lunes, 1 de febrero de 2010

La teta asustada: reflejo del temor y del amor oculto.

La teta asustada


Perú la envió como representante de su país, para los premios Oscar 2009. La película ha alcanzado un lugar entre las 9 mejores películas del año para el rubro de mejor película extranjera, junto a Kazajistán, Israel, Bulgaria, Argentina, Australia, Holanda, Alemania y Francia. Y en verdad, habiendo visto más de la mitad de las que están en selección, debo admitir que ha sido una elección muy justa, pues todas las películas aportan algo diferente, estrategias repletas de originalidad y todo el ejercicio oculto que hoy en día, Estados Unidos intenta recrear en sus películas. Incluso, películas como la fantástica ''El baile de la victoria'', ''Sin nombre'' y ''La nana'' que han quedado afuera, han logrado narrarnos una historia repleta de sensibilidad con gran estímulo. En este caso, Perú tiene una de las historias más fuertes y más agresivas (desde lo argumental) del conjunto. No sólo hace un análisis sobre una enfermedad, a la que el pueblo (y no los doctores) llama ''La teta asustada'', sino también hace una gran revisión de las costumbres y creencias, contando poco a poco cómo el amor, muchas veces, es más fuerte de lo que se piensa. Y sí, hay amor entre toda la oscuridad, entre todo el miedo que una mujer como Fausta, puede tener.
En medio del embarazo de su madre, Fausta pudo ver desde dentro el desgarro de su madre, quien fue brutalmente golpeada y violada en la época del terrorismo. Y habiendo crecido y habiéndose desarrollado con ese terror interno, sintiendo el corazón de su madre palpitar con mucha rapidez, se contagió de esta enfermedad, cedida a través de la leche materna. La madre cedió a su hija el miedo a que su libertad como persona vuelva a ser violada nuevamente, y así Fausta convivió aislada del mundo, principalmente de la gente y de las almas oscuras que la acechaban.
Una película que habla, sobre toda fría certeza, con demasiadas metáforas y muchas sensaciones en pleno desborde. Hay una creencia dentro del pueblo que da forma a una historia que, quizá, no sea tan así, aunque su argumentación está tan fuertemente dominada por el temor que se convierte en algo de ellos, algo intocable. Una creencia que formó, a su vez, a una comunidad de personas que sobre terror, han sufrido el dolor, y que lo han sufrido desde antes de ver la crueldad del mundo. Básicamente, dudo que la enfermedad se transmita a través de la leche materna, aunque sí está claro el hecho de que, desde dentro, uno puede sentir lo que su madre siente. Comparten, figurativamente, un mismo corazón y sufren simultáneamente. Fausta fue gestándose en medio de la situación política más difícil para el país.
Es una película para la mujer (de hecho, está hecha por mujeres). Habla de algo que, quizá, las mujeres puedan interpretar mucho más que los hombres. Todo el misticismo detrás de la palabra de un hombre con diploma, de todo lo que una madre puede sentir, de la profunda conexión entre una mujer y su bebé en plena gestación. A su vez, una conexión tan fuerte que tras la muerte de la madre de Fausta, ella sigue comunicándose con ella hasta el final de la película. Los personajes están susceptibles ante la partida, y principalmente Fausta, quien pretende conseguir dinero para poder enterrar a su difunta madre en un lugar bello lejos del lugar donde vivía. Ahí es donde ella comienza a trabajar como empleada doméstica y tiene trato con nuevas personas, con quienes encarna (desde diferentes aspectos) relaciones diferentes a las que hubiese pretendido. Sí, entre ellas está el amor de un hombre hacia ella, quien se niega por este temor. Por tal motivo, mucho antes, ha seguido el consejo de su madre e introdujo un tubérculo en su vagina (a modo de tapón, para que nadie pueda herirla... sí, otra de las tantas creencias y costumbres de esta pequeña comunidad de hijos/as de quienes fueron golpeados alguna vez.
Una historia que maneja como ninguna los sentimientos del amor y la fe, con imágenes de altísima emoción e interpretada convincentemente por Magaly Solier, quien evidentemente marca con su rostro débil todo el dolor que una mujer como Fausta pudo haber padecido tras ver durante la guerra, toda la crueldad que hería el cuerpo y el alma de su madre. Aferrarse al suelo, a las paredes y a lo seguro, temer y temer un escape de la reducida realidad, salir del acostumbramiento, de la rutina. Todos esos pequeños gestos que reflejan humildemente un alma en pena, en jaque para cualquiera con mayor poder que ella.
Ahora bien, tiene una fotografía bellísima. La anteúltima escena no excede el sentimentalismo, al contrario, uno se queda gimiendo en espera de algo más, la música y la conmoción visual deja al espectador en estado de hipnosis y en el proceso, transmitiéndole con seguridad el alivio del personaje, y seguramente su emoción. Por jugar e interactuar con el público como una película inteligente, que más que manipuladora es atractiva, y de ser atractiva no se la puede culpar. Maneja los contrastes con gran delicadeza, los personajes con muy buena destreza y todo el resto de la conquista se la llevan dos mujeres: Selma Mutal y Natasha Braier, encargadas de la música y la fotografía, respectivamente. Claudia Llosa (Madeinusa, también con Magaly Solier), quien la dirigió, la produjo y la escribió, realmente ha logrado manejar con sabiduría, un argumento que por el desborde de crueldad, pudo haberse ido por las ramas. Y no, una gran compresión de los hechos la narran con los recortes necesarios para no hacerla ni excesivamente fuerte, ni débilmente inútil.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Magnífica reseña, te luciste.
John (Lima-Perú)

Anónimo dijo...

Muy buena la película,muy triste, creo que es la primera vez que veo una película peruana, que lejos y que cerca estamos de los países latinos. Muestra un estilo de vida, creencias,las escenas relativas a los casamientos son increibles...V