miércoles, 27 de enero de 2010

El desinformante: basada en un chisme.

The informant !


Todas las películas de Steven Soderbergh tienen un enorme problema. La mayoría de ellas alcanza la excelencia, tiene una filmografía impecable. Aún así, desconozco si el problema es de todas las tramas con las que Soderbergh trabaja, o si es su incapacidad para entretener. Uno puede deducir, desde un costado independiente, que si el 95% de las películas del hombre aburren, probablemente Soderbergh necesite la célula del entretenimiento, y necesite trabajarla rápidamente (al menos, para no ser nosotros los perjudicados).
Esta cuestión es, al igual que ''Che'', ''Erin Brockovich'' y ''Traffic'' (no mencionaré las grandes estafas, porque siendo aburridas, son a su vez malas), lo que perjudica frecuentemente a muchas obras maestras. ''Avatar'', por ejemplo, sabe aprovechar dos horas y media sin aburrirnos (aunque no el guión), mientras que ''El desinformante'' desaprovecha 105 minutos, una duración bastante más breve. Quien la mira con simpatía y unas cuantas tazas de café, puede entenderla más que quien la ve cansado y desganado. Quizá, porque se trata de una de las películas más inteligentes, complejas y satíricas del año, donde -como toda película suya- nada es lo que parece.
Curiosamente, ''El desinformante: basada en un chisme'', está basada en una historia real. La traducción promueve la ironía. La película está basada en una historia verídica, escrita por Kurt Eichenwald; la adaptación estuvo a cargo de Scott Z. Burns (Bourne: el ultimátum) y realmente, sin haber leído la historia original y sin calificar la adaptación, el guión fue realmente fantástico. Tiene un humor negro, del que los hermanos Coen hicieron maravillas con ''Quémese después de leerse'': donde las ambiciones son capaces de superar las grandes inteligencias.
Matt Damon protagoniza esta comedia con tintes de dramatismo (por, al igual que ''Up in the air'', cuestiones socioeconómicas que involucran el mundo colectivo), llevando a cabo una interpretación creíble, que persigue la ironía incluso a grandes velocidades, donde pareciese que la película va tan rápido que el espectador tiene momentáneamente problemas para seguirla. Es él mismo, quien con diálogos esclarecedores y un dispositivo que conecta a oyentes de otra organización, logra mostrarnos claramente el panorama. Aún así, todo el diálogo está combinado con un monólogo en off donde el hombre realiza críticas culturales, políticas, sociales y políticas, básicamente. Ahí es donde intenta justificar sus acciones al espectador, para no hacer de sus actitudes, hechos probables u obvios. Y sí, todo se dirige a un final que acaba siendo, sobre todo lo demás, lo más irónico del caso.
Una de esas películas con exceso de nombres y una red de organizaciones que hacen honor a una realidad ya cultural: las mentiras, cuantas más vueltas tengan, más difíciles son de sostenerlas. A veces no hay intenciones de crear mentiras tan grandes, pero cuando el hecho causante lo es, muchas veces las mentiras deben cubrir todas las grietas. Ahí es donde todo y todos empiezan a ser sospechosos, cuando todos, o nadie, lo es. Una película que se encarga de mostrar, de la forma más racional, que nada es lo que parece. Y en este caso, la estructura de un encubrimiento de otro encubrimiento, la cadena sucesiva de fraudes va haciendo de los personajes, zorros astutos e inteligencia innecesaria. Como en ''Fantastic Mr. Fox'', donde el panorama es exactamente el mismo pero con animales, o en la misma ''Un profeta'' (las tres con elementos en común y siendo muy diferentes): hoy en día es fácil ganarle al sistema. Y pese a que se desarrolle en los años 90s, las internas no cambian demasiado.
Un hombre se asocia al FBI para cooperar con ellos ante diversas problemáticas surgidas en la empresa agrícola en la que trabaja. Pero comenzar con una mentira, puede significar una sucesión de hechos algo ridículos que van haciendo de la película un absurdo necesario. Damon ha hecho un año fantástico. Tanto en ésta como en ''Invictus'', ofrece dos performances increíbles. Sigue, en ambas, el tono sarcástico o dramático de la película, convirtiendo -principalmente en este caso- un drama en una comedia llena de picardía, engaños, y lo que se suele llamar con tono burlón, una, o unas mentiras piadosas. Sabe manejar las reacciones, darse el tono de embustero y dibujarse las dos caras; en la última media hora, demuestra que su personaje era más serio de lo que creíamos. Ocultaba otras intenciones, que superaban el ''reparar otras mentiras''. Por increíble que parezca, es imposible no sentir cariño por el personaje en la escena final. Más, cuando se destaca en su rostro una mirada llena de picardía y una enorme satisfacción por los logros obtenidos. El resto del reparto trabaja satisfactoriamente sin alcanzar niveles de excelencia. Algunos rostros están de más, básicamente el de la esposa, aunque en la fuente original, seguramente haya sido fuente de inspiración para el personaje. No en la película, desafortunadamente; sobra en cada escena en la que aparece.
El punto máximo de la película está dado por la musicalización. Una banda sonora original de Marvin Hamlisch, que se destaca sobre todo lo demás. Le da, como debe ser, forma a una enorme sátira de gran altura, que aunque esté marcada por la falta de dinamismo, es un mal necesario.
Puntuación: 7/10 (Notable)

1 comentario:

Daniela Campos dijo...

Me gusta "El Soplón", por los grandes actores con gran trayectoria, prueba de ello es Tony Hale, uno de los protagonistas de la grandiosa serie Veep con su personaje de Gary,