miércoles, 30 de diciembre de 2009

Nº4 - El arca rusa, de Alexander Sokurov.

ESPECIAL

Por esas películas que se toman de diferentes maneras...

Cinco películas. Cinco estilos. Cinco fuentes de aún más modos de verla.

Échenles un vistazo en estos días. Del 27 al 31 de Diciembre, el sitio le presenta estas grandes fuentes de lectura. Bebed!


Nº4 - El arca rusa (2002)


Dirigida por: Alexander Sokurov

La historia tiene cosas sorprendentes, novedosas, grandes. Muchos creen que James Cameron está cambiando el cine con Avatar, por ser un director popular; sin embargo, a unos cuantos se les salteó un pequeño detalle: una película rusa del año 2.002, que con una sola secuencia logró maravillas a quienes la vieron. Yo la vi hace poco. Realmente, la puesta en escena es asombrosa. Es como ir detrás de un guía turístico, realmente estamos centrados en el Palacio, costrucción que nos encierra. Uno puede concebirla como un largometraje simple, con mucho color (lo tiene), grandes diseños de vestuario y mucho monólogo. Puede concebirse como exhibicionismo puramente artístico, como la dinámica dentro de un museo. O puede concebirse como un pedazo de historia hecha cine, hecha arte; tres siglos que transformaron políticamente a la historia de Rusia, acentuándose en hitos específicos.
Es la primer película que no fue editada, ni necesitó comprimirse; sólo una escena de 96 minutos, en la que la cámara se desplaza a lo largo de las 33 habitaciones del Palacio de Invierno en San Petersburgo.
Estoy seguro de que esta película puede servir como fuente de inspiración para todos aquellos que quieren innovar. Es una enorme demostración de arte puro, con una originalidad y un realismo tan interactivo como la misma historia para los rusos. Todo gira alrededor de bailes, elementos específicos de alto valor, cuadros y música originaria. El arte gira alrededor del arte.
En sí la estructura escénica quiebra con el fourth wall, o cuarto muro, de modo tal que abre la visión del público al interior de la construcción. La cámara es, en este quiebre, el ojo del público (en general) y el punto de interacción entre el mismo público y el contenido artístico de la escena. Así como la palabra interacción es clave en este caso, podemos hablar de la interacción que promueve al diálogo (pues por momentos es más que un monólogo): la constante reflexión entre un hombre que no se ve (que está detrás de la cámara) y que aparentemente es un fantasma que recorre los pasillos del Palacio y la de otro hombre, un viajero europeo que atraviesa los tres siglos de historia rusa en un museo con un curso PROGRESISTA A PESAR DE LAS GRANDES PROBLEMÁTICAS POR VENIR, como bien indica la metáfora final.
Habla de una evolución en todas las cuestiones, incluso determinada por un final glorioso que refleja una continuidad, una POSIBLE CONSTANTE que cualquier desesperanzado a estas alturas puede refutar. Pero claro, es cuestión de fe. Realiza con gran sutileza una descripción de los gobernantes más trascendentes, involucrados en sucesos populares, famosos, como el discurso del Shah de Irán a Nicolás I (mención por ser uno de los grandes momentos de la película, y de la historia; sucedida al finalizar el primer cuarto del siglo XIX).
Catalina la Grande, otro de los grandes personajes que reinaron Rusia durante los inicios iluministas, fue quien impulsó con mayor poder el arte de la región, siendo la mujer a la que inicialmente se le rendió exclusivo homenaje en el Ermitage. Por ser quien llevó al arte a la máxima expresión, también una artista, una parte de la película muestra la puesta en escena de óperas y piezas teatrales en la era en que gobernó la zarina Catalina II, donde la película logra, como en gran parte del resto, lucirse realmente.
Increíblemente, los hechos no están ordenados cronológicamente, sino que persiguen la ubicación de cada elemento y cada escenografía dentro del museo. Es menos estructurada en ese aspecto, y mucho más realista aún.
Más allá de todas las problemáticas (no es fácil filmar 96 minutos de una sola vez, ni interactuar dos trabajadores de diferentes paises, ni usar con tanta libertad un espacio monumental como el museo para una grabación que debió rehacerse unas cuantas veces), el resultado acabó siendo asombroso. Es como ver una obra de teatro, con una aplicación de la técnica majestuosa, una definición fantástica y un poder hipnótico que la convierte en única. Otro bloquecito de arte político, un cuento de hadas ruso para . Había una vez...

·La película está rodada en 33 habitaciones y el elenco (alrededor de 2.000 actores) incluye 3 orquestas tocando en vivo, bailarines, enormes diseños de vestuario, una dirección artística prodigiosa y delante de todo el esfuerzo, 3 siglos de historia rusa.

·Realmente, la visión del Palacio de Invierno es el reflejo de la de Catalina la Grande: arte puro y la misma innovación.

·La película tuvo críticas muy favorables, el público la recibió con los brazos abiertos, los críticos coincidieron en su majestuosidad; Argentina, afortunadamente, le dio el cóndor de plata. Algo bien.

Fotos

1- Admirando las paredes del Ermitage.

2- Desplazamiento escénico en grande.

3- Formación. Ya más cerca de la escena del 1.913.


4- Un europeo en medio de la niebla del pasado.

El Arca Rusa, es una película predispuesta a la enseñanza de lo correctamente hecho. Una obra de teatro llevada al cine a la perfección, y digo obra de teatro porque lo es, literalmente; una composición grandiosa, visualmente poderosa, un espectáculo para ver y darse el lujo de verla una y otra vez, con el realismo teatral y sin pagar tanto.

Muy Recomendable