sábado, 22 de enero de 2011

De dioses, hombres, héroes, villanos.

Ocho monjes franceses están asentados en el norte africano. Cumplen múltiples tareas en el lugar para ayudar a la sociedad, principalmente constituida por musulmanes. La paz es notoria, hasta que comienza una ola de asesinatos que parece acercarse cada vez más al Monasterio donde están estos ocho hombres de la Fe. Entonces, deberán debatir si tienen que quedarse a ponerle literalmente el pecho a la bala, o finalmente marchar. Un ejercicio reflexivo, pacífico, tranquilo, sobre el verdadero significado de la palabra "héroe". Una inquietante película dirigida por Xavier Beauvois, seleccionada por Francia para competir en los Oscar, pero que no ha superado la última reducción, quedando afuera de la selección. Indudablemente, una de las películas del año. Muy Recomendable.

Des hommes et des dieux.


Trailer subtitulado al español.


Crítica.

Si hay una película este año que deba ser recordada por su capacidad técnica, su estupenda narración, su atrapante historia, su intachable elenco, su puntillosa dirección, pues ésa debe ser "De dioses y hombres", película francesa a la que se le ha negado el acceso a los Oscar, dirigida por Xavier Beauvois. Tiene una puesta en escena sencilla, que inicialmente se enfoca en mostrar la armonía del lugar. Un grupo de monjes franceses asentados en el norte africano, que se encargan de prácticamente todas las funciones de la región (hasta cuestiones administrativas, además de económicas, sanitarias y por supuesto religiosas), lugar ocupado mayormente por musulmanes. Los planos largos y silenciosos van mostrando la paz del espacio, que es lo que estabiliza la vida de estos hombres tan fuertemente conectados con la Cruz de Cristo. El problema viene por parte del afuera, y nuevamente vemos cómo una piedra perturba la calma del río. Todo viene de rumor en rumor, y se asegura que el terrorismo está cada vez más próximo a la zona, por lo que el Monasterio será (seguramente) uno de los próximos lugares que las armas visiten.
Una mesa dentro de las construcciones es un protagonista más. Es la que va siguiendo los temores, los arrepentimientos y las más grandes decisiones del grupo. No cualquier decisión, simplemente la de quedarse a poner el cuerpo al terrorismo, o en el caso contrario, marchar de regreso a Francia. La cámara los muestra desde lejos, debatiendo. Todo parece ser una simple charla. Pero luego, se produce un brusco acercamiento que repasa cada una de las emociones que afecta a cada persona (lo que es visible, claro, por sus caras) y las conecta con sus propias voces, sus propias decisiones tomadas.
La película tiene un manejo excepcional de la cámara, introspectivo y meticuloso, indiscutiblemente prolijo. Combina algunos de los más bellos paisajes con el mundo pacífico dentro del templo, las plegarias y las súplicas que reúnen (y que han reunido, ya que se trata de una historia real) a ocho personalidades completamente diferentes en sutiles enfrentamientos por la fe, el destino del lugar, de ellos mismos, sus familias, sus respectivos pasados. El tiempo va pasando y la incertidumbre se ve iluminada por la Luz, por la Fe, por la Esperanza. No es esperanza de salvarse, porque la violencia es intensa, sino esperanza de cerrar los ojos en paz bajo la protección divina. Las decisiones van y vienen. Están vinculadas con sus vidas día tras día, con el modo de ver las cosas, con los sucesos acontecidos. Uno de los ejemplos más claros es el de mostrarlos como la única fuente sanitaria en varios kilómetros cuadrados. Y con la violencia aumentando gradualmente, son minuto a minuto más indispensables para la vida de la comunidad.
Ya tomada la decisión, deben aferrarse a sus propios credos, a sus propios medios. Deben encontrar, de una forma u otra, la paz. Los ocho toman una decisión unánime, pero aún así, están lejos de sentir lo mismo. Cada uno ha tenido un pasado específico, y éso los hace reaccionar de manera diferente. Para verificarlo, no hay mejor idea que implementar a la narración una bella melodía, la de "El Lago de los Cisnes". Y con ella, cerca de cuatro minutos sin diálogo, un primer plano con cada uno de los rostros, encargados de condensar todas y cada una de las emociones más íntimas. Muestra como ocho seres comunes consiguen la Paz a través de la Muerte (más o menos como El Lago de los Cisnes). Ni ver un retrato cinematográfico sobre La Pasión es tan lacrimógeno. Es una escena memorable, con un impacto emocional que no puede describirse con palabras. Es terrible, pero en el buen sentido de la palabra. Creo que no exagero si la menciono como la escena más conmovedora del año 2010. Porque es una película hecha con amor. Una película ni de dioses, ni de hombres. Es una película de héroes. De personas que aún viendo el futuro, logran llegar con gran inteligencia a una resolución justa. Pero, y acá es donde la película exagera un poco, es lo que cualquier hombre de verdadera fe hubiera hecho.
El final es desgarrador. Eso sí: se encarga de ponerle demasiada salsa a un plato exquisito. Y es demasiado, quizá, alabar tanto este caso en vez de hacer una visión generalizada de los hombres de la Fe. Pero esta misma salsa, que excede algún que otro límite, es la misma que la hace desgarradora. Y es algo que no ha logrado ninguna otra película en todo el año. Otro logro del drama francés. Imperdible.
Puntuación: 9/10 (Excelente)

1 comentario:

Marcelo Cafferata dijo...

Tengo muchisimas ganas de verla.
TU critica super positiva me alienta a conseguirla por algun lado y sacarme las ganas de verla.

Saludos!