sábado, 18 de septiembre de 2010

Shortbus: humana, sensible, fantástica.

Ésta es una muy buena oportunidad para separar la sexualidad de lo que cotidianamente denominamos sexo. Un drama intenso y profundo sobre sensación y sentimiento, sobre los límites de la depresión y sobre cómo puede superarse a través de la gente, de conexiones sociales, de interacción. Con escenas muy acertadas, metáforas muy precisas aunque un optimismo extravagante, esta premiada cinta merece llegar al público masivo para invadir e impactar, para llegar al alma. Indudablemente "Shortbus" es una enorme sorpresa, para aquellos que la han esquivado durante tiempo; es sencillo, ya es hora de darle una pequeña oportunidad. Muy Recomendable.

Shortbus.



Trailer en su versión original.







Crítica

En algún lugar de los Estados Unidos, tan ficticio como real, un grupo de jóvenes vive el fraude, el éxito; el amor, el odio; el encuentro y el desencuentro. Son personajes comunes como cualquiera de ustedes, lectores, o como yo. Personajes que caminan, vacíos, por las calles; que viven, desolados, en un apartamento; que requieren, de alguna manera, algo nuevo, algo más. Esta no es una historia de sexo, sino una historia sobre el alma, vista principalmente desde un enfoque psicológico. El "shortbus" es un lugar que reúne a todas estas almas americanas desoladas donde se desarrollan diversas actividades. Es el punto en el que convergen un sujeto homosexual que está preparando una grabación para su pareja, un hombre excesivamente pasional, una mujer pre-orgásmica que es además la encargada de su terapia de pareja, el esposo de ésta (que no se cree capaz de darle placer), una prostituta que busca algo de contención y una serie de personajes frustrados o plenos del gozo que les proporciona el sexo, como vínculo con el mundo social, como fuente de la satisfacción.
Es una película ritual, que desarrolla la vida psicológica de personajes jóvenes a quienes el mundo parece habérseles venido abajo. La idea de requerir alternativas que muchas veces uno, por cobardía, temor o vergüenza, prefiere no escoger, es la que lleva adelante esta inquietante película que, sin demasiada trascendencia en el mundo comercial, no deja de sorprender por la capacidad de transmitir emociones y sensaciones demasiado profundas.
La película se abre con un prólogo quizá para muchos desagradable, que introduce a los personajes donde la película más se enfocará. Muchos la juzgarán de pornográfica, de innecesaria, de exagerada. Déjenme decirles que ésto no es así. Son individuos a quienes la vida misma los irá conectando, de una manera a otra, los irá ligando sentimentalmente. Todo parece estar bien en ese entonces ya que, la base principal de estos minutos, es exclusivamente sexual. Pero nada dura demasiado, son sensaciones tan breves como nuestro vivir en este mundo, y posteriormente estará agitado por sensaciones de culpa que acabarán en vergüenza, en llanto, en depresión.
A la medida que el largometraje avanza, uno se introduce en la vida de los personajes, ahondando en sus pensamientos, sus intenciones, sus ideales. Todo parece ser rutinario y real hasta que la magia llega de noche. Vemos ingresar a la terapeuta Sofía a este lugar que le han recomendado y conocemos junto a ella lo que este paraíso está dispuesto a ofrecer. Participación. Para todos hay lugar, todos aquellos que estén dispuestos a recibir y ceder algo. Experiencia, por ejemplo; una palabra, un gesto, una sonrisa o incluso una lágrima. Es la cumbre de las sensaciones, de los miedos y de las ganas. La música, el color, la luz, van creando una atmósfera curiosamente asociada al ánimo (tal es así que la tensión y la relajación está vinculada a la electricidad) donde las costumbres van nutriendo a quienes recién llegan y aún así saciando a los que están por irse. Pero nada es perfecto, y para cada historia, hay diversas innovaciones que la armonía de una relación preestablecida no está capacitada para tolerar. Es el momento donde comienzan los replanteos, donde empiezan a hacerse políticas las relaciones humanas, donde los límites comienzan a tomar protagonismo. Y así, poco a poco, las cosas van tomando sus verdaderas formas, la identidad.
Un drama con momentos realmente angustiantes, sin una estructura concreta (ni pretensiones que lo requieran), sobre la soledad, el sufrimiento, la represión de ciertas sensaciones que van ahogándonos más en la vida que llevamos. Peca de optimista, por momentos, ajena a cualquier clase de prejuicio social, con un micromundo que parece entenderse demasiado, que no parece criticarse.
John Cameron Mitchell dirige este gran largometraje, humano, sólido y conmovedor. Con la estética de "Rent" y la profundidad de "Mi verano de amor"; una película recomendable para, por supuesto, no ser prejuzgada. Impactante.

Puntuación: 8/10 (Muy buena)