lunes, 16 de agosto de 2010

Partir, de Catherine Corsini.

Una historia de pasiones, obsesiones y desencuentros donde se plantea cuán lejos puede el ser humano llegar por un capricho. Cuenta con la actuación de Kristin Scott Thomas, una de las más prestigiosas actrices del mundo acompañando a Sergi Lopez, el malvado Coronel Vidal de "El laberinto del fauno". Para fanáticos y fanáticas de películas fuertes, para gente que pueda tolerar una película francesa agresiva e inmadura, esta es una gran opción: sensualidad, sexualidad, sociedad, tres grandes pilares que envuelven esta historia sobre la bella y la bestia, la burguesa y el obrero. Interesante propuesta, aunque algo básica.

Partir.


Trailer subtitulado al español.





Crítica.

Un drama erótico torpe, agresivo, impreciso y superficial. De alguna manera, el estilo que hoy en día es moda y atrae multitudes. Es extraño que Catherine Corsini, responsable de una gran película como "Les ambitieux", no sepa repetir su brillante jugada planteando situaciones limpias, decentes y mínimamente entretenidas. Por el contrario, representa un triángulo amoroso al límite del ridículo, que se nutre de las más espeluznantes (y frías) reacciones que el cine permite, y que el mismo libreto parece avalar. Básicamente, las intenciones de la película son llevar a la pantalla grande una historia que suponga el despertar sexual de las niñas cuando hallan un objeto de deseo o capricho. El mayor problema es que ni Scott Thomas es una niña, ni Lopez parece ser una alternativa deseable. A esto, uno añade: Lopez es un actor que ha realizado más desnudos en su vida que una modelo, y que sirve para este tipo de casos. En fin, la química es irreprochable. Más de una pareja tiene un vínculo brillante exclusivamente a través del sexo, y esto lo demuestra perfectamente. Son dos personas diferentes que no se aman ni amarán jamás (acá es donde uno puede descartar la idea de un Romeo y Julieta con crítica social resaltada), pero que gozan del placer y son capaces de venderlo todo por hacer el amor.
"Partir" muestra la cómoda vida de una kinesióloga casada con un hombre rico y con dos hijos, viviendo en una bella casa. El esposo le promete a ella que tendrá un consultorio en su propia casa para comenzar a trabajar tras quince años de hacer absolutamente nada, más que criar a sus hijos y bañarse en lujos que no le corresponden. No son suyos, y de alguna forma, es esta la terapia que según el marido requiere ella para olvidarse de un hombre de clase obrera de quien aparentemente se ha enamorado. Ella le confiesa sin dar demasiadas vueltas su amorío con el hombre que ha dado su aporte para su consultorio en su propia casa, y promete dejar de pensar en él, y claro, de verlo. Pero las niñas no se conforman con ceder, y seguirán ese objeto del deseo de aquí a la eternidad. Cuando decida irse de la casa, su esposo le quitará todos los medios para ser feliz (el dinero, claro), obligándola a volver. Es todo lo que un hombre bueno está dispuesto a hacer para no dejar a su esposa partir; todo lo que ella será capaz de hacer para partir; todo lo que un amante estará dispuesto a ganar mientras los otros dos se maten por partir o no.
El esquema no puede definirse con otra palabra fuera del ámbito de la sencillez, de lo lineal. De hecho, todo lo que abunda en la película es una exageración de lo lineal, una exhibición de mal gusto, de escenas tan torpemente actuadas, que seguramente muchos llamarán arte. Por lo desordenado, desequilibrado, poco armonioso. Lo peor de todo, es que más de una cosa da a entender que Corsini pretende algo limpio, y por desgracia es lo último que vemos.
Un largometraje brevemente eterno, de unos 80 minutos con tres cuartos de sobra; hay cosas que son terriblemente desagradables, escenas tan degradantes e innecesarias que en ''El niño'' de los Dardenne han sido perfectas para una historia que verdaderamente lo ha requerido. Un ritmo narrativo que oscila entre lo no creíble, lo fantástico y lo patético. Recuerdo ''Ricky'' de Ozon y me sorprende que haya aún cosas más inexplicables que aquel cuento de hadas sobre un bebé que vuela, y que supuestamente significa algo demasiado natural. El guión, además, esquematiza un panorama social basado en el placer, y marca planos de alto impacto (una mujer rica vendiendo un reloj en una gasolinera) sumamente chocantes, que marchan contra la creencia de que por amor todo puede hacerse. Me pregunto si la falta de amor en la película, la frialdad polar de Scott Thomas, si la ridiculez de una niña cuarentona corriendo en dirección opuesta a un automóvil en bajada y a gran velocidad a punto de no sólo atropellar a alguien, sino a ser la excusa perfecta para nuevos encuentros eróticos; me pregunto si todo esto forma parte de los planes o es sólo un desliz.
Uno no olvida que la señorita ha sido la elegante actriz de "El Paciente Inglés" (la estupenda película del fallecido Minghella), o que ha sido la sorprendente mujer liberada en "Hace mucho tiempo que te quiero". Ni siquiera la coqueta mujer afrancesada de "Loca por las compras", una película que por pequeña que sea, tiene mucha más coherencia que esta. Y quizá en "Partir", uno espera mucho más de ella (aunque no está nada mal haciendo lo que le toca).
Todo parece ser una excusa para mostrar escenas fuertes (para ampliar la diferencia entre algo intenso con un amante y algo rutinario con un esposo); parece significar también que el sexo es el lenguaje que une clases sociales (ya que él queda maravillado sin entender nada de lo que ella dice en inglés, y ella encantada por escucharlo hablar en catalán, sin entender una sola palabra) y el resto de la película es tan sólo un recorrido por todos los episodios mentales (decir sentimentales es insultar al corazón) que prueben dicha teoría. Todo sin escaparse de lo desagradable, lo grosero.
Puntuación: Mala (3/10)