lunes, 4 de enero de 2010

An Education: sorpresa con acento británico.

An Education


Una de las grandes sorpresas del año, viene de la mano del cine británico y de una directora. Para complementar los enormes logros obtenidos por Kathryn Bigelow y su extraordinaria dirección del film bélico ''The Hurt Locker'' (En Tierra Hostil), Lone Scherfig ha logrado conquistar festivales a través de su factor estrella, la fantástica Carey Mulligan.
La historia no es de otro mundo. Sin embargo, tiene un argumento tan sólido que la hace sorprendente y única. Una estudiante de dieciseis años que adora la cultura francesa, vive aislada de lo que quiere bajo la sombra de sus padres, quienes tan sólo quieren para ella una dirección segura. Pero en su vida aparece, repentinamente, un hombre que le redobla la edad. Contra las expectativas, el hombre conquista a los padres de la joven a través de mentiras y engaños, que lo ayudan a poder llevarla a ella a recorrer el mundo que tanto desea. Ella está de acuerdo, y descubre en él no sólo un hombre encantador, sino un buen atajo para la vida que realmente desea: se ve envuelta por la gran sociedad adulta, de clase, se ve rodeada por un sueño que parece demasiado bueno para ser cierto. Peter Saarsgard se encarga de dar el golpe final. Este hombre siempre demuestra su calidad de actor, y en este caso lo hace a través de un perfil lleno de misterio, de una perfección tan delicada que asusta. Poco a poco, la joven niña descubre qué hay detrás de todo, y saca de su corazón un sentimiento de soledad, dándose cuenta de que sus padres han podido evitarlo. La usual conquista de un probable yerno es tan sólo un gesto típico de películas sobre las familias. Los tres mosqueteros, un apodo que el cine americano (básicamente) ha dado inconscientemente a películas sobre familias de tres, son sorprendidos por la llegada de una gran posibilidad, con los bolsillos llenos, con las intenciones a lo alto y una capacidad de encantar a través de las palabras. El dinero parece ser el encanto, objeto de deseo de estas familias conservadoras que dejan volar a su hija hacia la dirección segura que tanto han querido para ella.
Detrás de la decisión entre la vida cómoda y divertida o la aburrida y segura, se halla claramente la educación que ella desea tener. Pero hay detrás de todos los telones, la educación de la casa, de la vida cotidiana. La educación extraescolar que intentan darle su profesora, su directora; todas las advertencias y todas las pequeñas demostraciones de sus errores contra su terquedad y contra la conquista de este sujeto pasional. El hombre puede cambiar fácilmente la mentalidad de la mujer, aún haciéndola abandonar lo que realmente quiere. Puede ir contra la educación y el deber, si quiere, en una ciudad, en cualquiera, en esa misma. La película analiza profundamente la educación de una familia que encierra el concepto general británico de los sesentas y ligeramente la educación que ella puede obtener a lo largo de su vida. A pesar de cómo se desarrollan los últimos 20 minutos, no es víctima del régimen de previsibilidad, y poco a poco nos conduce a nuevas sorpresas y descubrimientos. No corre riesgos, ni se sale de los rieles; tiene una fuerza impecable, interpretativa, demostrativa y dialogal. Parece que es el año de la mujer. Si Sofía Coppola no ha hecho nada trascendente este año, pueden darle paso a estas dos fantásticas artistas (Scherfig y Bigelow) para seguir cosechando premios y ganando la popularidad que corresponde.
Fascinante. Está repleta de interpretaciones soberbias (principalmente la de ambos protagonistas), una fotografía bien británica que nos inunda más en este sueño al que esta joven adolescente inexperta nos traslada, una musicalización sorprendente, bien francesa (para contrastar). Son historias que nos hablan de la dinámica, y en este caso con una claridad inteligente. ''No hay atajos para la vida que quiero'', una vida de sueño; se debe detener en todas las estaciones para alcanzar lo que verdaderamente quiere. Y es así, el curso de un sueño con sus altos y bajos, los temores y los desaciertos, los descubrimientos, que en conjunto confluyen en una sencilla pero profunda historia romántica. Sin la necesidad de recurrir al sentimentalismo, ni a la pasión desenfrenada, queda en lo alto como una prueba de romanticismo débil y un drama social que ataca desde fuera hacia dentro: desde cómo una sociedad puede influir en la mentalidad de uno, hasta cómo uno mismo puede transformarse a sí mismo. Sin más, un drama romántico serio, coherente, dinámico, ameno y sensacional. El conjunto asombra y nos hace viajar: una experiencia turística hacia el fondo de dos corazones en conflicto.

Puntuación: 9/10 (Excelente)

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