viernes, 14 de enero de 2011

Yo soy el amor.

Una familia se reúne para celebrar el cumpleaños del abuelo, un hombre de negocios dispuesto a ceder su imperio. Dice que ningún hombre puede sustituirlo, y elige a su hijo y a su nieto para que se hagan cargo. Todos forman parte de la clase media-alta en Milán, y viven en una mansión repleta de frialdad. Pero la nuera del mencionado hombre de negocios, interpretada magníficamente por Tilda Swinton, comienza a tener un affaire con un amigo y socio de uno de sus hijos. Así, va naciendo una historia de amor que rompe con cualquier límite entre clases sociales, algo que no será muy bien visto tampoco. La historia de varias historias: de amor, secretos y mentiras. Muy Recomendable.

Io sono l'amore.



Trailer subtitulado al español.



Crítica.

Uno intenta darle vueltas a esta película, intenta comprender ciertas reacciones de los personajes, intenta entender lo que realmente piensan. Es compleja, éso es indudable. Todo brinda complejidad. Desde el inicio, vigila las miradas de los otros, las palabras que dicen, su comportamiento mecánico, los comentarios nerviosos. Todo es muy oscuro en la mansión de los Recchi. Más cuando de dinero se trata. Hay un hecho que abre las puertas de la casa: la sucesión de un negocio familiar. Las miradas son más agudas, las palabras son más fuertes y el nerviosismo más pronunciado. Son tres generaciones que están reunidos por una frialdad cadavérica. Pero hay un personaje que no es frío (y casualmente han elegido a la persona más fría e inexpresiva del mundo del cine para encarnarla, Tilda Swinton, en su -creo- única interpretación decente de toda su carrera) y que tiene charlas con los sirvientes (cosa que sólo ella y su hijo, Edo, hacen). Son dos cuestiones enormes. No se siente cómoda con la frialdad de su familia y atraviesa clases sociales. Es una mujer rusa que ha tenido que adaptarse al mundo italiano (habla ambos idiomas), pero mejor puede decirse que ha tenido que adaptarse a una familia de lujos.
Y toda la película, las dos horas de película, son un conjunto de acciones y reacciones, de miradas y palabras, de ilusiones y decepciones. E insisto, uno intenta darle vueltas y hay cosas que no entiende en un principio, pero que las piensa como un ser marginado, y las analiza, y están muy bien planteadas. Se llega a la conclusión de que esta película es muy buena, aún mejor de lo que parece; con esa introducción clásica, repleta de nieve, nos hunde en otro mundo, en la vida de una familia con secretos y carente de vínculos.
Luca Guadagnino es el director de una gran película, "Melissa P." (no muy querida ni por el público, ni por la crítica), y acá regresa con un tono más o menos similar. Atravesar límites sin pensarlo dos veces, ésa es la idea. El tema es que no todo puede ser muy fácil, más aún cuando de secretos se trata. Lo más exquisito de este pasional romance es lo natural. Desde la comida (algo sencillo como un plato que acaba iluminando la figura de Swinton mientras la mastica) hasta las flores (por ejemplo, cuando se mezclan las imágenes de la relación sexual entre ellos con unas plantas sacudidas por la brisa). Y acá, dos grandes personajes se suman. Por un lado, la luz, que juega un rol fundamental en la historia (que persigue momentos de mayor/menor oscuridad, crea contrastes y relaciona la idea con la libertad o la prisión). Por el otro, el paisaje implementa sensación de liberación, de espacio, de cambio.
La película parece estar planteada como una obra teatral. Inclusive el final. No es muy difícil imaginarse a todos los personajes compartiendo escenario. Riendo, llorando y anhelando libertad. Una película que trasciende. Es capaz de inundar espacios más allá de la pantalla, de sumergirse en lo más profundo de nuestro corazón. Es muy fácil rechazarla. Tiene un argumento incorrecto (en un sentido ético) que va contra las normas. Son una (o dos) ovejas negras en la familia, cuya habilidad de permanencia radica en saber disimular bien las cosas. Y ahí están los secretos, la confianza. Todo personaje tiene algo guardado, pero la falta de comunicación hace que los terceros se encarguen de sacar ciertas cuestiones a la luz, haciendo de las consecuencias algo terrible. Yo Soy el Amor, una especie de llamado a quitarse las cadenas que nos detienen y a pensar en grande. Cosa que, claro, no siempre puede resultar algo bueno.
Al margen de que la película cuente con algunas (cuantas) escenas de más (principalmente referidas al mundo de los negocios, que en mi opinión no alteran el eje de la historia), los tiempos están muy bien manejados, el elenco demuestra su capacidad interpretativa, el guión es terriblemente bueno y el frío llega a sentirse. Una película de amor hecha con amor, una de ésas que parecen no ser muy distribuidas en estos días.
Puntuación: 8/10 (Muy Buena)