viernes, 30 de septiembre de 2011

Drive

Drive.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Muchos recordarán ese paseo del ogro Shrek y el Burro a través de la pradera, hablando sobre las capas de una cebolla, los prejuicios y el impacto de las apariencias. Puedo asegurarles que cuando vean “Drive”, se olvidarán un poco del ogro verde y recordarán una serie de situaciones y personajes que se encargan de dejar en claro más o menos lo mismo: que lo que importa es lo de adentro y que nada ni nadie es –a simple vista- quién parece ser: debe conocérselo a fondo, así como ese alguien debe abrirse. Así, encontraremos el corazón, la verdadera esencia del ser, oculta entre tantas máscaras. “Drive” me prometía ser una película de acción riesgosa “en dos ruedas”, y acabó volando “en cuatro”, por lo que es difícil definir si me gustó más o menos de lo que esperaba: pero me gustó mucho. ¿La trama? Sencilla. Un doble de riesgo también trabaja por la noche, aunque sus actividades no son del todo limpias. Él (Gosling), callado, se encarga de transportar a los que quieren solucionar problemas bajo la oscuridad de la noche. Sin embargo, cuando conoce a Ella (Mulligan), comenzará a involucrarse como no debió haberlo hecho, arrodillándose ante la incertidumbre del porvenir.

La película, así como su personaje principal, tiene un manejo similar. Un inicio vertiginoso nos da una primera impresión, de un personaje, de una historia. Y a la medida que avanza el metraje, esas capas van desvaneciéndose, hasta adentrarnos en la media hora final, donde comenzamos a descubrir qué cosas guarda el personaje en su alma (quizá él mismo las desconozca), qué cosas guarda el autor en el fondo de su narración. Tres estilos, tres partes, si se quiere. Todas muy interesantes. Saben ir a la velocidad adecuada, conducir bien el móvil, conocer el camino que debe tomarse y acelerar más y más hasta llegar a un final intenso como una colisión. Imitan, en sus respectivos estilos, algunas películas de los años 70/80 (a mí en dos momentos se me cruzó la cara de Robert DeNiro manejando el taxi), pero también algunos trabajos más modernos (“Una historia violenta” y “Promesas del Este”, de David Cronenberg, y “Un Profeta” de Jacques Audiard), algunas por el modo de retratar la ciudad, de ambientar el lugar (gracias a una música, por momentos, espectacular), y otras por el impacto y algunos giros de la historia.

Otra cosa muy particular en “Drive” es la dicotomía entre la figura del hombre y la figura del héroe. Suena una canción en dos (o tres, no recuerdo) oportunidades, que dice “You have proved to be a real human being and a real hero”, una ambigüedad entre la figura del ser humano y la del héroe (intocable, idealizado: no hay vínculos sexuales, no hay contacto), es decir, entre la realidad y el mito. Esa ambigüedad constituye un personaje exquisito, genialmente interpretado por Ryan Gosling, futuro ganador del Oscar (aunque quizá no por “Drive”). El resto de los actores cumplen correctamente su función. La segunda figura para destacar, eso sí, es la de Nicolas Winding Refn. Ganador del premio a la Mejor Dirección en el pasado Festival de Cannes. Quizá no sea el mejor trabajo en el año (momentáneamente lo es), pero es una notable muestra de profesionalismo, de un gran sentido del olfato, de concentración, de conocimiento en materia de cine, lo que le permite hacer una película atemporal abarcando las últimas cuatro décadas de nuestro cine en una trama simple, en (claro) contraste con uno de los personajes más complejos y enigmáticos en años.

Puntuación: 9/10 (Excelente)

jueves, 29 de septiembre de 2011

Hanna.

Hanna.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

“Hanna” es uno de los quiebres más grandes en la trayectoria de un cineasta de los últimos tiempos. Es una película totalmente opuesta a las que su director, Joe Wright, ha hecho previamente. Vale aclarar que este sujeto es el responsable de películas premiadas y bastante conocidas, como la adaptación de la novela homónima de Jane Austen “Orgullo y prejuicio”, y la adaptación de “Expiación”, de Ian McEwan. Su estilo típico, preciso, clásico y delicado, acá cambia radicalmente. “Hanna” es la antítesis de los trabajos previamente nombrados, caracterizada por la frialdad (aclarar, por ejemplo, que la mitad de la película “Expiación” ocurre bajo el efecto casi alucinógeno de 35ºC, que se sienten a lo largo de la historia), la desprolijidad (que no es un defecto, sino una característica) y el movimiento, alejándose de los dramas románticos de época.

Uno va conociendo más a fondo la historia a la medida que ve la película. En la introducción, no sabemos nada ni podemos predecir nada de lo que vemos. Sólo una muchacha vigorosa y fría (Saoirse Ronan), que ha sido criada para sobrevivir. Luego, nos metemos en la educación que ha recibido, basada en tres aspectos fundamentales: la fuerza, la inteligencia y la percepción. Fuerza que su padre, interpretado por Eric Bana, trata de reforzar con violentos ataques. Inteligencia que éste mismo trata de desarrollar a través del estudio de los idiomas, el estudio teórico de las cosas. Pero esta muchacha no se siente completa, porque ha vivido su vida entera oculta entre la nieve, en un bosque manchado por la sangre de los animales que debe aniquilar para comer. Debe salir, y se siente preparada para hacerlo. Debe unir esa fuerza y esa inteligencia para adquirir la suficiente experiencia con el fin de sobrevivir en un mundo hostil, mucho más amplio y oscuro que el que ella conoce. Se verá en medio de una batalla que no puede justificar, entre un padre al que no conoce del todo y una mujer (Cate Blanchett), robótica y pálida como Tilda Swinton, que esconde sus secretos.

Logra un ambiente gélido y no en el sentido estrictamente climatológico. Una película de acción y destreza con personajes que saben moverse y desentrañar una misteriosa historia de persecuciones y secretos. Sin embargo, es imposible no pensar en que Joe Wright trata de evadir cuestiones serias, como el tema de la educación (Hanna está tan excluida de la sociedad como los tres hermanos de “Dogtooth” de Lanthimos, pero las consecuencias de una educación distinta sólo se notan en una escena “romántica”), volcándose a un cine más comercial. Por un lado, plantea cine serio y en serio, como Alfredson y su helada historia de vampiros. Pero por el otro, invita al pueblo a verla como una película más, de hombres encubiertos y eternos enfrentamientos, como “Salt”. Su ritmo es muy bueno, y la acción (que suele ser confusa e inútil), acá está encadenada a una historia, volviéndose interdependientes. Sorprende que el final sea tan previsible. Algo terrible: que en medio de actuaciones tan brillantes, de una música tan sombría (a cargo de The Chemical Brothers) y de una dirección tan perfecta, el cierre de la película (y no sólo el cierre, sino las palabras de cierre y la estética de cierre) pueda adivinarse mucho antes de acabar. Extrañísimo.

Puntuación: 6/10 (Buena)

martes, 27 de septiembre de 2011

Amigos con derechos.

No strings attached.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

No es que diga que de Ivan Reitman deba esperarse demasiado como director, pero hasta sus peores películas, entre las que podemos ubicar a esas tantas con Arnold Schwarzenegger, se han caracterizado por un humor agradable o, si se quiere, un humor no-desagradable. Con “Amigos con Derechos”, su nuevo trabajo protagonizado por Ashton Kutcher, por Natalie Portman, y por los kilos que ha subido el primero, el humor no es desagradable. Es aún peor. Si existe una línea entre el buen gusto y el mal gusto, si es que la hay físicamente, se ha cruzado. No cabe duda. Porque hay que saber diferenciar una comedia sin gracia (como “Los pequeños Focker”) de una comedia desgraciada, como ésta, una serie de eventos desafortunados, de situaciones totalmente chocantes al sentido común. Y lo que en esta película no es mal gusto (para dar un ejemplo: alguna recopilación de canciones), es humor del malo. Porque como digo con asiduidad, no hay cosa peor para una comedia que: contar un mal chiste, decir palabras de más para que sea comprensible, y finalmente explicarlo. Son indicios de inseguridad o de incapacidad para dibujar una sonrisa. Acá los chistes son tan malos, que no se entienden ni con una explicación, es decir, con alguna frase puesta a la fuerza para darle ritmo a un guión de cuarta, con actuaciones de quinta en una película de sexta.

Y se ve que están de moda las películas sobre la “amistad sexual”, dado que en un mismo año se han arrancado los cabellos “Amigos con Derechos” y “Amigos con Beneficios”. La historia es básicamente la misma: dos amigos que quieren curar sus penas y dejar atrás sus frustraciones a través del contacto físico, pero sin ningún tipo de compromiso más que el de una amistad. Lo que diferencia a la película con Kutcher y Portman de la película con Timberlake y Kunis, es que la primera es desalmada y la segunda tiene una razón para vivir. De esta diferencia se produce que, en primer lugar, se distinga a kilómetros de distancia un éxito de un fracaso; en segundo lugar, uno se conecte emocionalmente con personajes de carne y hueso, y no de cartón; en tercer lugar, uno pase un mejor rato con una película sólida, o un mal rato con una película de humor repugnante, ordinario, innecesario. Y para colmo, al as se lo tragó la manga, porque lo que suele salvar una mala comedia del horror, que es la química entre los protagonistas, acá no está. No hay nada que familiarice a los personajes de Kutcher y Portman; de hecho, casi no podemos entender que disfruten de una conexión como la que tienen.

“Amigos con derechos”, siendo comparada con “Amigos con beneficios” (usan la misma fórmula, el mismo argumento, los mismos secundarios, las mismas frustraciones), explica mejor que Kiarostami las diferencias entre un original y una copia. A veces las cosas salen mal, y éste es un caso. Por suerte, si hay que rescatar algo para no pensar que el tiempo se ha perdido completamente, podemos destacar a dos personajes secundarios: Ophelia Lovibond y Jake M. Johnson, cada uno con sus particularidades. Lo más preocupante es que estos secundarios se luzcan más que la ganadora del Oscar Natalie Portman (similar a lo de Bullock y su “All about Steve”), o peor, que su personaje protagónico, con esa finura que conserva hasta arriba de un caño en “Closer”, se confunda con la huequedad de personajes casi imperceptibles, tontos, que regalan el cuerpo. En esa batalla, ella parece una de ellos.

Puntuación: 3/10 (Mala)

lunes, 26 de septiembre de 2011

J'ai tué ma mère.

J’ai tué ma mère.

Trailer subtitulado al ingles.

Crítica.

Esta película me ayudó a corregir cierta idea que yo tenía frente a algunas películas. Durante mi estadía en este sitio, de cerca de tres años, siempre recalqué el amor hacia las películas que se hacen. Pensaba que una película hecha con un poco de amor nunca podía ser demasiado mala, más allá de que me encontré con unos fracasos terribles. Pero el amor nos impulsa a usar mejor los sentidos, la voluntad, nos refuerza por dentro y por fuerza, nos hace pensar las cosas dos veces. Los resultados de una película hecha con amor me parecían mejores a las que no lo tenían. Pero “J’ai tué ma mère” me convenció de todo lo contrario, es decir, de que además del amor podría existir algo más que estimulara al cineasta a crear grandes obras maestras. Al artista, para generalizar. Y revisé esa pequeña teoría, modificándola drásticamente. Finalmente, concluí diciendo: una película hecha con pasión nunca puede ser demasiado mala. De ahí, que la pasión provenga de donde provenga, es asunto de otro y no precisamente mío.

Pero de alguna forma traté de comprender al autor, un muchacho poco más grande que yo, con quien uno puede sentirse identificado: Xavier Dolan-Tadros, guionista, director y protagonista. Un joven, insisto, que ha juntado todas esas sensaciones de pasión (amor, odio, desesperanza) para darle un regalo a su madre. Presumo, con –aclaro- cierta ignorancia, que la persona del personaje están ligados por algo que va más allá de una película. Por la experiencia, imagino. Porque un relato tan emocionante parece un autobiográfico, se vive intensa y creíblemente. Y dedica, en cierto modo, una película a todas las madres y a todos los hijos. Por momentos, una tragedia terrenal sobre la problemática relación de maternidad. Por otros, una deliciosa sátira sobre el complejo edípico, y la posibilidad de que ese complejo esté ausente. Pero en síntesis, una hora y media de contrastes, de un microcosmos bipolar, como lo es esta pequeñísima familia, repleta de gestos cotidianos, realismo y mucho dolor.

“J’ail tué ma mère” es una película más que dolorosa, por momentos es capaz de deprimir. Algunos momentos donde el personaje no puede salir del laberinto (y no siempre es el joven, también puede serlo su madre) nos producen una gran tensión, además de compasión. La unión entre ellos es demasiado fuerte, algo que le aplica a la película un mayor efecto. La química entre madre e hijo, aún en situaciones hiperbólicas, coopera con el rendimiento del film. Más allá de que el trato de estas peleas sea discutible (nunca se sabe si esas exageraciones se van de las manos o están dispuestas para relajar), hay algo que debe destacarse. Y es el mismísimo Xavier Dolan-Tadros, que me ha sorprendido gratamente. La dirección de la película es impecable, los diálogos son hirientes y crudísimos, a la vez que ácidos, y su actuación es extraordinaria, al igual que su madre. Escenas para el recuerdo, momentos fuertísimos, palabras que tememos que sean dichas, un final que convierte a la película en algo circular, constante, eterno como la vida misma. Un final que bien puede complementarse con esa frase del principio, frase tan repetida que nos harta, ciertamente, pero que acá cobra muchísimo sentido. Frase que puede ser comprendida, o que también puede ser objeto de aún más depresión. Me quedo con la segunda opción. Una película muy triste.

Puntuación: 8/10 (Muy buena)

domingo, 25 de septiembre de 2011

Le gamin au vélo

Le gamin au vélo.

Trailer subtitulado al inglés.

Crítica.

“Le gamin au vélo” hace regresar a la gran pantalla a los hermanos Dardenne, que ya han conquistado el mundo (que ha alcanzado la escasa distribución de sus películas) con productos como “Rosetta”, “El hijo”, “El niño” y “La promesa”. Sus últimas cinco o seis películas han pasado por el prestigioso Festival de Cannes, y ninguna se ha ido con las manos vacías. Por el contrario, son de acabar con los premios más importantes en sus manos. Desde Palmas de Oro hasta premios al mejor guión, pero siempre conquistando el festival y convirtiéndose en películas deseadas por el resto del mundo. Algunas llegan, como ha sido el caso de “Rosetta” en Argentina, con diez años de retraso. Aún así, y más allá de que el tiempo pase, siempre prevalece ese encanto, esa ternura característica con la que estos hermanos tratan temas crudísimos como el abandono, el crimen y los excesos. En la película de hoy, la inocencia, el dolor contenido y esa explosión (nunca pueden trazarse los límites entre implosión y explosión) son rasgos característicos de un personaje grandioso y de alrededor de diez años.

El argumento, como siempre, sencillo: Un niño quiere salir a buscar a su padre, quien ha partido prometiéndole retornar, y a quien intenta justificarle sus propios errores como padre. Desesperado por seguir los rastros que éste ha dejado, se cruza en el camino de una mujer que lo acoge durante los fines de semana, es decir, los días que no va a la escuela. Pero este joven algún día se topará con las razones que han llevado a su padre a abandonarlo, generando en su comportamiento consecuencias insospechadas. Vale aclarar que son consecuencias, de algún modo, bien fundamentadas por la dinámica de la historia. Muchos podrán comprenderlas y otros no, una lucha de opiniones que se ve tanto dentro de la película (reacciones de personajes) como fuera de ella, es decir, en las reacciones de los espectadores.

Con la tranquilidad de siempre se filma una historia realmente triste, por momentos desgarradora y, por otros, mecánica y apática. Un estilo poco convencional dentro del cine de los hermanos le imprime un ritmo irregular. Acostumbrados a un cine más lento y silencioso, “Le gamin au vélo” puede entenderse como un posible punto de inflexión en la trayectoria de estos cineastas, dado que el exceso de diálogos (en comparación con otros títulos) y la continua sucesión de hechos a la velocidad de la luz (podemos decir que en varios momentos la cámara parece estar atada a una montaña rusa) marcan la diferencia. Cuesta ver una película de los Dardenne en ausencia de su estilo clásico, pero también puede agradecerse. Aunque da lástima que la mirada crítica y ese estilo que todos ya hemos adoptado casi ni aparezcan, haciendo de “Le gamin au vélo” una película más accesible, abierta, quizá más comercial (cosa que se verá con el correr de los meses), pero sin esos gestos que han llevado a la cima a estos realizadores. De cualquier forma, la película ofrece una visión intensa del dolor, y aunque no explote otras cuestiones, muestra un panorama temible, de ésos que casi obligadamente llevarán a los espectadores a charlar con su conciencia.

Puntuación: 7/10 (Notable)

sábado, 24 de septiembre de 2011

Juan y Eva

Juan y Eva.

Trailer en su versión original.

Crítica.

“Juan y Eva” justifica, una vez más, que Argentina sabe hacer buen cine, más allá de lograr contar algo o no. Es decir: sabe hacer que las películas se vean u oigan bien, algo que puede considerarse un extra al hecho de transmitir una idea. La película, en este caso, está bien planteada desde lo estético. Sin grandes ambiciones artísticas, contextualiza muy bien la trama en la Argentina de los años 40, y mezcla lo político con lo puramente romántico. Las ambiciones las invierte (muy inteligentemente) en la historia que quiere contarnos, situada entre 1944, terremoto sanjuanino que los cruza al ex presidente de la Argentina Juan Domingo Perón, y a su más que popular esposa: Eva Duarte, y finales de 1945, en los que Edelmiro J. Farrell (también ex presidente del país) resuelve llamar a elecciones para calmar la agitación de los trabajadores, que caminaron a través de ciudades para oír la voz de Perón en un acto de lealtad, un 17 de Octubre de ese año. Tiene ganas de contar muchas cosas, tanto en el plano histórico como en lo íntimo.

Desafortunadamente, aunque su elección es buena (insisto, invierte mucha energía para mostrarnos la vida de “Perón y Evita”), no desarrolla con sabiduría. Una hora y media no son suficientes para transmitir, con pasión, la gestación de la relación amorosa (vale considerar que “Juan y Eva” está dedicada a Leonardo Favio, que imprimió con un doloroso amor su ideología en “Perón: sinfonía del sentimiento”), ni para detallar aspectos reveladores de la historia de nuestro país. Se centra en situaciones básicas, en discursos recordados, y no aporta más que alguna curiosidad política y personal. Luego, el vínculo amoroso parece no despegar nunca, se nota que hay amor pero no se habla más que sobre sus orígenes, eludiéndose aspectos fundamentales de toda “biografía de un amor eterno”. Paula de Luque (que escribe y dirige), divide casi sin justificar por qué su obra en tres partes, “el amor”, “el odio” y “la revolución”, con una tercera parte superior en contenido (además justifica bien su título, aunque “fenómeno” queda mejor que “revolución”). Y la película se queda flotando en el aire, sin contribución al espectador, más que la del documental básico: filma un año de historia argentina, con sus personajes más trascendentes y con algún detalle de interés.

Pero pese a todo, la película agrada. Primero, porque está bien construida. Segundo, porque va de menor a mayor, dejándonos un final con grandes satisfacciones. Tercero, porque está bien actuada. Osmar Nuñez es un Perón excelentemente creado, desde sus tan características e históricas ambigüedades. Julieta Díaz encarna muy bien a Eva Duarte, aunque el personaje no transmite la pasión de una personalidad tan importante. Y Fernán Mirás, junto a Alfredo Casero (tres de cuatro actores que ya se cruzaron en las grabaciones del unitario televisivo “Para vestir santos”), completan discretamente un cartel actoral satisfactorio. Tiene sus tuercas desajustadas pero la máquina llama la atención, funciona bien, los resultados son aún mejores.

Puntuación: 5/10 (Floja)

viernes, 23 de septiembre de 2011

Habemus papam

Habemus Papam.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Nanni Moretti siempre supo muy bien contar historias. Principalmente con “La habitación del hijo” probó al mundo entero que con tan sólo un poco de lucidez y solidez fue posible llevar adelante uno de los mejores dramas de la década, y una de las mejores películas italianas de los últimos tiempos. Sin haber visto muchos de sus trabajos, me enfrenté a “Habemus Papam”, en Argentina “El psicoanalista del Papa”, una película totalmente insólita. Sigue, desde dos aspectos centrales, los mismos caminos de “El discurso del Rey”, la última ganadora del Oscar. En primer lugar, porque es una historia de superación y baja autoestima: alguien se siente incapaz de ejercer su cargo. En segundo lugar, porque dentro de este tipo de historias, combina momentos cercanos al absurdo (un rey agitándose y diciendo malas palabras para dejar de tartamudear; hombres rezándole a Dios para no ser elegidos por Él como el próximo Papa), situaciones más que divertidas, además del trasfondo dramático que puede suponer una situación como ésta, de la que dependen, en ambos casos, muchísimas personas.

“Habemus Papam” es buena por donde uno quiera observarla. Más que nada porque, pese a no parecerlo, es siempre seria (Michel Piccoli, de “Belle toujours”, juega muy bien con su personaje desde lo serio). Aún en los momentos donde uno puede llegar a discutir, tomando como evidencia lo que ve, que no lo es. Sí, conserva su seriedad a lo largo del metraje, y se juega con esa seriedad, se la va moldeando hasta conseguir escenas increíbles e inesperadas. Y divierten, más que nada porque uno no se las espera. Un vestido de novia manchado, un ataúd que se abre solo en el medio del funeral, impactan, porque son imprevisibles, y además, porque son graciosas. En este caso, se alcanzan extremos inimaginables en la vida de unos cardenales en espera de un hombre indeciso, elegido por el Señor, para ser le cabeza de la Iglesia Cristiana. Extremos que, sobre sus propios excesos, nunca se hacen innecesarios.

Una primera parte de la película emplea un humor mucho más serio, siempre gracioso, pero más inteligente. Una segunda parte, que se marca desde la aparición en la pantalla del director de la película (interpretando al psicoanalista), con humor más delirante, exagerado y ridículamente entretenido. En ambas, hay una mirada extrañísima sobre la Iglesia. Moretti parece tomársela en serio, aún confesando (su personaje) que no cree en Dios. Las confrontaciones entre el psicoanálisis y la Iglesia se hacen notorias. Pero pese a que el terreno esté arreglado para los chistes macabros y críticos, los “palazos” son más bien sutiles, y por momentos, imperceptibles. Es que hay cierto respeto a la comunidad ultracatólica, aunque se juzguen constantemente sus restricciones (que el psicoanálisis podría considerar el origen de estos inconvenientes). Moretti lleva su trabajo durante una hora y media en alto, con ocurrencias memorables; resuelve con sencillez, casi huyendo ante la imposibilidad de construir una resolución conservando su estilo. Toma el camino fácil, aunque los toma porque como los buenos magos, quieren sorprender. Podemos no estar demasiado conformes con su final poco elaborado (desde lo católico y lo analítico), pero sí impresionados con el producto.

Puntuación: 7/10 (Notable)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Amigos con beneficios.

Amigos con beneficios.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Nuevo ejemplo de cómo hacer una “anti-película” para imponer originalidad. En este caso, vuelven a entrometerse con el género romántico, y crean una película “anti-romántica” extrema, es decir, que puede considerarse una “sátira de las películas anti-románticas”, porque en definitiva, es una burla de los que intentan poner frenos teóricos a la idea del amor. Con Justin Timberlake y Mila Kunis, dos co-protagonistas de la pasada entrega de premios Oscar (por “Red Social” y “Cisne Negro”, respectivamente), “Amigos con beneficios” parte de la promesa de mantener una relación puramente sexual, donde la conexión física esté solamente amparada por una amistosa relación, sin compromisos. Historia repetida, quizá, pero original en su desarrollo. Comienzo vertiginoso y una química que sorprende (inesperada para mí, al menos), pero que es indiscutible.

Está bien, la historia tiene elementos cautivantes, dos actores que ofrecen una contribución más bien estética que interpretativa, pero va envolviéndose en sus propias redes. Está llena de contradicciones, principalmente en la segunda mitad, y en el final decae. Eso no quita que sea un producto novedoso, simpático y alegre. De hecho, es una película que se disfruta íntegramente, porque es carismática y, en ella, desfilan otros rostros aún más carismáticos, vinculados por diálogos que se burlan del cliché, pero que pese a ser típicos, generan algo. Me recuerda mucho a “Loco y estúpido amor”, porque ambas tienen ese espíritu rebelde contra el amor, a favor del interés; ambas se enredan, se burlan de las películas románticas y acaban siendo de los romances del año. Aunque no haya demasiadas estrenadas, claro. La diferencia es que “Amigos con beneficios” sale mejor parada. Quizá porque tiene corazón, algo que deja en claro en esas escenas coreografiadas, que pueden parecer una estupidez suprema y que, aún así, generan algo más que simpatía.

Estos dos amigos hacen esta promesa sobre una Biblia virtual, y tienen intenciones de superar sus derrotas en el amor a través de relaciones sexuales. Pero detrás, cargan otro tipo de derrotas. Consigo mismos. Con sus propios padres (quizá la parte más interesante sea en la que aparecen Richard Jenkins o Patricia Clarkson). Derrotas que no están dispuestos a admitir, pero que deben hacerlo para seguir adelante. La película es, en síntesis, la historia de una amistad con derecho a roce. La amistad está planteada tan auténticamente, que se hace más que creíble. Luego, que las moléculas empiecen a dispersarse y que la película vaya volviéndose cualquier otra cosa, defrauda. Pero en resumen, el resultado es triunfal para un año mediocre. Una comedia romántica sencillísima pero que se disfruta tanto como “El Rompecorazones”. Pensar sino en Romain Duris intentando conquistar a la chica de su sueños a través de la canción de “Dirty Dancing” y verán (a través de esas coreografías) ese espíritu de serio encanto que nos hace rendirnos a los pies de un trabajo imperfecto.

Puntuación: 6/10 (Buena)

domingo, 18 de septiembre de 2011

Mi primera boda.

Mi primera boda.

Trailer en su versión original.

Crítica.

Siempre digo que las telenovelas con un gran elenco terminan siendo un horrible fracaso. También suelo decir que las películas estadounidenses corren la misma suerte. Pero las películas argentinas tienen esa particularidad: el buen elenco es el as bajo cualquier manga, lo que suele salvar del desastre a cientos de historias. ¿Puede ser éste el caso? Una trama sin demasiado cerebro pero estilizada y con actores buenos. Más que calidad, hay cantidad. Y dentro de esa cantidad, sí, la calidad de muchos es discutible. Pero hay que tener buenos cuerpos y rostros capaces de transmitir una idea, que de por sí no está tan bien elaborada como se espera. Hay chistes, hay “buena onda”, y el humor es sano. Comparándola con “Un cuento chino”, el humor es más abierto para todos los públicos, y al igual que en “Muerte en un funeral” (versión británica), uno se ríe de los eventos desafortunados que ocurren en torno a una conmemoración, en este caso una boda, que quizá sea tan lúgubre como una muerte.

Dirigida por Ariel Winograd, responsable de la plausible “Cara de Queso”, “Mi primera boda” narra desde el mediodía hasta el atardecer la fiesta de casamiento Adrián y Leonora, con sus fortunas y adversidades. Entenderla como una comedia sobre el camino al altar, y todos los obstáculos en el medio, puede rebajar su nivel. Básicamente porque no es cómica, y su humor, aunque emplee un método interesante (insisto, es –dentro de todo- sano) no tiene demasiadas luces. Sí puede entendérsela como una película de aventuras, con una relación amorosa en el medio, un villano que pretende a la bella dama y compañeros de aventuras (el estúpido, el bruto), y desde esa perspectiva puede sonar más efectiva. Porque se siente el espíritu aventurero de un pobre héroe intentando conquistar a su amada, entorpeciéndose con sus propios errores. Pero, así, descubriendo quién es él mismo, realmente. El “prólogo” de la película resume, en dos minutos, lo que vamos a ver. Con una bonita animación, sintetiza sin variaciones lo que será nuestro futuro en la sala. ¿Previsible? No sólo éso: es como si te contaran un final. Quizá, ni siquiera habría que verlo. Y lo peor: cuando a los 15, 20 minutos, la película empieza a ponerse aburrida, uno piensa que lo mejor es haber convertido ese prólogo en un cortometraje animado.

Por fortuna, la película tiene muchas ideas, vueltas de tuerca, que tuercen aún más un simple hecho desafortunado y lo estiran a una sucesión de infortunios de poco más de una hora. Las cosas que van ocurriendo condimentan nuestro menú, haciéndolo cada vez mejor. Y esa tendencia se mantiene porque, aún sabiendo cuál será el final, nos sorprende que se haya tomado con tanta responsabilidad y grandeza. Un final a lo Hollywood (que es lo que la película quiere mostrar constantemente), pero exquisito, sofisticado y agradable. Uno ya se ha olvidado del aburrimiento del principio, de las bromas sin gracia, de los actores que no encuentran su lugar, y sale con una sonrisa. Quizá, inconscientemente, recordando el viaje de quienes ofician la boda (un rabino y un sacerdote), cuya aventura va más allá de todo. Es increíblemente ácida, y no nos asfixia dentro de una casa con tantos invitados. Nos libera.

Puntuación: 5/10 (Floja)

martes, 13 de septiembre de 2011

El planeta de los simios: (r)evolución.

Rise of the planet of the apes.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Sin haber visto ninguna entrega sobre ningún planeta con ningún simio, estoy seguro que “El planeta de los simios: (R)evolución”, es una de las mejores que se hayan hecho. Primero, porque aprovecha al máximo las nuevas tecnologías, ofreciendo un espectáculo visual de altísimo realismo. Segundo, porque tiene la seriedad, ante una premisa por momentos absurda, que puede convertir en posible una revolución de este tipo. Tercero, porque estoy seguro que ninguna película sobre simios debe ser tan entretenida como ésta, principalmente para personas como yo, que solemos evitar cualquier película de ciencia ficción, y más sobre animales que quieren “vengarse de la raza humana”. Es una gran película.

Dirigida por Rupert Wyatt, esta rebelión narra la historia de un médico que cree haber encontrado la cura del Alzheimer, probada en monos, y tiene intenciones de trasladarla al cuerpo de su padre, enfermo. Comienza a descubrir la efectividad de su trabajo cuando llega a sus manos un primate recién nacido, cuya capacidad intelectual ha mejorado notablemente. Y quiere, como todo médico, mejorar su obra maestra. Pero las cosas comienzan a irse de las manos al mezclar especies con espacios en los que no caben, generándose situaciones de violencia que llevan a los dos personajes principales (el médico y el simio) a replantearse su lugar en el mundo. En la película, el médico (muy bien interpretado por James Franco) recibe el apoyo, si se quiere (es más que discutible) de una muchacha, a la que muchos conocerán por Slumdog Millionaire, y otros, vaya a saber por qué. Es Freida Pinto, pero en la película es invisible. Hace demasiadas monerías y está para decorar la escenografía.

Podemos llegar a dividir esta película en dos partes. Por un lado, la “evolución”, o cómo César –el mono- va creciendo con su padre adoptivo –el doctor- y aprendiendo a interactuar con el mundo de los humanos. Esta evolución puede describirse en una sola palabra: fabulosa. Por el interés que genera, claro, pero además por el cariño y la simpatía. Es imposible no enternecerse con César, y éso suma mucho. Cuando las emociones están bien planteadas, y en animales, es porque las cosas se están haciendo bien. Luego viene la “revolución”, la segunda parte, una especie de venganza de los simios por el maltrato, el encierro y el abuso. Ahí es donde la historia se vuelve algo común. Muy interesante, poderoso y genialmente retratado, pero no es especial. Si por algo debe recordarse a “El planeta de los simios: (R)evolución”, es por esa primera mitad. Encantadora y humana. Y, por qué no, por algunas escenas de la segunda mitad que se recordarán por mucho tiempo. Puntualmente dos, que muchos sabrán distinguir, que transmiten la sensación de que el director, pese a todo, tiene las cosas más que controladas. Aún cuando el discurso de “lo que está bien y lo que no” haya quedado flotando en la primera parte (nunca sabemos si el doctor está haciendo las cosas bien, y si no merece la muerte como tantos otros), hay seguridad y control en un trabajo para distinguir en un año bastante pobre de ideas y en un género tan vacío como la ciencia ficción.

Puntuación: 7/10 (Notable)

martes, 6 de septiembre de 2011

Balada triste de trompeta.

Balada triste de trompeta.

Trailer en su versión original.

Crítica.

Tengo una serie de anécdotas en relación a esta película, muchas que no pueden contarse a través de este sitio. Pero sí puedo contar qué me ha parecido esta historia que, después de meses de publicidad, ha llegado finalmente a la cartelera platense. “Balada triste de trompeta”, ganadora de tan sólo dos premios Goya entre quince nominaciones, es una gran película. Al principio, con el paralelismo de la Guerra Civil española y el Circo, bien puede parecer que parte de una premisa semejante a la de “El Laberinto del Fauno”, donde el absurdo de la magia se funde con el absurdo de una realidad crudísima. Pero rápidamente uno llega a la conclusión de que son dos tramas totalmente distintas, que tan sólo comparten la habilidad de componer una interesante paleta de colores vivos en medio de tanta muerte. Y acá, la tradicional escena del Payaso Triste y el Payaso Tonto, es como un cuento que de generación en generación va dirigiéndose al pequeño pueblo, es decir, a los niños. Narrada en dos tiempos, cuenta la breve historia de quienes encarnan a estos dos payasos en 1937, y de quienes encarnan a estos dos mismos payasos pero 36 años más tarde. En 1937, vemos como se reclutan adultos que puedan servir en el campo de batalla, en el marco de la Guerra Civil. Ahí, un payaso (Santiago Segura, actor destacado), habilidoso, útil, hace de las suyas, pero tratando de proteger como puede a su hijo de la triste atmósfera que lo rodea. Así, este niño se hace grande, y también se hace payaso. Consigue trabajo en un circo y se enamora de una trapecista, que es además propiedad de quien le da trabajo. ¿Algo así como “Agua para elefantes”? Y, ¿Por qué no? Imagínense a Robert Pattinson con gracia, volumen y destreza humorística, a Reese Witherspoon más joven y menos inocente, y a Christoph Waltz un poco más alto. Luego pongan esa película en español y tienen algo así como “Balada triste de trompeta”, aunque peor y con otro tipo de violencia, que sustituye al animal por la mujer. ¿Más misógina? Quizá.

Estos dos payasos grandes, interpretados muy bien por Carlos Areces y Antonio de la Torre, componen un duelo triunfal, donde la locura (y la herencia de la locura, característica de los hijos de los héroes y vencidos de la Guerra Civil) y el amor van moldeando una pelea a muerte. Y en esa pelea, que al principio empieza con diálogos que los hacen chocar constantemente, luego se va intensificando con un recurso que no todos saben usar, y que el director sí. Que es lo grotesco, material tan osado que está siempre próximo al exceso, es decir, al fracaso. Y hay que ser bueno para manejar una pelea entre dos hombres locos, enamorados, vestidos de payaso, y encima aplicando a la escena sangre, violencia, perversión. En este caso, las exageraciones nunca son demasiado, y componen un par de escenas antológicas, ambas con un bebé en el medio. Hacen de la película un delirio entre lo infantil y lo que casi es serio, un producto divertido y cínico como pocos. Insisto, la trayectoria de Álex de la Iglesia justifica muchas de las decisiones que han de tomarse para que la película no se vaya por las ramas.

De más está decir que la película se ve exquisitamente y se oye muy bien. Además, el tema de Raphael se siente más que nunca. Uno logra concentrarse en la historia gracias a estos pequeños detalles artísticos, acertados, y acabarla con entusiasmo. Pero cuenta con dos grandes fallas. Por un lado, y ésto puede distinguirse aún más en la primera mitad, muchas escenas están cortadas tajantemente, quedan flotando en aire, convirtiéndose en recortes innecesarios que pueden llegar a servir de relleno. Por el otro, algo que puede sonar tonto: la justificación del terror a través del amor. Un payaso genera muerte por su locura acentuada (a la vez) por un amor “imposible”. Pero ese amor nunca se hace concreto, nunca puede tocarse, o verse. Carolina Bang hace que el personaje de Carlos Areces esté embobado con una prostituta, y eso le quita fuerza a la escena final, donde la tensión puede ser aún mayor (dada por la simpatía que puede tenérsele a los personajes) y sin embargo, acaba débil. Pero para los que van a ver sangre, y van a ver cómo este cineasta nos hace gozar un buen rato, puede que este detalle les parezca menor. A mí, inclusive, me parece menor. La película se disfruta porque es una locura galopante, y además un arriesgadísimo ejercicio que hace a una historia delicada caminar por la cuerda floja, sin caerse. Brindis por uno de los más grandes malabaristas de España: Álex de la Iglesia.

Puntuación: 7/10 (Notable)

viernes, 2 de septiembre de 2011

Viudas

Viudas.

Trailer en su versión original.

Crítica.

Marcos Carnevale es uno de los más conocidos directores de cine y televisión, gracias a productos como “Elsa y Fred”. Sus películas no salen del género de la comedia dramática, por lo que aquello que uno va a ver, puede anunciarse desde antes de empezar a verse. Y “Viudas” no es la excepción, es decir, es una comedia dramática más, con los mismos recursos que Carnevale ha usado para marcar un estilo personal, más que nada con “Elsa y Fred”, que será recordada por los siglos de los siglos como la obra maestra del cineasta –cosa que no comparto- por varios motivos: porque tiene todo para contentar a la gente, porque el pueblo argentino pocas veces se ha movilizado de una manera tal por una película argentina, y porque es difícil que especialmente este director, que –insisto- no se aleja de los límites de la comedia dramática fácil y agradable, supere su propia obra. No es que opine que “Elsa y Fred” es una obra maestra, pero sí el trabajo más destacable de su trayectoria.

“Viudas” arranca bien. El impacto de las primeras escenas, con una Graciela Borges estupenda y el golpe trágico que le sigue, van sorprendiendo al espectador. Porque uno no espera que “Viudas” sea tan buena como ese inicio. Los diálogos son de aplauso, las situaciones son divertidísimas y el clima más se asemeja a “Tocar el cielo” que a “Anita”. El problema es: ¿Cómo mantener esta genialidad durante una hora y media más? Y es ahí donde vienen las grandes fallas. La fuerza de los actores se desploma, los chistes suenan reiterativos, las palabras se tornan densas y falsas, las situaciones van agrietándose y el producto llega al final sin demasiada sorpresa. Un trabajo de mayor a menor, con grandes intentos de recuperarlo del fracaso. Y son intentos que rinden lo suyo. Porque después de todo, Graciela Borges es una profesional, Valeria Bertucelli y Martín Bossi son dos grandes comediantes, y saben darle un poco de vida a sus diálogos, vida que no le dan precisamente unos secundarios deplorables.

Como puede esperarse, una película típicamente argentina para pasarla bien. No hay nada que rescatar más allá de los contrastes generados por las dos actrices protagónicas, reunidas a la fuerza por la necesidad o la obligación ante un acontecimiento trágico. Y por qué no “tres actrices protagónicas”, porque después de todo, Martín Bossi responde a un personaje que es “una viuda más”. Y éso es más que interesante: ver la agresividad, el maltrato, el insulto sutil, que nos hace reír un rato, pensar un poco y olvidarnos, al menos hasta la reaparición de algún secundario, de bostezar. Por fortuna: es lenta, pero los grandes actores evitan su perpetuidad.

Puntuación: 5/10 (Floja)