor parte del metraje (suele suceder con un jugador increíble de la sexualidad y los silencios: Gus Van Sant), y el color y la emoción audiovisual acaba involucrándonos en un sueño cercano a la magia, es muy probable que la película nos invite a hacer un esfuerzo más metafórico que físico: a pensar un poquito más. Vale, entonces, ponernos en la piel de los personajes, comprender esas ''lágrimas sin sentido'', la violencia, el engaño y la naturalidad del mismo, la vida por conveniencia, la nieve, las flores, la música, la voz. Y acaba formándose una pieza de arte en estado puro, que probablemente no nos sorprenda de un director que se gana la vida hablando de estas dinámicas. Y que escribe del silencio. Y el tiempo que abarca.
Las películas que se actúan superficialmente, acaban sobreactuándose: el resultado es malo y está expuesto. Como las obras de teatro, las emociones y las cuestiones detrás del telón pueden intervenir en dichas presentaciones, afectando la calidad del producto en efecto. Los directores que no son perfeccionistas, funcionan como si estuvieran trabajando con actores de teatro, pero sin telon ni escenario: no corrigen interpretaciones sin sentido ni credibilidad, el producto es seco y el resultado de dicho caos es precisamente la idea de ver actores de teatro en un escenario y ver, subjetivamente hablando, las emociones que le perjudican. ¿Y qué hay con lo que el espectador busca? Para esto, existen las excepciones: los directores perfeccionistas, a los que no se les pasa de largo un sólo detalle. Cuando se oiga la respiración, cuando la película conmueva, abrace al corazón con la calidez digna del cine romántico, cuando nos haya logrado abrazar un disfraz, un personaje, cuando nos haya hecho sentir como ''ellos'', esta película no habrá de ser sólo una película maravillosamente compuesta, sino también una muestra realista, profunda y conmovedora del cine que transmite, que nos hace sentir cosas. Esa es una de las tantas ideas de 'la obra de arte'. Una de las concepciones que se han tomado a lo largo de la historia. Y este cine es el que vemos, cuando queremos saber qué se esconde detrás de Aliento, una de las muestras más representativas, metafóricas, coloridas, intensas, profundas, pasionales y brillantes que he visto en este año.
Las relaciones humanas son claras y confusas por naturalezas. A veces, algunas reacciones violentas o incluso pasionales (la relación extraña de cuatro hombres aplacados por el encierro que sólo ellos pueden entender) tienen una teoría que deambula entre miradas, secretos y creencias que ellos mismos conocen. El valor de lo gráfico, de lo espiritual, las fotografías, las canciones, las imágenes, los recuerdos, elevan las almas y las impulsan a la resolución más sorprendente de la película. A la imagen más intensa y profunda de todas. Al silencio más prolongado, a la pasión más inmensa. A la conexión más gráfica. Al parpadeo telonero que nadie ha visto, al capricho del hombre deseando más. Y yo deseo más.
No es la mejor película de este director coreano, pero sí es un despliegue audiovisual tan demostrativo que logra alzarnos a la verdadera acepción del arte.
Puntuación: 9/10 (Excelente)