viernes, 15 de enero de 2010

La cinta blanca: inocencia interrumpida.

La Cinta Blanca.


Viendo al año aproximarse con estrenos salteados a lo largo del 2.009, supuse que no existiría en el resto del mismo una película perfecta. La vi por primera vez y me gustó muchísimo, pero necesité de una relectura para asombrarme aún más y poder juzgarla como corresponde. ''La Cinta Blanca'', es por lejos, la película más inspiradora, conmovedora y estimulante para cineastas venideros y para un público que tiene sed de algo realmente bueno.
Hay una estructura narrativa diferente. Una voz en off que representa la vejez de uno de los tantos personajes inmersos en este rompecabezas trágico, se encarga de relatar sin tanto formalismo ni relación, diferentes hechos sueltos que alguna vez rompieron con la calma del lugar, una comunidad aldeana en Alemania. Este hombre no pretende regalarnos la verdad, ni su verdad, ni atragantarnos con hipótesis divagantes; despliega ante nosotros diferentes verdades, hechos, sucesos precisos que vivió u oyó, sin la necesidad de recurrir a la manipulación gratuita, ni mucho menos, a la venta de lo que efectivamente conviene. Son diferentes recuerdos que quedaron clavados en su memoria, que relata con la tranquilidad que tanto caracteriza a los 135 minutos del relato. Una película que es dinámica para el ojo del espectador, cuyo contenido se congela y progresa con la lentitud que merece una joya digna de análisis. Para verificar todos los datos trascendentales de sucesos causales, y así poder estimular a las neuronas para hacer sinapsis. Sólo Europa puede remitirnos a dicho milagro.
Haneke es el director de películas como ''La Pianista'', ''Juegos Divertidos'' y ''Caché (Escondido)'', ésta última la mejor de toda su carrera, y una de las mejores películas europeas en la historia del cine. Siempre, su ritmo tranquilo añade a ciertos momentos, una atmósfera de lo más siniestra, fructífera principalmente en las dos que rozaron el género del terror gráfico: la crudísima ''Juegos Divertidos'' y la perturbadora ''Caché''. Este drama sociopolítico alcanza el terror gráfico, para dar lecciones a muchos cineastas que recurren a asesinos seriales con caras deformadas y miradas oscuras. Hay escenas tan siniestras en ''La Cinta Blanca'', que causan gran impresión. Es una historia de crímenes, con varios rostros difuminados que años más tardes habrían de ser actores esenciales de los más grandes conflictos bélicos globales. Y sí, la falta de efectos sonoros y de litros de sangre parece extraerla del cine de terror. Como toda película de Haneke, pertenece a este género desde alguna perspectiva (siempre), y el muy satisfactorio resultado de esta formación se debe probablemente a la conjetura detrás del horror.
La historia es un mosaico (recuerdo Magnolia, situaciones trágicas bajo cada techo que a la larga, involucra a toda una comunidad con los hechos que controla la naturaleza misma -dentro de ella, la fe, el azar, la casualidad-; no hay cosas imposibles, todo puede suceder y muchas veces, estas cosas pueden afectarnos a todos), diferentes circunstancias rompen con la sostenida armonía de una región, a través de intentos de asesinato y el gratuito uso de la violencia contra el futuro de cualquier nación: los niños. Esto, sucede en Alemania en el año 1.913, un año antes de desatarse la primer guerra mundial. Este microcosmos puede traducirse como el ejercicio colectivo y mental de una nación, que más tarde debió resistir a una consecuencia que aniquiló a pueblos enteros. Como la película misma detalla, toda causa tiene una consecuencia; callar puede ser el peor infortunio para uno, para todos. Un espacio pequeño x que va mostrando el progresismo -o mejor dicho, el asentamiento- del terror, mientras quienes callan y no se van aproximando al previsible caos.
Cada plano es desconcertante: todo parece estar bien, hasta que el aire se va tornando denso, se va contaminando con la descomposición de las acciones humanas. La tranquilidad con la que Haneke lleva a esta película a lo largo de una carrera hacia la guerra, parece una estrategia típica de un demente, como los asesinos seriales que atraviesan cuerpos sin mover un músculo. Toda la seguidilla de las escenas es un electroshock constante, que no cesa ni un sólo minuto. Todo es terrible. La naturaleza de vengarse de lo justo, de lo correcto, es un vehemente ícono de realismo implacablemente oscuro, de una sanguinaria sucesión del caos hacia lo indeseable. Claramente, la oscuridad de cada transición no es más ni menos que un presagio de lo que más tarde sucederá. Los países grandes son difícilmente perjudicados por otros; los únicos que pueden destruirse son ellos mismos.
El título original de la película es ''Das Weisse Band: eine deutsche kindergeschichte'', que si los escasos conocimientos de alemán no me fallan, significa literalmente ''La cinta blanca'': una historia de niños alemanes''. La presencia de niños en esta película no sólo avala el uso de retratos crueles, sino también constituye de cierto modo la desconfianza del personaje principal, un maestro quien a su vez se encarga de relatarnos, años más tarde, lo sucedido. Son la clave para conformar no una verdad, sino una hipótesis cuya certeza recae en nuestra propia conjetura. Este personaje es quien juzga, habla y opina, frente a una realidad llena de disfraces, corriendo el riesgo de recibir por parte opuesta, una bofetada con una sencilla mirada. Además, es quien presencia prácticamente todas las situaciones que relata (no todas), y quien vive una relación amorosa con otra mujer, una típica película romántica imaginaria en medio de la guerra, que afortunadamente no fue. Haneke no se dio el lujo de aburrirme en ningún momento; mucho menos se hizo de algún espacio para salpicar de dulzura la pantalla: la invasión de una frialdad seria. Bastante seria.
Piensen en el encadenamiento social que ofrece las películas. Las personas de suma importancia tienen poder. Las personas de suma importancia educan a sus hijos. Entonces, los hijos son intocables. Tocarlos implica verse con las personas de suma importancia y con su poder. De esto se extrae no sólo el final de la película, el cual hace una enorme referencia a este encadenamiento, sino el mismo título: esa cinta blanca que tiene múltiples de significados, que va contra el pecado y santifica a los niños, o mejor dicho, a lo que sus padres quieren como hijos. La sociedad está altamente basada en una educación, pues funciona con dos partes y siendo, quizá, una como causa de lo que pueda hacer la otra. La cinta blanca, es uno de los tantos mecanismos de estos padres que en conjunto llevaron a formar dominios a lo largo del siglo en todo el mundo; aún así, si los padres no cambian, no hay cinta que pueda convertir a un niño en inocente, puro, santo.
Las pretensiones de la sociedad contemporánea en exceso llevan a influir en la mentalidad del futuro de nuestras naciones. Haneke tuvo piedad de nosotros. Se limitó a construir, con un ritmo narrativo soberbio, una fotografía alucinante, un guión sin grietas, una película perfecta sin exceso de realismo, pero afortunadamente sin ninguna carencia. 
Puntuación: 10/10 (Sobresaliente)

Sector 9: mirarse al espejo y asumir la responsabilidad de ser humanos. De eso se trata

Sector 9.


El inusual panorama, en este interesante e inspirador caso es el siguiente: los alienígenas a los que uno tanto teme viven sometidos por la raza humana. Son tratados como seres inferiores. Vienen a la tierra a pedir ayuda, pero definitivamente se topan con el lugar equivocado. Ellos tienen armas mediante las cuales pueden ganarse guerras y batallas. Nuestra raza (notificación: toda la película tiene gestos norteamericanos, causalmente) pretende obtener esas armas a cambio de comida de gato en lata. Increíblemente, nuestro planeta tiene la capacidad de inferiorizar a seres superiores, a los que la sociedad suele temer. Quienes han creado estas armas son engañados por ser ellos quienes se arrastran pidiendo ayuda.
El lugar: se desarrolla en sudáfrica, específicamente en un espacio sumamente pobre y perimetrado, pues viven en lo que podríamos llamar un campo de concentración (de hecho, sin dudas podemos denominarlo así), y aislados del resto del mundo por los contagios. Son, sutilmente, denominados gérmenes, virus, o como se quiera.También, y ya sin tanta sutileza, son llamados langostinos, término mediante el cual el terrícola se refiere a un extraterrestre. Pero casualmente, estos temidos u odiados langostinos, vienen a dar un mensaje: que lo que el ser humano vea de ellos, es simplemente su propio reflejo.
¿Qué mejor metáfora que esa? ¿Qué mejor fuente para mostrarle al pueblo lo que realmente vale? Fascinante.
Un miembro de una asociación internacional, va (como Borat hacia América) dentro del sector 9. Realiza una especie de programa periodístico, que se ve marcado por el contacto entre uno de los alienígenas y él. Así, este periodista sarcástico y por momentos chupamedias comienza a mutar, e intenta salvarse a costa de lo que sea. En este caso, como pasa a abarcar el cuadro de fugitivo, se esconde y acaba cayendo en su propia trampa, buscando ayuda en quienes literalmente sobrevivieron (apenas) de hambre por culpa de políticos, economistas, militares y trabajadores como ese. La temática, como un universo de maldades, gira alrededor del carácter social. Básicamente, la película trata de dar una catarata de golpes a los estados unidos de América, catalogándolos sutilmente de nazis. Los alienígenas, que claramente pueden significar seres humanos rebajados por sus condiciones, son esclavizados en una celda de aislamiento enorme, llena de chozas venidas abajo. La política, ya tiene forma de régimen estricto, como el alemán hace sesenta y cinco, setenta años. La película toma, desde su inicio, un formato testimonial que, de ser más humano y real, sería una película del estilo de Michael Moore, uno de los creadores de los más grandes documentales y testimoniales de la historia, realizando críticas políticas (Fahrenheit 9/11), económicas (Capitalismo: una historia de amor) y sociales (Sicko). Incluso, diríamos que la primer mitad de la película tiene, a modo de flashes, diferentes comentarios de reflexión frente a lo que ha sucedido, con calificativos que no develan demasiado el misterio, pero que sí remarcan los puntos esenciales. Esta construcción testimonial la hace una película de culto, más allá de hablar de alienígenas, algo poco serio y en definitiva, tomado como una diversión juvenil en el ámbito de la ciencia ficción. Éste es un drama al cual le corresponde una crítica enorme a la sociedad, en la que todo puede ser reemplazado hábilmente por todo: en la que los alienígenas, la oveja negra, los homosexuales de ''Milk'', los pobres de ''The Notebook'', los negros de las grandes novelas clásicas del romanticismo, simbolizan exactamente lo mismo.
El director de este docu-drama, es Neill Blomkamp, a su vez encargado del guión nominado al globo de oro. Es oriundo de Johannesburgo, el lugar en el que se desarrolla District 9, y lo curioso de este joven muchacho, es que debutó en el mundo de los largometrajes con una de las películas del año, que dejó conforme al mundo. Mostró talento, principalmente por llevar a cabo el gran método de la cámara en mano para causar impresión y generar mayor realismo; pese a ser considerada una película de ciencia ficción, que muchos verían creyendo que se trataría de algo similar a Transformers, es un producto de bajo presupuesto pero de una calidad enorme.
La necesidad de obtener ganancias llevó a los creadores a formar una película de aliens atractivos: básicamente para atraer a gente joven que pueda ir en grandes grupos y depositar unos cuantos billetes. Como estrategia, ha sido sumamente exitosa: Sector 9 ha sido vista, al menos en la ciudad de La Plata, y no decepciona. Es un gran divertimento, para convertirlo en fuente de reflexión: aún así, sigue molestándome la necesidad de crear un contexto tan sobrenatural (para mostrar algo, que erróneamente puede interpretarse como: la maldad es sobrenatural; los humanos estamos bien, somos buenos, etc.). Este tipo de películas pueden tratarse con temáticas más propias de la sociedad, con otras caras perjudicadas y sin aliens. Se entiende, igualmente, que no quisieran tener aún más polémicas (ya había demasiado con pegarle palos a quienes rigen nuestro planeta, no iban a hacer enojar a los perjudicados), pero también se piensa fríamente: si no se quiere hacer polémica, que se haga otra cosa.
Sector 9 aguarda su secuela, como el final deja efectivamente expuesto: Sector 10 (se presume). Las secuelas suelen ser malas, pero esta es original y única. Su dinámica es vertiginosa, ya que la acción está viva (y demasiado). No hay espacios para el aburrimiento, ni el cansancio, ni el desinterés. Quien se opone a la temática elige no verla, pero quien la ve puede ligarse a lo que ve rápidamente. Es un film para entretenerse y para aprender a mirarse al espejo con seriedad y sin tanta subjetividad. Parece que era necesario una película de altísima crudeza psíquica-física, así mostrar al pueblo por qué Estados Unidos manda...
Puntuación: 7/10 (Notable)

Sherlock Holmes: el maestro del aparente encanto.

Sherlock Holmes


Guy Ritchie, es un director que se ha convertido en uno de los grandes comandantes de la acción contemporánea, relacionada con la Mafia, las drogas, crímenes casuales y, de vez en cuando, la aparición de algún cuerpo escultural, palabras fuertes y escenas subidas de tono. No es santo de mi devoción, pero su cine es respetable. Con ''Snatch: cerdos y diamantes'', logró venderme una historia que de ser dirigida por otro, quizá no me habría gustado. Aún así, fue de mi agrado, alcanzando el nivel satisfactorio. Más tarde dirigió ''Revolver'', una película con uno de los actores más populares dentro del estilo. Jason Statham, quien transporta cargamentos a veces humanos, y muchas veces consume drogas en un baño o necesita estimular las hormonas de su cuerpo, en este caso es la figurita clave para un Ritchie que comenzó a caer. Con ''Rock'n'rolla'', una historia de sexo, drogas y rock'n'roll, sin más ni menos, hizo una historia muy propia, ya que materializa los deseos de reunir las temáticas de sus películas, creando así una supuesta enorme fuente de su estilo. Desafortunadamente fracasó.
''Sherlock Holmes'', viene a ser una disculpa al público. Una película que apenas alcanza a ser buena, pero que se sale de su tan popular estilo. Las escenas de acción están, pero la historia parece suceder muchos años antes, con personajes famosos (Sherlock Holmes y Watson, su ayudante, personajes creados por Arthur Conan Doyle), sin drogas, sexo y con humor superior al que mostró con un aliento vulgar en las previamente mencionadas.
Asegurado entretenimiento, improvisada diversión. Una gran caricatura, atractiva, juvenil, pero aparentemente sobrevalorada. Una película de aventuras que, en definitiva, está hecha pura y exclusivamente para los fanáticos del estilo y de los personajes. Como cualquier caricatura, los personajes están muy desdibujados. A excepción de Robert Downey Jr., quien se destaca infinitamente en la película e incluso es uno de las grandes actuaciones del año, el resto del elenco (Strong, McAdams, Law) no es malo, es un desastre. La desorganización de unos personajes tan poco profundos, aparentan ser el mayor miedo de los guionistas: romper con el hechizo literario. La idea mágica, o no tan mágica, es dejarlos secundarios y arriesgarse a ganar o perder todo con el principal, un Sherlock Holmes que afortunadamente le ha aportado grandes beneficios.
No sólo los actores están mal dirigidos, sino que los personajes en la película parecen verse incómodos. Todo parece estar de más, y apuesto a que esas no eran las intenciones de Ritchie, un hombre que sabe aprovechar su elenco al máximo, por más malo que sea.
Son dos horas de adrenalínica acción, con un dinamismo poco sostenido y con momentos donde el ritmo decae, con el misterio de los detectives clásicos y una ambientación discreta de la Inglaterra en el siglo XIX. Visualmente, la palidez del lugar mezclada con la circunstancial oscuridad de ciertas situaciones, parece mostrar el producto detrás de un telón transparente, con tonos grisáceos que la fortalecen desde el aspecto visual: la hacen ver clásica y sospechosa, como deben ser las películas de misterio.
Considerada una película de acción con mucho humor, o mejor dicho una comedia con algunos rasgos de acción intensa, parece restarle puntos el hecho de ser una película de acción con menos humor del que aparenta proponer, o mejor dicho, una comedia light con desaprovechadas escenas de acción vertiginosa. Al no encontrar su lugar en un género específico, resulta ser una exploración desde el suspenso, el thriller, el misterio, el drama, la comedia, la acción y el romance, sin establecerse en uno ni demostrar claridad a la hora de expresarse. Tan sólo algo es seguro, y es que sus intenciones son ganar dinero, atraer multitudes e ignorar críticas como las mías: notoriamente destructivas, pero con muchos puntos que la rescatan del hundimiento absoluto.
Uno de ellos, ya nombrado, Robert Downey Jr. Otro, la creación de escenarios muy creíbles y muy ingleses. Para continuar, los efectos en cámara lenta a la hora de los enfrentamientos o los efectos sonoros, algunos de alto impacto y unos contados, de tensión alta. La musicalización, típica de una película sedienta de dólares, pero ambiciosa, expresiva, delicada. Parece que se encarga, no sólo de poner play a algunas emociones sonoras, sino también de formar a Holmes como un personaje delicado: hay unos buenos momentos donde la música parece jugar un buen rol en su caracterización: al compás de un actor que merece aplausos.
Aparte del resto del elenco, una comunidad estática, inexpresiva y sobrante, el guión (fundamental) tiene excesos, básicamente. Excesos a la hora de crear a Holmes como un personaje deductivo, detectivezco; excesos a la hora de crear a Holmes como un desastre con pies, haciendo locuras; excesos a la hora de fundamentarlo todo, absolutamente todo, haciendo de la mente humana un aislamiento, sin permitirle trabajar ni suponer. La película se soluciona sola, no tiene demasiada inteligencia, ni preguntas retóricas, tan sólo la soberbia de ser quien responda a todos nuestros interrogantes DURANTE la película. Faltó pulir el lado cómico del guión, hacer una comedia con algo más de racionalismo, y no hablar de más. Cuando se pretende hacer una historia en grande, con grandes ambiciones, grandes personajes, una gran ambientación, un gran complemento sonoro, una gran historia: bueno, a veces el auto que viene muy acelerado olvida dónde doblar.
Puntuación: 5/10 (Floja)

¿Qué pasó ayer?: un film de los Coen, sin los Coen. Digamos...

¿Qué pasó ayer?


Ubicada momentáneamente entre las mejores comedias del año 2009, ''¿Qué pasó ayer?'' o ''The Hangover'', narra con la gracia de lo extravagante y con las reconstrucciones policíacas poco profesionales la despedida de soltero de un hombre serio, seguido por su cuñado (un afectuoso muchacho con grandes ambiciones en el juego, con mucha sed de alcohol, mucho hambre de prostitutas, mucho amor para dar...) y sus dos mejores amigos. Uno de ellos, es un hombre que se hace llamar doctor; un odontólogo dominado por su esposa y estructurado delante de ella (aparentemente, el mayor de los cuatro, un hombre engañado y bastante perjudicado por la ciudad del pecado). El otro, es un profesor al que le interesa la fiesta, la luz, el color y la sangre de Las Vegas.
Pese a ser bastante diferentes y a tomarse este viaje bastante en serio (con una intención en común: disfrutar de la inolvidable noche por la que brindan en lo alto del Cesar Palace), acaban -paradójicamente- olvidándose de lo inolvidable, tras una noche llena de alcohol, drogas, que van reconstruyendo paso a paso al día siguiente cuando amanecen tres de ellos en una habitación arruinada, con -entre otras cosas- una gallina, un felino enorme, un bebé al que bautizan (figurativamente). Sólo vemos a una mujer salir del cuarto: cuando uno de ellos despierta, el resto le sigue y se encuentra inmerso en una catástrofe.
Luego las situaciones se van agravando. Ed Helms viene a interpretar al odontólogo que sale muy perjudicado; aún así, hay un final para él que hace justicia, y va más allá de ser un final feliz o no: simplemente es justo, y así, presenta optimismo para los hombres que puedan sentirse identificados con el muchacho. La búsqueda desesperada por la verdad, las diferentes estaciones en las que este trío tiene que parar para averiguar, van mostrándoles a ellos cuán lejos puede llegar la mente humana estimulada con roofies, una droga fuertísima que es responsable de sus acciones.
Hay momentos donde la película parece ser una comedia-homenaje a muchas películas de muchos géneros. Ya el uso del conteo de cartas en el famoso juego del Blackjack, las diversiones sobre una ruta o la capacidad de hacer reir con -dentro de una película que puede denominarse seria- situaciones disparatadas. Minuto a minuto puede captarse el estilo de la verdadera comedia, que simboliza -quizá- las ganas de reirse sin tanto costo.
La película tiene un costado único y muy serio: añaden los gestos de una película de misterio, en la que estos tres deben investigar sus propios crímenes (por así decirlo) e investigar una inminente desaparición. Cada vez se va tornando más exagerada, graciosa, desesperante y, en su mayor depresión, absurda.
Todd Phillips, el director, es realmente un héroe. Alzar el género de la comedia a una potencia tal, es trabajo de héroe o dios. Sin embargo, tiene la fórmula de -aunque suene tonto, no lo es- una película infantil. Aventuras entre amigos. Un villano medio loco. Hora y media. Es, digamos, una película infantil... pero con sexo, drogas y fiesta. La inmadurez, por momentos, es notoria, y recae en las escenas donde aparece el villano, un hombre oriental interpretado por Ken Jeong. La película se va tornando una animación con, bueno, algún que otro enfoque subido de tono. A veces intentar hacer una comedia, del estilo -digamos- a ''Euroviaje Censurado'', puede tener como consecuencia excederse de idioteces y atravesar los límites de una película para adultos, aniñándose paso a paso.
En el largometraje pueden apreciarse excitantes imágenes de lujos, colores para saciar a los ambiciosos; unas cautivantes imágenes de paisajes desérticos y muchos tonos amarronados. Además de todos estos paisajes, combinados con algunas situaciones cómicas tanto a la ida como a la vuelta, pueden oirse como música de fondo, canciones de rap, hip-hop, para estimularnos y mostrarnos qué hay con lo que se vendrá.
Vale aclarar que enfrentarse a ''The Hangover'' significa enfrentarse a una película distinta. Hay muchas contradicciones en ella: índices de superioridad y de gran capacidad intelectual que se contrarrestan con escenas estúpidas, absurdas y patéticas, que se sostienen en el contínuo intercambio hasta el final de la película, donde los créditos finales parecen querer hablar, relacionándose con todo aquello que ha sucedido en la noche inolvidable que todos olvidaron. Está muy bien actuada; tanto Bradley Cooper como Zach Galifianakis sobresalen en sus papeles de -respectivamente- el profesor y el cuñado del novio. El resto realiza buenas interpretaciones, sin demasiados logros obtenidos, pero con muy buena química, al punto de hacernos creer sus lazos, personalidades, historias.
Todo el peso de la composición recae en el guión: Jon Lucas es uno de los guionistas. Se acostumbra a las comedias, y ya ha fracasado con ''Four christmases'' y con ''Los fantasmas de mis ex'', ambas películas bastante malas. Scott Moore es el otro, que sigue prácticamente la misma filmografía que el previamente mencionado. Nomás que en esta gran comedia, su trabajo fue superior, y pese a caer en momentos tontos en exceso, se nota la inteligencia y la predisposición a la hora de querer componer una película diferente, hecha para reirse descostilladamente, pero sin llevarla al convencionalismo, a lo obvio, a lo tan americano. Por momentos parecía un guión muy Coen, ya que suelen -cuando hacen una comedia- mezclar los aires de misterio y suspenso, con la comedia ácida (y estamos hablando de ''El quinteto de la muerte'' o la estupenda ''El Gran Lebowski''. Un poco de inteligencia no le viene nada mal a la comedia estadounidense; más, cuando todo, por malo o bueno que sea, tiene un fin sano: divertirse.
Puntuación: 7/10 (Notable)