domingo, 17 de enero de 2010

La princesa y el sapo: un giro de 180º. No. De 360º.

La princesa y el sapo.


Por más vueltas que quieran darles a las historias que ya han formado parte de la historia, por más vueltas que quieran darles a los más mínimos detalles, Disney no cambia más y sigue siendo exactamente lo mismo. Plagada de colores palaciegos, de magia (en este caso, opuesta: oscura) y de mensajes sentimentales, siguen atrayendo multitudes acompañadas por sus padres, abuelos, tíos, etc. Como de costumbre, quienes deben cargar con todo el peso emocional son los padres, quienes con esta película acaban llorando por: a- la emoción. b- la tristeza. c- la nostalgia de los viejos tiempos. Sea como sea, es una película, evidentemente, para todos los públicos, catalogadamente erróneamente de comedia, aunque bien sea un musical muy atractivo.
La princesa y el sapo reforma desesperadamente la famosa historia del beso que convierte al sapo en humano, la cual forma parte de la introducción de la historia. Para quienes no la conocían, acá está el porqué les tiene que gustar esta película. En un año donde la sátira ganó protagonismo (en todo sentido: desde las comedias vistas al revés -(500) días con ella- hasta las guerras vistas con más vueltas de tuerca -Bastardos sin gloria), ''La princesa y el sapo'' se queda atorada en su lugar, como una película regular, pero como un excitante musical.
Una niña vivió su infancia aprendiendo el valor de la responsabilidad y el trabajo. Su padre, un trabajador ya agotado, al igual que su madre. Al crecer, ella misma se presionó a sí misma con dos trabajos, para cumplir con el sueño de su fallecido padre: abrir un restaurante. Cuando logra juntar el dinero, tan sólo le queda un día para pagarlo (primera presión temporal, para añadir una falsa tensión), pero la aventura comienza cuando un sapo aparece en su ventana, y promete concederle un deseo (o algo así) a cambio de un beso que lo convierta no sólo en príncipe, sino en humano. Pero en lugar de convertirse él en humano, se convierte ella en rana (aún no me explico el porqué, pido ayuda para entender eso). Así, al perderse entre los pantanos, deben regresar a su casa en Nueva Orleans, revertir ese ''hechizo'' o esa ''maldición'' para volver a la realidad, él seguir con su vida, casarse con una rubia consentida y adinerada que pueda darle a Tiana, la protagonista, el dinero prometido para poder abrir su restaurante.
La segunda presión cronológica es la ya trillada ''antes de las 12'', usada incluso en ''Shrek'', otra de las grandes (y ésta, grande de verdad) sátiras sobre cuentos de hadas, pese a que no sea de mi agrado. Y poco a poco se va convirtiendo en una aventura en la que se cruzan otros personajes que ayudan (¿El burro de Shrek o el gato con botas?), un parlanchín, un miedoso, que van intentando sostener el entretenimiento relativo que una película de esta clase puede aportar.
La única vuelta que me gustó de la película, es una de las últimas escenas de la película, donde no todo es felicidad ni encanto, aunque sí está muy bien compuesta. Hay es donde la metáfora que engañó el corazón del personaje se torna mágica, añadiéndole -pese a la oscuridad de la situación- una dosis de color y emoción. Luego, va llegando el final mediante el uso de las propias reglas de Disney (ahí, es donde la película parece ser algo inteligente: va formando una red de frases famosas que engañan al espectador por varios momentos, haciendo de el final algo tramposo y sorprendente, que deja inconclusa la primer conversión). Igualmente, estas cosas por malas que sean, son valoradas por el riesgo que corren. Pese a todo, el guión cumple con su objetivo: darle un poco de entretenimiento e intentar cubrir todas las grietas que el mismo argumento va dejando.
Inspirada en la Nueva Orleans de los años 20s, en los inicios del jazz, ''La princesa y el sapo'' es un musical diferente. Predomina la raza negra, no hay príncipes rubios y de ojos celestes. Hay inteligencia y espontaneidad, y parece recurrir constantemente al pasado (no cualquier película tiene una precisión tan interesante como esta). La banda sonora es asombrosa, las canciones son pegadizas, movidas. Las letras son buenas (pese a que sigan sosteniendo los mensajes antimaterialistas), quizá alguna alcance algún premio más adelante.
Mi disgusto, además de la gran cantidad de errores de la trama y del momentáneo convencionalismo al que ciertas escenas conllevan, son los personajes. No hay nada que pueda ser memorable, ni figuras mágicas, ni encantadoras. Un villano ambicioso como cualquiera. Un parlanchín como cualquier otro. Una pareja que es tan sólo una pareja. Al principio, cuando Tiana es niña, parece que el cine animado encuentra su lugar en la sorpresa. La historia no venía nada mal. Parece que la aparición del príncipe ha sido, para Tiana como personaje, de una gran sorpresa y de un gran encantamiento. Aún así, Tiana demuestra que su ideología ha sido una gran mentira.
Al fin logra aprender la diferencia entre la necesidad y el deseo, cuando ya es adulta y puede decidir finalmente por sí misma. Pero ya los mensajes alentadores, desde el inicio de su adultez, comienzan a desbordarse. Ahí es donde el aburrimiento recién comienza.
Puntuación: 5/10 (Floja)