viernes, 5 de marzo de 2010

Loco corazón: el pulso de un hombre del oeste.

Crazy heart


Una gran película de loco corazón. Fórmula que estructura su enésima experimentación con los párpados bien en alto. ''Crazy heart'' es una gran historia, que lejos de ser perfecta, es enternecedora y convincente. Jeff Bridges ha conquistado diversas entregas de premios por su interpretación de Bad Blake, un profesional de música country en una etapa complicada de su vida, con un nombre artístico que dejará de existir sólo cuando él muera. Para ningún artista es fácil enfrentarse a la edad de 57 años con poco que ofrecer y demasiadas complicaciones como para intentarlo. Aún así su obstinación es a prueba de balas. Logra conmover segundo a segundo con una interpretación que no es fácil, pero aún así este héroe de la actuación puede hacerlo. Un hombre aplastado por la vida que se enfrenta a una segunda oportunidad; un camino largo al descubrimiento y a la redención.
Con un elenco fantástico, que completan Maggie Gyllenhaal, Robert Duvall y Colin Farrell (los tres con grandes actuaciones, por breves que sean), esta película toma la forma de ''The Wrestler'' para narrar la historia del hombre arruinado en busca de un giro a su propia vida. Escapándonos de la clara idea de que una se trata de una adaptación y la otra no, ambas historias tienen muchas similitudes. Ambos protagónicos ganaron premios haciendo de profesionales (músicos/luchadores) adictos (droga/alcohol) y sumamente obstinados; sus vidas resurgieron desde que conocieron a una mujer, madre (Tomei/Gyllenhaal) de un joven de 4, 5 años, de profesión (bailarina/escritora) y a su vez, fueron éstas las que hicieron que ellos buscasen a sus hijos (Evan Rachel Wood es una y vaya-a-saber-quién en otra). Con problemas de salud buscan sobrevivir en un mundo del que se alejan. Sin ir más lejos y entrando a lo estadístico, de ''The Wrestler'' se destacaron la actuación protagónica masculina, la femenina de reparto y la canción de Bruce Springsteen. En la otra, la actuación protagónica masculina, la femenina de reparto y la canción ''The Weary Kind'' que ganó un Globo de Oro. Definitivamente la fórmula ha tenido varias experimentaciones, pero por fortuna, en ambas ha alcanzado altísimos niveles.
La historia, como más o menos he dicho, gira alrededor de Bad Blake, un héroe de la canción en un momento difícil de su vida que al encontrarse con quien le otorga una segunda oportunidad, se enamora e intenta vivir otra vida. Un drama muy Forster, con un poco más de frialdad pero con buenos planteos, situaciones cotidianas que de algún modo marcan las vidas de más de uno (el hecho que hace que ambos protagonistas replanteen su relación). Por sencilla que parezca, uno ya sabe al leer el título y al ver imágenes del lugar acompañadas por una guitarra, que está frente a algo realmente grande. Pero nada está dicho aún. En 105 minutos la historia va tomando forma, aunque todo el prolijo trabajo que se hizo con la segunda mitad, sobre la verdadera naturaleza del hombre, pudo haberse prolongado y haber formado parte de la primera mitad, un exceso de la vida del músico donde hay demasiado escenario.
El mayor problema de esta película... Mejor dicho, mi mayor problema con esta película, fue que se me hizo demasiado extensa. A mí. Particularmente. Toda la primer mitad, en la que el alcohol y la música era protagonista, hizo que llegase al boom de la película, una investigación al débil pero latente corazón de Blake, sin tantas ganas de verla. No había necesidad de subrayar con tanta insistencia, que el hombre era un alcohólico desastroso. Por suerte tuvo la solidez necesaria para conectarme rápido. De lo contrario, la película no me habría gustado. Todo el resto, una gran fotografía, buenas canciones, buenas actuaciones y un guión profundo, está en orden.
Lo que busca esta película es mostrar una vez más el proceso y el cambio. Todo lo que nos mostraron este año películas como ''Preciosa'' o ''Un sueño posible'', que con ayuda de otros uno puede cambiar su propio mundo. Es curiosa, en este caso peculiar, la realidad con la que se nos narra la historia. Desde un inicio sumamente poderoso hasta un final bellísimo, que parece atar los cabos que con unas cuantas frases dejó sueltos, ''Loco corazón'' es un drama imperdible. Está narrada con demasiadas idas y vueltas. Cosas que él no quiere decir, o teme, o desconfía; el lento descubrimiento de su alma que el espectador realiza a la medida que lo hace la muchacha que quiere escribir un artículo. Logramos familiarizarnos mucho con la historia, y somos lectores del alma de Blake como ella, un personaje que viene a ser el ojo del pueblo. Cosas que no están claras, tienen que ver con todo aquello que ELLA nunca pudo saber. ¿Qué sucedió con el hijo? Sabemos que la relación es complicada, pero no sabemos qué futuro hay en ella. Si lo hay. Todo parece conectarse, narrado de un modo diferente, muy interno. Todas las sensaciones y sentimientos, todo tiene mucha profundidad. Una de esas experiencias sensoriales que nos atrapa con fuerza; se agradece entonces a la capacidad interpretativa del elenco. La escena en la que Bridges y Farrell cantan, esa escena es indudablemente lo mejor de la película. Dos potencias de la actuación compartiendo un escenario y millones de ojos espectadores, observando la chispa que no se apaga con nada. Este tipo de momentos grandiosos, con dos estrellas que ponen su voz para sorprendernos, son los que a la larga, nos haya aburrido la película o no, hace que digamos ''acabo de ver algo grande''. Y ''Crazy heart'' sin lugar a dudas, lo es.

Puntuación: 7/10 (Notable)