sábado, 30 de enero de 2010

Buenas costumbres: un retrato familiar con demasiado limón.

Easy Virtue


Inglaterra ya nos ha demostrado tener el mejor cine cómico a nivel mundial. No sólo por su capacidad, su espontaneidad y elegancia a la hora de hacernos reir, sino por no tener la constante recurrencia a la vulgaridad extrema y el uso masivo de palabras que en definitiva, por más uso que la sociedad les de, no corresponde ser mencionadas. ''Muerte en el funeral'', la película que en este 2.010 volverá a salir en los cines pero bajo la manga de los Estados Unidos, fue dirigida por Frank Oz hace cerca de tres años, y es una película que logró alcanzar un éxito increíble por mostrar una historia: -que hace reir hasta las lágrimas -que no tiene la necesidad de mostrar escenarios extravagantes, sólo una casa y un sencillo funeral inglés -que juega con el talento de actores muy freaks -que juega con los efectos de drogas alucinógenas mostrando el salvajismo humano cuando las píldoras dominan. Evidentemente, este tipo de propuestas en espacios reducidos y con la flameante bandera británica, son claramente un buen ejercicio para la risa.
''Easy Virtue'' es la última película del director y guionista australiano Stephan Elliott, un no-tan-popular cineasta que contribuye, aunque a veces no se reconozca, con una gracia muy particular (vista en la cinta australiana ''Frauds'', con Hugo Weaving) en entornos, a veces, más serios. Ésta, es una remake del largometraje de Alfred Hitchcock, aunque puede entenderse como una puesta en escena que prolonga y recorta un pasado sustancioso como el del personaje de Larita, la mujer americana. Es inevitable, cuando se la ve, pensar que se trata o de una obra de teatro, o de una película hecha para televisión. Tiene los tropezones típicos del humor inglés sin tanto costo ni esfuerzo. Incluso por momentos se reconoce mucho la estructura del guión, la dureza y la poca convicción que propone principalmente la pareja protagonista. Momentos donde diálogos son tan intelectualmente elevados que no se creen. Y en una película, muchas cosas resultan poco creíbles y -cuando se habla de una película 'sobre una familia y sus costumbres' demasiado estudiadas, pues rápidamente reconocemos que no hay familia que pueda llevarse naturalmente como se llevaban los Whittaker.
Aún así, hay altos y bajos muy notorios, básicamente porque tanto los altos como los bajos, lo son demasiado. Momentos donde hay desbordes de gracia y situaciones jocosas, o donde la película va siendo invadida por una nube de falsedad y estudio. La estructura que domina a todos los personajes, parecen mostrar el efecto que un escenario y un público en vivo pueden lograr en cada uno de unos actores.
La historia se desarrolla en una casa de campo británica. Una familia adinerada, compuesta por una mujer dominante (Kristin Scott Thomas, El Paciente Inglés), su esposo -un sometido bien interpretado por Colin Firth (Un hombre soltero)- y tres hijos. Dos mujeres y un joven que está de viaje. Pero en un momento, esta familia recibe un mensaje de su hijo. Él se ha casado con una norteamericana, lo cual desata la ira de una familia costumbrista y muy británica. Pero hay algo peor en medio de todo este caos. El hijo volverá por un tiempo indeterminado al hogar, acompañado por su pareja, interpretada por Jessica Biel. Una piloto automovilística, osada y posesiva que intenta conquistar a toda la familia, aunque este proceso, parece tener acentos en unos más que en otros. Se lleva genial con su suegro pero pésimo con su suegra. Y así, comienza la típica guerra campal entre suegra-nuera, que como en ''Monster-in-law'', tiene una mirada ácida del círculo familiar, con peleas que parecen no terminar y actitudes más gestuales que dialogales y precisas, mostrando así cuán lejos puede llegar la mujer de hoy, y por supuesto, la madre. Situaciones que van mostrando el respeto por las costumbres del pais, pero a su vez, como cuando de amor se trata, uno debe acostumbrarse (o resignarse, o pelear) a convivir con otras.
Así, esta guerra independentista tiene una duración de 75 minutos con entretenimiento (teatral) asegurado y una puesta en escena lujosa, una fotografía estupenda que da gusto (y sí, Inglaterra es un pais hermoso) y buena musicalización (acentuando la picardía y la satisfacción de personajes que hacen maldades para resistir). Una imagen vale más que mil palabras: Kristin Scott Thomas y Colin Firth se destacan en una película que parece estar referida a los actores ya ''veteranos'' (bueno, 50 años), dejando en evidencia a un deslucido Ben Barnes y a una pésima actriz como Jessica Biel, quien ni siquiera tiene atractivo facial ni la capacidad de hablar con el rostro. Una lástima que habiendo tantas actrices de su estilo, se haya escogido precisamente a un rostro tan estático e inexpresivo.
Para un fanático de las películas sobre familias disfuncionales (destaco ''Pequeña Miss Sunshine'' y ''Un cuento de Navidad'') como yo, esta es una gran oportunidad de reirse descontroladamente. Para lágrimas que quieren al fin brotar, pero de la risa, esta película propone en unos pocos metros cuadrados, todo lo que una comedia de humor negro debe tener. Aún así, la falta de naturalidad, de química entre los actores, la frialdad narrativa y la constante e irracional contestación del personaje de Biel opacan los logros que ejerce la historia y su trato audiovisual. Se agradece que exista la conquista de una pantalla hacia el público, que la historia (por mal actuada que esté) entretenga, de motivos para alegrarse, reirse y sorprenderse, más aún cuando el final oculta una chispa peculiar que cierra una película que consigue el equilibrio entre lo bueno y lo malo, para sugerirnos sin demasiadas vueltas esta sencilla pero amena propuesta.
Puntuación: 5/10 (Floja)