sábado, 31 de julio de 2010

La isla siniestra.

Leonardo DiCaprio protagoniza ''La Isla Siniestra'', una película de suspenso psicológico mezclado con una dramática y perturbadora historia cuyo orígen proviene de la Segunda Gran Guerra. Este innovador y estético ejercicio, que ha podido verse en cines hace unos cuantos meses, es una historia ambientada en los años 50s, que nos muestra (a quien quiera entenderlo de esta manera) cuál es el grado de locura de quienes han matado a seres inocentes, o de quienes han visto a su familia desintegrarse. Para otros lectores, no más ni menos tercos (pero diferentes lectores), es una historia de cómo la política influye en la necesidad de montar y ejecutar diversos procesos para propio interés. Una dualidad que conforma poco más de dos horas de una película inteligente pero cargada de misterio. Muy recomendable.

Shutter Island.


Al ritmo que lleva el año cinematográfico, probablemente podrá considerarse a La Isla Siniestra (Shutter Island) como una de las mejores películas del año. No porque haya sido una cinta sobresaliente, sino porque está formada en base a uno de los mejores libros que se hayan publicado, y además, el mejor libro (entre los que he podido leer) de Dennis Lehane, el creador de esta magnífica historia. Además, a ésto le sigue un fantástico trabajo en la adaptación, lo cual sorprende considerando el riesgo que otorga el mero hecho de trasladar una historia tan pesada al campo audiovisual. Digo pesada, ya que todo lo que sucede en ella es una fusión de sensaciones demasiado internas, vinculadas con la mente y su deterioro. Uno puede resumir el argumento del libro o la película como la historia de un hombre perdido en un mundo sucio, tratando de develar su identidad. Nuestra impresión está repleta de ambigüedades, más cuando sabemos que esta moneda combina una realidad y una fantasía cuyo planteo nace desde la locura de unos y la cordura de otros.
La película gira alrededor de un investigador que llega a una isla cuya única salida es un viejo muelle. En ella, hay un centro psiquiátrico para los criminales más peligrosos, que ningún otro centro está habilitado para tratar. Tras el ingreso de este sujeto, acompañado por otra persona, deberá investigar la desaparición de un paciente que increíblemente ha escapado de la celda. Nadie parece saber demasiado, aunque sus ojos parecen saberlo todo. Es ahí cuando, en medio de esta investigación, empiezan a develarse nuevos misterios de manera paralela a la que uno, como espectador, va descubriendo el pasado del investigador y las razones por las cuales ha aceptado ese trabajo. Es este el punto de inflexión entre la vida profesional y la vida personal, sobre cómo las emociones son capaces de intervenir en determinados proyectos, y sobre cómo a veces una se convierte en la sombra de la otra. A la medida que transcurren los minutos, que se van interrogando a los pacientes de diferentes pabellones, que se va recorriendo la isla (totalmente custodiada) uno puede ir viendo qué es lo que realmente sucede, hasta que la verdad se torna demasiado confusa: es ahí donde la mente (suya) lleva a cabo su actuación, siendo la única capaz de revelar las verdades que ocurren en este siniestro lugar.
Un trabajo donde la locura y la cordura son protagonistas enfrentados por diversos intereses. Detrás de éstas hay personajes, ocultos en lo que personalmente pretenden. La Isla Siniestra es un ejercicio tan redondo que al finalizar la película y volverla a ver, la balanza entre dos grandes posturas que plantea el desenlace está demasiado equilibrada. Lo suficiente, como para seguir generándole a uno la duda sobre qué es real y qué es tan sólo una fantasía de la mente. También, la inclusión de flashbacks que están distribuidos principalmente durante la primer hora y que nos muestran ciertos momentos de la vida de Teddy Daniels (su desempeño en la guerra, sus errores en la misma, su relación con su familia, su esposa) permiten que la comprensión de la película tenga mayor fluidez, aunque no sea éste el caso de la lectura. Nada es lo que parece en esta cinta de suspenso psicológico que añade además enormes dosis de drama para que el trabajo no sea en conclusión otra película de apariencia fría y superficial, sino que use ese calor de las emociones para poder delimitar mejor los espacios de cada personaje y justificar cada una de sus acciones.
La tensión se sostiene tanto en el libro como en la película. Vale aclarar que el autor, es también responsable de dos grandes trabajos llevados al cine: ''Desapareció una noche'' y ''Río Místico'', protagonizadas por Casey Affleck y Sean Penn, respectivamente. El pasado genera el presente, ambientado en los años '50, época americana fantástica para que los intereses de los que hice mención anteriormente tengan un rumbo más político. El contexto sociopolítico puede, a la larga, justificar casi enteramente las inescrupulosas acciones de lo que inicialmente creemos que es algo malo, pero que pese a su convicción puede ser lo único realmente bueno de la película.
El elenco está formado por grandes intérpretes. Leonardo DiCaprio, interpretando al investigador Daniels y realizando una actuación brutal, Mark Ruffalo, Ben Kingsley (fenomenal), Max von Sydow, Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Michelle Williams y Jackie Earle Haley.
Quienes la vean, verán una estética que puede aproximarse (dentro de la filmografía del director, Martin Scorsese) a la de ''Cape of Fear'', la remake que ha protagonizado DeNiro a inicios de los 90, con tonos oscuros, entre grisáceos y verdosos y rojos brillantes, de apariencia algo clásica aunque no tan coincidente con la época en que se desarrolla la historia. El lugar da una apariencia muchísimo más reciente y quizá una de las últimas cosas que pueden creerse, es que estamos anclados en la mitad del siglo XX. De cualquier manera, el guión está repleto de encrucijadas que nos permiten llevarnos dudas inquietantes, las interpretaciones son espeluznantemente magníficas, la banda sonora es perturbadora y ciertas imágenes (principalmente las que constituyen estos flashbacks que realiza la mente del protagonista o que se disponen para justificar ciertas reacciones de la misma) son hipnóticas. Películas inteligentes hacen falta, y más cuando se trata de películas comerciales; un trabajo que puede sintetizarse como redondo, aunque claro, imperfecto.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)