viernes, 4 de diciembre de 2009

De lo mejor del cine animado. . .

Mary y Max


Alguien que durante toda su vida rechazó el cine animado, debería darle una chance a ''Mary y Max'', la nueva película del australiano Adam Elliot. Quizá porque, al igual que la estupenda ''Persépolis'' (triunfadora en varias premiacioes y dirigida por Marjane Satrapi) no hizo más ni menos que regalarme un retrato fantástico de amistad, inocencia y cariño.
Es imposible olvidar a Marji, queriendo averiguar todo acerca de la revolución política y sociocultural con tan sólo ocho años, viendo cómo observa a su propio mundo derrumbarse: a su tío preso, a sus padres alterados, a la calle ardiendo de manifestantes. Y comienza a inundarse de dudas, a perturbar su propia vida, a infiltrarse en un mundo que no es para ella.
Sin embargo, Mary es un personaje que tan sólo comparte con Marji la curiosidad. Es un personaje que realiza el ''meet me'' como ''le fabuleux destin d'Amélie Poulain'', donde su vida está rodeada de desperfectos, pero son sus propios desperfectos (esos que la forman como persona) y ella los aprecia. Una madre alcohólica, con brotes cleptómanos y un poco psicótica. Sobreexcedida de maquillaje, ebria y de carácter fuerte. A la larga, protectora. Uno de los grandes personajes de la película, uno de los tantos desperfectos con los que Mary ironiza durante 15 o 20 minutos (robando cosas de supermercados, embriagándose sobre el sofá).
Todas estas desgracias nos hacen reir un poco. No debemos, pero nos dejamos llevar por su forma de narrarlo. Esa interacción tan rectilínea, tan precisa, que tiene Mary con nosotros puede denominarse ''construcción de un personaje en cuatro dimensiones'', más cuando hablamos de un trabajo de animación, donde los cuerpos (que antes de tomar los aires de Disney/Pixar, toman el aire de Tim Burton, ese que el director ganador del Oscar ya ha usado en el galardonado cortometraje ''Harvey Krumpet'', sobre un hiombre que padece el síndrome de Tourette) son tan caricaturizados. Esas actitudes de niña de primaria, a veces puesta en ridículo, pidiéndole consejos a un amigo mucho mayor, que es como un padre, o un tío para ella (viéndose aislada de su familia), con ''amigos imaginarios'', al igual que su primer amigo de verdad. Personajes con formas algo exageradas, pero que a la larga terminan encastrándose. Piezas de un rompecabezas de la vida misma, cuya formación es dependiente de la formación de la misma humanidad, algo más que complejo.
En un mundo de oscuridad, el hogar de Mary -sutuado en Australia- tiende a iluminarse cuando en uno de esos impulsos, Mary envía una carta a norteamérica. Específicamente a un hombre judío, obeso de 44 años, que vive en Estados Unidos. De este modo, de preguntas y respuestas nace no sólo una amistad, sino una puesta en común de esas cosas pequeñas que comparten y esas cosas que los hacen tan diferentes. Así, estos dos personajes se ven envueltos en una interacción que late a través del tiempo, en la maduración de ambas mentalidades.
El ser animada, no la hace infantil. No es una película para públicos infantiles, aunque deben verla. Es, específicamente, una comedia dramática que tranquilamente pudo ser planteada a través de seres humanos, sobre el descubrimiento del amor, la inocencia, la dinámica del tiempo y sobre todas las cosas, la lección de no dejar para mañana lo que uno puede hacer hoy.
La vida de estos seres humanos llevados a la caricatura (ver a Mary me hace recordarla a Mafalda) son tan complejas como la de los seres de carne y hueso. Matrimonio, muerte, enfermedades, trabajo. No quedan exentos en ningún momento, aunque se trate de muñecos que no pueden existir (y que sin embargo, constituyen una de las tantas historias reales que formaron el mundo) sino plasmados en una pantalla.
Las voces, son de los australianos Toni Collette, Eric Bana y del ganador del Oscar Philip Seymour Hoffman (quien, es muy notorio por la pronunciación, no es australiano). Una historia llena de ironías, de humor negro, de situaciones extravagantes, con pinceladas del romanticismo agrio que tanto caracteriza a las películas de Australia (se me viene a la cabeza ''El globo Negro''), con la consistencia que deben tener las obras maestras. Prácticamente perfecta, con la duración justa, con las dosis que debe tener una cinta repleta de entretenimiento, con un planteo escénico fabuloso (los edificios neoyorquinos y los barrios australianos), con una ternura y una atmósfera incomparable, muy bien creada a nivel gráfico, hecha con una gran ambición. Con momentos sumamente cómicos y otros que nos pueden remitir a la emoción o al llanto. Sensibilidad, optimismo, realidad, llevan a un final no sólo dramático por los sucesos, sino también por el modo en que está ambientado todo. Desde lo audiovisual, produce una congoja admirable.
Este año no será igual que el anterior: el cine está dando grandes pasos, abriéndoles las puertas a esas cintas más sencillas pero repletas de emoción. Ésta, esconde la tristeza de una vida desgraciada (pero querida) y explora la felicidad de lo que podrá ser si se toman los caminos correctos, añadiendo -ahora sí- la tristeza de lo contrario. El amor no correspondido, la falta de tiempo, la concepción de lo material como lo verdaderamente importante. Las consecuencias son similares a las de Marjane y a las de cualquier otro ser humano. Una historia real, y aparte, realista.
De lo mejor del año. Una obra de arte fantástica.
Puntuación: 9/10 (Excelente)