lunes, 7 de diciembre de 2009

La decisión más difícil.

La decisión más difícil.


El cáncer es uno de los temas más duros a nivel social, y a su vez uno de los más usados en Estados Unidos para generar ingresos. Aquellos productos que recurren a esta enfermedad para crear un relato sincero y con buenos fines, pueden ser beneficiosos a nivel humanitario aunque a algunos les choque. Otros, como ''La decisión más difícil'', son constancias de que se necesita recurrir a la crudeza para ganar dinero y más dinero. Porque la enfermedad suele estar sabiamente limitada en ciertas películas, como ''cosas que importan'', donde las imágenes más chocantes, más crudas, más dolorosas y hasta más 'polémicas' (el sentido actual de este estilo de películas) están sofisticadamente editadas para no causar ningún inconveniente ni disturbio en el público espectador.
Entonces la reflexión es ésta. Si hay películas que para no desagradarnos quitan imágenes espantosas de la enfermedad (reales, pero no por eso bellas), ¿Por qué hay otras que para generar 'algo' en la persona, recurren a este tipo de escenas, dañando -quizá- su sensibilidad? Eso se puede entender a través de diferentes conceptos. Sed. Economismo. Ambición. Desinterés (en el confort de la persona). Frialdad. Crueldad. Etc.
La decisión más difícil está dirigida por Nick Cassavetes, quien ya nos había cacheteado con la película ''Diario de una pasión'' (The Notebook), un largometraje falso, hipócrita, un desastre sin nada de romanticismo, sin pasión, sin química y con la falta de originalidad que tanto caracteriza esta década a norteamérica (bueno, a Estados Unidos, con el buen cine que tiene... ¿Por qué voltear a Canadá?). Una película absurda, que encima juega con nosotros desde otra problemática: la demencia. Y nos muestra escenas más o menos moderadas, con un cuidado (y esto lo destaco) mucho mejor que con ésta última. Pero, con el rey de las películas sensibles y vacías, no se puede esperar nada más que un par de cachetazos. Total, las personas corren a lo loco por ese tipo de películas y acaban llorando como unos condenados.
Afortunadamente (o no tanto), la más reciente es diferente. Interpretativamente, es magnífica. Está plagada de grandes logros, como el de la madre de los hermanos (¿Cameron Diaz? ¡Cómo duele crecer! ¡Y cómo se nota!), la hermana de..., interpretada increíblemente por Abigail Breslin (sí, otro poroto para la señorita) y la misma Sofia Vassilieva, que le sacó todo el jugo al papel de enferma dándole el dramatismo digno del personaje. Cosas como éstas no merecen reproche. Está bien actuada. Pero mi crítica gira en torno a algo más. Precisamente, a si ''era necesario...'' cada uno de los momentos bajos (y, claro, la constitución actoral de los mismos). ¿Por qué mostrar a Vassilieva en momentos al límite, donde la enfermedad está afectando realmente? Y en esta pregunta, que refiere específicamente a esta película, emperatriz de las escenas innecesarias, se centra un enigma fundamental para la cinematografía economista de hoy en día. ¿Se gana más haciendo estas cosas? ¿Se gana más abriendo un cuerpo al medio que mostrando una marca en la piel y la cara de los médicos? ¿Se gana más haciendo artística una escena de erotismo o convirtiéndola en una escena de alto contenido pornográfico? ¿Se gana más con un desnudo pasajero que con uno artístico? Porque de este modo, el cine pierde su costado artístico y se convierte simplemente en un medio de comunicación más callejero que cualquier otra cosa.
En cuanto el rebote cronológico (primera escena, pasado; segunda, futuro; tercera, presente, cuarta pasado; quinta, presente; sexta, pasado), ya cansó totalmente. Narrar una historia de este modo, volviendo al pasado para victimizar más a la pobre niña (la niña que se enamoró, la que jugaba en el parque, la que quisiera ir a la playa) es más bajo que cualquier otra cosa que haya visto en el año. No significaron más que técnicas para arrancarnos las lágrimas contra nuestra voluntad. Siempre existieron aquellos que detectaron la intención economista y no les dieron el gusto a los realizadores. Afortunadamente no fue una película que dejase llevar a todo el mundo.
Las imágenes de paisajes son realmente buenas. Aparte, cada una cuenta con un delicado significado que debe ser tratado minuciosamente. Y bien, está lograda la concepción del espacio, la contradicción entre la libertad y la prisión con espacios abiertos y cerrados, generando sensaciones. Bien lograda desde ese aspecto fotográfico. La música, no acompaña del todo bien. No refleja nada, al menos en mi caso; parece que estuviera bromeándonos todo el tiempo. Una selección espantosa e inadecuada.
Bien, Cassavetes ha logrado convencer a las grandes masas con una historia que aún no ha logrado creer, pero que expone con un gran orgullo porque es suya y porque ha ganado dinero. Una vez más, la hipocresía gana. Mientras él se divierte con una historia delicada y tristísima, uno debe aburrirse con 109 minutos de metraje más pesados que un ancla atada al cuello.
No, no y no. Igual, felicito a los intérpretes y a los encargados del costado visual. Lo poco que se puede extraer de ella, se extrae desde estas dos cuestiones, nomás.
Puntuación: 4/10 (Regular)