miércoles, 28 de julio de 2010

Las hierbas salvajes: lo nuevo de Resnais.

Desconozco si alguna otra persona es capaz de generar una pieza de tan altísimo valor a la edad de 88 años. Una película visualmente bellísima y además contada de la manera más sutil posible. Una historia de amor sobre la vida que refleja la probabilidad de un suceso a través del acercamiento de dos mundos. Sensible, amena, una maravilla de muy buen gusto, de una sencillez tan admirable, de una calidad irreprochable. La crítica, señores y señoras...

Les herbes folles.



Alain Resnais es el responsable de una de las más gratas sorpresas del año 2009. Su más reciente película hace hablar a la naturaleza, al destino y narrar una historia de coincidencias; causas, consecuencias; cosas concretas y tan abstractas como la vida misma, desde la naturaleza de los hechos, su recepción por parte de un ser humano y cómo la misma repercute en la vida de otro o en la esencia de la misma naturaleza que comienza proyectándonos una idea. Todo parece formar parte de un ciclo de vida cotidiano, con el que uno sueña noche a noche, del que uno vive día a día. La cuestión es que este principio de acción y reacción rige nuestras vidas de manera ajena a nuestra capacidad de controlarlo, dominándonos de la manera más hipnótica que sea posible imaginar. Uno centra su cabeza en el inicio de una película que como bien dice, se dispone a narrar una historia cuya causa es un suceso banal y común, que a alguno probablemente le suceda en algún momento de su vida. De ella se van prolongando diversas miradas de ver la vida, de percibir los sentidos y de generar a través de la coherencia una respuesta sólida.
Esta nueva obra maestra del cine francés, de este director de 88 años que hace cerca de cincuenta años ha dirigido ''Hiroshima, mon amour'', tiene un perfil bajo y un tono de voz similar. En off, alguien o algo que desconocemos da testimonio de algo que ha sucedido, que ha vinculado a dos personas que quizá no hayan debido conocerse, o que -por el contrario- sí han debido hacerlo en ese preciso instante en el que un elemento fuera de lo común haya roto con la armonía y haya acortado las distancias entre dos personas de vidas completamente diferentes, de maneras de entender el mundo totalmente opuestas. Esto es lo que la hace más visualmente atractiva, ya que la relación es tan poco pareja que a veces se obtienen acercamientos, distantes, temerosos o cobardes, pero tan sólo unas veces.
La película es tan abstracta como cualquier conclusión. Narra la historia de Marguerite, una mujer común que va a comprarse un par de zapatos que quizá necesite y que al salir de la tienta es interceptada por un ladrón que corre con su bolso, en el que lleva documentación importante y dinero. Le da una importancia que ni ella reconoce, ya que entre esos tantos papeles está la clave de su felicidad, el boleto a la paz. Georges, por su parte, es otro hombre tan común como ella que encuentra una billetera que pertenece a la mujer previamente mencionada, en la cual está la documentación, aunque falta el dinero. Su mente comienza a trabajar velozmente y lo induce a llamarla, aunque no encuentra el modo de hacerlo correctamente para saciar sus deseos de conocer a la propietaria, a quien nota peculiar en sus fotografías. Sin embargo, las diferentes cuestiones de la vida hacen que decida llevarla a la policía, que se encargará de devolvérsela a su dueña.
La comunicación de ella a la casa de él y sus breves y distantes contestaciones, comienzan marcando todos los contrastes de dos vidas diferentes. Pero además, iniciarán la mágica atracción que causará en él la desesperada necesidad de conocerla bajo cualquier costo, aún sea éste la perturbación de la paz y la realización de actos contra la moral. Tan sólo son dos voces que sueñan con hallarse, dos personas que no son lo que el otro espera, que representan la frustración y el rencor de la otra persona. Tras él detenerse, ella (cuya vida se ha acostumbrado a las constantes cartas y grabaciones de él) comenzará a buscarlo a él, para conocerlo y poder entender ciertas cosas que le han generado dudas durante los últimos días. Tan sólo un elemento comienza uniéndolos: los aviones. Sin embargo, cada minuto, serán más las cosas que los irán acercando, que irán atando dos planetas que razonan de una manera tan diferente, que parece ser exactamente la misma. Luego, las diferentes respuestas del corazón y la mente harán de esta relación algo sumamente irregular, que acabará por cerrar este principio de acción y reacción en algo mucho más serio de lo que parece.
Esta joya del cine experimental parece hallar el punto de reconciliación en la esencia de los seres y la esencia de la naturaleza, el vínculo entre los mismos como una unidad capacitada para desarrollar sucesos que abarcan pequeños fragmentos de tierra y que en su totalidad, constituyen el espacio mundial a lo largo de la historia pasada, el momento puntual en el que se piensa y el porvenir. Además, es un modo de analizar cualquier caso y ver no sólo lo negativo de una desgracia, sino todo lo positivo que ella genera: como es el hecho de alcanzar la felicidad, principalmente en uno de los dos casos de la película. Una excelentísima puesta en escena con un guión que describe la importancia de las cosas por su esencia y no por su orígen. Una encantadora obra de arte, hipnótica, imperdible y tan cercana a la magia como un cuento de hadas. En una escena de la película, se le da importancia a la tendencia del ser humano de pensar en cosas estúpidas que cree grandes dejando de lado cosas de mayor importancia. Son estas pequeñas cosas, que el individuo ignora por desgracia, las que desencadenan las más enormes tragedias, los más enormes fracasos, las más enormes derrotas.
Puntuación: 9/10 (Excelente)

Toy Story 3: la recuperación.

Tras 15 años de historia, Toy Story parece tomar otro nuevo rumbo, adaptándose al nuevo cine que hoy caracteriza a Pixar. Una película que añade a todo lo que venimos viendo algo de reflexión, y de la buena. Logra controlar los excesos y es una fuente de entretenimiento asegurado para grandes y chicos. La enorme pena: la ausencia del humor ácido de la primera parte, pero nada mal. Esta vez la falta de ajustes técnicos no la hacen grandiosa como debería. Para quienes quieran leer la crítica...

Toy Story 3.



Tras un éxito de taquilla que a muchos les ha hecho tragarse los comentarios (no a mí, para ser preciso) con la cinta ''Wall·e'', tras una conmovedora proyección de la vida misma en la multipremiada cinta ''Up'' y tras una deliciosa receta que nos instruye acerca de cómo crear una comedia apetecible pese a tratarse de ratas en la encantadora ''Ratatouille'', Pixar parece sorprendernos una vez más con la última entrega de una saga que recorrió años, siglos, milenios y generaciones, y que además son puntos de encuentro entre unos jóvenes que ya se han ido, unos jóvenes que están acabando su labor, unos que recién están comenzando a serlo y unos cuantos niños que el día de mañana hablarán de Woody como hablarán de la historia universal. Es que la sociedad ha hecho de una historia sumamente sencilla un tema de gran popularidad, que ha encantado a niños y adultos, pese a que las intenciones no hayan sido esas. El estudio animado Pixar ha demostrado que el humor combinado con la emoción no son el pan de cada día, sino el premio de cada año. Un premio al que forman no sólo galardones materiales, sino también un enorme reconocimiento del mundo, de personas que sin importar su edad o sexo recurren a películas de este gran estudio para sentir la inteligencia con que han sido contadas al planeta.
En esta nueva aventura, que ha tardado unos cuantos años (muchos fanáticos seguramente se hayan dado por vencidos) es indudablemente la más ambiciosa de todas. La más compleja, más enredada, más confusa y más innovadora de la trilogía. No sólo por su estreno en 3·D (ya que el resto de la saga ha sido reestrenado este mismo año), sino también por la inclusión de nuevas miradas a la historia, nuevas formas de entenderla y nuevas conclusiones que al final parecen ser bastante sorpresivas. Los rumbos parecen ser otros, y lo que ha simulado ser una historia repetida o previsible, pese a usar elementos tradicionales, tiene un desenlace inteligente que hasta ha logrado sorprenderme. Sin embargo, su mayor falla, sigue siendo -al igual que en la segunda- no lograr situaciones de humor como en la primer entrega, a excepción del primer y segundo diálogo entre Barbie y Ken (que es el único momento en el que se puede sonreir). En cuanto a los otros grandes logros de la segunda entrega, la emoción está medida (no digo que sea una película para llorar, pero sí para que los niños reflexionen o lagrimeen y para que tengan que soportar el sermón de sus padres, frente a una depresión o una duda; además, el abandono que se relata tiene consecuencias que alteran psicológicamente la vida de uno de los muñecos, transformándolo de manera irreversible) y el tiempo también (pese a ser la más extensa). Lo que aún no me queda claro es la constante necesidad de incluir nuevos personajes, que son numerosos, confusos, y de los que sólo sirven unos pocos. Entre estos, puedo destacar la aparición de Ken y del oso Lotso, que viene a reemplazar al villano encubierto de la segunda parte, con una apariencia interesante pero un corazón de piedra; del resto de los muñecos, quedaron unos pocos. Otros simpáticos personajes secundarios han debido conocer el fango; otros tantos, el suicidio. Pero entre los que están, se gestan momentos donde no se da pie al aburrimiento (por fortuna) y constituyen el entretenimiento de toda una hora. El resto, es el deseo de volver a casa, la aventura por cruzar las barreras y poder llegar a tiempo, por supuesto a contrarreloj (Andy ya tiene 17 años y está a horas de irse a la universidad, dejando todos sus juguetes olvidados y perdidos en la casa).
Diversos malentendidos hacen que nuevamente todos pierdan el rumbo y deban volver a casa. Sin embargo, las cosas más curiosas de la película giran en torno a un nuevo protagonista, Andy, que en esta entrega tiene el peso que ha merecido desde el inicio. Con una cámara de video, uno puede introducirse en el mundo inocente de un muchacho que ha crecido con estos muñecos y que les ha dado vida, les ha creado un mundo de imaginación y los ha mantenido juntos. Algo así sucede con ''Up'', que a diferencia de ésta, sí puede acercarse al concepto de obra de arte, en la que uno puede ver la vida de un duradero matrimonio vencido por el destino y sobrevivido por nuevas iniciaciones que hacen a uno de ellos no bajar los brazos.
La ausencia de Michael Giacchino en una película como ésta es notoria. Además, la falta de humor le quita el mérito que se ha logrado a la hora de introducir nuevos caracteres en la obra. Pero pese a ciertas cuestiones negativas, tienen mayor peso las cosas positivas: un correcto manejo de los excesos (para mostrar la madurez de esta industria) y un sorpresivo desenlace que dará que pensar y pensar; no es igual a cualquier otra película de Pixar, pero tiene algo de todas ellas. Este gran homenaje a la cara líder de las animaciones de hoy en día parece ser una buena oportunidad para pasar el rato y recordar lo que se ha visto 15 o menos años atrás: una notable historia de aventuras para todos los públicos que ha logrado constituir un nuevo dialecto universal.
Puntuación: 6/10 (Buena)

Toy Story 2: la decadencia.

A continuación, la crítica de una nueva secuela encargada de destruir la primer parte. Sin embargo, no es tan mala como otras tantas segundas partes, y ofrece un buen producto para pasar el r ato, siguiendo con la historia de el niño Andy, el Comisario Woody, el Astronauta Buzz Lightyear y el resto de los personajes unidos en una nueva aventura. Una interesante propuesta que pese a la falta de logros, merece ser vista mínimamente para vincular su predecesora y su sucesora.

Toy Story 2.


Cuatro años más tarde del éxito arrollador de Toy Story, se proyectaba en las salas de cine una secuela, justificando una vez más la eterna teoría de que las segundas partes son inferiores a las primeras. Usualmente también lo son en comparación con las terceras (El señor de los anillos, para mencionar una que puedan conocer todos los lectores), pero no viene al caso. Nos ubicamos en el final de un milenio, donde no existían terceras partes de esta aparente obra maestra animada. Lo que pretendía era generar una ampliación de los horizontes, para que un grupo pequeño de personajes no causase aburrimiento, o quizá para que (siendo la historia casi idéntica a la primer parte) no pareciesen exactamente iguales. Además, se convertía en el orígen del ciclo que en estos tiempos seguiría Pixar con sus películas, llenas de momentos sentimentales, emotivos e incitaciones a la lágrima, a la compasión o incluso a la angustia. En esta historia ya no hay rivalidades como antes entre lo viejo y lo nuevo. Los mundos están salvajemente ligados por una misión, que es ''estar para el joven que les ha permitido estar juntos un minuto, mes o año más''. De este modo, comenzarán a generarse situaciones que volverán a romper con la armonía. Claro está que el joven todavía no ganará protagonismo, y que los muñecos sostendrán todo el peso de la historia. Para colmo, el argumento que compone la aventura es más o menos similar a la anterior parte, por lo que se requieren elementos que las hagan diferir. Éstos pueden enumerarse de manera irregular, ya que no quedan tan bien expresos en la cinta. El peso de la fama, por ejemplo; el uso del corazón de un muñeco que carece de él (debe tomar decisiones y tiene además de presiones, un pasado al que respetar y ambiciones que lo harán obviamente usar la cabeza y pensar en un plan que pueda darle todo lo que precisa) y la aparición de personajes encubiertos (de apariencia bondadosa, pero en el fondo, villanos).
En este acto, los juguetes que están algo rotos o que Andy considera ya obsoletos, formarán parte de una venta de garage (común en la sociedad americana) y seguirán sus rumbos, sea adonde sea. Es acá donde aparece un personaje muy particular, un villano que se disfraza de pollo y que pretende ganar dinero con Woody y una serie de nuevos personajes que sin que el Comisario lo sepa, han sido íconos de la televisión años atrás cuando el western ha sido ''la moda'' (en Estados Unidos, este género pierde el oxígeno a finales de los años 70s) de unos pequeños grandes fanáticos. De aquí nacen estos nuevos rostros (un caballo llamado Tiro al Blanco y una joven muchachita de cabello rojo cuyo corazón parece mirar fijamente al vaquero) y esta nueva historia, que convierte a Woody en el personaje de quien depende la felicidad del resto de estos nuevos muñecos, obligándolo a tomar una decisión: irse con ellos a Japón, permitirle al inescrupuloso nuevo propietario invertir y ganar dinero y olvidarse de Andy para siempre o volver con su vida normal y dejar a estos adorables plásticos en una bolsa de basura.
Como he dicho, los personajes Pixar son ambiciosos (querrán no sólo sobrevivir a instituciones de ancianos, sino también llevarse su casa y sus recuerdos al sur del continente) y querrán mantener la balanza equilibrada. Por lo tanto, el desenlace se convierte en previsible, pero en este curso comienza a desarrollarse un nuevo concepto: el aburrimiento. En una película de casi una hora y media, todo parece demasiado; principalmente, que cada escena que compone la última media parezca la última, cuando en realidad es la generatriz de una nueva. Además, el costado dramático también dirá presente cuando se relate el pasado de uno de estos nuevos personajes, que con una música intolerable de fondo narrará el abandono. Quizá, lo que para muchos sea lo más humanamente sólido, personalmente es mera hipocresía. En cuanto a la aventura, el suspenso poco serio al que recurre la misma historia, la presión generada, está dada por uno de estos personajes encubiertos, innovadores para el curso de la saga en cuestión: un viejo que no sale de una caja, y que sólo lo hace cuando su egoísmo lo dicta. Pero supongo que de no haber existido, este largometraje habría sido demasiado corto para considerarse serio.
En mi opinión, esta segunda parte es la menos lograda: por su falta de emoción, de fuerza, la absoluta falta de humor, la forzosa intervención de nuevos rostros para no generar agotamiento y el incorrecto manejo de los tiempos. Tampoco es la más ambiciosa, ni la más deprimente de todas, pero aunque lo que narre parezca tan idéntico a lo narrado en ''Toy story 1'', el resultado es totalmente distinto. Por desgracia.
Puntuación: 5/10 (Floja)

Toy Story: el orígen.

La primer entrega de Toy Story es una comedia de animación principalmente para chicos sobre un joven muchacho llamado Andy, de 6 años, y su relación con un conjunto de juguetes con los que juega a diario. Un guión interesante que supone ser la base de este planteo sobre la vida de lo viejo frente a la inminente llegada de lo nuevo. Todo, en un contexto infantil, sano y muy divertido. A continuación, crítica de la primer parte de la saga que hoy es popular en todo el mundo.

Toy Story.


Dadas las circunstancias (un estreno de éxito inagotable como el de ''Toy Story 3'' seguido de una avalancha de gente desesperada), creo conveniente hacer una especie de introducción al mundo de los juguetes del que hoy Disney y Pixar están sacando muchos dólares. Quizá del cerdo habrían sacado mucho menos, pero en conjunto, fue todo el paquete el que les regaló desde el año 1995 una popularidad enorme. La primer entrega, se presentaba como una película de animación infantil (me costaría clasificarla como una de esas tantas animadas que podría disfrutar cualquier adulto, ya que no fue ni más ni menos que una película pura y exclusivamente para chicos; en mi opinión, al menos) con un argumento de aventuras repleto de humor predispuesta a divertir durante una breve hora y cuarto a cualquier costo. Es sobre, entre otras cosas, cómo el mundo de los juguetes tiene muchísimo peso en el desarrollo intelectual del mundo humano, cómo lo nuevo parece ganarle a lo viejo cuando de intereses superficiales se trata (no cuando el corazón se pone en la mesada) y cómo pueden manejarse las situaciones para que el humor no suene repetitivo ni agotador.
Por fortuna, colocaríamos a Toy Story (dentro de la saga) como la más cómica de todas, y siendo la más breve, la más precisa de todas. No tiene la necesidad de recurrir a interminables encadenamientos de problemas y todo parece reducirse a espacios más pequeños, donde la acción también puede ocurrir (un suelo de madera constituye gran parte de la diversión en las dos primeras entregas; la tercera recurre a enormes espacios, un nuevo hogar, un basurero y demás). Sus estrategias narrativas y la peculiaridad de los personajes permiten sacarle bastante jugo a un guión que pese a no sobresalir, tiene muy buenas perspectivas que consiguen agradar al público pequeño, sin tener un inmenso interés en otro público que las puede desechar a los pocos segundos de inicio. Es que, pese a todo, la sencillez hace a la fuerza que impone esta primer entrega, abriendo un enorme camino de posibilidades que quince años más tarde habrán sido utilizadas por miles y millones de autores.
Más de uno consideraría a esta película como la más pequeña de todas. Es, por mucho, la más grande: tiene una base muy sólida, que son unos diálogos estupendos, capaces de dirigir la película por sí solos y adaptarnos a ella, a su estilo diferente (es única en cuando a su historia) y descabellado, pero por lejos, aceptable.
Esta marcará también la tendencia del resto de las películas sobre estos amigables muñecos. Son historias en las que uno o más personajes pierden el rumbo, y su propietario pierde protagonismo. Son éstos, los que al irse el joven dueño despiertan como por arte de magia y tienen vida propia, pueden caminar, inspeccionar, divertirse y vuelven rápidamente a sus posiciones para no generar sospechas. Nada sucederá, ya que el niño jamás les reclamará su cambio de lugar, y puede considerarse a sí mismo responsable involuntario.
La rivalidad entre el comisario Woody, un muñeco que el muchacho Andy (de 6 años) conserva desde pequeño y Buzz Lightyear, un muñeco que llegará el día de su cumpleaños a cambiarles la vida a todos, nos recuerda a un viejo clásico del cineasta ruso Sergei M. Eisenstein (Lo viejo y lo nuevo, 1929), que exhibe las diferencias entre lo tradicional y lo moderno en los inicios del siglo XX en un pueblo ruso. Cómo la llegada de algo tecnológico, innovador, puede cambiar el panorama en todos los sentidos. Y cómo el pensamiento de un niño, inmaduro y evidentemente solitario, puede inclinarse más por algo superficial como un láser dejando de lado un vaquero y su humilde sombrero. Quizá éste sea el punto de vista mejor dispuesto por un argumento básico pero al fin y al cabo inteligente. El pensamiento del joven es cotidiano, clásico y precoz; sólo basta que el corazón le guíe a uno, le diga qué hacer realmente.
A diferencia de muchos de los fanáticos de esta saga, considero a esta apertura una de las mejores que se recuerden dentro del cine animado (o que recuerde este narrador, a quien no suelen gustarles este estilo de películas), por su capacidad de conmover con pequeños gestos que quizá ni siquiera ellos mismos hayan pensado. A esto se le añadirá, por supuesto (es Pixar, recuerdo) un mensaje repleto de ternura que al menos en este caso no se hace tan pegajoso como en otros, como es el de la amistad, la adaptación, pero que a la larga significa la reconciliación entre dos modos de vida (o de inercia, para quien quiera), dos tendencias que han constituido nuestro azar, nuestras guerras y presiones, nuestras victorias y derrotas, nuestra propia historia.
Calificación: 6/10 (Buena)