sábado, 13 de febrero de 2010

Donde viven los monstruos: acá, y en cualquier lado que uno pueda imaginarse.

Donde viven los monstruos.


Conmovedora y excitante aventura de niños para no-tan-niños. Esta pequeña película fue una de las grandes sorpresas que me llevé en un año donde los fracasos fueron de lo peor, y las grandes, de lo mejor. Parece una idiotez lo que estoy diciendo, pero en compración con otros años, las mejores y las peores se destacaron. Dirigida por Spike Jonze, el encargado de dos grandes (enormes) películas (''¿Quieres ser John Malkovich?'' y ''El ladrón de orquídeas''), regresa con su tercer obra bien en alto. ''Donde viven los monstruos'' tiene infinitas interpretaciones, una trama sólida y está actuada desde una realidad asombrosa, de una credibilidad con la que no suelen cargar los actores jóvenes como Max Records, una revelación a quien vi hace semanas en un fraude llamado ''Los estafadores''.
La historia muestra a un niño que, como la mayoría, pretende ser el centro de atención, fiel a la rebeldía de la edad y a su mente peligrosamente infantil. Sin embargo, los amigos de su hermana destrozan el iglú que con tanto trabajo construyó, a ella poco le importa y su madre se enoja de tal modo, que le grita y le reta, mandándolo a su habitación. Pero en lugar de correr a la cama, se escapa de la casa, y atravesando los muros de la ciudad que conocía, navegando a través de las cristalinas aguas de la nada, se encuentra con un nuevo lugar, una especie de bosque donde un grupo de seres más altos y grandes que él están destruyendo casas y discutiendo. Ahí es donde él, para salvarse, miente diciendo que tiene poderes y en lugar de ser asesinado, es coronado como rey del lugar. De este modo, el niño empieza a transformar la vida de la comunidad. Es un emprendedor que no mide el tamaño de sus proyectos, los mide por su propio entusiasmo, y en el afán de convertir esta isla en un paraíso terrenal, encuentra en esta asociación de amigables monstruos, terriblemente humanos, grandes disconformidades que los hacen enojar y pelear.
Puede interpretarse como una metáfora política, donde el gobernante tiene una mente bien abierta, pero en el fondo es alguien bastante infantil, muchas veces inmaduro; no mide las dimensiones de los proyectos y habla, y habla, y habla. A su vez, que el rey haga cosas que a los monstruos no conformen, puede entenderse como la disconformidad de un pueblo ante la imagen parlanchina de los políticos, despertando así el salvajismo que tanto caracteriza al ser humano, y que por monstruos ficticios, son tan reales y humanos como cualquiera de nosotros. Es la isla de ningún lugar, pero aún así no deja de ser cualquier pueblo y cualquier sociedad, con cualquier gobernante a quien el poder, definitivamente, se le ha subido a la cabeza de un golpe.
Otra de las interpretaciones, y es la que menos comparto desde mi lugar (aunque sí asuma que es probable), es la de una aventura juvenil, para el disfrute familiar. La película que estrenarían en un cine con doblajes en español, y que seguramente se llenaría de chicos. Ese tipo de películas con mensajes por donde uno quiera, que estalla de sentimentalismo en exceso y carece de una formación. No. Esta es una interpretación que pueda darle un cine comercial y traicionero. Dudo que se la considere la película de la taquilla sin ejercicio, como ha sido Avatar (película que te hace pensar poco y nada, pero te hace pasar un rato lindo), aunque igualmente, espero con desesperación que no sea así.
También, la perspectiva amigable y prolija: aventura que mezcla espacios imaginarios, sin proveernos de demasiada información, y siendo capaz de vendernos la historia sin tanta dificultad. Es más fácil referir este pasaje al onirismo que al delirio o a la meditación. Evidentemente, ver cómo Max se desarrolla con un conjunto de seres salvajemente humanos, es tan real como verlo discutir con su familia e intentar reinar el lugar. Más que semejanza con la política (alternativa rebuscada pero válida), con el poder que un niño puede generar como protección ante la presencia de un hombre que sin identificación, parece robar la paz del hogar, la confianza plena.
Se interprete como sea, la película es una sola y la impresión, para cada persona será una. Eso sí, con 90 minutos, la película nos deja con ganas de más. Los escenarios, los escenarios de escenarios, incluso la estupenda banda sonora (que exhala mar y libertad donde se la oiga), logran con el espectador el mismo efecto que logró en este mismo año, Ang Lee con la fantástica ''Bienvenido a Woodstock'': construye más allá de una cámara, un lugar donde quien lo ve puede sentirse a gusto, creando en el mismo un deseo profundo de estar ahí. Spike Jonze, logra a su vez con su mejor película, no sólo enamorarnos con la estética de un lugar, sino también con la estética de un mundo en miniatura, que representa no sólo la inmadura ambición, sino el deseo de que el mal desaparezca, de que la luz vuelva a verse a través de las fronteras. El Sol sale, el Sol se opone. Y aún así, los humanos no podemos entender que algún día, no saldrá. Ni siquiera podremos entender que ha sucedido. Pero sí, esta es otra de las tantas jugosísimas vueltas humanas que se les da a 7 monstruos diferentes, confusos y conmovidos por la esperanza de que el mal realmente se extinga. Un festín no sólo paradisíaco, que soporta cualquier desequilibrio , sino a su vez en conjunto, una historia enternecedora, que recurre al final más felizmente frustrante (y vaya contradicción; la película la justifica) posible. De cualquier modo, Campanella nos ha dejado un mensaje. Los ojos hablan. Y para el final, no hay mejor cosa que dejarse llevar por las últimas miradas, aquellas que pueden confundirnos como Kirsten Dunst a Orlando Bloom en ''Elizabethtown''. Para esperanzados, éstas, las primeras de una vida larga y prometedora.
Puntuación: 9/10 (Excelente)