jueves, 14 de enero de 2010

Desde mi cielo: sugerencia mecánica.

Desde mi cielo.


Es de lamentar el hecho de que una película pueda robarle el entusiasmo a un espectador que, al borde de las lágrimas con un adelanto de dos minutos, ha debido resignarse ante dos horas de oscuro silencio y un encadenamiento de sumas y restas que equilibraron (relativamente) el caos. La historia de Alice Sebold era demasiado perfecta y demasiado emotiva, un ejemplo osado para una traslación desde la literatura al cine. Quien ha leído la obra puede deducirlo; aún así, la dirección de Peter Jackson me ha provisto de cierta esperanza, fugazmente desechable en el momento en que la pantalla omite uno de los detalles más trascendentes de la obra. Evitar, para no generar polémica, una reacción o algún hecho que pueda ser rápidamente cuestionado por críticos, políticos, religiosos, homofóbicos, no está mal siempre y cuando se trate de una obra original. Cuando se trata de algo ya publicado, donde el detalle del primer capítulo es un hecho relatado con gran emoción (uno lee y puede sentir la voz en off que más tarde repetirá Saoirse Ronan con gran precisión) y alto dramatismo. Sin especificar la naturaleza del suceso, la película puede sugerir (si no se quiere invadir la pantalla de planos morbosos o incorrectos) en lugar de mostrar. Desde mi cielo, ignora y arranca del relato cinematográfico la raíz más cruda (de la que se pudo haber extraído mayor cantidad de jugo), una sustanciosa pieza del drama norteamericano de hoy, que desaparece, se esfuma, tal como Susie Salmon en la película. Toda la película es una metáfora: desde los colores y los reflejos lumínicos para mostrar la perfección; los vastos suelos con el mirador sobre el horizonte para mostrar la oscuridad de lo inalcanzable (sí, la justicia y la felicidad); el manejo arquitectónico en miniatura y sus planes y trampas para la caza, para extender lo que puede significar para este hombre solitario, el fracaso de su vida (profesional, sexual, amorosa, personal); todo es una sugerencia, y al ser una película circular, dinámica, cíclica, donde todo encaja con todo y puede cerrarse como un anillo, al tratarse de una vida que se prolonga fiel a la Biblia (la mayor fuente literaria de lo cíclico hasta hoy), esta sugerencia se convierte en una sugerencia mecánica. Dentro de la misma, la palabra cielo en el título de la película parece tratarse de algo mucho más optimista, que supera la creencia de las comunidades actuales. ''The lovely bones'', o ''Los amados huesos'', el título original, ya se envuelve involuntaria e indeteniblemente en una melancolía que la misma chiquilla, esta genial actriz, maneja al perseguir con su voz todos los amados huesos que pasaron por las manos de su asesino, a quien vigila desde su cielo con muchas ganas de verlo sufrir.
La muchacha, interpretada por Saoirse Ronan (nominada al Oscar por la película ''Expiación'', de Joe Wright), vive con sus hermanos y sus padres (Mark Wahlberg, Boogie nights: juegos de placer; Rachel Weisz, El jardinero fiel), y con frecuencia recibe la visita de su abuela materna, representación estiradísima de Susan Sarandon (cuyas cejas están tan altas que salen de su cara). Ha sido asesinada el 6 de Diciembre de 1.973, y a la medida que va dejando su pasado, su familia, su amor, enfrentándose así a un nuevo mundo que la dirigirá, se presume, a su propio cielo (va acercándose a la perfección terrenal, a la presencia de Dios).
Cuando la historia es tan buena y tiene tanto poder de convicción como ésta, es muy difícil decepcionar al público. Con ésta se ha logrado una suerte de decepción, pero aún así, pudo haber sido peor. Peter Jackson, hace unos años, ha ganado el Oscar por su dirección de la tercer parte de la saga ''El señor de los anillos'', específicamente el episodio del retorno del rey. Esta película fue la tercera en ganar 11 premios Oscar, precedida por Titanic en 1.997 y por Ben-Hur en el 1.959 (lo cual es más meritorio por ser menos los premios que en ese entonces han existido y constituído el listado). El talento de Jackson en películas como ''Criaturas celestiales'', ''King Kong'', ''El señor de los anillos I, II y III'' y su poder de manejar con gran profesionalismo grandes sumas, me ha esperanzado bastante. Además, mi disgusto con este producto no es con el trabajo de dirección. Todo es técnicamente impecable, incluso es una película visualmente maravillosa y una producción inteligentemente conectiva. El sinsabor de muchos apasionados lectores de la novela es, precisamente, con los guionistas. Jackson está incluído en el trío que compuso la adaptación de la novela original. Fran Walsh y Philippa Boyens son los otros dos. Casualmente, este trío se repite a lo largo de la filmografía de Jackson (principalmente en la saga El Señor de los Anillos). Siempre han hecho buenos trabajos, es bastante sorprendente que este haya sido tan desastroso.
Es una satisfactoria película, pues llega a equilibrarse entre una capacidad técnica asombrosa y un guión horroroso. Saoirse Ronan, es el factor estrella; Susie Salmon logra conmover a través del libro, y Ronan es -pese a que el personaje literario es incomparable- la que más se aproxima a captar de los personajes su esencia. No fue suerte la que tuvo con Expiación, es muy talentosa y en esta película muestra no sólo su amplia capacidad, sino también su belleza. Stanley Tucci, quien ha tenido un año fantástico a su vez con ''Julie & Julia'', de Nora Ephron, logra meterse en la piel del Señor Harvey, creando todo lo que el libro dispone de él. Cada vez que Tucci aparece frente a la cámara, es como si la niebla cubriese el vecindario. Su presencia es escalofriante, sombría, misteriosa; tiene una inteligencia que le permite jugar al gato y al ratón a su gusto y placer, tal como las casitas en miniatura de su propia casa. Es el personaje que ata absolutamente todos los cabos de la película, que fortalece y permite que una dirección artística implacable se destaque. Todo lo que hay dentro de la casa de Harvey, incluso él, es parte de un festín macabro que Sebold ha compuesto en su libro, y que los guionistas han sabido (afortunadamente) interpretar y plasmar. Todo encaja con todo (por tal motivo hablé de una producción inteligentemente conectiva), ambas casas, las vidas de todos y cada una de las pequeñas cosas que van asomándose en el relato (desde el poema del Moro hasta un gorro de lana); el complemento de cada objeto, de cada intención, no es más ni menos que un sinfín de ríos aguardando fundirse con otros más allá.
Tuve la oportunidad de verla en una presentación especial en cine, y debo admitir que verla en cine es una experiencia asombrosa. Básicamente, porque todas las chucherías que conquistan al espectador están ordenadas al inicio y al final, mostrándonos (en el medio) además la oscuridad de un alma que sigue oyendo y pensando, que reflexiona sobre el dramatismo de la situación, que sufre y padece la impotencia de ver cómo su familia se va quebrando poco a poco, de ver cómo su asesino va ganando seguridad; un alma que aún tiene la capacidad de sentirse feliz, o de lamentarse de no haber gozado de la vida que ha tenido (en esta justificación vemos, ligeramente, el porqué del personaje de la abuela, innecesario en la película). La que tenía visiones, el pretendiente desolado, el hermanito a quien su hermana le salvó la vida: pequeños factores excedentes, que desempeñan nomás el sentimentalismo para dirigirse a un final con ganas de hacer emocionar y sin buenos resultados.
Tan sólo queda criticar positivamente la fantástica banda sonora de la película, añade sentimentalismo a una obra sosa, fría, dura como una piedra. A su vez, es notorio el exceso de color; produce una conmoción tan profundamente amplia que sobreexcede los sentidos. Es bellísimo verlo y dejarse llevar con una serie de imágenes para soñar. Por momentos, ser excusas para añadir espíritu y tornarse artificiales, puede convertirse lentamente en un vicioso pecado.
Aclaración: leer el libro, vale la pena contemplar la bella historia de Susie Salmon, al menos en un medio que no destruya ninguna ilusión: la literatura.
Puntuación: 5/10 (Floja)