jueves, 14 de enero de 2010

La nana: aires de argentinismo, pero chilenos.

La Nana


Esta película ya ha ganado unos cuantos premios, y su propia calidad justifica su triunfo. Un melodrama con pinceladas de comedia agria perteneciente a Chile, una de las cosas que como argentinos podríamos envidiarles. ''La Nana'', es un drama que gira cósmicamente alrededor de una mujer que pasó veintitres años de su vida en una casa de familia numerosa y de clase alta, que va envejeciendo y padece contínuos dolores de cabeza que obligan a la familia a contratar una segunda mujer que ayude en la casa.
Esto a la empleada doméstica no le gusta para nada, e intenta hacer todo lo posible para que ellas renuncien o sean despedidas. No sólo ejecuta una venganza bastante infantil que puede resultar tonta para cualquiera, sino que claramente les humilla y les maltrata psicológicamente, cortándole el entusiasmo a cualquiera. Acá sí, en estas cuestiones -que abarcan un 50% de la película- es donde la película maneja mejor las emociones y las temáticas a desarrollar en el largometraje.
Sebastián Silva ya ha sabido cómo manejar situaciones donde las sensaciones internas parecen ser trascendentales en el largometraje. Con ''El viaje de la Nonna'', supo combinar las acciones de la comedia grotesca con el drama de la amnesia y cómo interviene en la atmósfera familiar. Nuevamente, con ''La Nana'' dos años más tarde, supo mezclar la comedia y la tragedia con tanta intensidad que se olvidó de a qué género quería encarar con mayor énfasis. En una comedia dramática que se sostiene en oscilaciones, escenas pueden remitirnos de la risa al lamento en poco tiempo.
Catalina Saavedra es la sorpresa de la película. Ofrece una actuación espectacular que la puede llevar aún más alto, premios internacioales como ya ha ganado por su estupenda interpretación (ya, de lo mejor del año). Quizá no sea sorpresa para Chile, pero para una Argentina que ignora el cine chileno, realmente es algo grandioso. Un personaje lleno de simpatía, frontalidad y apego a la familia que la acogió durante más de veinte años. Sabe ser lo suficientemente gestual como para exhibir su sensación de odio, rencor, sus enormes ganas de vengarse y de tomar la posición que le corresponde en su casa, ya que ha tomado con tanta seriedad su labor que ha hecho de la casa parte de su familia.
En el primer tercio de la película, el asunto es ''la historia de la familia'' y ''el comienzo de esta decadencia''. Para justificar esta decrepitud, el sinsabor de su vida, su lasitud, cumplir cuarenta y un años y mostrarlo en la introducción de la película muestra ya los rumbos de una vida técnicamente perdida entre la clase social alta. La historia de la familia, cada uno de los perfiles de los hijos y sus acciones y disconformidades (el cansancio de la nana de lavar todos los días las sábanas del niño, quien noche tras noche se masturba; la intolerancia de ella hacia la chiquilla rebelde, una terca muchacha próxima a la adultez que se dedica a contestar mal), van argumentando las reacciones de la Nana y el porqué está siempre tan exhausta. Los diferentes cruces la van mostrando a ella como un ser en evolución (o regresión), voluble y cada vez más estática.
En el segundo tercio de la película, la película se va tornando algo disparatado; una comedia tan ácida que oculta en su misma trampa un drama psicológico, donde ella está empeñada en conservar su lugar como única empleada. Aún así, sus mismas actitudes le van dejando la casa como algo demasiado grande para ella, y la familia debe probar con otras empleadas para que sean sus asistentes. En este período, Saavedra fomenta la acción del maltrato para hacerlas quedar mal o pasar momentos de lamentos que las obligan, como personas que son, a usar el sentido común y decidir irse, finalmente.
En el tercer tercio de la película, parece ganar sus recursos como un drama bien argentino (acá es donde la película padece un significativo declive), donde la llegada de una nana que le cae bien, le permite expandir su terreno social, conocer nuevas personas y entender que no toda la vida es esa casa, ni obsesionarse tanto con el lugar que le corresponde; clara es la rigidez de la familia cuando apenas piensa en un despido. Todo se asegura y se esclarece para ella, su encuentro con una mujer sensible como ella no sólo habla de un cambio, sino que además sugiere su homosexualidad (ver aclaración).
La sencillez de este largometraje es un triunfo. Más allá de tener planos muy cerrados (eso no me gusta nada, se me hace muy cheap) y momentos de no sólo aburrimiento, sino absurdos totales (básicamente en el tercer relato, donde hay personajes y situaciones que podrían haber sugerido sutilmente su cambio sin ser tan gráficos), la película tiene calidad, una actuación superior de Saavedra, un guión inteligente y jocoso, muy bien elaborado y exitoso en su afán de perseguir las mentes de todos los rostros y cuerpos que desfilan.
Todo se luce en esta cinta chilena que realmente ha sorprendido. No es ni excelente, ni mala; una buena propuesta para salirse del convencionalismo norteamericano e ingresar al mundo del cine sudamericano, que últimamente está dando de qué hablar...
Puntuación: 6/10 (Buena)