miércoles, 28 de julio de 2010

Toy Story 3: la recuperación.

Tras 15 años de historia, Toy Story parece tomar otro nuevo rumbo, adaptándose al nuevo cine que hoy caracteriza a Pixar. Una película que añade a todo lo que venimos viendo algo de reflexión, y de la buena. Logra controlar los excesos y es una fuente de entretenimiento asegurado para grandes y chicos. La enorme pena: la ausencia del humor ácido de la primera parte, pero nada mal. Esta vez la falta de ajustes técnicos no la hacen grandiosa como debería. Para quienes quieran leer la crítica...

Toy Story 3.



Tras un éxito de taquilla que a muchos les ha hecho tragarse los comentarios (no a mí, para ser preciso) con la cinta ''Wall·e'', tras una conmovedora proyección de la vida misma en la multipremiada cinta ''Up'' y tras una deliciosa receta que nos instruye acerca de cómo crear una comedia apetecible pese a tratarse de ratas en la encantadora ''Ratatouille'', Pixar parece sorprendernos una vez más con la última entrega de una saga que recorrió años, siglos, milenios y generaciones, y que además son puntos de encuentro entre unos jóvenes que ya se han ido, unos jóvenes que están acabando su labor, unos que recién están comenzando a serlo y unos cuantos niños que el día de mañana hablarán de Woody como hablarán de la historia universal. Es que la sociedad ha hecho de una historia sumamente sencilla un tema de gran popularidad, que ha encantado a niños y adultos, pese a que las intenciones no hayan sido esas. El estudio animado Pixar ha demostrado que el humor combinado con la emoción no son el pan de cada día, sino el premio de cada año. Un premio al que forman no sólo galardones materiales, sino también un enorme reconocimiento del mundo, de personas que sin importar su edad o sexo recurren a películas de este gran estudio para sentir la inteligencia con que han sido contadas al planeta.
En esta nueva aventura, que ha tardado unos cuantos años (muchos fanáticos seguramente se hayan dado por vencidos) es indudablemente la más ambiciosa de todas. La más compleja, más enredada, más confusa y más innovadora de la trilogía. No sólo por su estreno en 3·D (ya que el resto de la saga ha sido reestrenado este mismo año), sino también por la inclusión de nuevas miradas a la historia, nuevas formas de entenderla y nuevas conclusiones que al final parecen ser bastante sorpresivas. Los rumbos parecen ser otros, y lo que ha simulado ser una historia repetida o previsible, pese a usar elementos tradicionales, tiene un desenlace inteligente que hasta ha logrado sorprenderme. Sin embargo, su mayor falla, sigue siendo -al igual que en la segunda- no lograr situaciones de humor como en la primer entrega, a excepción del primer y segundo diálogo entre Barbie y Ken (que es el único momento en el que se puede sonreir). En cuanto a los otros grandes logros de la segunda entrega, la emoción está medida (no digo que sea una película para llorar, pero sí para que los niños reflexionen o lagrimeen y para que tengan que soportar el sermón de sus padres, frente a una depresión o una duda; además, el abandono que se relata tiene consecuencias que alteran psicológicamente la vida de uno de los muñecos, transformándolo de manera irreversible) y el tiempo también (pese a ser la más extensa). Lo que aún no me queda claro es la constante necesidad de incluir nuevos personajes, que son numerosos, confusos, y de los que sólo sirven unos pocos. Entre estos, puedo destacar la aparición de Ken y del oso Lotso, que viene a reemplazar al villano encubierto de la segunda parte, con una apariencia interesante pero un corazón de piedra; del resto de los muñecos, quedaron unos pocos. Otros simpáticos personajes secundarios han debido conocer el fango; otros tantos, el suicidio. Pero entre los que están, se gestan momentos donde no se da pie al aburrimiento (por fortuna) y constituyen el entretenimiento de toda una hora. El resto, es el deseo de volver a casa, la aventura por cruzar las barreras y poder llegar a tiempo, por supuesto a contrarreloj (Andy ya tiene 17 años y está a horas de irse a la universidad, dejando todos sus juguetes olvidados y perdidos en la casa).
Diversos malentendidos hacen que nuevamente todos pierdan el rumbo y deban volver a casa. Sin embargo, las cosas más curiosas de la película giran en torno a un nuevo protagonista, Andy, que en esta entrega tiene el peso que ha merecido desde el inicio. Con una cámara de video, uno puede introducirse en el mundo inocente de un muchacho que ha crecido con estos muñecos y que les ha dado vida, les ha creado un mundo de imaginación y los ha mantenido juntos. Algo así sucede con ''Up'', que a diferencia de ésta, sí puede acercarse al concepto de obra de arte, en la que uno puede ver la vida de un duradero matrimonio vencido por el destino y sobrevivido por nuevas iniciaciones que hacen a uno de ellos no bajar los brazos.
La ausencia de Michael Giacchino en una película como ésta es notoria. Además, la falta de humor le quita el mérito que se ha logrado a la hora de introducir nuevos caracteres en la obra. Pero pese a ciertas cuestiones negativas, tienen mayor peso las cosas positivas: un correcto manejo de los excesos (para mostrar la madurez de esta industria) y un sorpresivo desenlace que dará que pensar y pensar; no es igual a cualquier otra película de Pixar, pero tiene algo de todas ellas. Este gran homenaje a la cara líder de las animaciones de hoy en día parece ser una buena oportunidad para pasar el rato y recordar lo que se ha visto 15 o menos años atrás: una notable historia de aventuras para todos los públicos que ha logrado constituir un nuevo dialecto universal.
Puntuación: 6/10 (Buena)