sábado, 28 de agosto de 2010

La mirada invisible, de Diego Lerman.

La mirada invisible es una de las películas más sencillas y maravillosas que el cine argentino ha dado este último tiempo. Está claro que en estos últimos cinco años, Argentina ha logrado marcar un gran crecimiento en calidad de películas realizadas. Una historia que observa de cerca la vida disciplinaria de un colegio porteño en época de la dictadura. Es, además, un retrato obsesivo de una mujer trabajadora que comienza a despertarse de un largo sueño en esta escuela, y poco a poco va desenvolviéndose como verdaderamente es. Apasionado, profundo, emotivo y por momentos violento drama protagonizado por Julieta Zylberberg que, realmente, se come la película. Muy recomendable.

La mirada invisible.



Trailer en versión original (español).





Crítica.

La mirada invisible es el mecanismo que pretende usar un sujeto, jefe de preceptores, para manejar a su innumerable cantidad de alumnos. Es, en efecto, un gesto de disciplina que permite un control permanente (en tiempo y espacio) de individuos en la edad de la ignorancia. Muchos supondrán que la disciplina de la que habla esta gran película, puede asemejarse al período dictatorial. Esos muchos supondrán, entonces, muy bien. Pero aunque parezca una película más sobre la dictadura (que tuvo lugar entre los años 76 y 83), no lo es; por el contrario, teje un drama intenso y obsesivo en un lugar tan cerrado como una escuela, mientras que puede oirse en el fondo (más allá de los paredones que dividen una realidad con otra) demasiado ruido. Todo forma parte del curso del año 1982, y pone especial atención en el nuevo año escolar del Colegio Nacional de Buenos Aires. Desde los educadores, que intentan formar a una sociedad joven de la mejor manera para el mundo que se vive hasta los propios alumnos, que median entre la creencia de que es la mejor forma de aprender y la adolescencia, que despierta en los pequeños conjuntos de chicos la rebeldía contra el sistema. En medio de todo se encuentra una mujer, preceptora, que ingresa a trabajar al colegio. Su rigidez, rectitud, sobria elegancia e irreprochable conducta está compuesta a partir de los enormes silencios, las miradas entrecortadas y la gran posibilidad de que detrás de un cuerpo mecánico se oculte una niña adulta con ganas de gritar. La actriz Julieta Zylberberg, conocida principalmente por su interpretación en "La Niña Santa" de Lucrecia Martel, lleva a cabo su rol más importante: un rostro inquietante, sospechosamente inhumano, que parece estar harta de callar, y comienza a manifestarse inconscientemente a través de lo que internamente cree, desde su profunda realidad.
Las miradas con un alumno, que no tiene nada en particular más que (seguramente) su propia mirada, comienzan a llevarla a ella a un lugar que no conoce. La obsesión, que es producto del silencio, el despertar sexual y la pasión; el encanto y el aroma a alguien tan cercano a ella como pueden serlo aproximadamente cuatro años. Se abre al contacto, a gozar de aquellos momentos en los que puede tocarlo, o estar cerca suyo y flotar en un mundo de libertad, donde eso también se puede. Pero del otro lado se encuentra su jefe, un hombre que representa algo distinto, aunque no necesariamente opuesto. Es quien le impide establecer una relación amorosa con un alumno, ya que la política no lo permite; su estricto orden la hace a ella sentirse aún más reprimida. Por otro lado, también le da la libertad de hacer una serie de cosas políticamente correctas dentro de la escuela. La obsesión de María Teresa (Zylberberg) comienza siendo el consumo de tabaco en los baños de la institución, aunque luego comenzará a ramificarse más dentro suyo. Para que el control sea constante, como su jefe se lo ha dicho muy particularmente, decide ir al baño de hombres a espiar que los astutos no vayan a fumar ahí. Pero encuentra en SU propio hábito una enorme satisfacción personal que le permite ir más allá de lo que puede hacer. Su mirada es invisible para todos los alumnos. Nadie puede notar su presencia. No es invisible para una sola persona, su jefe, quien está encantado con ella y decide cortejarla. Pero poco a poco, esta relación se volverá más perversa hasta darle un giro sorprendente e inesperado a la historia, un grito final que se mezcla con un montón de voces confundidas, agitando banderas y llamando a la guerra, a la victoria, de manera apasionada y fervorosa.
Diego Lerman, director de "Mientras tanto" (una película inesperadamente buena), realiza un trabajo extraordinario. La actriz protagónica, sufrida e ingenua, logra devorarse la película. La historia, por su parte, es sólida, seria y segura. Se compone con gran inteligencia lo que tranquilamente puede ser cine dramático francés (con planos abarcativos, monótonos y estáticos) y mezcla además el discurso de "Escándalo" y la obsesión de "La profesora de piano", aunque decide no ir demasiado lejos para un menor impacto. En sí, este último es un grave error. En el cine no debe existir nada oculto, nada que aunque se rechace no forme parte del mal gusto, ya que permite la invasión a la intimidad; en este caso, pudo ser conveniente un relato más fluido de la vida personal de María Teresa y una manifestación psicológica de mayor peso. El resto de los elementos constitutivos tienen un buen fundamento y sirven para añadirle a la historia muchísima credibilidad, tan fantasmagórica y tétrica como imposible de olvidar.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)