martes, 26 de enero de 2010

Superzorro: espejismo animado.

Fantastic Mr. Fox


Para hacer una recreación exacta de la vida del ser humano en comunidad, no existió mejor idea que representarla a través de unos tiernos animales, que para la gente simbolizan ni más ni menos que la astucia. Efectivamente, tildar al ser humano como un zorro es la realidad más precisa que el cine ha dado en el año. Una ironía de casi una hora y media, de diversión asegurada, personajes memorables y una inteligencia para nada artificial.
Lo interesante de ''Fantastic Mr. Fox'', es que no hay mensajitos tiernos (típicos de Pixar); tiene un humor negro, más abrupto, sarcástico, al que añade el humor gráfico de una comunidad de zorros que viven pésimo, pero son zorros, y sus ambiciones no quieren verlos en esa clase de vida.
Wes Anderson es el director de horrores como ''Viaje a Darjeeling'' y ''Vida acuática''. Siempre mantuvo un perfil bajo, con un circuito de actores repetitivo (Bill Murray, Anjelica Huston, Owen Wilson, Luke Wilson...), del que afortunadamente ha logrado escapar. La odisea de trabajar con actores de gran talla (estamos hablando de consagrados ganadores del Oscar: George Clooney y Meryl Streep) y hacerlo sólo con sus voces, realmente ha resultado fructífera. No sólo por el hecho de que ambos logran transmitir mucho a través de los diálogos, sino también por el realismo que propone la historia misma, para permitirles a los mismos peludos personajes lucirse como debe ser. Tanto Streep como Clooney componen un matrimonio contemporáneo, actual, real, con acciones y reacciones leales a la vida misma. La única diferencia es la estética de ambos. Son peludos, animales y el hombre de la casa ha configurado una rutina de escape para cuando padeciese hambre: el robo.
Fox, el hombre de la casa, prometió en una trampa para zorros a su esposa -tras decirle ella que había quedado embarazada- jamás volver a robar. Sin embargo, años más tarde, él decide conseguir alimento de tres lugares diferentes, poniendo en riesgo la vida del resto de los animales y de los de su propia familia. A esto se le suma la disconformidad de un personaje tras la llegada de otro. El hijo de este matrimonio, debe aguantar la presencia de su primo, el atleta que por los problemas de salud de su padre, debe convivir con ellos por tiempo indeterminado.
George Clooney este año ha tenido suerte. Participó en películas que no eran precisamente comedias, pero las ocurrencias de la historia acabaron enfocándose en la ironía. Tanto en ''Amor sin escalas'', donde interpreta a un ser frío y despreciable dedicado a despedir gente de empresas en pleno proceso de reducción, como en ''Superzorro'', donde hábilmente consigue comida que no le corresponde, Clooney tiene la posibilidad de mostrar su costado más serio, y además irónico. Con ambas, puede trasladarse a través de los géneros, haciéndonos reir de ciertas situaciones en medio. Aunque se limite a dar su voz a un personaje, no lo hace nada mal. Se encarga de darle a Fox, el personaje, vida propia. Y eso se agradece.
La película difícilmente se considere como infantil. Tiene una madurez muy notoria, que no excluye a ningún público. Aún así, no creo que niños de 5, 6 años, puedan disfrutarla tanto como personas de más edad. Es una cinta animada, cómica, pero original e inteligente (Ahora entiendo por qué ganó el premio Satellite). Hace una referencia tan seria sobre la sociedad humana, está tan claramente dirigida hacia nosotros; una reflexión deliciosa.
Una película animada para adultos, con una animación diferente. Los personajes parecen ser tridimensionales (o será que aún retengo la obsesión de la gente azul saliéndose de la pantalla, o los globos que llevan una casa a Venezuela), tienen un realismo gracioso, que permite al espectador concentrarse en la historia y dejarse llevar por unos 80 minutos de entretenimiento hábil.
Un ejercicio de autocrítica simpático, contado como un cuento (con subtítulos que parecían, por momentos, mostrarnos cuán ridículos somos a veces cuando emprendemos proyectos descabellados sin considerar las consecuencias o los errores que pueda tener), con gran dinamismo, sentido y sin tanta sensibilidad. Eso es lo que a esta altura del partido, requiero del cine animado: una historia hecha con ganas de pensar y actuar. Sin tanta falsedad, ni tantas ganas de gustar; sin tantas intenciones de conquista. Sin tantas vueltas absurdas, sin momentos bajos carentes de emoción, sin esas típicas imágenes que no creen ni los mismos creadores.
La música de Alexandre Desplat se destaca entre todo el conjunto de aciertos técnicos. Ese hombre ha hecho maravillas, ya es hora de que premien el esfuerzo (y este año no está lejos de las chances). Añade el condimento pícaro, astuto y le da un estilo peculiar a la historia. Le va dando forma, como la musicalización debería hacer con mayor frecuencia (siendo, a veces, un adorno tan artificial que ni siquiera tiene relación con lo que relata -lo único que rescaté de ''María Antonietta''-).
Superzorro es una película animada seria, para conservar en una videoteca. Es sencilla, interesante; no es extraordinario pero sí un suficiente y coherente entretenimiento. Evidentemente, las ganas de hacer cine sin apuros y con buena vista (y buena imaginación), pueden traernos de vez en cuando -y por parte de este derrumbado género- una grata sorpresa.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

Un profeta: Jacques Audiard regresa.

Un prophète


Audiard nos tiene acostumbrados a las obras maestras. Por tal motivo, no hay por qué ponerse nerviosos ante un disgusto típicamente previsible, aquel que emerge involuntariamente en la mente del espectador cuando sabe que se enfrentará a una película carcelaria. Lo que deben saber, es que ''Un profeta'' no es una película carcelaria. Supera todos los límites y alcanza el valor del cine clasicista, que por haber muerto hace 30 años suele tener regresiones a la vida. Pero pequeñas, y muy poco frecuentes.
El cineasta francés detuvo nuestros corazones con ''El latido de mi corazón'', una película que aparte de mostrar la realidad del mundo que tanto le caracteriza, añade a la emoción el arte de un pianista que busca el escape inmediato, una salida entre todo el humo. Ya con ''Mira a los hombres caer'', nos demostraba hace 15 años que la fe en un debutante no es una ilusión. Al contrario, es el estímulo para sostener no una suerte, sino el talento.
Junto a Klapisch es mi director francés favorito. Curiosamente, ambos trabajaron con Romain Duris (uno de mis actores favoritos) y fueron sus mejores directores. Pero hay un sinfín de cosas detrás del brillo que le pueden sacar a un actor, o incluso a una trama. Jacques Audiard es a su vez el guionista de la película. La fuente de su creación no es ningún engaño. Es inteligencia pura. Es visión. No es imaginación: es sentido común.
La película gira en torno a un árabe que debe cumplir una condena de seis años en una prisión ubicada en Francia. Por buena conducta, toda condena puede ser reducida, y más aún cuando este hombre tiene algo especial. Algo que lo caracteriza. Quien piense en la palabra profeta, puede pensar -y correctamente- en el hombre con la capacidad de ver el porvenir. Pero hay toda una historia detrás de esta película, que es la que Audiard nos muestra a través de gestos independientes, unos de otros. Hay incontables referencias religiosas que ligan a la historia con el significado teológico de la palabra. Yendo a la religión islámica, la cual practicaba el protagonista de esta historia. Una de las cosas que caracteriza al Islam y que la une directamente al cristianismo, es el factor común (Jesús de Nazaret), tomado por el Islam como un profeta. Ahora bien, todas las etapas que pasa el personaje dentro de la cárcel. Aquellas subrayadas con un enorme y aparentemente exagerado subtítulo en medio de la pantalla, son los íconos que muestran al hombre como una suerte de Cristo, razón por la cual el personaje es muy joven, y aún no ha cumplido los 33 años. Incluso, esos 40 días y 40 noches de aislamiento en la celda de castigo, ese número tan usado por la religión (tan representativo), nos recuerda al aislamiento de Cristo, su predicación durante ese tiempo.
Por momentos, la cárcel parece ser un mundo de espacios reducidos. Un microcosmos donde hay diferentes culturas, diferentes ideologías, sociedades, y sobre todas las cosas, una limitación tan cruel como la de la vida misma. Evidentemente, contemplar este espacio como una sucesión de hechos maliciosos y a su vez, como cumbre de diferentes internas contra la ley, parece ser una ironía exquisita. El poder no puede controlar al pueblo. Y eso se ve.
Con poca frecuencia vemos una película que no nos delate nada de la vida del personaje. Siempre todos los convencionales guiones se toman la molestia. Sólo sabemos su nombre, no podemos confiar, ni querer, ni odiar al personaje. No sabemos qué hará, qué pensará. Nos dejamos llevar por el 'yo colectivo', para predecir (sin su capacidad) lo que su mente le hará hacer. Afortunadamente, todo el argumento tiene la solidez del drama social francés. No deja grietas, e incluso parece ser demasiado preciso. Demasiado puntual, descriptivo, terriblemente exacto.
Dentro de la cárcel, el personaje va interactuando con otros. Son personas que manejan el contrabando, el tráfico y los trueques desde dentro, y usan al hombre para trabajar a cambio de dinero. El personaje se va metiendo en líos, contra personas que lo quieren ver muerto por haber hecho cosas contra otras y a favor de otras. Trabaja directamente para la mafia corsa, y con ella descubre que puede tener desde dentro lo que quiere, a excepción de la libertad. En más de una oportunidad, predecir cosas le ayudan a salvarse de situaciones peligrosas. Y así, poco a poco, uno puede ver en el personaje una gran transformación. Física, espiritual. Diferentes sentimientos, acciones, reacciones, que lo van marcando como persona, y en este caso, como personaje.
Audiard regresa tras el éxito ''El latido...'', con su más grande película, indudablemente una obra maestra. Tratada sin tantos rodeos, con altísima claridad, sin el régimen convencionalista y con una presión hipnótica que esta extraordinaria película ejerce sobre nosotros. Por más que impongamos nuestra resistencia, ante una fuerza que parece ser demasiado para nosotros, es imposible no enamorarse de un largometraje tan increíble como este. Francia vuelve a hacer alarde, un año más, con una película que supera absolutamente todo pronóstico. El blanco y el negro son claves en esta especie de vaivén sangriento, fuerte, pero sobresaliente. Una mágica experiencia de violencia gráfica moderada y una violencia verbal en pensado exceso, donde la atmósfera habla por sí sola. Y acá, desde el primer minuto hasta el último, la oscuridad, los gritos, el miedo y la misma nieve; los pasos y las miradas, perseguidas por las ya reconocibles melodías de Alexandre Desplat, parecen añadir lo suficiente para generar, no sólo con el personaje, una contradicción reflexiva y analítica del cine cursivo. Esas películas que hablan de procesos, de antes y después. Y no es sorpresivo, ver a ''Un profeta'' como un proceso en el que nosotros mismos, como espectadores y personas, podemos pensar en un antes y un después.
Puntuación: 10/10 (Sobresaliente)