domingo, 7 de marzo de 2010

El secreto de Kells: originalidad animada.

El secreto de Kells


Una película de animación que ha sido la sorpresa de este año. Visualmente implacable y argumentalmente interesante, esta pequeña coproducción entre Irlanda, Bélgica y Francia tiene una magia muy particular, que nos compromete a seguir el hilo de la historia hasta el final. Una de esas películas diferentes que están hechas para variar un poco los conceptos del género y no hacerla tan evidente. Nora Twomey y Tomm Moore dirigieron esta gran película de animación, siendo la primer experiencia de ambos en un largometraje cinematográfico. Buen arranque, ya que han logrado una merecidísima nominación al Oscar y ganarle a todo lo que se creía: contra todo pronóstico, esta película ganó lo que le correspondía por esfuerzo.
Una animación manual que registra básicamente el brillo de los colores, para hacer de ésta una experiencia más artística, mágica y atractiva. El uso de los tonos rojizos para experimentar con explosiones, llamas o con algunos personajes, parecen ser la clave para contrastar con algunas líneas sobre la pantalla, o pequeños gráficos que demuestran el período del sueño de Brendan o diferentes planes para esta odisea que pretende iniciar con un gato.
La historia gira alrededor de un muchacho de alrededor de 10, 12 años aproximadamente, que vive en la abadía de Kells durante la edad media. Todos los habitantes de la comunidad están dando su aporte para la construcción de un muro que proteja la ciudad frente a la amenaza y posible llegada de los vikingos, quienes pretenden arrasar con la tierra irlandesa. Este pequeño monje vivía en esta comunidad, trabajaba y vivía bajo la protección del hombre que gobernaba la abadía y mandaba al resto de los ciudadanos a construir. Era un sobreprotegido que recibe la visita (al igual que el resto de las personas) del Hermano Aidan, un hombre anciano que guarda un libro con secretos sobre la tierra. El hombre era un miniaturista y creaba en las páginas, un universo bellísimo casi microscópico. Usaba un tercer ojo a modo de lupa para poder obtener la concentración necesaria y, sin tanto temblor, hacer arte. Sin embargo, ha perdido este tercer ojo y sus manos cada minuto tiemblan más. Todos desconocemos cuanto tiempo más va a vivir, pero aún así sabemos que no está lejos. Al encontrarse con Brendan, decide encomendarle una misión. Primero, que consiga tinta para enseñarle el oficio, y más tarde, que vaya a buscarle el ojo perdido.
Ese es el momento en el que Brendan sale finalmente de la abadía y llega a un bosque con criaturas extrañas. Se encuentra con una lobezna, Aisling, que le ayuda a espantar a las terribles criaturas que acechan en SU bosque, y tiene una relación muy buena con ella. De este modo, las aventuras de Brendan empiezan, cuando debe rescatar el ojo en una cueva terrorífica que se devoró a la madre de Aisling. Mientras tanto, los vikingos comienzan a acelerar el paso.
Resumiendo la idea de esta película, este largometraje de 75 minutos tiene una estética interesantísima, pocas veces vista en el mundo de la animación. Al menos yo no la he visto, que soy poco fanático de ello. Rastros de tiza y un mundo lineal, de gran rectitud y sobre todas las cosas, mucho color. Todos los escenarios envuelven a la Irlanda que cualquier habitante del mundo puede llegar a imaginar. A esto se le suma la música, similar a la que muchos puedan recordar en la película ''Pandillas de Nueva York''. Hay inteligencia detrás de la idea, por más sencilla que parezca. Quizá estas historias de aventura las hayamos visto antes, pero dudo que así. Con el brillo reclamando la dimension que verdaderamente le corresponde, con el placer que produce verla, con el entusiasmo al que convoca plano a plano. Todo el conjunto como una pieza realmente conmovedora, con grandes intenciones y resultados muy buenos.
Los personajes secundarios sí pierden el brillo. No los culpo. La historia tampoco los involucra demasiado. No hay villanos carismáticos o muy marcados: hay uno que lo hace por simple protección, todo lo que uno pueda tomar (digo, como cualquier niño pueda concebirlo) como malévolo; el resto de los vikingos ni siquiera se ven, sólo se sienten enrojecidos por unas cuantas llamas que añaden puntos a favor. A falta de villanos, sólo hay personajes que frente a la magia que propone esta película, se ven desdibujados pero contribuyen a que el resultado sea, finalmente, algo agradable.
Película infantil que recomendaría a todos públicos. Una historia sencilla pero amena, para que grandes y chicos puedan disfrutar. No tendrá la presunta espectacularidad de una casa atada con globos y en tres dimensiones, ni cargará consigo tanta metáfora, o tanto realismo. Aún así, ésta película parece estar tan sólo predispuesta para que uno pueda disfrutarla como debe ser. No es excelencia pura y hay momentos escasos de color donde la película se achata: básicamente cuando hay exceso de paisajismo o el personaje principal está quieto. Los errores al hacer esta película demasiado breve y no aprovechar tanto los últimos 20 minutos, donde todo parece surgir de la nada y de repente, le restan. De cualquier manera, pese a toda marca que pueda tener, acaba disfrutándose. Esa es la idea.
Puntuación: 6/10 (Buena)