sábado, 31 de julio de 2010

El orígen: laberinto para Emmerich.

Si el año pasado, Avatar y todos los millones que se invirtieron en ella nos sorprendieron por sus cualidades técnicas, este año quienes no vieron aún ''El Orígen'', deberían prepararse para una segunda ''patada''. El conjunto sería una catarata de efectos visuales que si Roland Emmerich hubiese empleado con creatividad en su megaproducción ''2012'', el resultado seguramente habría sido otro. También, vimos que en Avatar, la revolución tecnológica se vio desgraciadamente opacada por un guión demasiado hueco. De esta manera, utilizamos estos dos grandes ejemplos de dos grandes megaproducciones para asumir finalmente que Christopher Nolan, responsable de ''Memento'', ''Noches Blancas'', ''El gran truco'', ''Batman Inicia'' y la multipremiada ''Batman: el caballero de la noche'', fue capaz de mezclar no sólo la técnica y la inteligencia, sino también de invertir una considerable suma de dinero en un producto delicioso. No fue la primera vez que Nolan trabajó con la dinámica de la mente, y me gustaría que no fuese la última. Este modelo de trabajos constituyó gran parte de su historia en el cine, y significó además el crecimiento no sólo de su popularidad sino de su calidad como cineasta. Para todos los que no sepan si verla o no, les aconsejo que verla en el cine es una experiencia inigualable, porque uno vive conectado constantemente a ella, a su tensión, a su suspenso, a su sensibilidad, a su ejercicio psicológico, al orígen.

Inception.

Más de uno se preguntó, seguramente, si Batman fue la puerta de acceso que necesitó este hombre para crear Inception. Personalmente diría que todo fue una especie de reacción en cadena. También necesitó del éxito de Batman Inicia para crear Batman: el caballero oscuro, y el éxito que le trajo esta última le sirvió para generar confianza en un proyecto muy osado, pero muy rendidor. Es evidente que tuvo una enorme transición, que en mi opinión no tuvo que ver con la calidad (ya la tenía en el 2000 con Memento, una de las mejores películas en la historia del cine mundial) sino con la popularidad. Cada eslabón de su cadena logró que ''El Orígen'' fuese posible, gracias al peso que hoy en día generaría una persona que diez años atrás era un completo extraño para muchos. Mi enorme duda fue, al acabar de ver la película, si dentro de diez años Nolan superaría una fantástica película como ésta a niver popular, o una extraordinaria película como Memento. ¿Es INCEPTION un clásico instantáneo o un destello demasiado luminoso que resguarda consigo una serie de imperfecciones imperdonables? A vuestro criterio.
Leonardo DiCaprio fue otro de los sujetos que gracias a una enorme trayectoria logró conseguir papeles como éstos que este año le tocaron (La Isla Siniestra, El Orígen), dentro de dos películas inteligentes y comerciales simultáneamente, y junto a dos directores gigantes (Scorsese es el otro). En Inception, interpreta a un hombre llamado Dom Cobb, investigador que lleva a cabo una labor ilegal: tiene un equipo que se encarga de introducirse en la mente creativa de las personas. Todo el trabajo consiste en conectarse a un aparato que controla el tiempo real para despertar por inducción a la gente del equipo. Se crea un mundo estructurado a modo de laberinto con lugares (bancos, libros, archivos) y gente (elementos vinculados al subconsciente) para que se desarrollen ideas en éstos y los espías pueden conseguir información.
La incepción es el proceso totalmente inverso, en el cual bajo un concepto similar, en lugar de extraer información se busca implantar otra, que al despertarse la persona cuya mente ha sido víctima de este proceso, adaptará dicha idea como tal. El orígen narra ambas misiones: una a modo de introducción y otra mejor desarrollada.
Saito (Ken Watanabe, "Cartas desde Iwo Jima") es la primer rata de laboratorio que vemos en la película. El equipo experimenta un nuevo modelo de sueño (compuesto por dos capas, una dentro de otra) con esta persona, pero el arquitecto (quien diseña los sueños y las trampas o atajos) los traiciona. Sin embargo, nada acaba saliendo tan mal. Cobb, cuyo pasado le impide regresar a los Estados Unidos, decide aceptar una última misión encomendada por el mismo Saito: introducir una idea en la mente de Fischer (Cillian Murphy, "El viento que acaricia el prado"), heredero de la empresa que compite con la de Saito, para que destruya el imperio de su padre y le permita ser la única empresa en carrera sin obstáculos. Para ello, necesitará de una serie de compañeros de equipo: Arthur (Joseph Gordon-Lewitt, "500 días con ella"), el hombre clave y la mano derecha de Cobb; Eames (Tom Hardy, "Bronson"), falsificador de personas; Yufus (Dileep Rao, "Arrástrame al infierno"), un químico encargado de sedar a quienes intervienen en el sueño y Adriadne (Ellen Page, "Juno"), la arquitecta que reemplazará al traidor y se convertirá en una especie de conciencia andante para el personaje de Cobb, en quien volcará ciertas cosas de su pasado. Todos ellos, constituyen un equipo que en base a una misión estrictamente imaginada, se verán envueltos en un sueño profundo. Mal (Marion Cotillard), la mujer que Cobb esconde en su pasado, siempre escala a los sueños a través del subconsciente del hombre quien no puede evitar pensar en ella, lo que significa que es ella uno de estos personajes que juegan como vínculos con los mismos personajes. Su participación consistirá nada más y nada menos que en intentar retener a Cobb, saboteando más de una vez las misiones del equipo. Esto pone en juego las emociones del personaje principal, un hombre que al igual que en "La Isla Siniestra" no puede desprenderse de su pasado. Uno va adentrándose no sólo en los sueños, sino también en el pasado, aprendiendo qué es lo que Cobb guarda en su mente y el por qué de este proyecto.
Con una estructura inteligente, confusa y redonda, donde todo parece encajar y todo parece entenderse (demasiado), la pantalla nos hipnotiza durante dos horas y cuarto con una puesta en escena magistral, en la que se vuelcan no sólo efectos visuales fantásticos, sino también efectos sonoros bastante estruendosos. A esto acompaña un elenco entre los que se destacan Marion Cotillard y Ken Watanabe (Mal y Saito) y un guión ideal por parte del mismo Nolan.
Un desafío a la gravedad con mucho ingenio, en el que todo lo que se dijo sobre la ciencia del sueño sonó demasiado real, demasiado familiar para cualquiera de nosotros. Entre todos los componentes que conformaron finalmente el conjunto, se produjo un balance entre lo onírico y lo real, desafiándonos con un mecanismo que los mismos personajes probaron (sueños de tres capas), poniendo a prueba nuestra capacidad de relacionar los espacios. Además, fue gozoso ver una película y al notar su finalización, desear que se prolongara algo más. Quizá, muchas veces, sería más gozoso ver un final que estuviera a la altura de la originalidad del resto del producto. Y aún más lo sería, si todo lo que para muchísimos científicos no tuvo sentido durante siglos, hubiese sido algo más confuso y no tan estrictamente explicado a través de la lógica narrativa. De cualquier manera, el cine es disfrutar a pleno y con el orígen puede hacerse algo mucho mejor: vivirlo a pleno.
Puntuación: Muy buena (8/10)

La isla siniestra.

Leonardo DiCaprio protagoniza ''La Isla Siniestra'', una película de suspenso psicológico mezclado con una dramática y perturbadora historia cuyo orígen proviene de la Segunda Gran Guerra. Este innovador y estético ejercicio, que ha podido verse en cines hace unos cuantos meses, es una historia ambientada en los años 50s, que nos muestra (a quien quiera entenderlo de esta manera) cuál es el grado de locura de quienes han matado a seres inocentes, o de quienes han visto a su familia desintegrarse. Para otros lectores, no más ni menos tercos (pero diferentes lectores), es una historia de cómo la política influye en la necesidad de montar y ejecutar diversos procesos para propio interés. Una dualidad que conforma poco más de dos horas de una película inteligente pero cargada de misterio. Muy recomendable.

Shutter Island.


Al ritmo que lleva el año cinematográfico, probablemente podrá considerarse a La Isla Siniestra (Shutter Island) como una de las mejores películas del año. No porque haya sido una cinta sobresaliente, sino porque está formada en base a uno de los mejores libros que se hayan publicado, y además, el mejor libro (entre los que he podido leer) de Dennis Lehane, el creador de esta magnífica historia. Además, a ésto le sigue un fantástico trabajo en la adaptación, lo cual sorprende considerando el riesgo que otorga el mero hecho de trasladar una historia tan pesada al campo audiovisual. Digo pesada, ya que todo lo que sucede en ella es una fusión de sensaciones demasiado internas, vinculadas con la mente y su deterioro. Uno puede resumir el argumento del libro o la película como la historia de un hombre perdido en un mundo sucio, tratando de develar su identidad. Nuestra impresión está repleta de ambigüedades, más cuando sabemos que esta moneda combina una realidad y una fantasía cuyo planteo nace desde la locura de unos y la cordura de otros.
La película gira alrededor de un investigador que llega a una isla cuya única salida es un viejo muelle. En ella, hay un centro psiquiátrico para los criminales más peligrosos, que ningún otro centro está habilitado para tratar. Tras el ingreso de este sujeto, acompañado por otra persona, deberá investigar la desaparición de un paciente que increíblemente ha escapado de la celda. Nadie parece saber demasiado, aunque sus ojos parecen saberlo todo. Es ahí cuando, en medio de esta investigación, empiezan a develarse nuevos misterios de manera paralela a la que uno, como espectador, va descubriendo el pasado del investigador y las razones por las cuales ha aceptado ese trabajo. Es este el punto de inflexión entre la vida profesional y la vida personal, sobre cómo las emociones son capaces de intervenir en determinados proyectos, y sobre cómo a veces una se convierte en la sombra de la otra. A la medida que transcurren los minutos, que se van interrogando a los pacientes de diferentes pabellones, que se va recorriendo la isla (totalmente custodiada) uno puede ir viendo qué es lo que realmente sucede, hasta que la verdad se torna demasiado confusa: es ahí donde la mente (suya) lleva a cabo su actuación, siendo la única capaz de revelar las verdades que ocurren en este siniestro lugar.
Un trabajo donde la locura y la cordura son protagonistas enfrentados por diversos intereses. Detrás de éstas hay personajes, ocultos en lo que personalmente pretenden. La Isla Siniestra es un ejercicio tan redondo que al finalizar la película y volverla a ver, la balanza entre dos grandes posturas que plantea el desenlace está demasiado equilibrada. Lo suficiente, como para seguir generándole a uno la duda sobre qué es real y qué es tan sólo una fantasía de la mente. También, la inclusión de flashbacks que están distribuidos principalmente durante la primer hora y que nos muestran ciertos momentos de la vida de Teddy Daniels (su desempeño en la guerra, sus errores en la misma, su relación con su familia, su esposa) permiten que la comprensión de la película tenga mayor fluidez, aunque no sea éste el caso de la lectura. Nada es lo que parece en esta cinta de suspenso psicológico que añade además enormes dosis de drama para que el trabajo no sea en conclusión otra película de apariencia fría y superficial, sino que use ese calor de las emociones para poder delimitar mejor los espacios de cada personaje y justificar cada una de sus acciones.
La tensión se sostiene tanto en el libro como en la película. Vale aclarar que el autor, es también responsable de dos grandes trabajos llevados al cine: ''Desapareció una noche'' y ''Río Místico'', protagonizadas por Casey Affleck y Sean Penn, respectivamente. El pasado genera el presente, ambientado en los años '50, época americana fantástica para que los intereses de los que hice mención anteriormente tengan un rumbo más político. El contexto sociopolítico puede, a la larga, justificar casi enteramente las inescrupulosas acciones de lo que inicialmente creemos que es algo malo, pero que pese a su convicción puede ser lo único realmente bueno de la película.
El elenco está formado por grandes intérpretes. Leonardo DiCaprio, interpretando al investigador Daniels y realizando una actuación brutal, Mark Ruffalo, Ben Kingsley (fenomenal), Max von Sydow, Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Michelle Williams y Jackie Earle Haley.
Quienes la vean, verán una estética que puede aproximarse (dentro de la filmografía del director, Martin Scorsese) a la de ''Cape of Fear'', la remake que ha protagonizado DeNiro a inicios de los 90, con tonos oscuros, entre grisáceos y verdosos y rojos brillantes, de apariencia algo clásica aunque no tan coincidente con la época en que se desarrolla la historia. El lugar da una apariencia muchísimo más reciente y quizá una de las últimas cosas que pueden creerse, es que estamos anclados en la mitad del siglo XX. De cualquier manera, el guión está repleto de encrucijadas que nos permiten llevarnos dudas inquietantes, las interpretaciones son espeluznantemente magníficas, la banda sonora es perturbadora y ciertas imágenes (principalmente las que constituyen estos flashbacks que realiza la mente del protagonista o que se disponen para justificar ciertas reacciones de la misma) son hipnóticas. Películas inteligentes hacen falta, y más cuando se trata de películas comerciales; un trabajo que puede sintetizarse como redondo, aunque claro, imperfecto.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)