domingo, 7 de marzo de 2010

Harry Potter y el príncipe mestizo: la esperanzadora sorpresa de una saga decadente

Harry Potter and the half-blood prince



Segundo largometraje cinematográfico del director David Yates. Casual o causalmente, el segundo que hizo de Harry Potter. El primero de ellos fue ''Harry Potter y la orden del Fenix''. Esta, la continuación, es indudablemente la versión más madura, aceptable y seria que haya visto sobre este característico mago. Quizá, la más humana, profunda, la que menos necesidad tiene de desbordar la pantalla de tantos efectos especiales. Recordemos que las anteriores sí lo eran. En cada ángulo veíamos excesos, que ensuciaban una película que desde el principio, se ganaba el humanismo con la historia, tan solo. Sí, es todo acerca de un mago, pero no hay necesidad de mostrar tanta magia. Al menos creo yo.
De cualquier modo, eso hizo a la saga atractiva. El uso de efectos visuales llamaba a miles y millones de personas a las salas, y todos salían embobados. Claro que la adolescencia fanática, sólo lee estos libros y los de Crepúsculo; sabemos que lejos de vampiros o magos va a haber sangre y efectos especiales. El público lo aceptó, y por mayoría, en eso logró convertirse este fenómeno.
Yates parecía darle un giro a la historia con ''La órden del Fénix'', otra historia más o menos buena, pero que como el resto, acababa en el aburrimiento pleno. Ésta, por durar lo mismo, logró un dinamismo ''mágico'', particularmente difícil de admitir. Y sí, el contenido no es tan inmaduro como otras veces. Digamos que en cierto punto, ésto la favorece. La hace más comestible, más domable, más entendible (por su carácter humano y cercano al espectador).
Una estética oscura y desesperanzadora abre la sexta entrega sobre este mago interpretado por un ya crecido Daniel RadCliffe. Está anunciado que Harry Potter y Voldemort se estarán enfrentando finalmente a muerte. Tan sólo uno de ellos puede vivir, para enfrentarse al Señor Tenebroso. Sin embargo, Potter, quien cursa el sexto año en su universidad, comenzó a vivir una vida más independiente e informal, más humana. Los seres humanos forman parte de un universo mucho más real para él, más interactivo y agradable para sus humildes pretensiones. El deber acaba enfrentándose a esta cómoda vida, y Potter debe posicionarse y fortificarse para el previsto enfrentamiento. En la misma escuela, encuentra un libro de pociones que no sólo le dan poder en cuanto a la elaboración de las mismas, sino que pueden ayudarlo para esta gran rivalidad. Perteneció a el príncipe mestizo, alguien de quien Harry poco sabe. Su profesor, en cambio, sí.
El proceso de investigación y, más tarde, de práctica, abre el telón para un espectáculo que combina acción real y magia negra, algo ya visto pero por su carácter emotivo, mucho más emocionante. Para dar un simpático final a una película fantasiosa de dos horas y media.
Básicamente, sabemos que la historia está llena de incoherencias. Eso pasa cuando las sagas o los pruductos son demasiado largos. Pensemos en una novela diaria televisiva de un año de duración. Si uno piensa bien las cosas, está repleta de contradicciones y discontinuidades. Algunos momentos arrastrados al absurdo (ejemplifico con ''Valientes'', Gomez Acuña podría haber sido asesinado con un disparo y punto, pero no había novela), otros a la exageración (ejemplifico con ''Botineras'', se amplifican demasiadas ideas, se llevan a conceptos como la relación sexual obsesiva o peor, la prostitución en menos de lo que cante un gallo), pero a la larga, si el final es lindo y no se hace pesada, uno la aplaude. Es cuestión de encariñarse con los personajes, con la historia; de seguirla concentrado y de que acabe bien. Básicamente.
Quien no haya visto la saga completa, no se ha perdido nada. Todos los episodios tienen un cierre casi definitivo, con aberturas obligatorias para la continuidad. Y aunque termine mal, uno sabe que seguirá. Y está todo bien. La pregunta que surge frente a esta saga de aproximadamente 19, 20 horas de duración, es si el final definitivo será lo suficientemente inteligente y gustoso para que el público lo acepte y aplauda las ocho películas. O las abuchee con todo. Como Valientes, chau trío sexy, chau malvados, el final fue malo y el público odió el resto de la novela. Estos son los riesgos.
Harry Potter recurre a soluciones mágicas, a circunstancias a veces disparatadas que la hacen una locura total. Hasta ahora no hubo quejas, pero vaya a saber si esto sigue siendo así. En este caso, no hubo tantas ocurrencias extravagantes, la película se mantuvo en una línea discreta, sin tanta vibración ni efectos computarizados. Todo bastante moderado, oscuro, con una atmósfera que conserva su particularidad: la fusión de azules y negros. La historia en sí tiene buen desarrollo. Obviamente, lo más esperado se deja para más tarde. Pero el correctísimo manejo de la cámara, la temperatura de las escenas, las correctas interpretaciones (estamos hablando de algún que otro ejemplo sobresaliente y el resto, suficiente), hace que esta película sea una buena opción pochoclera, que lejos de ser obvia o demasiado tonta, consigue dar el golpe de la sorpresa. Por fortuna.
Puntuación: 6/10 (Buena)