sábado, 19 de diciembre de 2009

Actividad Paranormal: contribuyo minúsculamente a las ganancias, diciendo: ''una gran opción para el fin de semana''.

Paranormal Activity


Así como meses atrás, la película ''Loca por las compras'' nos enseñaba a invertir nuestro dinero en ropa y nuestro tiempo en buenas comedias, esta sencillísima y terrorífica obra dio una lección a los productores que alguna vez malgastaron su dinero, sin aprender finalmente a invertir como deberían. La palabra ''rentabilidad'', usada por los comentaristas de cine, sería la más precisa para asociarla a este tipo de películas. Baratas y sencillas, con un atractivo tal que acabó fortaleciéndolas económicamente. De alguna forma u otra, este mecanismo económico o ''estas ganancias'', podrían resumirse tan sólo con un término vulgar y de gran costumbrismo argentino: ''pasarle el trapo a todas''. Y, todas, representando a aquellas que inviertieron cientos y miles de millones de dólares, o cuanto sea, para acabar en el olvido, en el fracaso, en la nube negra, en la invisibilidad.
Ese mismo año, películas como [Rec] -rápidamente americanizada por una remake llamada ''Cuarentena''- también sirvieron como ejemplos de este cine sin tanto recurso pero con una historia inteligente y con un realismo a veces forzado, que acabaron beneficiándole a los inversores. Y en [Rec], no sólo estuvo notoriamente forzado, sino que minuto a minuto dejaba rastros de credibilidad en el camino, hasta acabar con una imagen tan típica y tan fría como las del estilo. Cuarentena, the american mirror, tuvo iguales (o peores) efectos. Sin embargo, desde la célula madre del estilo, la aclamada ''El Proyecto Blair Witch'', partió la idea de realizar una especie de documental con una cámara, aunque dentro de la película, fue propuesto por un hombre que convivía no sólo con su pareja (perseguida desde pequeña por espíritus y sucesos extraños) sino también con las oscuras noches de soledad interrumpida y la desesperación de ambos. Diríamos que desde cierto punto, el realizador podría verse reflejado como este personaje: las intenciones fueron las mismas, y probablemente ambos sintieron alguna vez, ficticia o realmente, algún ruidillo en medio de la noche.
Ella, que seguía y seguía a su pareja con una actuación tan desprolija como la de Manuela Velazco en [Rec] (sí, no pararé de mencionarla), no quedó nada conforme con el uso de la cámara en su casa. Él tenía intenciones, no sólo de grabar todos los sucesos nocturnos, sino también las estupideces diurnas entre un par de niños enamoradizos pasados de largo en edad. Y acumuló ira y rencor, hacia una lente que tan sólo absorbería la maliciosidad del aire y de algunos misterios, contenidos en una historia de crimen policial: una introducción donde se agradecerían profundamente los testimonios aparetemente cedidos por las familia de los protagonistas.
La trama no fue nada compleja. Un período de alrededor de veinte noches donde la cámara, inamovible durante la presencia de la luna, registraba noche a noche ruidos e imágenes extrañas de un peligro progresivo, horas más tarde vistas por ellos en el ordenador. Los adornos tontos de las películas de terror (¿Qué es lo que digo siempre? Sexo adolescente, drogas, alcohol) ya habían desparecido: resurgió una actitud más madura de parte de los realizadores (de esas que el terror dejó hace más de veinte años en la nada misma, en el recuerdo de algunos veteranos y algunos pocos jóvenes aficionados), y más inmadura en la realidad de los personajes: viviendo el amor a partir de absurdos tan increíbles, que sólo podrían ser comprendidos por la gente que estuviese en pareja. Entonces, cerramos los perfiles de los dos (no más) protagonistas, diciendo que: 1- sus actuaciones fueron pésimas. 2- sus interacciones superaron los límites del realismo y se convirtieron en algo sumamente fiel. 3- la ausencia de los sustos no pudo explicarse, y eso sí debería figurar.
Que un ruido se sintiese, sería algo aceptable. La madera cruje, el viento choca bruscamente sobre los vidrios de los enormes ventanales. Pero que una puerta se cerrase repentinamente, suceso reproducido por la misma cámara, no podría jamás tener como resultado una cara de ''no me interesa'' por parte del hombre. Porque no existió viento que moviese las sábanas, tan sólo una fuerza sobrenatural de la que -aunque no pudiesen- deberían haber intentado escapar. Hubo cosas que no podrían explicarse desde el pensamiento, pero apuesto a que esta reacción no estaba en los planes de los realizadores cuando hablaron de ''actividades paranormales''.
Aunque no me quedé conforme con ciertas cuestiones de la película, mayormente sobre los personajes y actores, debería admitir algo magnífico que me sucedió con esta película. Ciertas situaciones generaron en mí unos inteligentes sobresaltos, que no ocurrían desde que vi ''Los Otros'', del director Alejandro Amenábar. Situaciones tan realistas, que produjeron en un navegante nocturno como yo, sorprendentes reflexiones sobre la vida ''del afuera''. A aquellos que alguna vez convivieron con los misteriosos sonidos, sugestionándose una y otra vez, este metraje no sólo les vendría bien para acostarse un poco más temprano, sino también para considerar viajar a China y comprar una WifeBot, para sentirse menos solos. Una película hecha para sugestionarse aún más, pero tampoco para trastornarse. De disfrute fugaz, de gran poder hipnótico en cuanto a la revelación de las imágenes, endiabladamente interactiva.
Se agradece el o los sustos, pocas películas logran moverme por dentro. Sin embargo, para no parecer ingrato, valoro sobre todas las cosas malas que puede tener interpretativamente, los fantásticos y tenebrosos efectos de sonido, el dinamismo de la película que no te permite en ningún momento cerrar los ojos sino para pestañear, el realismo constante y no tan forzado del argumento, que conlleva a que el final, bastante similar al de [Rec], supere el convencionalismo para convertirse en algo intenso, adrenalínico, atroz, repentino, terrorífico y sin lugar a dudas, sorprendente. Por los planos de la casa, que acaba siendo algo nuestro; vivimos en esa casa por unos maravillosos e intensos 83 minutos. Por el misterio del sueño, para psicólogos y aficionados; por la dinámica del tiempo...
Brindo por los trabajadores que saben usar la cabeza.
Puntuación: 6/10 (Buena)

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