domingo, 16 de mayo de 2010

Ricky gives you wings.

Ricky


Hay cosas que el hombre no puede explicar. Generalmente, esto sucede cuando lo que es cuestionado no está al alcance de sus conocimientos, que cada vez menos. Y puedo asumir, que lo que ha conseguido hacer François Ozon con ''Ricky'', una de sus más recientes películas (aún espero impaciente ''El refugio''), es completamente inexplicable -al menos, desde mi persona-, pues mi magnífico afán por entender sus intenciones no ha alcanzado siquiera a explicar al menos uno de sus (evidentemente) tantos propósitos.
El rostro de Ricky y su inicio me llevó a pensar que vería una película de altísimo contenido dramático. Probablemente esto se debió a la dolorosa escena inicial, que fue rápidamente abandonada, estancada en otro plano que no volvió a ser utilizado. Podríamos nombrar a este plano, como el de las ''emociones bien manejadas'', ya que en contadas circunstancias, la película nos volvería a regalar momentos de tanto melodrama como ése. Pero con el correr de los minutos, la proposición tuvo una transformación de enorme intensidad, posiblemente la causante de que al cabo de una hora y media, no haya podido entender demasiado lo que quiso decir o mostrar.
François Ozon es el responsable de grandes películas, como ''8 mujeres'' y ''La piscina'', dándome con ésto la posibilidad de pensar que vería algo inteligente, agresivo -quizá- pero mínimamente con algo de sentido. Esta comedia dramática con toques de fantasía (o, mejor dicho, esta fantasía con toques de comedia dramática) nos traslada a otro mundo lejos de lo real; sin demasiada explicación ni formación, todo parece ser demasiado ''normal'' para la familia, directa receptora de tan inmensa gracia. Una especie de ángel, por así decirlo, o un bebé de aparente buena conducta con dos alas en plena formación que brotan desde su espalda. Sus padres se conocen y forman, a primera vista, una conexión erótica que los lleva al acto sexual en un baño. Ella ya tiene una hija que va al colegio, pero es madre soltera, y al encontrarse con este español (que, bueno, vive en Francia) reconoce que el destino la ha enfrentado a la posibilidad de formar una familia de cuatro.
El período de gestación importa poco y nada, porque como he dicho, no es una película formada (ni académica; al contrario). Ricky nace en condiciones normales, crece en condiciones normales y duerme en una habitación cuidada y vigilada. Unas pequeñas marcas comienzan a desarrollarse en su espalda y frente a la acusación de ser un hombre violento, el padre decide marcharse de la casa, dejando a las dos mujeres con esta carga que luego se vuelve una gran sorpresa.
El resto de la película -cabe mencionar que traduzco ''resto'' por ''una hora''-, muestra las ''aventuras'' (por así decirlo) de un bebé con alas, siguiendo su inusual metamorfosis y la reacción de quienes le rodean. Cuando el caso se hace público (en un supermercado, bajo circunstancias completamente chocantes), la pequeña familia se ve acosada por los medios y una sociedad curiosa que pretende observar al fenómeno con sus propios ojos.
Si el mayor interés de Ozon es mostrar la explotación de fenómenos (y, para mencionar un largometraje glorioso, puedo citar como ejemplo de Lynch y su hombre elefante), realmente coincido en que su ambición es grande, y los resultados son muy buenos. Ahí sí, el circuito que forma ''Ricky'' pasa a tornarse dramático (e incluso todo lo que en un inicio nos hace ''reir'', puede convertirse en algo deplorable) y Ozon consigue el mejor marcador (dentro de las limitaciones que le provee su propia creación). Ahora bien, crear una comedia para sentirse bien, con aires de un Disney desolador y para colmo querer mantenerse firme con una seriedad hipotética y tan perversamente dispar, no me parece un buen escape para un ejercicio casi poético, adornado con un final conmovedor para derretir a la familia sobre sus sofás. Para juzgar esta historia hay que considerar (o intentar hacerlo en este tipo de casos) sus verdaderas pretensiones. Puede concebirse desde la realidad social, como enfoque de la clase obrera (''El hijo'', de los Dardenne, tratado con un poco de delirio), o incluso como un drama sobre la familia, y el amor, en una atmósfera repleta de cursilería y ganas de vivir. Pero nada encaja, toda escena parece ser independiente de otra, ciertos sentimientos quedan inconclusos, no logran tener fundamento y todo el resto parece quedar en la nada, en el gran esfuerzo de hacernos perder tiempo.
Es curioso que en este tipo de películas, donde el realismo con pinceladas de magia y felicidad, haya tan poco ofrecimiento por parte de los actores y tanta ridiculez en la presentación del proyecto. Este ensayo, sea del tipo que sea, no tiene el impulso suficiente para llegar al corazón o a la mente. Ni el estudio del caso para comprender qué está pasando, ni el calor del alma de los personajes para sentirse uno, como espectador, contenido en un vínculo intenso de fraternidad. Que narrativamente no tenga poder y que las intenciones de Ozon no estén claras, no quita que técnicamente ''Ricky'' se vea bien. De hecho, aunque parezca salvaje, me uno figurativamente a la colectividad de curiosos, pues realmente he gozado de ver esas enormes alas florecer poco a poco. Desde afuera, el espectáculo se ve (pese a todo) bastante bien.
Puntuación: 4/10 (Regular)

sábado, 15 de mayo de 2010

Carancho.

Carancho.


Hay personas asociadas a los excesos, a quienes usualmente se les van las cosas de las manos. Motivos sobran, pero aún así hay uno solo y puntual con enormes probabilidades de asociarse a este tipo de situaciones. Quienes por crear situaciones polémicas son elogiados, inventan (o mejor dicho, se apropian) un estilo que los identifica y que está claramente basado en una amplificación forzada de sus efectos en películas anteriores. Puedo mencionar el caso específico que más se acerca al de Pablo Trapero y su ''Carancho'', y es el de Park Chan Wook, director de la trilogía de la venganza (de la que se destaca, tanto crítica como comercialmente ''Oldboy: cinco días para vengarse''). Sabemos que con éstas, e incluso con la fantástica ''Soy un cyborg'', ilustra en la pantalla cine de verdadera categoría, de un estilo propiamente suyo. Hay locura y vueltas de tuerca infernales, pero que a la larga -pese a su enorme complejidad- alimentan al espectador.
Trapero, por su parte, demostró con ''Leonera'' (su anteúltimo largometraje) tener una mirada crítica de las cosas, colocando en ellas algunas cuestiones más personales (que pueden relacionarse con el resto de su filmografía) y adornando el plato con una crudeza infernal de -en ese caso- las situaciones en las que se vive dentro de una cárcel, o en las que viven las mujeres embarazadas dentro de la misma. Fue elogiado por una película que realmente lo merecía, una muy buena mirada de la vida paralela que no todos los ciudadanos conocen (por suerte). En ella mostraba violencia y sangre, maltrato, inseguridad e injusticia. Y fue bueno. Muy bueno.
''Carancho'' viene a ser una amplificación de ''Leonera'', una visión aún más aniquiladora de una cuestión actual (como lo son los accidentes de tránsito y los negocios sucios que se entretejen detrás de los mismos) inspirada en un clima sucio y peligroso. Lo que sucede con ''Carancho'', es que corre el riesgo de irse de las manos de cualquier director (argentino o no), y hasta puedo decir que si la hiciese el mencionado coreano (cuyo cine me encanta), podría ser algo muchísimo peor.
La historia (que, repitiendo la fórmula de la ganadora del Oscar ''El secreto de sus ojos, vuelve a combinar el thriller con el romance y el drama social) gira alrededor de dos personas. Ambos están destinados a enamorarse, e incluso sus labores, de algún modo, pueden complementarse. Como telón de fondo, un clima de inseguridad e inconciencia colectiva (ésto último forma parte de lo que más me molesta de la película) contenido en la sociedad que tan bien nos caracteriza. Del peligro, de toda la sangre utilizada para exagerar (o para convencernos del realismo conjunto de tantas colisiones) y de este vínculo pasional (que demuestra ser pura y exclusivamente erótico) nace una película con menos solidez de la que plantea.
La nueva película de Trapero no es más que un folletín de buena conducta, una carta de presentación prolija con un sinfín de intenciones detrás suyo, un boletín informativo para la conciencia de una nación que multiplica sus errores, una prueba de fe con hambre de premios, una producción que por soberbia, a Trapero le suena incómoda (no olvidemos en donde nace este gran director). Tan sólo un thriller con ganas de quedar bien, que va y viene -de principio a fín- simulando ser un núcleo de inteligencia o -peor aún- un programa de asistencia. Comienza con un informe que todos alcanzan a leer (en un límite de tiempo demasiado breve), pero que nadie logra asimilar; prosigue durante poco más de una hora con sangre en todas sus formas y cantidades, cadáveres putrefactos, violencia extrema, incisiones, traumas y huesos rotos, para acabar con unos diez minutos de resolución irregular que en lugar de ser original, parece ser extraída de algún comercial de ''Luchemos por la vida'', como para hacernos pensar en que somos nosotros los que hacemos las cosas mal. Ellos no. O al revés (en un segundo caso).
Para colmo, lo único humanamente rescatable es la relación difusa entre un ''abogado'' y una enfermera, siendo Darín un grande (una gran actuación) y esta última demasiado pequeña como para sostener su papel. Un personaje que mezcla ingenuidad con pasión y cansancio, aunque nada parece creérsele: por el contrario, en ningún momento se ve a ninguna Luján, sino a una actriz que en ''Leonera'', por suerte, ha hecho las cosas demasiado bien. Y sí, deja con muchas ganas de más. Las escenas en las que están juntos parecen ensayos de algo totalmente serio, hay demasiada desprolijidad, las miradas son demasiado sucias, aún más de lo que la historia plantea. Martina Gusmán no realiza una interpretación correcta, acercándose a una Shelly Duvall en ''El resplandor'' de Stanley Kubrick, haciendo el ridículo a lo largo del pasillo. La diferencia es que las películas son totalmente opuestas, y una está barnizada de sátira (lo cual, justifica algunas cuestiones); la otra se jacta de ser algo completamente formal, cuando desafortunadamente no logra el nivel de sus enormes intenciones.
El impacto que logra Trapero es enorme, eso no puedo negarlo porque, de hacerlo, nadie podrá creer que haya sido ésta la película que vi. De hecho, lo es. Este impacto no le juega a favor durante el eterno encuentro, aunque garantizo que no da lugar al aburrimiento y en muchos momentos, la atmósfera delictiva alcanza a sobornarnos. , Uno siempre está atento y abierto a más y más; algunos otros, asqueados de hemoglobina, quizá prefieran mirar a otro lado. Particularmente, creo que el impacto visual es algo fundamental para la elaboración de una película como ésta, siempre y cuando haya una composición estructural favorable, una solidez en la narración y sea interpretativamente creíble. Por eso mismo, insisto, el problema de este impacto es que se torna abusivo al enfrentarse a la falta de todas estas herramientas: se ve artificial y hasta desubicado, porque al ser el único medio de conexión entre la ficción y la realidad (dejando de lado, un ''segundo'' medio poco confiable como la propaganda hipócrita de la introducción), va perdiendo fuerza y encanto. Entiendo que las intenciones hayan sido buenas, y de hecho creo que técnicamente esta producción es brutal (lo cual no permite que el nombre del cine nacional decaiga), pero no creo que con ganas de impactar pueda lograrse demasiado. Al menos no ha sido éste el caso de Trapero.

Puntuación: 4/10 (Regular)

sábado, 8 de mayo de 2010

Sólo un hombre, la sorpresa del año.

Sólo un hombre.


Hay cuestiones que a la hora de pensar en esta película, deben aclararse. La más importante y, seguro, la de mayor interés para el pueblo: la homosexualidad es un planteo vago que tiene la historia (una película gay sin golpes bajos), pues en lugar de ser un manifiesto físico, es algo mucho más psíquico. De esto se gesta un estilo privado, que suelen interpretar las películas de calidad asiáticas (podría mencionar, puntualmente, las agrias de Kim Ki Duk y las melancólicas de Wong Kar Wai) en el que la cámara consigue introducirse en la mente de los personajes (puntualmente en su ritmo emocional, en la naturaleza de sus sentidos) y de algún modo, aunque una película no tenga diálogos (es un caso hipotético; aclaro, ''Un hombre soltero'' los tiene) puede entenderse completamente con sólo ponerse en el lugar del protagónico.
A ésto, se añade una visión profundamente brutal de un protagónico insuperable, que se ha convertido en -sin dudas- lo más grande del año, algo más abajo de Christoph Waltz. Colin Firth es, realmente, George Falconer; su espíritu demacrado, su desesperanza y su modo de vida deplorable lo va conduciendo a un final predecible: aún así, lo que propone esta película no es un movimiento de tipo biográfico en el que se detallen ''las desventuras de...'' (un personaje frustrado en el amor, alguien que se quiere reencontrar en el más allá, alguien que tiene fe, etc.), sino que -siguiendo las reglas de una road movie estática- consigue mezclar un ser humano detenido en el tiempo (como el mismo Pablo Rago en ''El secreto de sus ojos'', con ya nada más que hacer en el mundo que vengarse) con personajes que intervienen directamente en sus pensamientos, en los de un individuo sin decisión propia, dominado por la conducta ajena y el punzante dolor. Durante el largometraje vemos una serie de personas (hombres, mujeres) que van mostrándole que el mundo puede estar peor , y además que en las condiciones que se halle, siempre es mejor estar acompañado.
Dejando esta observación de lado, la temática principal de la película sufre una enorme transformación tras la proyección del primer cuarto: es que inicialmente, parecía proponer ''Un hombre soltero'' que el miedo -alrededor del cual se suceden las diferentes situaciones- era a la diferenciación sexual (vamos a mencionar que el protagonista tuvo amoríos con mujeres, pero tiene obsesión y un característico encantamiento con los hombres en general, y está enamorado de un difunto a quien guarda en su memoria, a quien recuerda en su intimidad); sin embargo, a lo largo de la película, vemos que el planteo viene por otro costado, y es aún mucho más deprimente, frío y desolador. La vejez, muestra a personajes que ya no tendrán posibilidad de reconstruir sus vidas, incluso por sus pocas ganas de hacerlo. Quien ha vivido 16 años con un hombre que ha partido sin quererlo, quien ha visto a su esposo irse corriendo de su casa con otra mujer o quien limpia casas y muestra en su débil mirada estar enamorada de su patrón. Otros, en cambio, participan en esta transición de un modo más activo: Carlos, ese turista español con el que se encuentra, busca emociones y nuevas miradas de compasión en los Estados Unidos; su alumno, un hombre joven que ve en él una persona perfecta para confiarle sus sentimientos. Se deduce entonces que la juventud es algo interno y está basada en los ánimos de cambiar la vida de quien carga con ella, diferenciándose de un hombre que comienza a rejuvenecer el día en que, de algún modo, decide terminar con todo. Ahí es cuando dos enfoques tan fuertes se anteponen, y de esto nace una pregunta crucial: ¿Debo tomar ésto como un aviso, como una segunda oportunidad o seguir a mi corazón? Por ser tan compleja la cuestión, la resolución es -quizá- la más acertada.
Desde un inicio desconcertante pero alucinante, con una musicalización que ya comienza remitiéndonos al cine asiático, una introducción emotiva, hasta un final tan delicado y atosigante como inesperado, uno puede resumir que ''Un hombre soltero'' es una obra maestra con todas las letras: por su visión artística, el humanismo de las relaciones humanas e incluso aquel sacapuntas tan pequeño pero significativo que cualquiera ha querido ''ganarse'' algún día, prueba del respeto a la experiencia, a la posibilidad de creer en un hombre que busca depositar sus emociones en otro ser, alguien a quien -tras ocho meses de su muerte- busca apasionadamente, y no en vano.
Con el pasar de los años, de ser más valorada de lo que hoy es, probablemente logre ser considerada una película de culto: por sus referenciaciones históricas y artísticas, por su modelo narrativo (aunque yo no esté del todo de acuerdo) y por la sucesión de secuencias puramente melancólicas, que -básicamente en los primeros minutos- consiguen emocionar a pleno. Además, no sólo Firth como actor, sino como Falconer como personaje están extraordinariamente logrados. No es una película perfecta, pero tiene todo para que el público se sienta atrapado por la historia: su mayor error es dejar tantos cabos sueltos, tantas imágenes en el olvido, lo cual no es más ni menos que un capricho de -seguramente- cualquier espectador.
Para interpretarse como un drama psicológico, es sumamente necesario añadir a las miradas extensivas de paisajes memorables, momentos y fijaciones que expongan la verdadera naturaleza del hombre soltero: la escena en que un grupo de estudiantes están jugando al tenis, por ejemplo, y él detiene su mirada (no perversa, pero sí de encanto) en ellos mientras otro le habla; y él no permite que el otro reconozca en él y en su mirada el foco de su verdadero interés). Todo un logro, que se extiende además en todo el resto de la película; la cámara persigue con calma su visión apreciativa de las cosas, incluso en su extraña relación con Charlie (Julianne Moore), a quien ama profundamente. Los noventa minutos de este drama romántico dominan nuestra percepción emotiva y logran, por lo menos, crear un clima ameno. A esto, añade una reflexión artística fabulosa, un panorama psicológico íntimo y revelador, una atmósfera tan angustiante como posesiva, de gran encanto que nos aleja del mundo y nos instala en la congoja de este irregular George Falconer, para arrancarnos una sonrisa o una lágrima, en la instancia que sea.
Puntuación: 9/10 (Excelente)

martes, 4 de mayo de 2010

Detrás de todo hay niños, sugiere el señor.

Tras un gran período de ausencia en este sitio, decido ''reiniciar'' como pueda con una película que, hace alrededor de 4 días, volví a ver por cuarta vez.
De esta experiencia logré extraer no sólo un extraordinario espectáculo, sino algunas cuestiones que me demostraron cuán fuertes son las posturas que pueden llegar a tener otros espectadores, ajenas a la mía.
Esta película es un monstruo vicioso, dirigida por Michael Haneke (Caché, Le pianiste) que merece ser vista por el pueblo entero, aunque principalmente por la juventud.
Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes del 2009 y de otros tantos premios (como el Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa), esta injusta perdedora de los últimos Oscar le ha dado un lugar no-tan-injusto a la argentina ''El Secreto de sus Ojos'', que pese a no estar a su altura, tiene la fuerza suficiente para que el premio no la aplaste.

Póster de ''La Cinta Blanca''

Ya habiendo hecho una crítica de la película (y, admito, que no me callé en cuanto a mis opiniones en su momento), propongo una breve opinión sobre la misma. Aunque palabras son pocas, esta película es, en definitiva, una historia de la que todo el mundo debe ser testigo.


¿Por qué...?

DAS WEISSE BAND - Eine deutsche kindergeschichte.
La cinta blanca.

A cualquier argentino debe producirle cierta tensión asumir que el triunfo de ''El Secreto de sus Ojos'' en los últimos Oscars, por apasionante que haya sido, tiene motivos ajenos al voto por calidad, al juicio competitivamente sano. Como espectador, no dudo de la excelente calidad que ha demostrado Juan José Campanella en su más reciente largometraje (director, además, de enormes películas nacionales como ''El hijo de la novia'', ''Luna de Avellaneda'' y de producciones norteamericanas, como ''El niño que gritó puta'' y capítulos de famosísimas series como ''Dr. House'' y ''La ley y el orden''). Sin embargo, aunque nuestra selección como país haya sido la más acertada, sólo basta con ver una vez algunas de las películas que han desfilado como ''los enormes paredones que, de alguna forma, han tenido la chance de ennegrecer el destino de 'El secreto...' en determinadas entregas''. Algunas de ellas, para hacer mención, son la holandesa ''Invierno en Tiempos de Guerra'', la francesa ''Un profeta'' (dirigida por Jacques Audiard, uno de los directores que mejor manejan la introspección e intimidad de las escenas más intensas, como ha probado en ''De latir mi corazón se ha parado'') y la alemana (o austríaca) ''La Cinta blanca'', dirigida por Michael Haneke (uno de los directores más trascendentes de los últimos tiempos, de películas como ''Juegos Sádicos'', ''La profesora de Piano'' y principalmente ''Caché'', que en conjunto forman un estilo usualmente difícil de digerir pero muy inteligente).
Tampoco quito que la holandesa y la francesa tengan calidad de sobra. Pero hay algo especial, misterioso e incontrolable, que gira alrededor de la narración de Haneke y hace de esta película no sólo la mejor de este año, sino además una de las mejores de la década (pudiéndola ubicar a la altura de ''El pianista'' de Polanski, ''Requiem por un sueño'' de Aronofsky, ''Babel'' de Iñarritu, ''Gran Torino'' de Eastwood y, la que supera sin lugar a dudas a todas las mencionadas, ''La vida de los otros'', de Florian Henckel von Donnersmarck).
Una de las cuestiones que convierte a la protagonista de esta nota en única, es que (por increíble que sea) va extendiéndose en nuestra mente y de algún modo va atrapándonos cada vez más a la medida que insistimos con ella y nos damos el lujo de volver a verla. No es casualidad que me haya arrastrado cuatro veces a contemplarla, y el placer fue totalmente progresivo. Pero se requiere de demasiada inteligencia para, en base a un hecho tan plasmado en el cine (o en el arte, si se quiere) como la Primera Guerra Mundial, poder representar la originalidad y jugar con ella, moldearla y convertirla en una joya de enorme valor, para el cine y para la sociedad misma.
Para quienes ignoran su argumento, seré breve en mi explicación, pues es ya un crimen mencionar un nombre sagrado como el que lleva esta historia y es algo mucho más perverso querer hablar de su historia, pues por enorme que parezca nuestro vocabulario, no hay palabras en este mundo para definir tal increíble acierto y descubrimiento. Me limitaré a hacerlo desde lo objetivo, aunque al final de la nota, esta pequeña y humilde frase suene completamente polémica para cualquier lector. Un viejo profesor, que ha vivido en una comunidad al norte de Alemania en los años previos a la guerra, narra desde su perspectiva los hechos que recuerda haber vivido (o que le han contado) en aquel lugar. Son misteriosos, atroces, salvajes y curiosamente consecutivos, pero todos atentan contra la aparente armonía de la pequeña sociedad. De este modo, a partir del repaso de cada uno de estos hechos, pueden elaborarse incontables conclusiones acerca de lo que ha podido ser la máxima causa de la Primera Guerra Mundial: el odio, la furia, la venganza.

Intentando controlar las llamas en la propiedad del Barón.

Vemos, entonces, como niños, mujeres y adultos son expuestos al riesgo en una sociedad iracunda, misógina, degenerada y despiadada. Como cada uno de estos personajes en juego (para mencionar, un Pastor que impone orden en nombre de Dios; un Barón y su esposa que intentan defenderse de ciertos ataques; un maestro que en medio del caos busca la paz y el amor; un doctor, que por cuestiones claves debe permanecer fuera del lugar un largo tiempo y los hijos de éstos -o de algunos de éstos, lo cual puede justificar el proceso narrativo y el énfasis de una postura firme e implacable como la del docente-), van intentando atravesar la negrura con la que se decoran los vastos campos, la tenebrosidad de una tierra más infértil de lo que parece, la niebla que se asienta sobre cada una de las aldeas advirtiendo que la guerra es totalmente predecible (o peor, dejando bien en claro que la misma será incontrolable), todo en conjunto con una fotografía en blanco y negro que marca mejor este tipo de contrastes, y donde las escenas de maldad están iluminadas, donde la oscuridad parece encerrar la bondad y la sagrada niñez (los niños que sollozan por la noche, a oscuras, y abren puertas que los llevan a ver cosas que no deben); así, es donde La Cinta Blanca (una metodología que usa el pastor para recordar a dos niños revoltosos la pureza y la inocencia) se convierte en un campo donde nada es lo que parece: donde hay santos, hay perros; donde hay calma, perturbación; donde hay paz, guerra. Y toda la película está de cabeza: gira alrededor de un eje malicioso y le da pinceladas blancuzcas. Toda una sutileza.

La destrucción de la cosecha anual.

Este drama, puede considerarse ''una precuela de cualquier película bélica, o que aborde temáticas bélicas'', como la extraordinaria ''Noche de Paz'' (que hace unos cuantos años ha pasado de largo), un fenómeno de múltiples interpretaciones entre las cuales se halla la que, presumo, ha querido instaurar el austríaco. No digo que lo que pienso sea cierto, o que lo que cualquier otro vaya a decir también lo sea, o no, aunque estoy seguro de que la diversidad de enfoques es la principal justificación de tal extraña historia: de algún modo, que una película logre sobre nosotros una hipnosis tan acentuada en un mundo donde lo intelectual está en extinción, merece elogios plenos y una visión atenta y sensible.
Que muchos la consideren un retrato sobre la educación, sobre adultos marcados que intentan enseñar las mejores rutinas de escape a sus hijos (la política, la religión o el trabajo) y que así se muestre una cinta blanca como símbolo de la bondad mínima que aún resta (y aclaro, que coincido principalmente con ésta); que otros, se inclinen más a pensar en la historia como imagen viva de una realidad hecha testimonial y que en ella, pueda ejecutarse cualquier tipo de acción y reacción; que otros, la vean como un estudio de la sociedad en un lugar y tiempo determinado (insistimos, Alemania, 1913) y que finalmente unos pocos la tomen como un entretenimiento (o por qué no, un aburrimiento) de dos horas que simplemente quiere aparentar clasicismo con el blanco y negro y no hace nada extraordinario.
Sin ser seguidor del cine Haneke (aunque haya visto, sí, muchas de sus películas), puedo creer que se trata de una narración crítica que pasa directamente por el término EDUCACIÓN, pero que además critica cualquier NARRACIÓN. Separándose el autor del narrador, uno critica al otro (de algún modo) y no lo tilda de mentiroso, sino de subjetivo (no por eso niega que sea real). Paralelamente, hace un fantástico estudio de causas, de la acción y reacción que figurativamente ha constituido un gesto de justicia: la ''V'' de la Venganza en la película de McTeigue, y que acá se vuelve carne: desde una primera ocasión donde el porqué es desconocido (vamos a suponer la acción de cualquier piedra del mundo sobre una masa acuífera completamente estática) hasta las perturbaciones que llegan a las costas y que dependiendo de la fuerza que ejerce (del poder, o de la maldad) pueden producir inundaciones. Sabemos que detrás de la primer víctima hay una familia, un pueblo que necesita de ella; que de la segunda hay almas en pena buscando vengarse; que de la tercera, hay un pueblo entero perjudicado por la actitud feroz de los vengadores que pueden seguir la cadena con eslabones mucho más amplios... y de este modo, inevitablemente, el pueblo se conduce a una guerra que ha aniquilado a enormes cantidades de personas en un contexto mucho más grande. Las diferencias de clases, para mencionar un caso esquemáticamente amplio y el odio de una familia (para suponer otro caso íntimo que puede generar complicaciones en el ''afuera'', como ''Sólo un sueño'' de Mendes), llevan al caos global, a grandes repercusiones que se han convertido en, nada más y nada menos, algo devastador, sangriento, oscuro y muy difícil de ''explicar''.

Respeto hacia el Padre. El perdón de una plaga de niños.

Unas líneas antes, he hecho mención del personaje del profesor como un hombre con razones de sobra para tomar una postura. Si habla cincuenta años después, cuando (seguramente, y a juzgar por su edad en aquel entonces) ya todos han muerto, es porque no ha logrado las condiciones justas para incriminar al responsable que sea en la sucedida oleada de crímenes, sin salir perjudicado. El docente es miembro de un sistema educativo con mucho menos poder que la religión (de aquí extraemos ''un pastor que muestra a unos niños el camino de preparación para la confirmación, tiene muchísimo más poder que un docente de cualquier otra área'', sin escaparnos de la ubicación espacial y temporal) y se encuentra en desventaja a la hora de dar testimonio contra ''gente sagrada'' (por falta de pruebas o por cobardía), y calla; nada indica que su versión sea mentira, o no (en la historia no hay certezas, ni siquiera podemos asumir que toda la película, aunque no determine culpables, lo sea), pero tiene sus sospechas, que permiten que el título original de la película (Das Weisse Band: Eine Deutsche Kindergeschichte - ''La cinta blanca: historia de niños alemanes'') se refiera directamente a SU PROPIA VISIÓN de los delitos acontecidos en la comunidad.

Los niños de aquí para allá haciendo ''caridad''.

Si un padre tiene tres hijos y en la esquina ha ocurrido un asesinato, en los cinco minutos en los que éstos han estado afuera, jugando en la esquina, no se han hallado a los responsables, y los muchachos comienzan a desarrollar actitudes fuera de lo común... entonces este padre PUEDE (de hecho, hay enormes probabilidades de que lo haga) dudar de ellos, y cuestionarlos hasta que confiesen. En la época, esta relación de paternidad también existe y no tiene grandes diferencias. Pero junto a la ira y al terror, a la injusticia y al odio, existe el orgullo, y ningún padre permitiría JAMÁS que otra persona vaya a culparlo (o a culpar a sus hijos), por lo que se define que quien juzga, seguramente no sabe lo que se siente por no tener hijos y lo hace sin medir lo que el otro pueda llegar a pensar.
La postura de cualquier otro personaje (ponemos a ''La cinta blanca'' bajo la voz del barón, del pastor o del doctor), ¿Habría culpado a, puntualmente, quienes ''culpa'' el profesor? Y las versiones pueden ser millones, y muy variadas. Desde la ignorancia de ciertos episodios hasta el orgullo como impedimento de que una verdad se revele.
Puntualmente Haneke usa como recurso a su historia para CRITICAR al narrador en general, en su afán de ser objetivo -aunque como en cualquier ser humano, este intento se convierte ligeramente en subjetividad pura-, a través de una mirada personal, propia (que puede emitirse o no, para elaborar hipótesis o, de modo prematuro, conclusiones presuntamente exactas). Considero válido aclarar que la historia no parece ser manipulada por las intenciones de llevar a cabo esta crítica, ni convertirse en una excusa: por el contrario, las opciones que restan pueden hablar de una inteligencia superior capaz de combinar ambas cuestiones, o de una grata coincidencia.
Cabe destacar, y dejando de lado nuestras múltiples miradas a las intenciones del director, que el panorama social e histórico que plantea la película carga con un serio realismo, con una desesperanza que pocas películas han expuesto en este tipo de argumentos (nuevamente menciono al Polanski de ''El pianista'', historia de supervivencia durante la Segunda Guerra Mundial) y que sirve (como referente al sistema educativo) para explicar determinadas cuestiones que abarcan, aunque no lo parezca, más de una temática integrada a la vida social. No sirve sólo desde la historia (pues la historia no es un invento loco, sino una idea probablemente cierta como elemento incluido en los límites que se manejan), sino también desde lo narrativo (el estudio de las voces y las posturas, el hipotético enfrentamiento entre la voz del autor y del narrador, de quien aparentemente se hace responsable el mismo Michael Haneke) y, además, desde lo psicológico (el maltrato que uno puede ver entre las paredes de las casas, y cito el caso del doctor, su amante y su hija; el sufrimiento de un niño que aparentemente sabe demasiado y calla) y lo religioso (el exceso de fe, posible causa de las tendencias depresivas y suicidas del mismo joven que evidentemente algo CONOCE). Una observación que considero válida, para compartir: el niño ''suicida'' (que debe permanecer atado a su cama) pone a prueba a Dios, para ver si lo quiere o no dentro del mundo. La persona encargada de su educación es un pastor que, obviamente, vive de y para la fe. ¿No puede interpretarse como un ejemplo de este efecto dominó, que la educación de un adulto marcado lo lleve a una vida posiblemente oscura? ¿No puede entenderse LA FALTA de educación, de conocimiento, de verdad, para dar inicio al caos global?
Finalmente, un elemento clave, luminoso, esperanzador en la drástica historia. La piedad y el amor, como rutas de salvación individual y colectiva. El profesor vive una relación sumergido en aguas negras. Los niños lloran a la vida, a la falta de amor y piden perdón, o dan segundas oportunidades (como el niño al pájaro herido). Para una mecánica armamentista, ¿Qué mejor cosa que una dosis de humanismo para justificar que hoy permanecemos vivos?

Se abre el telón a los tiempos de guerra.

No es necesario añadir que, aprovechando su proyección en las salas de cine del país, Argentina debe verla. De este modo, quizá comprenda no sólo de qué se trata el cine, sino también por qué unos cuantos argentinos hemos dicho que ésta película era la mejor del año.

Saludos !