jueves, 9 de diciembre de 2010

Winter's bone

Aclamada cinta independiente que se perfila para la próxima entrega de los premios de la Academia. Película difícil de digerir, que se enfoca en la vida rural de una familia, con una madre que tiene problemas de salud que no le permiten hablar, con un padre fugitivo de la justicia dedicado a la preparación de drogas, una hija mayor de diecisiete años que debe hacerse cargo del resto de la familia y dos pequeños hermanos suyos, de doce y seis años, que no pueden manejarse por sí solos. En una lucha constante por la supervivencia, la propiedad en la que viven está en juego, y para no perderla deben (o mejor dicho, debe hacerlo la única persona capaz) encontrar a su padre, sea vivo o muerto. Una película que oscila entre la frialdad de lo material (en sí, el esquema de la película es complejo) y lo sentimental del vínculo -ésto último, lo menos trabajado-. Una película algo más que buena, con una performance femenina protagónica estupenda.







Crítica.


Absorbente y durísima película independiente de Debra Granik ("Down to the bone"). "Winter's bone" tiene en su título una especie de enigma que aún no logro descifrar. Su historia es tan inteligente como confusa, pero todo parece estar íntegramente relacionado con todo. Este drama policial (si se ve, no hay por qué explicar el "drama"; "policial", puesto que una mujer, por sus propios medios, se lanza a la investigación del paradero de su padre, del que depende su propio futuro) habla de invierno sin copos de nieve, aunque sí de una frialdad exquisita. Ni "Frozen River", con Melissa Leo, esa historia de una mujer que se introduce al traslado ilegal de personas por un poco de dinero para atravesar felizmente la navidad, transmite tanto frío como esta aclamada cinta.
El no poder descifrar el enigma del título, quizá se deba al desconcierto de ciertas perturbadoras imágenes (una, en medio del agua y con la presencia de una sierra eléctrica, que es escalofriante como pocas) y a la hipnosis a la que la misma historia somete al espectador. Es como una esponja que gana volumen y volumen hasta perder agua, se va hinchando hasta que se hace insostenible. La vida de la familia va viéndose inmersa, día a día, en una miseria aún mayor a la del día anterior; en la América Sureña, la olvidada (desde "Lo que el viento se llevó", 1939 -para mencionar una de las películas que mejor habla de una América Sureña olvidada-, y seguramente mucho antes, viene siéndolo), una mujer intenta tomar el cielo con sus manos por conseguirle a su familia mejores condiciones de vida.
Nada sabemos de este padre que se ha fugado, y que es prófugo de la justicia. Dedicado a la preparación de drogas, su paradero es desconocido, aunque un movimiento ha hecho que su presencia, viva o muerta, defina si su familia puede seguir viviendo en su casa o debe ser inmediatamente desalojada. Mucho menos sabemos sobre el lazo que la une a su hija mayor, aunque suponemos que es un vínculo frío como el hielo -de hecho, se sostiene prácticamente en toda la película-. Sólo sabemos con certeza que ha sido una pieza importantísima para la elaboración y distribución de drogas en otras comunidades, y como todos, acaban siendo buscados por la Ley.
Alrededor de la casa principal, hay otros hogares, donde conviven otras familias. Es una comunidad aldeana típica, pero vinculada por lazos de sangre, o de odios. Es por eso que, en medio de la investigación que la señorita realiza (con mucha convicción), ciertos personajes no ven bien que ella husmee tanto y tan profundo, al punto que recurrirán a la violencia para detenerle el paso. Este policial reúne, además de ciertas conductas injustificables, miradas peligrosas y sospechosas, donde nadie parece ser demasiado confiable, ni siquiera quien te da de cenar noche a noche.
El curso de la vida, el tiempo que no se detiene y las esperanzas de una mujer cerca de pasar a vivir en una carretera (recuerdo las esperanzas de Audrey Tautou en "Un largo domingo de noviazgo", de Jean Pierre Jeunet, quien cree ciegamente que su prometido está vivo, frente a todas las negativas), van construyendo una interesante propuesta, sostenida por el misterio y por momentos, por algunas imágenes desesperantes y terriblemente crudas, expuestas en la gran pantalla de manera sutil (verán, por ejemplo, a la protagonista con una bolsa colorida y alegre, en las escenas finales, aunque no precisamente pretende demostrar alegría). Además, vale la pena destacar a Jennifer Lawrence, que es -sin exagerar- un monstruo. Es una muchacha joven que reúne en un rostro venido abajo, la consistencia de Laura Linney y el encanto de Reneé Zellweger en "Cold Mountain", realizando una performance para el aplauso de pie. El resto del reparto realiza un buen soporte.
Tan sólo me resta decir que la duración es perfecta, aunque el último tercio es notoriamente más flojo que el resto de la cinta. Tiene tintes melancólicos que sobran en una película hermética y fría, tan bien estructurada que genera ganas de pensarla aún más.

Puntuación: 7/10 (Notable)