domingo, 16 de enero de 2011

De amor y otras adicciones.

Un sujeto es la opción perfecta de las grandes compañías y pequeñas asociaciones dedicadas a la venta, ya que logra con su simpatía y su carisma vender hasta los productos que nadie necesita. Para conformar a su padre, ingresará en el negocio farmacéutico, trabajando para la distribución de medicamentos. Así, será testigo del surgimiento, en el año 1996, de una pastilla que rompe con los problemas de impotencia sexual, mientras que la película detalla la negligencia a la hora del consumo, y todos los efectos que puede tener. Gracias al trabajo conoce a una muchacha, que padece el mal de parkinson (aunque aún no tan avanzado) y se enamoran. Una historia de amor y adicciones, con dos actores que evidentemente, son lo único bueno de la cinta. No Recomendable.

Love and other drugs.


Trailer subtitulado al español.



Crítica.

Ésta es otra de las tantas, miles, millones historias de amor complementario. Lo más común es la historia del rico y el pobre, donde la personalidad de uno tiene cosas que al otro le faltan, y viceversa. Ejemplos, muchísimos más. El cazatalentos y la tímida talentosa que se inhibe. Todas suponen una fusión entre ambos personajes que acaban en amor pleno o, en el caso en que tome rumbos más dramáticos, llevar el sensiblerismo al máximo exponente y enfrentarlos con la muerte.
Todas las historias no son sólo de amor. Puede resultar un tema demasiado largo y aburrido para una película de, mínimo, una hora y media. Por eso, siempre hay una historia aparte. O varias, claro. Son historias que siempre acaban siendo más desarrolladas que el propio romanticismo (puedo mencionar Titanic, sobre el hundimiento del barco que es, a su vez, testigo de la más falsa historia de amor de los años 90s -y queda claro que el hundimiento es perfecto) y acaban siendo recordadas por éso. Pero en "De Amor y otras Adicciones", que sigue el mismo esquema de complementariedad, la historia de amor logra ir más allá (aunque no mucho) que el lado serio de la película, que viene a ser una especie de denuncia a cierta compañía farmacéutica, narrando además el nacimiento de una de las píldoras de uso masculino más famosa de los últimos tiempos, cuyo nombre no necesita siquiera ser mencionado.
Si la idea es crear una historia de amor con una denuncia de fondo, la verdad, es muy pobre. No sólo no denuncia, sino que se contradice tantas veces, que uno no entiende si la película está a favor, en contra de estos negocios, o simplemente tiene ganas de conversar sobre algo y no quiere tocar el tema del clima. Todo ese cuento de 1996, el sujeto lindo y simpático que con su carisma logra convencer a las personas de que compren (en este caso, se va a enfocar a comprar medicación), particularmente no lo he comprado. Mucho menos, con la cara de Jake Gyllenhaal enfrente, un actor que no logra siquiera rozar la línea de la regaladísima credibilidad. Insisto, en el costado de la película en que pretende ser seria, aunque la música y las innumerables escenas de sexo parecen delatar que no lo es.
La cuestión es que, de su historia, nada parece interesante. Deja de ser aburrida cuando aparece Anne Hathaway (El Casamiento de Raquel, El Diablo Viste a la Moda), una mujer con principio de parkinson que se enamora de una persona que vende miles de píldoras, menos la que pueda curarla. Un personaje viene a representar la cura; el otro, la enfermedad. Y lo sorprendente de este caso (creo que como película romántica, es medianamente buena), es que la fusión no va a ser perfecta (es como dos piezas que logran unirse, pero aún así queda una pequeña grieta que las hace vulnerables), pero aún así ambos personajes están dispuestos a que se produzca.
Cuando la cinta está en pleno bochinche (presentados ya los secundarios freaks, la música intensa, el erotismo, la aparición de la píldora, etc), ahí es donde logra su objetivo, que supongo que es el de todas las películas: entretener. No sólo entretiene, sino que nos cuenta de una muy buena manera, un affaire con sus tintes dramáticos, con sus brotes de locura, sus altibajos y sus miedos; un relato íntimo sobre dos personas constantemente al borde de la ruptura, a quienes salvan las relaciones sexuales (algo bastante común). Incluso es buena cuando la pantalla está invadida de cosas referidas al mal de Parkinson, incluso chistes de mal gusto, pero no tan mal ubicados. No lo es cuando está invadida por un listado de todas las enfermedades que se le ha ocurrido al guionista (o al autor, no sé cuál es el origen de esta historia), distribuidas de la manera más deplorable.
Una película que quiere ser seria y culta, intelectual y capaz, pero no lo es. No es capaz de demostrar que la introducción tiene sentido. Y sí sorprende que un director como Edward Zwick (Diamante de Sangre) no haya encontrado el sentido perdido de un interesante prólogo. Igualmente, como historia de amor es una buena propuesta, aunque tampoco para volverse adicto, ni apasionado por ella.
Puntuación: 4/10 (Regular)