viernes, 15 de enero de 2010

¿Qué pasó ayer?: un film de los Coen, sin los Coen. Digamos...

¿Qué pasó ayer?


Ubicada momentáneamente entre las mejores comedias del año 2009, ''¿Qué pasó ayer?'' o ''The Hangover'', narra con la gracia de lo extravagante y con las reconstrucciones policíacas poco profesionales la despedida de soltero de un hombre serio, seguido por su cuñado (un afectuoso muchacho con grandes ambiciones en el juego, con mucha sed de alcohol, mucho hambre de prostitutas, mucho amor para dar...) y sus dos mejores amigos. Uno de ellos, es un hombre que se hace llamar doctor; un odontólogo dominado por su esposa y estructurado delante de ella (aparentemente, el mayor de los cuatro, un hombre engañado y bastante perjudicado por la ciudad del pecado). El otro, es un profesor al que le interesa la fiesta, la luz, el color y la sangre de Las Vegas.
Pese a ser bastante diferentes y a tomarse este viaje bastante en serio (con una intención en común: disfrutar de la inolvidable noche por la que brindan en lo alto del Cesar Palace), acaban -paradójicamente- olvidándose de lo inolvidable, tras una noche llena de alcohol, drogas, que van reconstruyendo paso a paso al día siguiente cuando amanecen tres de ellos en una habitación arruinada, con -entre otras cosas- una gallina, un felino enorme, un bebé al que bautizan (figurativamente). Sólo vemos a una mujer salir del cuarto: cuando uno de ellos despierta, el resto le sigue y se encuentra inmerso en una catástrofe.
Luego las situaciones se van agravando. Ed Helms viene a interpretar al odontólogo que sale muy perjudicado; aún así, hay un final para él que hace justicia, y va más allá de ser un final feliz o no: simplemente es justo, y así, presenta optimismo para los hombres que puedan sentirse identificados con el muchacho. La búsqueda desesperada por la verdad, las diferentes estaciones en las que este trío tiene que parar para averiguar, van mostrándoles a ellos cuán lejos puede llegar la mente humana estimulada con roofies, una droga fuertísima que es responsable de sus acciones.
Hay momentos donde la película parece ser una comedia-homenaje a muchas películas de muchos géneros. Ya el uso del conteo de cartas en el famoso juego del Blackjack, las diversiones sobre una ruta o la capacidad de hacer reir con -dentro de una película que puede denominarse seria- situaciones disparatadas. Minuto a minuto puede captarse el estilo de la verdadera comedia, que simboliza -quizá- las ganas de reirse sin tanto costo.
La película tiene un costado único y muy serio: añaden los gestos de una película de misterio, en la que estos tres deben investigar sus propios crímenes (por así decirlo) e investigar una inminente desaparición. Cada vez se va tornando más exagerada, graciosa, desesperante y, en su mayor depresión, absurda.
Todd Phillips, el director, es realmente un héroe. Alzar el género de la comedia a una potencia tal, es trabajo de héroe o dios. Sin embargo, tiene la fórmula de -aunque suene tonto, no lo es- una película infantil. Aventuras entre amigos. Un villano medio loco. Hora y media. Es, digamos, una película infantil... pero con sexo, drogas y fiesta. La inmadurez, por momentos, es notoria, y recae en las escenas donde aparece el villano, un hombre oriental interpretado por Ken Jeong. La película se va tornando una animación con, bueno, algún que otro enfoque subido de tono. A veces intentar hacer una comedia, del estilo -digamos- a ''Euroviaje Censurado'', puede tener como consecuencia excederse de idioteces y atravesar los límites de una película para adultos, aniñándose paso a paso.
En el largometraje pueden apreciarse excitantes imágenes de lujos, colores para saciar a los ambiciosos; unas cautivantes imágenes de paisajes desérticos y muchos tonos amarronados. Además de todos estos paisajes, combinados con algunas situaciones cómicas tanto a la ida como a la vuelta, pueden oirse como música de fondo, canciones de rap, hip-hop, para estimularnos y mostrarnos qué hay con lo que se vendrá.
Vale aclarar que enfrentarse a ''The Hangover'' significa enfrentarse a una película distinta. Hay muchas contradicciones en ella: índices de superioridad y de gran capacidad intelectual que se contrarrestan con escenas estúpidas, absurdas y patéticas, que se sostienen en el contínuo intercambio hasta el final de la película, donde los créditos finales parecen querer hablar, relacionándose con todo aquello que ha sucedido en la noche inolvidable que todos olvidaron. Está muy bien actuada; tanto Bradley Cooper como Zach Galifianakis sobresalen en sus papeles de -respectivamente- el profesor y el cuñado del novio. El resto realiza buenas interpretaciones, sin demasiados logros obtenidos, pero con muy buena química, al punto de hacernos creer sus lazos, personalidades, historias.
Todo el peso de la composición recae en el guión: Jon Lucas es uno de los guionistas. Se acostumbra a las comedias, y ya ha fracasado con ''Four christmases'' y con ''Los fantasmas de mis ex'', ambas películas bastante malas. Scott Moore es el otro, que sigue prácticamente la misma filmografía que el previamente mencionado. Nomás que en esta gran comedia, su trabajo fue superior, y pese a caer en momentos tontos en exceso, se nota la inteligencia y la predisposición a la hora de querer componer una película diferente, hecha para reirse descostilladamente, pero sin llevarla al convencionalismo, a lo obvio, a lo tan americano. Por momentos parecía un guión muy Coen, ya que suelen -cuando hacen una comedia- mezclar los aires de misterio y suspenso, con la comedia ácida (y estamos hablando de ''El quinteto de la muerte'' o la estupenda ''El Gran Lebowski''. Un poco de inteligencia no le viene nada mal a la comedia estadounidense; más, cuando todo, por malo o bueno que sea, tiene un fin sano: divertirse.
Puntuación: 7/10 (Notable)

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