martes, 15 de diciembre de 2009

El secreto: lo mismo, contado con miles de formas, durante 90 minutos.

El Secreto


Una película cuyos adelantos la exponen como una megaproducción. ¡Claro! Reducen los únicos cinco minutos con imágenes interesantes (del estilo que tienen las de ''El Código DaVinci'', de Ron Howard) con la música de las películas taquilleras que arrasan con las boleterías en vacaciones (las de ciencia ficción, principalmente) dando a entender que no sólo ''debemos verla'', sino que también es ''realmente'' el secreto de la felicidad. Amplia, exagera y adorna el concepto de una felicidad previsible, y por ello, no tan secreta como parece.
Se intenta adoptar algo cotidiano y sencillo de entender, a partir de una Ley de Atracción, donde el ser humano positivo puede enfocarse y a través de un mecanismo prácticamente sobrenatural, puede materializar sus pensamientos. Es, digamos, la metáfora cinematográfica pintada del aliento que los padres dan a sus hijos, repitiéndoles un sinfín de veces: tenés que ponerte metas, tenés que superarte. Sin optimismo no vamos a ningún lado, tenemos que tener una proyección, bla, bla, bla.
Estoy seguro de que el largometraje gana mayor importancia cuando aparecen las imágenes de Edison, Lincoln, Einstein y otros tantos, como sabios que conocieron ''este secreto'', un libro enterrado siglos atrás que aparentemente hablaba pavadas y reducía todo su extensísimo e innecesario contenido en este fenómeno de atracción, donde uno necesita de un buen humor (el mismo estado de sentimentalismo que retrata ''¿Y tú qué sabes?'') y de un positivismo mental, sumado a un enfoque y a una concentración para lograr estas metas, más allá de todo. Como esos monólogos pastorales donde el diablo sale del cuerpo, entra la luz, y a partir de esta claridad ''se puede ser feliz''.
Estos filósofos, científicos, autores, psicólogos, se disponen no sólo a hablar de la historia de ''El Secreto'' (un diseño poco creíble con unas caras que jamás van a hablar de ello porque están enterradas y probablemente podridas) sino también del éxito que tuvieron. ''Desde que supe el secreto, mi vida cambió: tengo una mansión de 4,5 millones de dólares... ... ...''. ¿Es necesario este tipo de comentarios? ¿No cae cada vez más en el pozo del marketing, y del marketing del marketing...?
Estoy seguro de que el 90% de la gente que está de buen humor y tiene pensamiento positivo, por más concentración que posea, no logrará hacer aparecer una taza de café. Sí, quizá, con el poder divino (sí, la intervención de Dios es la temática más horrorosa e injustificable de la película) se puedan conseguir cosas con la ayuda de otras cosas o de otras personas (el niño que quería la bicicleta). ¿Pero una taza?
Las intenciones de ''El Secreto'' son: 1- Generar una revolución a través de los siglos de algo más que sencillo y cotidiano, que cualquier pensador o persona común apenas racional podría dar como hecho. 2- Ganar dinero, a partir de una visión obligatoria y de un disfrute forzado. 3- Generar la misma polémica que generó Dan Brown cuando anexó ejemplificaciones culturales con la historia de las sociedades y la religión. Cruza una creencia con la historia y la ciencia, intentando volver a recrear una diferenciación cada día más notable. 4- Rellenar 90 minutos de metraje con las mismas cuestiones obvias. Si hay una meta, uno puede alcanzarlo visualizando lo que quiere y proponiéndoselo con convicción.
Pero claro, entre estas intenciones falla en muchas. Más allá de ser un documental de autoayuda, que ayudar, bueno, no ayuda en absolutamente nada (pues es un argumento, un ''secreto'' nada novedoso que atravesó siglos para demostrarnos tan sólo su obviedad), está dividida en diez capítulos que relatan exactamente lo mismo. Cinco de ellos. ''El Secreto de la Salud''. ''El Secreto del amor''. ''El Secreto del Dinero''. ''El Secreto de la Vida''. ''Tu secreto'' (o algo así). Entonces decimos. Si el secreto es pensar en positivo, el secreto de la salud consiste en pensar en positivo y curarse de lo imposible (claro, un tumor desapareció de la nada, como el testimonio; claro, claro, lo creo, lo creo). El secreto del amor es pensar en positivo y así conseguir atraer y ser atraído/a. El secreto del dinero es pensar que uno ganará dinero (y lo ganará). El secreto de la vida, es pensar que la vida es bella, y lo será. Y tu secreto, es, claro, pensar en positivo... Sin intenciones de que la crítica sea monótona como la película, pregunto retóricamente: ¿No es exactamente lo mismo? Pensar positivo, pensar positivo, pensar positivo. Minuto a minuto nos enchufan sus hipótesis y claro, no cesan. Cubren los huecos con la misma frase y no la forman. Es un documental inconsistente, monótono, manipulador, poco creíble, mal hecho, pero serio. Ojo, serio es. Típico programa de televisión entre los canales de variedades. Entre los Discovery Channel, National Geographic y todos esos. Un secreto de la vida, para ser feliz. Porque la felicidad evidentemente es dinero, amor y salud. Y es atraída, por enésima vez, por un pensamiento positivo.
Esta película no es precisamente una fuente de alegría o de positivismo. Es, sencillamente, pensar en negativo, pensar en por qué el tiempo perdido, ¿por qué no lo aproveché buscando la felicidad en el fondo del océano?
Puntuación: 3/10 (Mala)