lunes, 10 de enero de 2011

127 horas.

Aron va a pasar un fin de semana en Utah, a fotografiar los desérticos y extensos paisajes y a disfrutar de la naturaleza. Nadie sabe adónde ha ido, pues es un sujeto independiente cuya vida parece estar demasiado separada del mundo y de la gente. En su soledad, tiene un accidente en un lugar prácticamente enterrado, tras el que su brazo derecho queda atrapado por el peso de una roca. Deberá administrar sus alimentos, usar herramientas para escapar y ver pasar los días de sol y lluvia en medio de la nada. Basada en una historia real y dirigida por Danny Boyle (Slumdog Millionaire, La Playa), "127 horas" es una película con un atractivo muy particular y con un actor de primera. Recomendable.

127 Hours.


Trailer subtitulado al español.





Crítica.

Si hay algo totalmente destacable de la película es la musicalización. Una perfecta y compleja mezcla de canciones y melodías que un freak como Aron (el protagonista de esta historia) puede llegar a tener a modo de PlayList en su reproductor de MP3. En un viaje de estos, siempre hacen falta estas combinaciones explosivas para matar el aburrimiento. Claro, no sólo el del protagonista, sino para impedir que el espectador y testigo de su historia acabe aburriéndose. La historia, en sí, no es aburrida en lo absoluto. Pero claro, estar 127 horas anclado en el medio de la nada puede sonar algo tedioso. La música es, entonces, una de las encargadas de hacer de nuestro viaje algo mucho más placentero de lo que puede sonar la soledad, la culpa, el temor y la muerte.
Danny Boyle ha ganado (o arrasado) hace dos años, en la ceremonia de los Oscar, con su gran película Slumdog Millionaire. Básicamente, una historia de amor y superación a partir de condiciones desfavorables (como lo es, claro, la pobreza en India), que al acabar sólo genera  al espectador ganas de querer aferrarse a la vida. Crea obras cinematográficas que hace años han dejado de hacerse, de esas que transmiten una emoción plena, que erizan la piel. Y además, hace que el espectador se entregue a sus creencias, a su propio cuerpo, y que ame su propia existencia. Los contrastes entre la alegría y la tragedia son sutiles, barnizados por una gama interminable de colores brillantes y otros oscuros, y conducen la electricidad y el vértigo de modo inexplicable. Pero, volviendo al eje principal, que es su más reciente película: estos contrastes son demasiado notorios, incluso bastante agresivos. No significa que esté mal tomarse la desgracia con humor (algo que muchos criticaron de la citada triunfadora), pero a veces es demasiado (no está mal el espectáculo imaginario que permite interactuar a la figura de Aron con el conductor del mismo, en el que se oyen aplausos y risas -y que arranca algunas al espectador, claro, pues es un oasis en medio de tanta tensión en el que hasta el mismo personaje quiere sumergirse- pero mostrar la necesidad de tomar un refresco con una serie de imágenes "refrescantes" roza lo perturbador, lo obsceno).
La película es original. Tiene que serlo, está obligada a ello, o mostrar 93 minutos de un cuerpo atrapado en el medio de la nada puede convertirse en un fracaso. Y esta presunta imposición acaba siendo algo mucho más espontáneo. No hay nada forzoso, todo es natural. Es una excursión demasiado real que permite una mejor inmersión en la vida del personaje y en su peripecia. Mezcla deseos e ilusiones, con recuerdos, con pequeñas fantasías y sueños, con sucesos que ocurren de manera simultánea y con, claro, su cruel realidad. Ésa es, nada más y nada menos, que la configuración de una hora y media de entretenimiento (y sufrimiento) dirigida por Danny Boyle.
El sentido del humor (negro) y la sensaciones del personaje (desde la culpa por no atender el teléfono, el arrepentimiento por no haber dicho adonde iría) van interactuando a lo largo de la película. Uno puede introducirse en la mente del protagonista y más o menos sentir muchas de sus emociones. Sin embargo, todo esto (la comedia, la tragedia, la reflexión) acaban en una resolución decisiva y previsible, por supuesto. Ahí es donde el director juega con todos sus recursos, con sus trampas "millonarias" e impone una fuerza de altísima tensión. Son escenas repulsivas, adrenalínicas que apenas atraviesan la línea que, imaginariamente, divide lo necesario de lo innecesario. Pero se contiene y prolonga hasta una conclusión más pacífica, con un final interesante (que no está a la altura del resto) y con ciertas oraciones de más.
James Franco realiza una actuación imponente. Está, claro, ayudadísimo por las cualidades de la historia y de su personaje (es un papel riesgoso que recuerda por muchos aspectos, también en el campo de las historias reales, a Chris McCandless, o "Alexander Supertramp" de "Hacia rutas salvajes", un sujeto que en los 90s se aleja de su casa y familia para conectar de lleno con la naturaleza durante un tiempo, aunque lo natural le juega una mala pasada y no lo pasa nada bien) pero aún así ofrece la interpretación de su carrera, y una de las más destacables del año. Es una película imperdible que, pese a jugar con el público (principalmente con un guión tan bueno como pícaro), da verdaderas ganas de valorar lo que se tiene.
Puntuación: 7/10 (Notable)

6 comentarios:

Juli dijo...

La fui a ver hoy... Excelente :D aunque bastante impresiva... Muy visual!
Besos :)

Anónimo dijo...

me cuesta recomendar esta pelicula.
Buena

Popcorn Today dijo...

Es de estas pelis que tengo pendientes de ver y que nunca he visto.....pero tengo ganas de verla, gracias por la crítica!

soytutioargail dijo...

Es una peli dura, más si vas con la premisa de que está basada en hechos reales. Después de ver la peli, aconsejo ver el documental del tío este, Días de desesperación en Blue John Canyon, para ya acabar de ramatarte. Un saludo

Nina dijo...

El otro día pasé por una librería de La Plata y vi el libro! Lo leíste? le tengo muchas ganas!
Interesante crítica.
Particularmente me atrapó de principio a fin (y debi admitir que la parte más impresionante no pude verla)
Saludos desde La Plata/Argentina!

Cristian Marcelo Bono dijo...

la escena de la amputación, combinada con una musicalización desgarradora, literalmente hablando, es escalofriante...muy buena película, pero esa escena no es para todos.