jueves, 24 de diciembre de 2009

Juventud sin juventud: ¿Dónde quieres que ponga la tercer rosa?

Youth without youth


El director Francis Ford Coppola, ganador de incontables premios (principalmente en los 70s) por su trilogía de El Padrino y por la cinta bélica Apocalipsis ahora, dirigió hace alrededor de dos años una de las películas más increíbles que vi en mi vida. Juventud sin juventud, con un título que ya poseía encanto y una contradicción bastante atractiva, tomó los registros más notables del cine de mi estimadísimo Darren Aronofsky, para formar un escenario que prometía recrear la esencia del libro del que esta película se adaptó.
Un hombre de 70 años reflexiona a diario sobre el tiempo perdido. Los años que han pasado. Los años que requiere su proyecto (una obra literaria que se introduce en la historia y los orígenes de las lenguas que atravesaron los últimos dos milenios). Los años que le quedan. Sabe que su vida ha sido un fracaso, dedicada a un libro que jamás terminará, que dejará como herencia o quemará. Sin embargo, tanto el libro como la película prometen hacer arte con la ''segunda chance'', de la que el cine romántico ha bebido y ganado. Una segunda chance para un escritor que en las pascuas del 1938, es fulminado por un rayo. En lugar de arrancarle la vida, le regala años de sabiduría, grandes capacidades y cualidades, entre ellas la de rejuvenecer físicamente.
Pero con el tiempo vienen los problemas. Los que pueden justificarnos la frase ''los que mueren en Pascuas van al infierno''. Digamos que este personaje está muerto los últimos 30 años de su vida, así como lo estuvo en el resto. Utiliza esa segunda chance para escribir, y utiliza unos pocos minutos o meses para la posibilidad de un amor surrealista. Comienza a vivir, inmerso en un pueblo que sólo lo quiere para experimentar con su cuerpo, una pesadilla envuelta en los derrumbes que va dejando la guerra. Se convierte en un fugitivo del gobierno; el líder del régimen nacional-socialista Adolf Hitler, a quien nuevamente no se le deja bien parado, quiere conocerle y experimentar con él. Otros gobernantes europeos quieren utilizar su caso para la medicina, dejando de lado las armas y las bombas. El personaje se vuelve trascendente y visible; su alma va siendo dominada por el infierno mismo.
La segunda oportunidad es figurativa, casi metafórica. Como las tres primeras películas de Aronofsky, todo es un juego de imágenes para recrear emociones o situaciones fuera de lo común. Darren analiza la obsesión, el consumo de sustancias y la división de la persona en tres tiempos, unidas por un mismo objetivo, un mismo fin. Evidentemente, este análisis de la vida recurre a la estrategia visual de ''La fuente de la vida'', donde un hombre vive miles de años (representativamente) buscando la salvación para su esposa en experiencias sobrenaturales que lo llevan a la conquista del imperio maya (si mal no recuerdo) en el siglo XVI, a la experimentación medicinal del siglo XXI y al apocalipsis en el siglo XXVI, una burbuja flotante que contiene el alma y las intenciones de cada persona, ligadas a la posibilidad de subsistir a través de la regeneración y la juventud. Se utiliza, cronológicamente, un ciclo que jamás acaba. Una vida interminable, diseñada para finalizar con los proyectos que la naturaleza nos impone.
Tim Roth, quien interpreta magistralmente a este personaje, se encarga de darle la emoción, la confusión y la exploración al personaje, quien se sumerge en una aventura sin fín; persigue un caso semejante, vive el amor y absorbe aún más fuentes útiles para su producción. El planteo científico, desde las lenguas, la religión, la cultura, la sociología, la historia, la filosofía, la medicina, son todas fuentes informáticas dispuestas a guiar al personaje, no a nosotros. Es visible que en el largometraje aparecen más de diez idiomas, algunos poco comprensibles, sumamente antiguos. Él gana con el rayo, la capacidad de interpretarlas y estudiarlas en poco tiempo, gana otros medios de ayuda (o, desde la filosofía misma, de autoayuda) para acabar con su escrito, a la medida que el deterioro mental avanza, que la obsesión se va apoderando de su joven cuerpo. También gana la capacidad de dividir su mente en dos, pero no sólo en dos tiempos, sino también en dos lugares. La ambigüedad de su ideología está, entre otras cosas, detallada con el más que clásico ejemplo del espejo de la conciencia, la verdad absoluta, el corazón poseído por un dios plasmado en un ser humano bidimensional. Puede obtener de él lo que quiera, pero lo más valioso que llega a conseguir, es la capacidad de verse realmente, y de llegar a la conclusión de que uno no se conoce tanto como cree. No sabe a qué es capaz de llegar.
Las apariciones de Bruno Ganz y Alexandra María Lara (un dúo dinámico al que he visto unido en La caída, El complejo Baader/Meinhof: la facción del ejército rojo, El lector, pero casi nunca cruzando palabra a excepción de la primera) son claves para la construcción humana del personaje de Roth: la confianza, la fe, la esperanza, la transición a una vida repleta de sorpresas. Ve a ambos envejecer, ve cómo el mundo es parejo y da tanto como quita. Ve cuán maravilloso ha sido regalarle esta dolorosa segunda oportunidad, probablemente para al fin admitir que artísticamente ha sido aprovechada a la perfección. Y que aún así ha perdido el tiempo. Todo danza sobre el escenario, todo va encajando para regalarnos una de las escenas finales más grandiosas y mágicas de los últimos tiempos.
Indudablemente una película artísticamente perfecta, con algunos problemas de dinamismo y otros a la hora de manejar conceptos científicos clave y de interactuar desde esta fortuna con el público. De cualquier modo, esta cinta tratada con clasicismo (incluso en la introducción y en los créditos finales, podemos visualizar un cine olvidado en los 60/70s) es técnicamente impecable. Es visualmente gloriosa. Todos los gestos que constituyen la parte racional de la película, parecen deslizarse por la pendiente que posee cada personaje en su camino a la decadencia, a la perdición. Es un popurrí de sensaciones difíciles de describir; para todos los cineastas que ya han experimentado una y mil veces, y que con setenta años se ven perdiendo la categoría: a todos ellos que crean que no pueden seguir, beban de la fuente de la juventud, tomen de la vida misma cada segunda oportunidad. Esta película es tan solo una metáfora de lo que el hombre puede hacer cuando lo quiere hacer. La película diseñada para el artista. Un reciente clásico.

Puntuación: 8/10 (Muy buena)