domingo, 1 de noviembre de 2009

Pasiones de la vida, tras las rejas.

Aliento


Kim Ki Duk, el rey de la pasión gráfica y director de grandes (enormes) películas como ''El Tiempo'', ''Primavera, verano, otoño, invierno.. y otra vez primavera'', ''Hierro 3''..., vuelve con una de esas películas que tanto le caracterizan: donde se habla de dinámicas (o estáticas), de pasión (y todo lo que ello implica), de relaciones profundas vistas casi internamente (como si la cámara estuviera dentro del cuerpo que sufre) o del tiempo. En esta ocasión, todo esto se concentra entre cuatro paredes, con un escape a la vida real -que sigue estando entre paredes pero que se convierte en un sufrimiento constante-. Una mujer infeliz, casada y con una hija, ve en las noticias que un hombre condenado a muerte, días antes de morir, ha intentado quitarse la vida. Vive en un espacio reducido, tras unas rejas pequeñas en la ventanilla de la parte superior de una puerta que limita aún más la respiración de estos condenados. Es extraña la relación que a estos les une, resulta de la razón del encierro, de la desesperación y de una predicción intocable. Algo que suma encanto a esto, es la respiración y las reacciones de estos cuatro uniformados como víctimas de unas cuantas parcas aguardando a la salida. El cíclico circuito humano que los bloquea, es el que los maldice día a día.
El quiebre de la rutina lo da esta mujer, que viviendo lejos de la cárcel, se anima a contarle su historia a uno de los presos. El elemento en común: ambos están o han estado cerca de la muerte. Y pueden conocer sus actitudes, pueden conocerse más que nadie sin siquiera haberse visto antes, pueden predecir el futuro del otro sin ninguna dificultad, un lazo más fuerte que la sangre, que el mismo tiempo o que el mismo espacio: la pasión de estas dos almas latentes al borde del abismo -en diferentes contextos-.
La parte estética del cine de Kim Ki Duk, está dada por una actitud humilde y sencilla -quizá, tonta y demasiado cursi para la gente corriente-, de llevar a un cuarto tan reducido como el espacio donde se encuentra él con los otros tres presos, elementos que representen las cuatro estaciones. Lleva la voz, una historia para contar y un acto fugaz de conexión físico sexual para adquirir (sin necesidad de hacerlo a la fuerza) las cualidades de cine Kim Ki Duk, con la emoción, la tentación y el erotismo desplegando alas al compás de la música.
Cuando los silencios abarcan la mayor parte del metraje (suele suceder con un jugador increíble de la sexualidad y los silencios: Gus Van Sant), y el color y la emoción audiovisual acaba involucrándonos en un sueño cercano a la magia, es muy probable que la película nos invite a hacer un esfuerzo más metafórico que físico: a pensar un poquito más. Vale, entonces, ponernos en la piel de los personajes, comprender esas ''lágrimas sin sentido'', la violencia, el engaño y la naturalidad del mismo, la vida por conveniencia, la nieve, las flores, la música, la voz. Y acaba formándose una pieza de arte en estado puro, que probablemente no nos sorprenda de un director que se gana la vida hablando de estas dinámicas. Y que escribe del silencio. Y el tiempo que abarca.
Las películas que se actúan superficialmente, acaban sobreactuándose: el resultado es malo y está expuesto. Como las obras de teatro, las emociones y las cuestiones detrás del telón pueden intervenir en dichas presentaciones, afectando la calidad del producto en efecto. Los directores que no son perfeccionistas, funcionan como si estuvieran trabajando con actores de teatro, pero sin telon ni escenario: no corrigen interpretaciones sin sentido ni credibilidad, el producto es seco y el resultado de dicho caos es precisamente la idea de ver actores de teatro en un escenario y ver, subjetivamente hablando, las emociones que le perjudican. ¿Y qué hay con lo que el espectador busca? Para esto, existen las excepciones: los directores perfeccionistas, a los que no se les pasa de largo un sólo detalle. Cuando se oiga la respiración, cuando la película conmueva, abrace al corazón con la calidez digna del cine romántico, cuando nos haya logrado abrazar un disfraz, un personaje, cuando nos haya hecho sentir como ''ellos'', esta película no habrá de ser sólo una película maravillosamente compuesta, sino también una muestra realista, profunda y conmovedora del cine que transmite, que nos hace sentir cosas. Esa es una de las tantas ideas de 'la obra de arte'. Una de las concepciones que se han tomado a lo largo de la historia. Y este cine es el que vemos, cuando queremos saber qué se esconde detrás de Aliento, una de las muestras más representativas, metafóricas, coloridas, intensas, profundas, pasionales y brillantes que he visto en este año.
Las relaciones humanas son claras y confusas por naturalezas. A veces, algunas reacciones violentas o incluso pasionales (la relación extraña de cuatro hombres aplacados por el encierro que sólo ellos pueden entender) tienen una teoría que deambula entre miradas, secretos y creencias que ellos mismos conocen. El valor de lo gráfico, de lo espiritual, las fotografías, las canciones, las imágenes, los recuerdos, elevan las almas y las impulsan a la resolución más sorprendente de la película. A la imagen más intensa y profunda de todas. Al silencio más prolongado, a la pasión más inmensa. A la conexión más gráfica. Al parpadeo telonero que nadie ha visto, al capricho del hombre deseando más. Y yo deseo más.
No es la mejor película de este director coreano, pero sí es un despliegue audiovisual tan demostrativo que logra alzarnos a la verdadera acepción del arte.
Puntuación: 9/10 (Excelente)

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