jueves, 28 de enero de 2010

Nine: fantasmas de un pasado (y un presente) tormentoso.

Nine: una vida de pasión.


SINOPSIS.

Inspirada en ''8 1/2'', de Federico Fellini, y basada en ''Nine'', la obra de Broadway presentada en el año 1.982, relata la falta de inspiración de Guido Contini (Day-Lewis) y el modo en que siete mujeres (una periodista americana, una bailarina exótica a quien le pagaba cuando joven, su confidente y vestuarista, su musa inspiradora, su difunta madre, su amante y su esposa) lo atormentan con sus presencias o simplemente a través de su memoria. Un musical dirigido por Rob Marshall, nominado a 5 Globos de Oro y gran perdedor (seguramente) en los próximos Oscar.

CRÍTICA.
Con una estética oscura que refiere al Chicago con el que Marshall triunfó hace 7 años, (aparente) virtuosismo escénico e interpretativo, canciones pegadizas y un dinamismo mitológico, ''Nine: una vida de pasión'', es (con muchas vueltas) una especie de ''8 1/2'', la obra maestra con la que Federico Fellini triunfó hace 46 años. Decir que este musical está ''basado en'', es similar a insultar sin mover un músculo. Como la inspiración no garantiza un buen producto, y como cuando de musicales contemporáneos se trata, el estilo se suele ir por las nubes, decir que ''Nine'' está ligeramente inspirada en ''8 1/2'', es el término que, sobre lo equívoco, más logra aproximarse a esta ambiciosa pero artificial adaptación.
El as bajo la manga de Marshall es el elenco. Ocho estrellas, seis de ellas ganadoras del premio de la Academia, dando su aporte a la estructural y reglamentaria bifurcación de lo que ha sido, y presumo no dejará de serlo, un clásico del cine. Para demostrar su concentración en la obra original, la historia intenta darles 5 minutos de fama a cada famoso, mezclados con algunos diálogos de perezosa acción y absurda reacción; todo, siguiendo una regla específica: va por orden, una mujer por una, olvidándose de cuán espontánea era ''8 1/2'' sin la necesidad de crear protocolos ni mucho menos, presiones. Marshall exhibió su miedo.
Se recreó a sí mismo como el Guido Contini, hizo de su falta de inspiración algo propiamente suyo, y demostró minuto a minuto, que no sabía qué hacer con la remake. Y lo que hizo, sobre la extraordinaria puesta en escena, no fue suficiente. Los actores se lucieron poco, estaban atorados en medio de la neblina; las canciones, eran pegadizas, pero no todas ''hablaban''. La historia, en sí, tomó más tono de comedia (una comedia vulgar, donde la sensualidad es -como se reflexiona- algo atractivo, actual y muchas veces innecesario) que de drama, cuando ''8 1/2'' habla de mayores riesgos (y en verdad, la depresión de Mastroianni se siente) y de una carga dramática mayor. Es, trasladándonos al 63, un viaje a Italia con una parada previa: algún prostíbulo europeo donde todas las mujeres dejan de sugerir y muestran, y hablan... Pese a que se logra que Roma arda de pasión (era imposible que no ardiese, sin Cruz orgullosa de sus cualidades como una mujer sensual (como una prostituta), arrancándole el lugar a Fergie, la Saraghina, que baila -no se acuesta- sensualmente (sugerentemente)... con un elenco de mujeres bellas...), no se logra que Guido -un personaje ícono para el cine de todas las épocas- pueda verse a sí mismo cuando se mira a un espejo.
Daniel Day-Lewis no sabía qué hacía. Hay gente que nace para el drama: para actuar, hacer sentir, reir, llorar. Day-Lewis no nació para cantar. Las dos interpretaciones que realiza, tanto en la segunda como en la décima canción coreografiada, se prolongan tan innecesariamente, y con una capacidad vocal tan pobre, que acaban siendo una tortura. Diez minutos, (gracias al cielo) distribuídos en dos momentos donde la película tiene algunos de sus incontables bajos. Además de no captar el alma de Guido Anselmi (el que Mastroianni interpretó en la obra original), tampoco capta el espíritu de Guido Contini: las canciones no lo beneficiaron y el modelo de su personaje tampoco. Kate Hudson y Fergie son dos enormes sorpresas dentro de un cartel glorioso, en el que parecen estar excluídas. Son dos actrices que aún no tienen Oscars, y que se lucen entre un ejército de estrellas, divas y enormes actrices que obedecen lo que la incapacidad del capitán ordena. Tan ciegas como un Marshall que amanece con la más reciente carga de su peor trabajo: un laberinto en el que se cruza la verdadera depresión de quien alguna vez, alcanzó dibujando una tierna historia de una niña geisha, un lugar en el cine que queremos ver. Cotillard y Cruz realizan muy buenas interpretaciones: ambas conmueven como mujeres a las que les falta amor. Amor de amante, y de esposo: simplemente amor. Dos mujeres desoladas por quien optó por la obsesión y dejó de amar al mundo que no le aportaba ideas. Kidman y Loren realizan satisfactorias actuaciones, aunque no sólo sus números musicales, sino también sus personajes se vieron desdibujados. Judi Dench, tiene un personaje más confidente, más serio y menos italiano (sí, francés... si esperaban que ardiese Roma, no, ardió Paris): el complemento de su personaje con la historia de su número musical es muy notorio, recreando así el verdadero espíritu del musical. En fin,dentro de la gran y ambiciosa promesa, no todo es tan bueno como parece.
La película tiene una lentitud que, particularmente, produce dos sensaciones: la extensión de la melancolía intentando atravesar la pantalla (de hecho, la melancolía se transformó en sinsabor) y el reflejo del espectador viendo a Contini, un hombre tan cansado como nosotros. En 108 minutos, los contenidos parecen estar dominados por el orden; no se disfrutan, se padecen. Todo es algo artificial, frío y bastante ochentoso (mínimamente). La cronología está fuera de serie, no se sigue la coherencia, ni tampoco se usa el sentido común para admitir el error. Por supuesto, se agradecen unas inteligentes ocurrencias del guión para probar que los realizadores no padecen ninguna clase de incapacidad a la hora de cumplir con su rol, ni carecen de inspiración. Para dejar en evidencia que sólo fueron ''sencillas'' distracciones.
Por fortuna, los musicales en los que predomina el negro me recuerdan a Cabaret, la insuperable obra maestra que dirigió Bob Fosse en el año 1.972. Ya digo, se destaca toda la elegante puesta en escena. Es visualmente perfecta (y sólo visualmente), una corriente energética que desatan la mezcla de color, combinándose con letras, voces ingeniosas y un diseño de vestuario preciso y complementario. Evidentemente, hay ojos muy grandes pero una cabeza algo pequeña. No divulguen que Nine es una adaptación (o inspiración) de Otto e mezzo; seguramente harán que el entusiasmo del espectador sea opacado por una cara triste y un gemido de lamento.
Aclaración: hay dos cosas que aún recuerdo de ''8 1/2'', ingeniosas estrategias narrativas que abarcan la niñez de Anselmi. Una de ellas es La Saraghina. Otra, es ASA NISI MASA. Nine, sólo hace mención de una. Me deja parcialmente satisfecho. Ahora bien: ¿Dónde está el Contini joven? Narración de su juventud tan fugaz, que sólo parece interesarse en EL ACTOR, o mejor dicho, en su vejez.

Puntuación: 4/10 (Regular)