miércoles, 28 de julio de 2010

Toy Story 2: la decadencia.

A continuación, la crítica de una nueva secuela encargada de destruir la primer parte. Sin embargo, no es tan mala como otras tantas segundas partes, y ofrece un buen producto para pasar el r ato, siguiendo con la historia de el niño Andy, el Comisario Woody, el Astronauta Buzz Lightyear y el resto de los personajes unidos en una nueva aventura. Una interesante propuesta que pese a la falta de logros, merece ser vista mínimamente para vincular su predecesora y su sucesora.

Toy Story 2.


Cuatro años más tarde del éxito arrollador de Toy Story, se proyectaba en las salas de cine una secuela, justificando una vez más la eterna teoría de que las segundas partes son inferiores a las primeras. Usualmente también lo son en comparación con las terceras (El señor de los anillos, para mencionar una que puedan conocer todos los lectores), pero no viene al caso. Nos ubicamos en el final de un milenio, donde no existían terceras partes de esta aparente obra maestra animada. Lo que pretendía era generar una ampliación de los horizontes, para que un grupo pequeño de personajes no causase aburrimiento, o quizá para que (siendo la historia casi idéntica a la primer parte) no pareciesen exactamente iguales. Además, se convertía en el orígen del ciclo que en estos tiempos seguiría Pixar con sus películas, llenas de momentos sentimentales, emotivos e incitaciones a la lágrima, a la compasión o incluso a la angustia. En esta historia ya no hay rivalidades como antes entre lo viejo y lo nuevo. Los mundos están salvajemente ligados por una misión, que es ''estar para el joven que les ha permitido estar juntos un minuto, mes o año más''. De este modo, comenzarán a generarse situaciones que volverán a romper con la armonía. Claro está que el joven todavía no ganará protagonismo, y que los muñecos sostendrán todo el peso de la historia. Para colmo, el argumento que compone la aventura es más o menos similar a la anterior parte, por lo que se requieren elementos que las hagan diferir. Éstos pueden enumerarse de manera irregular, ya que no quedan tan bien expresos en la cinta. El peso de la fama, por ejemplo; el uso del corazón de un muñeco que carece de él (debe tomar decisiones y tiene además de presiones, un pasado al que respetar y ambiciones que lo harán obviamente usar la cabeza y pensar en un plan que pueda darle todo lo que precisa) y la aparición de personajes encubiertos (de apariencia bondadosa, pero en el fondo, villanos).
En este acto, los juguetes que están algo rotos o que Andy considera ya obsoletos, formarán parte de una venta de garage (común en la sociedad americana) y seguirán sus rumbos, sea adonde sea. Es acá donde aparece un personaje muy particular, un villano que se disfraza de pollo y que pretende ganar dinero con Woody y una serie de nuevos personajes que sin que el Comisario lo sepa, han sido íconos de la televisión años atrás cuando el western ha sido ''la moda'' (en Estados Unidos, este género pierde el oxígeno a finales de los años 70s) de unos pequeños grandes fanáticos. De aquí nacen estos nuevos rostros (un caballo llamado Tiro al Blanco y una joven muchachita de cabello rojo cuyo corazón parece mirar fijamente al vaquero) y esta nueva historia, que convierte a Woody en el personaje de quien depende la felicidad del resto de estos nuevos muñecos, obligándolo a tomar una decisión: irse con ellos a Japón, permitirle al inescrupuloso nuevo propietario invertir y ganar dinero y olvidarse de Andy para siempre o volver con su vida normal y dejar a estos adorables plásticos en una bolsa de basura.
Como he dicho, los personajes Pixar son ambiciosos (querrán no sólo sobrevivir a instituciones de ancianos, sino también llevarse su casa y sus recuerdos al sur del continente) y querrán mantener la balanza equilibrada. Por lo tanto, el desenlace se convierte en previsible, pero en este curso comienza a desarrollarse un nuevo concepto: el aburrimiento. En una película de casi una hora y media, todo parece demasiado; principalmente, que cada escena que compone la última media parezca la última, cuando en realidad es la generatriz de una nueva. Además, el costado dramático también dirá presente cuando se relate el pasado de uno de estos nuevos personajes, que con una música intolerable de fondo narrará el abandono. Quizá, lo que para muchos sea lo más humanamente sólido, personalmente es mera hipocresía. En cuanto a la aventura, el suspenso poco serio al que recurre la misma historia, la presión generada, está dada por uno de estos personajes encubiertos, innovadores para el curso de la saga en cuestión: un viejo que no sale de una caja, y que sólo lo hace cuando su egoísmo lo dicta. Pero supongo que de no haber existido, este largometraje habría sido demasiado corto para considerarse serio.
En mi opinión, esta segunda parte es la menos lograda: por su falta de emoción, de fuerza, la absoluta falta de humor, la forzosa intervención de nuevos rostros para no generar agotamiento y el incorrecto manejo de los tiempos. Tampoco es la más ambiciosa, ni la más deprimente de todas, pero aunque lo que narre parezca tan idéntico a lo narrado en ''Toy story 1'', el resultado es totalmente distinto. Por desgracia.
Puntuación: 5/10 (Floja)