sábado, 22 de enero de 2011

La leyenda del Tío Boonmee

El Tío Boonmee está cerca de verse cara a cara con la Muerte. Tiene problemas en los riñones y presiente claramente que el final está llegando. Una cena con su familia tiene como resultado la aparición de su esposa e hijo, transformados por "la otra vida". Ambas dimensiones comienzan a interactuar sobre la otra vida, la que es ajena a ellos mismos. Finalmente, cuando la Muerte golpee a la puerta del Tío Boonmee, se verá transportado al lugar donde, algún día, ha nacido por primera vez. Una cueva que parece estar, literalmente, aislada del mundo. Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, esta película tailandesa (seleccionada por su país para los premios Oscar, que ha concluido su carrera sin haber calificado) habla sobre la vida, la muerte y la transición de una a la otra. Película mística y colorida, con un tono lírico y una fotografía envolvente. No es la película para quienes pretendan entenderla íntegra, está repleta de desconcertantes escenas, pero cuenta con una hipnosis visual indiscutible. Recomendable.

Uncle Boonmee who can recall his past lives.


Trailer Subtitulado al Español.


Crítica.

Esta película deja una impresión difícil de describir. De hecho, no puedo explicarme algunas de las mejores escenas de la película, y me genera cierta impotencia, en el sentido de que no puedo encontrarle respuesta a aquello que me parece realmente bello. Son dos momentos puntuales de la película, que parecen sacados de un cuento. Una Princesa que todo lo tiene, menos amor, se despoja de todos sus bienes materiales y se entrega (sexualmente) íntegra a un bagre. Por otro lado, dos personas que van a cenar y ven sus propios cuerpos sobre la cama, lugar donde han estado antes de levantarse para salir de la habitación. Y son cosas que no parecen tener fundamento. Uno puede hallar algo, una hipótesis (ejemplo: sobre la cama queda el rastro de que han estado ahí; o frente al duelo que deben hacer, es ahí donde deben estar y no en otro lugar) para darle vueltas a ciertos momentos. Hay dos opciones: o la película es demasiado inteligente (que tiene corazón, eso no hay duda; pero ¿Tiene realmente algo de cabeza?) o en su defecto, está arrastrada por otros intereses (desde lo visual, hasta cualquier afán de confusión).
Lejos de lo que no puede entenderse, a lo que debo añadir tristemente el título (el título es una ironía, una burla, no sé), hay muchas cosas que más que entenderse, pueden admirarse. Y dejo de lado por un momento la deliciosa fotografía (que se mezcla con los sonidos de las aves y los insectos, creando una atmósfera de puro realismo); tiene algunas de las escenas más extrañas del año, más memorables, más líricas, y seguramente más asociadas al credo tailandés. No sé qué hay detrás de las creencias en ese lugar, o si la película no es más que un delirio místico, pero aparecen fantasmas, criaturas que han conectado con otras y se han convertido (seguramente esa princesa acabe siendo sirena, si al hijo por tener contacto con un mono le crece muchísimo pelo en el cuerpo) y conversan con los vivos. Las dos dimensiones básicas del mundo (la vida y la muerte) parecen conmemorar juntas la despedida del Tío Boonmee, que nada recuerda de sus vidas pasadas, pero que sí sabe muy bien de qué se trata la que está a punto de dejar. Está enfermo, cerca de la partida. Escribe su testamento y ve pasar las horas, esperando viajar al final, que es además el inicio. Su última parada antes de morir es donde ha nacido en su primer vida, una cueva sumergida en el espíritu de la noche.
Algunos de los diálogos son innecesarios (de hecho, hay dos ejemplos muy claros, pero sólo recuerdo uno: el de los inmigrantes), pero otros, son todo lo contrario. La interacción entre los familiares difuntos del Tío Boonmee con su familia dejan en claro las claves de la Fe. Cómo vive un muerto, la existencia del cielo, a qué se apegan, etc. Y de alguna manera, el desfile fantasmagórico sirve para crear un clima más trágico, lúgubre, que se prolonga cerca de una hora de película, y que es indudablemente lo que la salva de ser complejísima.
Más allá de desconcertar en más de un momento, la película queda muy bien adherida en la memoria. Principalmente, y aunque nadie pueda explicarlo, es imposible sacártela de la cabeza. Es una rueda que sigue girando y girando, que busca respuestas. En segundo lugar, porque tiene algunas de las escenas más hermosas de la temporada (como las imágenes de las cascadas). En tercer lugar, por el inquietante pero muy bien implementado uso de los planos fijos, que predominan notoriamente. En cuarto y último lugar, porque vuelve a tocar un tema polémico: la muerte. Y aunque a muchos más que a otros, es un tema que toca a todos los seres humanos, a todas las figuras (hombres, mujeres, animales, células) en las que este interesante Tío Boonmee ha podido convertirse en vidas anteriores.
Me veo obligado a mencionarlo: esta película (dirigida por Apichatpong W. - no recuerdo el apellido y es difícil) ha ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes, premio que se otorga a la Mejor Película de la Selección Oficial.
Puntuación: 6/10 (Buena)