sábado, 8 de enero de 2011

Never let me go.

Tres jóvenes amigos pasan su infancia en un internado misterioso, viviendo una vida de salud y tranquilidad. Pero poco a poco van descubriendo una verdad, que responde a cualquier interrogatorio sobre los porqués de sus existencias. Marcados sus destinos, sus vidas, deben ver el tiempo correr, vivirlo de la mejor manera, cometer aciertos para no sufrir ni hacer sufrir y arrepentirse sin que sea demasiado tarde. Una película sobre cómo reaccionar ante la muerte anunciada, aunque hecha por la mitad. Todo se queda por la mitad. Para un DVD (principalmente para aquellos que no le busquen demasiadas cosas), recomendable.

Never let me go.


Trailer subtitulado al español.




Crítica.

"Never let me go" es una de esas películas lacrimógenas con un contexto extraño. Es una historia de amor común y corriente, un triángulo amoroso como cientos, pero ubicado en un contexto prácticamente dominado por la predestinación, que cuenta cómo el ser humano está atado a las reglas de la naturaleza, a lo que corresponde, dejando en claro que no siempre la libertad existe. Está presente en muchas cosas, pero en pocas, muchas veces insignificantes.
Con un elenco bello y admirable (tenemos cinco actores grandiosos de un tirón: Carey Mulligan -Esperanza de Vida-, Andrew Garfield -Leones por Corderos-, Keira Knightley -Orgullo y Prejuicio-, Sally Hawkins -La felicidad trae suerte-, Charlotte Rampling -La Piscina) y una historia complejísima, vemos cómo los primeros tres van creciendo bajo las reglas de un particular universo británico en la década del 70, son estudiados y analizados a través de sus emociones, reacciones y otras herramientas psicológicas. Pero un día, una mujer se decide a dejar bien claras las cosas, y a cuestionar una metodología que los niños conocen, pero que no entienden. Esa mujer desaparece misteriosamente, a partir de una presunta renuncia. Éso, sumado a ciertas historias sobre aquellos que han cruzado los límites de la institución a la que concurren, va configurando la mentalidad de los chicos, ingenuos, con la cabeza lavada. Saben que deben permanecer y obedecer las órdenes, y que sus vidas no serán como otras, largas, sino breves.
La medicina cumple un rol fundamental. Los niños son preparados y educados de la manera más sana para que, en la adultez, donen órganos. Ésto, permite mantener el avance de las técnicas y extender la esperanza de vida de la sociedad británica. Pero aún siendo fundamental (y siendo lo que marca principio y fin de las vidas de estos alumnos), no es primario. La historia de amor y amistad entre tres niños, y años más tarde, tres adultos, intentando ser felices, quitarse las culpas, hacer más largas sus vidas y morir en paz, básicamente, es lo que más se nos muestra.
El esquema de este triángulo me recuerda terriblemente a "Expiación", la película de Joe Wright, y no porque trabaje Keira Knightley (de hecho, Keira hace el papel que en Expiación ha hecho Saoirse Ronan, su hermana), sino porque muestra cómo la ignorancia, el deseo y la envidia hace que uno cometa errores de joven, que pueden hacer de la vida del otro algo terrible, más cuando el largo de su vida no tiene demasiada garantía. Keira es envidiosa y les impide a los otros ser felices, y quiere remediarlo cuando prácticamente es irreversible, si puede usarse la palabra "irreversible" en este mundo dominado por reglas tan estrictas. Es ingenioso, pero no es original -al igual que la historia en sí, una mezcla de "Inteligencia Artificial" con "La Isla"-, aunque entretiene, por supuesto.
Estéticamente está bien planteada. No carga con la desesperanza grisácea de "Niños del Hombre" (ésa sí que congela la sangre), pero es más o menos deprimente. El guión parece no llevar nunca a nada, son charlas que cuando están conectadas a tierra parecen interesantes, y cuando son arrastradas por la fantasía, dejan grietas (por ejemplo, el inexplicable e innecesario uso de conceptos como "Original"). El elenco, a excepción de Mulligan (que es genial), todos entregan una interpretación pasable. La musicalización oscila entre lo conmovedor (por ejemplo, la canción que la protagonista oye, que creo se titula "Never let me go", es más emocionante la primera vez que las otras) y lo superficial; entre la fantasía y la tragedia. Todo está cortado al medio. Es una película hermosa, para ver, seguir viéndola, y lamentarse, sufrir con el grito desesperado de Andrew Garfield, con las lágrimas de Carey Mulligan, sin pensarla demasiado. Quien no emplee una visión lógica, la amará apasionadamente.
Puntuación: 5/10 (Floja)