lunes, 27 de diciembre de 2010

El Ilusionista, de Sylvain Chomet.

Una noche parisina a fines de la década del 50. Un ilusionista acaba por darse cuenta de que su espectáculo ha perdido notoriamente el atractivo masivo de años anteriores, y decide desplazarse hacia otros nuevos territorios para probar suerte, aunque ve que la respuesta sigue siendo más o menos negativa. No todo es tan malo, pues para cortar con su vida solitaria, una joven niña a quien sus trucos ha encantado, lo sigue en uno de sus viajes, tomándolo como una especie de tutor. Ella está convencida de que el mundo de la magia y la ilusión es el verdadero, y este ilusionista intenta conservar esa idea pura e inocente mientras se ve más y más hundido en la imposibilidad de conseguir trabajo. Es, para quienes la han amado, una "La Vida es Bella" animada, francesa y muda, pero bien hecha. Demasiado bien hecha.
La hija de Jacques Tati, director de la premiada "Mi Tío", años después de su fallecimiento, ha conseguido que el guión escrito por su padre sea llevado a la pantalla grande nada más y nada menos que por el cineasta Sylvain Chomet, encargado de la extraordinaria "Las Trillizas de Belleville". Muy Recomendable.

L'illusionniste.


Trailer en su versión original.





Crítica.

Hipnótica, conmovedora y bellísima animación de Sylvain Chomet. Basada en un guión "desenterrado" de Jacques Tati (Mi Tío) adaptado por el propio director, la película mezcla una mirada crítica de la sociedad de consumo, la cultura, con el poder de la magia, el humor y la emoción de las relaciones humanas. Tras "Las Trillizas de Belleville", la primer película de Chomet en el 2003, "El Ilusionista" sigue con una estética similar (en cuanto al tipo de caricaturas, la interacción entre personajes y hasta la mirada de las grandes ciudades, el teatro, eje a partir del que giran -de alguna manera- ambas historias); aún así, su más reciente largometraje cuenta con un estilo completamente diferente, con una historia prácticamente opuesta (una es hasta más alegre, chillona, escurridiza; la otra, mucho más apagada, oscura y profunda) aunque con un encanto que parece mantenerse constante.
La relación entre un ilusionista frustrado (ok, quizá frustrado no, pero con severas complicaciones a la hora de conseguir trabajo) y una niña que lo toma como algo más que un tutor, casi como un padre (y que confía ciegamente en él y en sus trucos) es bellísima. Ella conserva una inocencia angelical, y él, es capaz de hacer todo para que ésto se mantenga; pero la realidad es otra, una vida que no tiene nada que ver con la magia, con el ilusionismo, quizá ni siquiera para el amor. La vida está inclinada hacia todo lo que genera ingresos económicos, a todo lo masivo. Los ilusionistas, ventrílocuos, payasos, ésos ya no llaman la atención, el público no los aprecia como en la primera mitad del siglo. No debemos olvidar que, al inicio de la película, está cerca de comenzar la década del 60, donde estalla una especie de Revolución Rock y la gente aúlla de emoción por los músicos. Y esos distintos, que están anclados en medio de un sistema capitalista, que están en un mundo que parece no darles lugar (tres ejemplos claros: un personaje al borde del suicidio, otro personaje hundido en la pobreza y un teatro lleno que se reduce a tan sólo dos espectadores, en cosa de tres segundos, al llegar un mago con una galera), son los que siguen buscando desesperadamente una salida que pueda mantenerlos. A algunos les da esperanzas el amor (o la amabilidad); a otros, que no lo tienen, les deprime más y más. Es un choque de culturas, de épocas, a las que desgraciadamente uno debe adaptarse. En "Persépolis", de Marjane Satrapi, una agridulce historia de descubrimiento, se habla algo de ésto: de cómo las tradiciones van cambiando en todo sentido, y van marcando una sociedad (está bien, ya estamos ubicados en los años 80), aunque de un modo mucho más sarcástico, corrosivo.
Es difícil clasificar "El Ilusionista" como una película muy o poco feliz. De hecho, hay felicidad para algunos personajes e infelicidad para otros (curiosamente la felicidad de los personajes está asociada al lifestyle, cosa que puede verse en la sonrisa de quienes mejor se visten, o de quienes portan un mejor automóvil). Es una película que refleja una realidad de adaptación, implantación a un mundo real. El juego del ilusionismo, tiene otras intenciones mucho más amplias. Toda la magia no está sólo contenida en una galera (sí la emoción, dentro de esa galera ocurren algunos de los acontecimientos que acaban arrancándonos alguna lágrima) sino en el modo en que la observamos, en la inocencia que conservamos para creer en algo ajeno, totalmente ajeno a la realidad, a ese mundo al que obligatoriamente debemos ingresar. Es la ilusión, en sí, con que nos reímos (o lloramos) bajo la hipnosis de una música envolvente (la banda sonora es asombrosa), con un guión resucitado que nos hace identificar inmediatamente con la historia desde pequeñeces (es la "Enseñanza de Vida" de este año, una joyita pequeña y magnífica) y la vivimos a pleno. Como cuando nos ponen a prueba, vendiéndonos que una casa puede salir volando con unos cuantos globos encima. Ésa es la ilusión, y depende de nuestra inocencia mantenerla viva como una pequeña llama, o simplemente echarle agua.
Puntuación: 9/10 (Excelente)

1 comentario:

sofia martínez dijo...

Excelente, un post de la serie de HBO llamada El Hipnotizador, me trajo hasta aquí, cosa que agradezco porque desconocía esta opción y sin duda tengo que darle un vistazo minucioso, se ve bastante interesante. ¡Gracias por la reseña!