lunes, 11 de enero de 2010

Cloudy with a chance of... fun (a chance)

Lluvia de hamburguesas.


El mejor entorno para representar una idiotez como esta, es una película infantil. Es el mejor, pues el único público que puede aceptar y disfrutar una historia tan patética como esta es, sin lugar a dudas, el infantil. Los niños suelen consumir todo, y esta es una película original, apetitosa y que aparentemente causa impresión en los niños. Seguramente en 3D les debe dar ganas de estirar un brazo, quien sabe. Los niños son fáciles y qué mejor forma de recaudar dinero que atraerlos junto a sus padres, hermanos, primos, amigos, tíos; toda la familia envuelta en la sala del caos, que podría traducirse sencillamente con un título: Jimmy Neutron vs. Global Warming.
Vamos a suponer que este ejemplo de cine catástrofe animado, como ha sido llamado, traslada el calentamiento global (como ejemplo meteorológico) a tormentas de comida. Jimmy Neutron, el niño genio que representa sin tanta novedad el protagonista de esta película, es el responsable del caos, y como todo capítulo de la serie, quien evidentemente se dispone a salvar al mundo y a recibir los aplausos que no merece pues, aunque nadie quiera aceptarlo, ha sido él el total responsable de la catástrofe, quien ha peligrado la vida de una comunidad. Es de gran aceptación que se aplauda al super-héroe aunque haya hecho el desastre. No hay buena mirada de una asociación de niños de 6 años si ven que salva al mundo y nadie lo aplaude. La película no gusta, y la idea, es enviar virtualmente mensajes simplones pero simpáticos para caer bien, y que toda la película sea una recolección de finales felices, tras un caos que a diferencia de lo poco que he vistod e 2012, no se hace nada placentero, sólo tedioso.
Es bien difícil juzgar una película cuando está creada con notoria desesperación. La idea de crear la catástrofe con colores fuertes, se hace contradictoria, absurda y poco productiva. En ningún momento, por más frase que lo indique, se sugiere lo desesperante de la situación, ni la profundidad de lo que es tomado como ''el fin del mundo''. No hay tanta oscuridad como debe (y no me refiero a la falta de luz cuando hablo de oscuridad), sólo promesas de más tentación visual durante prácticamente 50 minutos (más de la mitad de la película).
Hay demasiada comida y demasiadas vueltas al invento para cubrir espacios, para crear conmoción escénica en lugar de pánico. Todo es a favor de un efecto 3D, que sobresale en estas lluvias (principalmente en los planos aéreos o en la primer caída de comida); sin embargo, por más terminología que se use para intentar justificar con gran ignorancia un caos ''satelital'', no hay (y acá, a diferencia del dibujito animado previamente nombrado) explicaciones concretas de ciertas cuestiones. ¿Qué se puede decir en una película para este público? Un conjunto de cinco o seis palabras que no sepa el público es suficiente para convencer a los chicos. ¿Y qué con los mayores?
Evidentemente, la película está inspirada en la espectacular escena de la película Magnolia, de Paul Thomas Anderson; una metáfora de los sucesos que suceden cuando no nadie cree que deban suceder. Esa escena es un logro espectacular, complementado por un clima tormentoso, sabio y encantador, que recorre el alma de todos los que intervienen en la película. Llega a hacerse creíble (incluso, esa es la idea de la película: desde esa escena casi final a la inicial, donde un matrimonio es culpable de la muerte de su hijo suicida... todo un enredo clave) y mucho más de lo que puede ser la caída de unas albóndigas, de helado, de bistec; con el cielo azul y dos o tres nubecitas blancas, el clima está suficientemente apto para llover comida. Aparentemente.
Lo mejor que tiene la película lo gana desde el entorno familiar. Su madre muerta, tenía fe ciega en él; su padre, por otra parte, sabía que algo mal estaba por suceder e intentaba ser frontal con su hijo, quien -si uno analiza todo lo que muestra la película- es una persona que jamás hizo algo bien. La minimización del personaje principal como un fracasado le permite ganarse el respeto de la comunidad. Como a la chica, a quien maltrataban por ser nerd; debió hacerse la fracasada para ser respetada. Una linda forma de decirnos que la gente teme a lo prometedor, a lo grande. Prefiere quedarse con lo común (linda dirección tiene la sociedad), por eso la pareja no era aceptada hasta que llega al fracaso.
Está dirigida por Chris Miller (su segunda dirección; la primera fue Shrek tercero, un desastre) y Phil Lord (debuta en cine como director); dos personas destinadas al fracaso a no ser que logren algo grande. ¿Cómo sacar un buen producto cuando la trama es mala?
Es una película de 80 minutos repleta de momentos aburridos, densos, con 50 minutos mostrando la imponente acción de una máquina que transforma las moléculas de agua en comida y el resto sumergiéndose el personaje principal en una aventura sosa para salvar el mundo. Los personajes no valen nada de nada, la trama ya era lo suficientemente pobre como para satisfacer a un grupo de personajes. No hay romanticismo, ni sentimentalismo profundo, tan sólo unas frases que logran conformar a la crítica (intentos de alcanzar la hipocresía triunfal del 2008, Wall·E), al público chiquito. Crear una máquina que controle la lluvia es una linda forma de esterilizar los campos estadounidenses, de dejar al público morirse de hambre, a no ser que (como todo engaño típico de alguien ambicioso) se trasladen al pueblo. Típica decisión de un político (ah, estadounidense). Lo que no tengo en claro es esto: ¿Es una crítica buena o mala para Estados Unidos? ¿Son geniales por sus invenciones, por tener comunidades que saben perdonar o perros por tener gente lo suficientemente mala como para permitir que una población se eche a perder? A juzgar por el cuerpo del alcalde, creo que habla de ignorancia. La ignorancia americana.
Puntuación: 3/10 (Mala)