miércoles, 31 de agosto de 2011

Secretos y mentiras.

Secrets and Lies.

Crítica.

Obra maestra. Cuando hay una película sobresaliente, hay que aprovechar esa primera oración, con todo su impacto visual, para anunciarlo. Y Mike Leigh, que en su gran trayectoria ha entregado productos notables, es responsable de una de las mejores películas de la década del 90, que no es otra que la famosísima “Secretos y Mentiras”, Palma de Oro en el Festival de Cannes – año 1996. Apelando al costumbrismo británico, recurso predominante en su obra, y en menor medida a “reojo social”, habla de un tema tan común como la dinámica familiar, pero estructurando la idea desde una familia que lo es todo, menos unida. Además, este director y guionista se encarna en el cuerpo de más de un personaje, dando gritos nerviosos que pueden servir de moraleja, de comparación o de contemplación de la –siempre muy agradable- desgracia ajena. Y uno de esos personajes es el que tan bien interpreta Timothy Spall, un hombre que intenta ponerle una sonrisa al mundo, aunque el mundo no quiera sonreír (instrumento que vuelve a utilizarse en “La felicidad trae suerte”, con una Sally Hawkins que ríe y sonríe más de lo que puede); y es él el que parece llevar consigo, como una carga, la desunión general. Es el personaje más humano, simpático y agradable, por quien podemos llegar a sentir angustia o compasión, aunque a veces también admiración. Y da un grito que refleja lo que se quiere transmitir. Un grito que funciona como una olla a presión, que conmueve. Un grito que es producto del dolor, un dolor incomprendido por seres individuales e individualistas. Así, como “En el dormitorio” (con Tom Wilkinson), hay cosas que el corazón del hombre no puede contener, que necesita manifestar casi con urgencia, con enorme necesidad.

Además, como en todos los trabajos de este artista, el funcionamiento del elenco conlleva a mayores sorpresas de las esperadas: un dúo protagónico conformado por Marianne Jean-Baptiste y Brenda Blethyn, que es de los mejores que se hayan visto en la gran pantalla. Porque pocas veces un drama tan terrible puede sacar tantas carcajadas, y eso se debe en gran parte a la naturalidad con la que estas dos actrices se expresan, con personajes que bastante tienen que decir. Dos personajes atípicos, que no caen en el pozo ciego del odio, producto del abandono, y que complementa el deseo de búsqueda de un origen con el amor y la comprensión a las acciones de alguien que ha dejado de ser quien alguna vez ha sido. El resto del elenco, brillante. Ver a Lesley Manville, actriz que brilla en uno de los próximos estrenos platenses (“Un año más”, también de Mike Leigh), en un rol comiquísimo, ligero y egocéntrico, y ver a tantos actores trabajando de verdad, es todo un placer. Además, ver a actores danzar con una música interesante y con bastante ensayo, difícilmente acabe en un mal espectáculo. Y aunque las cosas salgan mal, está la gracia que tanto caracteriza al cine británico. Esa alegría que muchas veces exudan estos dramas cotidianos, y que imponen amor, respeto y admiración: a personajes con los que no es difícil identificarse, a un guión que es tremendo, a un director que es todo un profesional.

Desde lo personal, no puedo hacer otra cosa que recomendarla. Porque joyas de esta grandeza no se ven pocas, y con la delicadeza con la que Mike Leigh las trata, menos aún. Una obra sofisticada (¡creo que es difícil separar la palabra “sofisticación” de “británico”), concisa y hermosa. Una jauría de palabras que muerden hasta el hueso, porque no ladran, no prometen ni se van por las ramas. Por la precisión con la que se trata una temática tan interesante, por las vueltas de tuerca de la historia, por el final, por el cine, debe ser vista.

Puntuación: 10/10 (Sobresaliente)

lunes, 29 de agosto de 2011

Super 8.

Super 8.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Para muchos, una máquina del tiempo que les ha hecho recordar ilusiones y viejos cosquilleos pasados. Para otros tantos, un entretenimiento espectacular, una película de ciencia ficción tan o más buena que “Star Trek”, esa extraordinaria producción dirigida por J. J. Abrams, director también de “Super 8”. Para unos pocos, parece, una película interminable. Y me incluyo entre ellos, quizá por una cuestión de edad, o de haber rechazado toda mi vida al género de la ciencia ficción, rescatando sólo los productos muy buenos. Parece increíble que en 110 minutos puedan condensarse tantos aspectos irrelevantes de una historia sobre invasiones extraterrestres, dejando de lado las cosas que realmente pueden valer la pena. Es decir, el miedo o el impacto que puede generar la idea, que jamás se ve; las rupturas que este impacto puede generar, dirigidas en realidad por un amor preadolescente. Y así, entre deseos de que acabe y deseos de que nunca más sea proyectada por temor a poner en riesgo nuestra salud mental, vemos algunas luces que la hacen menos insoportable, que por capacidad (intelectual, económica o de cualquier otro tipo) la hacen, inclusive, un poco más ágil.

Producida por Steven Spielberg, a quien más quiero por su trabajo en “Munich” y “La Lista de Schindler” que por “E.T.”, “Super 8” parece ser, al menos por su magnífico trailer, una película distinta. Debe quedar en claro que, al terminar la película, esa idea queda desechada en el pasado de una conciencia en la que no se puede confiar tanto. Uno piensa que puede llegar a ser como “The Host”, o que –siendo un poco más mala- puede acabar como “Cloverfield”. Pero, viendo un adelanto como ése, uno jamás puede pensar que puede tener el (aún) vivo espíritu de “La guerra de los mundos”. Y lo tiene, que es lo peor. Aún así, siendo la parte argumental bastante pobre –no sólo es previsible y convencional, sino también monótona y eterna-, la salva lo estético, que es muy bueno. Tiene grandes efectos, que hacen de la película algo más que digerible. Los efectos sonoros, particularmente, son sobresalientes. Y en conjunto, se ve y se oye bastante bien. Una película lograda pero que cuenta mal algo que es, en sí, muy frágil. Una historia demasiado sencilla de la que, la película, no es capaz de extraer demasiado jugo.

Una ciudad acechada por extraños acontecimientos, siendo un grupo de jóvenes los testigos del primer evento poco usual, puede prometer tensión y sorpresas, algunas encontradas a lo largo de la obra y otras no. La trama tiene giros interesantes, alguna enemistad bien fundamentada y algún que otro personaje más que bueno. El discurso de la película, y la plata invertida, sirven de escudo para proteger a actores al borde del ridículo. Sí debe ser aplaudida la pequeña Elle Fanning, que en medio de tanta oscuridad intelectual (y también oscuridad propia de la noche, claro) desborda simpatía, belleza y talento. Una chica para tener en cuenta. Es un organismo destacable entre tantos organismos que pueden destacarse en una película como ésta, que no es un producto afortunado pero sí una diversión garantizada para fanáticos.

Puntuación: 4/10 (Regular)

sábado, 27 de agosto de 2011

La doble vida de Walter.

The beaver.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Asistan a la terapia de Walter Black, un hombre con una seria incapacidad para comunicarse directamente con su entorno. Esa incapacidad manifiesta le hace perder el sentido de su vida, perder a la gente que lo rodea, perder la cordura en momentos determinados. Sin embargo, todo cambia cuando conoce al “Castor”, una pequeña criaturita-títere a la que maneja no sólo con sus manos, sino también con su mente. Este Castor se convierte en el medio de comunicación entre Walter y el mundo, es una extensión de su propia personalidad que lo incentiva a interactuar con las personas a su alrededor. Al principio, parece un ejercicio sano, un medio interesante para progresar socialmente. Sin embargo, poco a poco va transformándose en algo enfermizo, vicioso, en un demonio que lo posee, que le extirpa la personalidad. Como una enfermedad, va trasladándose al ámbito familiar, influyendo también en la paz que bien podría reinar en un hogar si todo fuese normal.

Y hablar de terapia no es exagerado. Durante la mitad de la película protagonizada por Walter (Mel Gibson), intentamos justificar su comportamiento con frustraciones pasadas, algo que es más que complicado con alguien que no puede comunicarse. Puede alcanzarse alguna conclusión, pero nada demasiado preciso. Gibson encarna fenomenalmente a este sujeto de pocas palabras y muchos gestos, dándole un gusto ácido a muchas escenas, y otro más que amargo en otras tantas. De algún modo, esa bipolaridad se ve moldeada por personaje, en lugar de ser a la inversa. Dudo que sea un proceso bueno o positivo para quien ve la película, o mejor dicho, dudo que sea creíble, pero le da una perspectiva distinta a la de películas como “Lars y la chica real”, que además de ser más profunda, cálida y humana, es mejor. Sus monólogos y sus confrontaciones consigo mismo son muy buenos, cosa que no sucede en sus diálogos con la familia, una Jodie Foster casi ausente y un niño (demasiado) encantado con su padre. Pero en la otra esquina tenemos a Anton Yelchin, actor que me resulta fascinante: con películas como “Juegos prohibidos” y “Charlie Bartlett”, ha sabido encontrar su lugar en el cine. Acá, es otro sujeto con incapacidad para comunicarse: no puede conjugar dos verbos en una oración, pero a través de la escritura no tiene comparación. Y se enamora de una mujer con otros conflictos para comunicarse: tiene un pasado que niega y busca alguien que escriba un discurso que no puede pronunciar aún siendo la más inteligente de la clase, a la que interpreta Jennifer Lawrence (primera de dos películas en el año protagonizadas por Yelchin y Lawrence: la otra es “Like Crazy”). Así, estas dos historias (las de Gibson y Yelchin) dan forma a una comedia dramática (o a un drama con escenas cómicas) breve pero llena de grietas, no precisamente en los personajes, sino en los cruces que van teniendo éstos.

La comunicación, como habrán visto, supone un rol fundamental en “La doble vida de Walter”, pues después de todo, no es más que una reflexión sobre nuestra incapacidad de dar con el mundo en determinados momentos de nuestra vida. Por la baja autoestima, por un pasado del que huimos, por un futuro por el que no podemos luchar. Por lo tanto, uno espera que la película tenga una conclusión inteligente, realista y bien fundamentada. Sin embargo, toda esa presunta genialidad, que para muchos lo es (no para mí) construida en la primera mitad, se torna una pantomima, que hace a uno replantearse cuán valiosa es la presencia de Jodie Foster detrás y delante de cámara, o mejor dicho, si para el triunfo de una gran historia es urgentemente necesaria una actriz buena y un buen director.

Si uno se pone a pensar, es una película más. No es tan tierna como la mencionada “Lars y la chica real”, por el contrario, es una película fría que quiere ganar temperatura a lo largo de 80 minutos y no lo logra. Por éso, me quedo con los 45 minutos que le tocan a Yelchin para probar sus habilidades como intérprete y hacer brillar las cualidades de su personaje. Ahí, es donde la película gana en autenticidad, donde los diálogos son intercambiados con fluidez, donde los sentimientos asoman y donde el placer de hallarse frente a un producto medianamente bueno intenta ganarnos la pulseada.

Puntuación: 5/10 (Floja)

jueves, 25 de agosto de 2011

Cerro Bayo.

Cerro Bayo.

Trailer en su versión original.

Crítica.

Hay un estilo de películas argentinas, justamente el más apagado y el menos comercial, que prueba que mientras no sucede nada, en realidad suceden cosas mucho más graves. Uno de los más grandes exponentes de este estilo es la cineasta Lucrecia Martel, aunque no son pocos los cineastas que se guían por ese modelo para representar algún asunto grave como el que propone “Cerro Bayo”. Acá, el estilo es similar: los pocos y, al parecer, no tan importantes diálogos, la lentitud del desplazamiento de los personajes, de los acontecimientos, va dándonos la pauta de que detrás de todo hay algo realmente interesante. Y no es casualidad que se asocie con “Cerro Bayo”, un punto bastante frío de nuestro país, dado que el sentimentalismo está prácticamente salteado: uno de los más grandes protagonistas de la obra es la frialdad, la actitud desalmada e interesada, la necesidad de actuar como los gusanos bajo tierra, es decir, devorando lo poco que queda de un cadáver.

Con un elenco tremendo, la película narra la historia de una familia. Dos hermanas (Adriana Barraza, Verónica Llinás) se reencuentran ante un trágico acontecimiento que ha dejado a un familiar en coma. En escena, también aparecen el esposo y los hijos de la primera (estos últimos interpretados por Inés Efrón y Nahuel Pérez Biscayart), todos dando vueltas alrededor de una casa con intereses más que particulares. Esto significa: no hay momento en que la familia parezca tal, por el contrario, el individualismo que reina en el hogar hace que cada uno se guíe por sus propios intereses, algunos más descabellados e inapropiados que otros. Ahí, la droga, el sexo (y la competitividad), las propiedades, todos son movimientos que no se ven. En esa aparente normalidad, donde –recuerden- nada pasa, en realidad todas estas cosas están ocultas entre las montañas. Pero hay ojos, que representan a una sociedad observadora (uno o dos personajes “del afuera”, geniales) y que siguen movimientos y rumores con otros intereses en particular, aunque siempre guiándose por sus necesidades personales.

“Cerro Bayo” es una gran película. Está bien: su sencillez se lleva al extremo en un final más o menos obvio, planificado como una estructura arquitectónica, pero que afortunadamente no se cae. Tiene sus fallas, son pocas, pero dejan verse: personajes con frases puestas a la fuerza y que van dirigiendo el producto a la resolución más fácil, más obvia. De cualquier forma, todo lo demás es un logro absoluto: la sensación de tensión frente a esa normalidad está sostenida, los conflictos se desarrollan sin faltar a las creencias que la película plantea inicialmente y el elenco (similar al de “blue”) es genial. Destacar a Efrón y a Llinás, una con un personaje ingenuo y otra con su antítesis, es obligatorio. Se devoran el Cerro Bayo, con nieve incluida.

Puntuación: 7/10 (Notable)

viernes, 19 de agosto de 2011

Los secretos

Ha-Sodot.

Trailer subtitulado al inglés.




Crítica.


Tiempo de ver “Los Secretos”, dirigida por Avi Nesher, drama con ápices de comedia y romance. El año 2007 podría considerarse un “año dorado” para el cine de Israel. Haciendo un balance, fue el año en que más cerca estuvo de ganar un Oscar: la contienda por el premio a la mejor película extranjera fue bastante pobre, dejando como triunfadora a “Los Falsificadores” (Die Fälscher, de Stefan Ruzowitsky). El motivo de la derrota israelí fue la pésima preselección (desaprovechando, insisto, una de las oportunidades en las que más cerca se ha estado del triunfo entre los últimos años), que envió a competir a “Beaufort”, la película más floja de las vistas de aquel año. Y año dorado, también, porque ese año hubo muchas grandes películas, ninguna seleccionada para competir en grandes entregas, como “Medusas”, “Los Secretos” o “La visita de la banda” (ordenadas de mayor a menor, claro). Tres películas gigantescas para enorgullecer al cine israelí. Hoy, una breve revisión de la segunda: “The Secrets” (Ha-Sodot).

La historia conecta la vida de tres personas. Noemi, que acaba de perder a su madre, está comprometida y antes de dar un mal paso en su vida, decide ir a un seminario; Michelle, mujer que busca reconciliarse con la Fe, y Anouk, quien padece una enfermedad terminal y quiere el perdón de Dios, por un crimen cometido en el pasado, antes de que sea demasiado tarde. Así, el perdón, el amor y la libertad van guiando a tres mujeres que, en un mundo de culturas y religiones que se sostienen por hombres, buscan su identidad en el mundo. Principalmente Noemi, protagonista de este drama, es en quien se notan esos tres mencionados conceptos. El amor, en una primera parte; la libertad, en una segunda; el perdón, en una tercera. Cada una de ellas tiene un perfil muy marcado y diferente: no son iguales y, además, la sociedad trata de hacerles creer que son herejes por creer diferente a ella. “Los Secretos”, narra el viaje espiritual de Noemí, Michelle y Anouk para conseguir la aceptación, sin garantías de felicidad.

Al igual que “De dioses y hombres”, no es necesario ser creyente para devorar una película como ésta: alto contenido religioso, rituales y oraciones van llevando la trama a una increíble duración de dos horas que no causan nada de aburrimiento. Eso habla muy bien de la historia: suficientemente humana como para llevarnos a pensar, a interesarnos por las vidas de los otros y a conectar a través de identificaciones con tres exquisitos personajes. Además, el humor (básicamente chistes religiosos, que acentúan el tono de protesta contra el autoritarismo de la Religión y su estructuralismo) y el romance (que nos puede hacer acordar de “Mi verano de amor”, de Pawel Pawlikowski, o a “Secreto en la montaña”, de Ang Lee), dinamizan el relato y lo hacen bello, profundo y conmovedor. Película osada, crítica y a la vez simpática; uno no se permite la ovación al último cuarto de película para no distraerse de los pequeños detalles, que aún están presentes en la conclusión de la historia. Porque en líneas generales es agradable: luego, que los secundarios no funcionen, que haya desajustes y diálogos fuera de lugar, bueno, son cosas sin demasiada importancia. El final, como en “Cous cous” (La graine et le mulet, Andel Kechiche), enérgico, veloz, inmenso: una síntesis de la calidad del resto.

Puntuación: 8/10 (Muy buena)
Overall rating
 

miércoles, 17 de agosto de 2011

El mundo según Barney.

Barney’s version.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Quede claro que estamos frente una de las mejores interpretaciones del pasado año, y seguramente una de las mejores interpretaciones de la carrera de Paul Giamatti, actor al que últimamente no suele vérselo en grandes productos y que retorna a éstos con un personaje emblemático y complejo. Se trata del indescifrable Barney, individuo de historia común y corriente cuyo carácter hace de ésta algo mucho más duro y pesado de lo que realmente es. Lo de “indescifrable” no necesita demasiada explicación: un hombre que no sabe a quién ama, que difícilmente sepa qué es lo que quiere hacer con su vida, un hombre que esconde secretos (o no) gracias a una cara poco expresiva, con mayor tendencia al arrepentimiento que a la confesión, a la liberación espiritual antes que a la prisión.

Giamatti encarna a un productor televisivo, padre de familia, hijo de familia, amante, a lo largo de los años. La narración se encarga de modificar el orden de los hechos y los propone “a la manera de”, según podemos entender con el título de la película, para dejar en claro que es un testimonio mudo de Barney Panofsky, segundo a segundo más enemistado con el mundo. Sin embargo, esa versión no parece ser “una en un millón”, sino una versión simple en torno a un caso judicial, con una respuesta también judicial de alguien que no parece creer en él. Se aleja del tono personal de “Amadeus”, que puede entenderse como “Tony’s version”, es decir, como una descripción de un genio contada a modo de confesión por quien combina admiración y envidia. Acá, el tema de las versiones (tema tan polémico en “Copia Certificada”, de Abbas Kiarostami) pasa a segundo plano. Más que ser la vida según Barney, es “La vida de Barney”, donde no se distingue la objetividad de la subjetividad, la honestidad de la conveniencia.

Pese a esta falta de conexión entre el título y el cuerpo de la obra, que alguno puede considerar algo superficial (no es mi caso), la película es una interesantísima comedia romántica sobre un rompecorazones, donde se aborda su relación amorosa con tres mujeres diferentes, su vínculo familiar con su padre, un genial Dustin Hoffman, y con sus dos hijos. Desde el inicio, el tono irónico de la historia va conduciendo al personaje a través de los años, donde la falta de seriedad protagoniza su vida, posee al personaje y lo hace cometer errores imperdonables. Son dos horas intensas donde deben destacarse la impresionante labor del protagónico masculino, que emociona (realmente) en una o dos escenas y hace reír en las restantes, los diálogos (que son fantásticos) y la música, que es sensacional. Una película recomendable por todas las virtudes que tiene, que son varias. No es una película complicada, aunque se anuncie como una mezcla de todo, y se disfruta como una comedia dramática sencilla, hasta ingenua por momentos. Mención especial para Scott Speedman.

Puntuación: 6/10 (Buena)

domingo, 14 de agosto de 2011

Rango.

Rango.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Mientras Johnny Depp se debate el padrinazgo entre Tim Burton y Gore Verbinski, los espectadores se enfrentan a “Rango” como una película animada más, de esas tonterías estrenadas para niños en la primera mitad del año y que alcanzan, muchas veces, a cosechar una nominación al Oscar. Pero antes de hablar de ella, y/o de verla, debe dejarse en claro algo: ésta no es una película para niños. A esta conclusión puede llegarse a través de más de un motivo. El primero y fundamental: está más cerca de durar dos horas que de durar los 80 minutos típicos de las películas infantiles, es decir, se aproxima más a “Los Increíbles” (The Incredibles) (que roza las dos horas) que a otras. En segundo lugar, tiene un humor bastante trágico, que no es casual. En tercer lugar, digamos que la trama tampoco es demasiado interesante para un niño, por lo que uno puede llegar a compararla con “Superzorro” (Fantastic Mr. Fox). Finalmente, la estética no la hace llamativa para chicos (quizá ni siquiera para grandes). Por estos motivos, creo que los chicos tienen muchas otras propuestas para ver, ya que animadas llueven por montón, en lugar de sufrir (conozco a muchos que han usado esta palabra) una película como ésta.

Ahora bien, ¿Esto significa que la película sea mala? Para nada. Al contrario, es el mejor producto animado que he visto en lo que va del año, y probablemente el mejor que muchos otros vean. Seguramente porque a diferencia de otras películas animadas como la mencionada de Disney Pixar, esas dos horas no suenan demasiado largas con una historia buena, que no se desgrana en los pequeños errores ni en los clichés. Tiene personajes espectaculares, quizá no tan llamativos como pueden serlo los de la película “Río”, pero están bien construidos a la par de la trama. Además, puede leerse desde dos trasfondos diferentes. El primero es puramente político. Quien haya visto la película no me discutirá esto: queda bien en claro que es la representación de una realidad en la que han caído muchos países del mundo, y ahora, en relación al agua. Tantas películas, documentales, testimoniales hechos en torno a este recurso, y viene a ser “Rango” una de las manifestaciones más deliciosas de este acto de corrupción. El segundo, está vinculado con el destino, con lo divino, lo preanunciado. Un coro de lechuzas (no sé distinguir animales, pero se darán cuenta a quiénes me refiero) anuncia desde el primer minuto el trágico desenlace de nuestro héroe, un pequeño anfibio sin nombre que debe adaptarse a un mundo hostil y árido. Ahí, se alude a las grandes tragedias de la antigüedad, donde la valentía no puede con un final ya escrito.

Al llegar el anfibio a una ciudad enclavada en el desierto, comienza a desparramar heroicos mitos sobre su enfrentamiento con poderosas y numerosas criaturas, que hacen que el pueblo, desesperado por la falta de agua, crea en él. Así, es nombrado alguacil. Totalmente inepto para ejercer la Ley, se encuentra con una sociedad demandante, un gobierno misterioso y el amor de alguien a quien parece no comprender demasiado, en un principio. De este viaje a la realidad de uno mismo, a la capacidad de adaptarse a un hábitat distinto (que no estrictamente debe ser un lugar), del descubrimiento de qué tan lejos puede llegar uno sin recurrir a la fuerza física, pero sí a la espiritual, se vale “Rango”, una comedia negrísima y encantadora, con un mensaje para la reflexión.

Puntuación: 8/10 (Muy buena)

viernes, 12 de agosto de 2011

Güelcom.

Güelcom.

Trailer en su version original.

Crítica.

Güelcom puede estar incluida entre las películas nacionales pequeñas, fáciles y olvidables, donde el hecho que sea buena o no es irrelevante. Películas de bajo presupuesto, con actores más o menos profesionales y un argumento delgado. Películas diseñadas, como mucho, para ver en un reproductor de DVD. Pero como existen excepciones a la regla, podemos asegurar que “Güelcom”, más allá de estar incluida entre esas películas, es buena de verdad. Y eso importa, porque la experiencia de enfrentarse uno como espectador a una historia tan bien contada, dentro del defenestrado cine nacional, vale la pena. Sabe aprovechar la sencillez de la historia y jugar con la idea, sus mejores momentos son aquellos en los que se aleja de la ambición y la espontaneidad de algunos actores son condimentos esenciales para la calidad del producto. El resultado, no es más ni menos que un buen rato, algo que no garantiza cualquier película, de cualquier país, género o trama.

Una pareja de jóvenes argentinos se separa de un día para el otro: ella quiere probar suerte en España y él no tiene intenciones de acompañarla. Cuatro años más tarde, ella vuelve de visita y, de paso, se queda para estar presente en la boda de unos amigos. Él, que ya ha formado una vida pero sigue soltero y perdidamente enamorado de ella, intenta reconquistarla. Pero entre las miradas, un secreto que confesar que puede poner en riesgo el futuro de la relación. Mariano Martínez y Eugenia Tobal, quizá conocidos por su actual participación en la comedia televisiva “Los Únicos”, protagonizan esta comedia romántica sobre amor y desencuentro, narrada en dos dimensiones: la particular (historia de vida de estas personas y su entorno) y la general (mirada crítica al turista argentino tipo), que se funden en las casualidades que la vida les depara a los personajes. Sin demasiada gracia, ambos protagonistas cumplen: tienen química, buenos diálogos y situaciones divertidas. Quizá los más beneficiados son los secundarios, entre los que debe destacarse a la embarazadísima Maju Lozano, que cuentan con diálogos buenos pero con un compromiso inmenso a la hora de encarar un personaje como éstos. Así, el elenco logra sobresalir en la película.

Pero “Güelcom” no se vale sólo por unos buenos actores: tiene un guión más que bueno, está bien rodada, la historia es atractiva, algunos virajes son realmente inesperados, la música acompaña a la perfección tanto como las risas de los espectadores a lo largo de la historia. Luego, que el monólogo protagónico sea insoportable, que el final sea previsible y fácil, que la segunda mitad sea mucho más lenta que la primera, que la gracia de algunos chistes se pierda en la repetición de los mismos, pasan a segundo plano. En líneas generales, todo lo positivo inclina la balanza hacia el lado bueno: más que nada, porque es imposible no disfrutarla, no conectar emocionalmente con los personajes y no reflexionar con algún que otro discurso central. No es desperdicio del tiempo, en esta batalla el espectador gana con comodidad.

Puntuación: 6/10 (Buena)

martes, 9 de agosto de 2011

El gato desaparece.

El gato desaparece.

Trailer en su versión original.

Crítica.

“El gato desaparece”, hasta el momento la mejor película estrenada en los cines platenses en lo que va del año, es un thriller de suspenso protagonizado por Luis Luque y Beatriz Spelzini y dirigida por Carlos Sorín, uno de los nombres más destacados del cine argentino de las últimas décadas y responsable de películas como “Historias mínimas” y “La ventana”, además de algunas más antiguas como “La era del ñandú” o “La película del Rey”. Su estilo siempre ha sido comentado, siendo un artista de renombre, y hoy trae a la gran pantalla una película imperdible como ésta, que narra el regreso de un hombre internado en un instituto psiquiátrico a su casa (interpretado por Luque) tras haber golpeado a un amigo de su esposa, a quien acusaba de haber robado una idea que le pertenecía. La paranoia, que había despertado en él un instinto agresivo, es la mayor enemiga de su esposa (interpretada por Beatriz Spelzini): una mujer que teme que sucesos como éste vuelvan a ocurrir, vigilando casi obsesivamente el comportamiento de su esposo.

El título hace referencia a una casualidad: Donatello, la mascota de la familia, desaparece al volver su esposo a su casa. Al principio, Donatello no tiene mucha más importancia que la de un gato que desaparece, pero con el surgimiento de otros misteriosos acontecimientos, las dudas y la intranquilidad van perturbando la vida de ella, persona firme en sus cuestionamientos y bastante insistente con los cambios de conducta de él. Así, el trastorno va poseyendo a otra persona, como si de contagios se tratara. Ella se encuentra sola y vulnerable, en un pequeño mundo al que empieza a percibir ajeno y enfermizo. Comienzan las pesadillas, el miedo y las ansias de huir. Él, sin embargo, sigue mostrándose normal.

La película es capaz de viajar a través de todos los géneros, desde la comedia, el drama, el suspenso y el terror. Ésto es posible gracias a un guión de primer nivel, a dos actores que constantemente están compitiendo por superarse uno al otro, a una historia sencillamente compleja y a todos los nexos y paralelismos que pueden encontrarse en medio. El gato, que en lugar de un personaje se convierte en un símbolo (cada uno llegará a sus propias conclusiones respecto de qué representa Donatello), va tomando mayor protagonismo. Mientras tanto, estos dos actores son capaces de entregarse como profesionales y generar las condiciones necesarias para que una película extraña como ésta sea realista y desasosegante. El resultado es bueno: el final te deja perplejo, intranquilo, te hace pensar y relacionar todas esas pequeñas cosas que en un principio parecen no tener demasiado sentido; cuando todo cierra y detrás de este cierre hay buenas intenciones, la película puede ser perfecta. Cuando es imperfecta, pero todo cierra y hay buenas intenciones, la película puede ser tan buena como ésta.

Puntuación: 8/10 (Muy buena)

domingo, 7 de agosto de 2011

Loco y estúpido amor.

Crazy, stupid, love.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

De los encargados de “Una pareja despareja”, llega “Loco y estúpido amor”, probablemente la comedia romántica del año con un elenco de lujo, que pasa por grandes como Marisa Tomei y Julianne Moore, medianos como Steve Carell y Kevin Bacon, y pequeños como Ryan Gosling (me refiero a la experiencia: es uno de los mejores actores de hoy) y Emma Stone (*). Dirigida por Glenn Ficarra y John Requa, esta película narra la historia de un hombre bastante estúpido como Cal (Carell), cuya esposa (Moore) le pide el divorcio tras 25 años de matrimonio. Él, que siempre tiende a dejarse perder, entabla una amistosa relación con un mujeriego (Gosling) que le ofrece algo: cambiarle su estilo y devolverle la confianza para que su esposa no se resista y se arrepienta de haberlo dejado. Pero en el camino de ambos se cruzan dos personas que les cambia el modo de ver las cosas: una profesora en la vida del primero y una estudiante en la vida del segundo, armando un esquema sobre las generaciones de las relaciones amorosas y además, una red de historias de amor entrelazadas (para el amor hay edad, así nomás).

La película puede considerarse una comedia romántica, pero no es ni cómica, y ahí hay un problema. No hay demasiado que explicar detrás del porqué no es cómica, simplemente la película tiene un humor seco que no genera ganas de reírse, ni de disfrutar el contemplar la vida de un fracasado que se sumerge en el patetismo. Por fortuna (siendo condescendiente: uno desearía que la película siempre fuese buena, y no por partes), la historia está dividida en tres partes, en cierto modo relacionadas con el título (o quizá es fantasía mía): una primera, donde el protagonista (siempre Carell) es estúpido, donde a uno le genera rechazo el sólo verlo (similar a su papel en “Cena para tontos”, o al del innombrable en “Napoleón Dinamita”); una segunda, donde el protagonista es loco, entre comillas (empieza a descubrir el sentido de la fiesta, el sexo y la diversión), y una última donde el protagonista vuelve a enfrentarse al amor. La comedia hace sus mejores esfuerzos en la segunda parte, pero no intensamente, sino en las tres escenas en que aparece Marisa Tomei (luego aparecerá una vez más al final y hará reír también, pero son momentos mínimos); en las otras, quizá el protagonista es el romance.

Ése es precisamente el problema: puede considerarse una película romántica, pero no es romántica. Todas las relaciones amorosas están disfrazadas de capricho o frivolidad, no hay una pareja que enamore al espectador, que lo convenza de verdad. Es como un baile que une a desconocidos bailando piezas tontas y hablando tonterías. Entonces, uno piensa que las cosas andan mal. Una comedia romántica que no hace reír ni enamora pero que simplemente muestra las tres etapas de un hombre como un documental, defrauda. Los secundarios dicen frases graciosas sin demasiada gracia. Los protagonistas se lucen como profesionales que son, sin hacer nada que no se pueda esperar de ellos.

Si hay que rescatar aspectos positivos, uno puede mencionar a la música en la cúspide de estas escasas virtudes, sumándole un elenco del que se destacan Tomei y Moore, algunas situaciones graciosas, el dinamismo de una película que alcanza casi las dos horas y, finalmente, la dirección que toma la película en su segunda parte: la locura posee a los personajes, etapa que se acaba con ese acontecimiento entre nueve en el jardín (escena de revelaciones, que da inicio a una resolución), donde comienza a predominar una lluvia de optimismo que desparrama una nube de discursos, más confesiones y una única revelación: la película es mejor para ver en DVD.

Puntuación: 5/10 (Floja)



(*) SI NO VISTE LA PELÍCULA, HACETE UN FAVOR… NO LEAS LO QUE SIGUE A CONTINUACIÓN.

* Emma Stone es la protagonista de “Easy A”, y acá tiene un papel relevante. Sobreactúa, está bien, pero su personaje es sumamente interesante. Su físico me ha hecho recordar mucho a Julianne Moore, por el color de su piel, de su pelo y algunos de sus gestos, y luego me pareció extraño que, dado su parecido, no trabajaran juntas en ninguna película haciendo de madre e hija. Con el correr de los minutos, la película me responde con una revelación, y es precisamente que este vínculo está presente en la obra. No me sorprende, muy bien pensado.

* Terminar la película con la escena del jardín, triste, pesimista, es proponer un producto más o menos original como “500 días con ella”, donde el amor es algo tan complejo que no puede solucionar todas las cuestiones humanas. Pero el convencionalismo la lleva al final obvio, a lo contrario. Lástima.

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viernes, 5 de agosto de 2011

Tengo algo que decirles.

Mine Vaganti.

Trailer en audio latino.

Crítica.

“Tengo algo que decirles” es la última película del director Ferzan Ozpetek, a quien tengo el placer de conocer gracias a una de las mejores películas del año 2003: “La ventana de enfrente”, ese hermoso drama protagonizado por Giovanna Mezzogiorno. Pero a casi una década más tarde, tanto mi percepción como la calidad de su trabajo han podido verse transformadas por el paso del tiempo. Sin embargo, sigue viéndose en el ojo de Ozpetek no sólo la misma inteligencia para narrar y mostrar grandes historias, sino también la sensibilidad con la que sabe tejer los mejores dramas sin que sea exclusivamente uno. Quien conoce su estilo, lejos de prejuzgar y comparar con lo que ha podido ser, sólo debe sentarse y dejarse llevar por esa sinfonía de diálogos exquisitos que componen, finalmente, sus mejores obras.

Capaz de condensar en poco más de una hora y media una rebuscadísima historia de familia a lo largo de las generaciones, y más de unos diez conceptos importantísimos en la vida del hombre (incluyendo “libertad”, y retratándola de la mejor manera), esta comedia dramática y romántica italiana narra la metódica vida de una familia tradicional (integrada por tres hermanos, sus padres, su abuela, básicamente) desde la inesperada confesión de uno de los tres hermanos hasta la confesión también inesperada de otro de los tres hermanos y las consecuencias que de ésta derivan. Durante este período (entre confesión y confesión), sucesos divertidísimos, secundarios desopilantes e importantes reflexiones marcarán el rumbo de cada uno de los protagonistas, principalmente el rumbo que tomarán en relación a la fuerza que a veces inconscientemente imponen los demás miembros de una familia.

El hecho de que la familia sea terriblemente tradicional acentúa más la diversión para el espectador, pero también la opresión que sufren los personajes. El que ciertas reacciones rocen lo grotesco no es casual, por el contrario, tiene su justificación. Pero de ello se sostiene una comedia como éstas, particularmente dividida en tres partes. La primera y la tercera tienen un tono más dramático, mucho más íntimo, que sigue la línea de “la juventud de la abuela”, interpretada por Ilaria Occhini (genial), que uno puede seguir mediante flashbacks que van interrumpiendo el curso de la historia de esta familia. La segunda parte, es mucho más descabellada, hilarante, con (por ejemplo) la llegada de unos amigos romanos de uno de los integrantes de la familia, dándole un ritmo y una energía totalmente distinta. Ahí comienza a “irse por las ramas” y parece fallar, pero sabe encontrarse a tiempo para arrancar con todo una tercera parte memorable y dar un golpe con un final encantador, donde pasado, presente y futuro se alinean como estrellas, donde los personajes ven sus reflejos en otros y concluyen en la importancia del libre albedrío que corresponde a cada ser humano por tal condición.

Puntuación: 7/10 (Notable)

lunes, 1 de agosto de 2011

El rito.

The rite.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Obra menor de un director como Mikael Hafström, responsable de películas buenas y memorables como “1408” o “Descarrilados”, protagonizada por el terrorífico comodín Anthony Hopkins, cuyo profesionalismo salva por poco una película de no caer en el desastre, Toby Jones y Colin O’Donoghue. Una película más de exorcismos, a diferencia de las anteriores en la filmografía del director más bien olvidable, más lejos de “Réquiem” (una estupenda historia verídica dirigida por Hans-Christian Schmid) que lo que uno puede esperar. Tiene absolutamente todas las cosas típicas del terror americano, aunque no es típico (aclaro) que estas películas tengan a Anthony Hopkins en el elenco, algo que es, de por sí, un honor.

Un joven que ha vivido toda su vida junto a su padre trabajando en una funeraria, poco creyente en cuestiones religiosas, quiere dar de baja sus estudios para convertirse en sacerdote. Pero otros hombres de la fe ven en él un gran potencial, y lo incitan a conocer al Padre Lucas, un hombre que sabe muy bien cómo trabajar con casos donde la Fe Sagrada actúa de manera agresiva y posesiva contra el ser humano. Así, este dúo comienza a relacionarse y ayudarse mutuamente: el joven colabora como puede con el maestro, mientras que éste le enseña todo lo que debe saber de la realidad que lo rodea, aunque su escepticismo lo ciegue. Por otro lado, en su estadía en Roma, el joven se enamora de una periodista llamada Angelina, dispuesta a retratar algunos misteriosos acontecimientos en un artículo periodístico.

No es nada inesperado, a excepción de algún que otro momento que asusta, no por terrorífico, sino por distracción del espectador. Todo lo que tiene (burlas, choques y rebeldía al principio; reflexión, héroes y romance luego) no está dado por un director o un guionista ingenioso, sino por el sistemático poder que ejerce el género sobre estas películas. Son cosas que no pueden faltar, que moldean todo un estilo que hoy atrae masas y millones. Puede reprocharse su extensa duración, algo exagerada para el contenido de la película, la prolongación de su parte introductoria, la pobreza del perfil psicológico del muchacho encarnado por O’Donoghue (con todo lo que su pasado tiene: es para sacar jugo), la obviedad de los sucesos finales y la simpleza de su resolución. Todo lo que generalmente se le reprocha a este estilo de películas. Sí cabe destacar la actuación brillante de Anthony Hopkins (que evidentemente busca ser nominado al Oscar nuevamente por una película de suspenso/terror), la musicalización, la íntima relación entre la posesión y la psicología humana, y las escenas más fuertes, que son varias: los exorcismos quedan bien plasmados, son dentro de todo realistas (no puede esperarse demasiado realismo de estos sucesos, aunque la historia sea real). Sin embargo, no es una película capaz de sostenerse sin el respaldo de un género que ha ganado peso durante los años, simplemente es una mínima extensión de un estilo de cine que cada vez abarca más y más, y que las nuevas tecnologías aprovechan al máximo.

Puntuación: 5/10 (Floja)