domingo, 30 de octubre de 2011

Al otro lado del mundo.


The painted veil.

Trailer en su versión original.


Crítica.

“Al otro lado del mundo” es muchas cosas. Pero en principio, es una gran película, de ésas que no deben postergarse bajo ningún punto de vista. Porque tiene casi todos los condimentos que usualmente constituyen a las grandes películas, a las grandes experiencias cinematográficas: espectacularidad visual y fotográfica, una banda sonora inolvidable, personajes entrañables y un poderoso romanticismo de efecto casi magnético sobre los espectadores. Además, no es quien es sin un contexto histórico específico y revisa, como muchas de las grandes obras lo hacen, cómo el tiempo y el espacio, la sociedad y todo lo que está más allá de los límites de nuestras historias, muchas veces condicionan a los personajes, los hacen bailar un ritmo que no es el ensayado, volviéndolos torpes, ridículos, incómodos.
John Curran dirige este drama romántico sobre la consolidación de una relación amorosa demasiado fugaz, entre quienes interpretan Edward Norton y Naomi Watts. Harta por las indirectas de su madre, y de sentirse una carga para su familia, decide tomar la vía fácil: el casamiento. Y qué mejor que hacerlo con alguien que le propone matrimonio. Así, rápidamente, ambos se mudan y comienzan a conocerse, a entablar un hermoso vínculo. Sin embargo, lo que ella necesita parece estar fuera de la cama del matrimonio. De hecho, parece estar más cerca de la cama de Charles Townsend (personaje que interpreta Liev Schreiber), que la cautiva con sus encantos de amante y la envía literalmente al matadero. Su esposo, para cumplir con su deber, para vengarse, para estar cerca suyo, para humillarla, o con las razones que cada uno deduzca tras ver la película, la obliga a hacer un viaje. ¿El destino? El foco de una epidemia de cólera: un pueblo que parece no tener salida.
Hay pocas películas que muestren bien cómo la mirada de la (alta) sociedad puede manipular a los distintos individuos que la componen. Una de ellas es la multipremiada “Belleza Americana”, y entre otras tantas, algunas previas y otras posteriores, está “Al otro lado del mundo”: un viaje a lo más profundo del infierno, pero también del paraíso. Esta odisea es toda una alegoría del matrimonio, y la protagonista va aprendiendo en el camino que no todo es lo que parece, pero que en medio del peligro, del desastre, se puede sacar algo bueno. Y esta película, que puede parecer deprimente por momentos, prueba que hay cosas muy buenas detrás de esa mala apariencia. El descubrimiento del amor por un hombre, por un lugar, o el amor a sí mismo, demuestran que todo camino, por rocoso que sea, siempre deja algo positivo: el caminar, ya sea bajo el sol o en medio de la oscuridad, supone un crecimiento espiritual inmenso. Esta película es recomendable por mostrar, a veces con casos extremos y un guión por momentos agresivo, los vaivenes de un matrimonio en su ocaso, o quizá en la etapa de su renacimiento. Además de contar con, seguramente, uno de las mejores resoluciones de aquel año, desde que se oye “Il y a longtemps que je t’aime” hasta los créditos finales. 
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

sábado, 29 de octubre de 2011

El umbral


Stay.

Trailer en su versión original.


Crítica.

Marc Forster es uno de mis directores favoritos, porque tiene la envidiable capacidad de plasmar emociones humanas como pocos artistas, además de crear una atmósfera necesaria para el desarrollo de sus historias, que suelen ser duras, vertiginosas y/o complejas, dependiendo del caso. Y entre una lista de grandes trabajos, que van desde la premiada “Descubriendo el país de nunca jamás” hasta la más que comercial “Quantum of Solace”, debe destacarse su más grande obra, la extraordinaria “El Umbral”, protagonizada por Ewan McGregor, Naomi Watts y Ryan Gosling. Acá, una trama psicológica está respaldada por el uso de misteriosos elementos que representan el caos, la imprecisión, la copia, el desdoblamiento de la psiquis, la muerte. Recurriendo al ajedrez, a juegos de luces, espejismos, escaleras, puentes, además de una idea de infinidad borgiana, de repetición, de constancia, “El umbral” nace como la respuesta a la incapacidad de establecer cuáles son los límites que ponen fin a algo tan banal como la vida, la muerte, es decir, como aquello que queda en el medio.
Acá, el comportamiento depresivo juega un rol fundamental. El protagonista, basándose en las decisiones de un artista al que admira, manifiesta deseos de suicidarse tres días después de confesarlo a su psiquiatra, precisamente el día de su vigésimo primer cumpleaños. De esta forma, somete a su psiquiatra a un misterioso juego que no lo deja indiferente; por el contrario, lo golpea, lo hiere. Este profesional intenta buscar soluciones donde no las hay, pero él no lo sabe. Trata de hallar en algo tan complejo como la vida misma una salida, una cura para una sensación implacable como la depresión, o como la necesidad de convertirse en alguien (en este caso, el paciente –un artista frustrado- busca convertirse en aquel a quien admira, siguiendo exactamente sus pasos, llamando la atención).
Esta película sobresale en todos sus aspectos, desde el interpretativo (que, como todos saben, es mi fuerte), donde el trío protagónico demuestra hasta dónde es capaz de llegar profesionalmente, entregando tres roles impecables, hasta el estético, donde una película como ésta puede fallar tranquilamente. Acá, la tensión se sostiene a la perfección, gracias a la creación de un clima misterioso, desagradable, enfermizo. Marc Forster y todo su equipo logran, en conjunto, construir un laberinto, con todas sus trabas, sus trampas, sus idas y venidas. El resultado: un viaje desesperante a lo más profundo del inconsciente, a la depresión, al vacío existencial, con el sustento de imágenes muy potentes, muy significativas, que dan sentido a un trabajo excepcional, con una resolución perfecta para un trabajo que desde el inicio parece ser perfecto. Y las predicciones no fallan. Acaba siéndolo.
Puntuación: 10/10 (Sobresaliente)

jueves, 27 de octubre de 2011

La vida útil.


La vida útil.

Trailer en su versión original.
Subtítulos en inglés.

 

Crítica.

Y siguiendo con las proyecciones del ya acabado Festival Internacional de Cine Independiente – Festi Freak, la última película vista fue la uruguaya “La vida útil”, seleccionada por su país para competir en los Oscar del año pasado. Es un trabajo sencillísimo, y no sólo porque dure apenas una hora y minutos, sino porque construye desde lo cotidiano, y realiza un experimento entre divertido y nostálgico sobre el ser humano, con ciertas particularidades que merecen ser detalladas. Una de ellas, es dividirla en dos partes claramente diferenciadas. Por un lado, un inicio que muestra la decadencia del cine tanto en Uruguay, como seguramente en el resto del mundo. Los números van cayendo, e ir al cine parece ser una tarea menos elegida por la gente para matar el aburrimiento. Y el protagonista se ve perturbado por este conflicto en su cine, hasta que acaba por replantearse ciertas cuestiones de su propia vida. Lo que lleva a una segunda parte: ese intento de reacomodarse, habiendo visto su castillo derrumbarse, dentro de lo que puede y usando lo que ha aprendido durante 25 años para hacer de su vida futura, una vida útil. En el amor, principalmente. Y en el resto de las cosas seguramente también.  
“La vida útil” muestra que la vida no está constituida por una fase única del ser, sino que es el producto de éxitos y fracasos, que son la proyección de las ideas y los ideales del individuo. En este caso, el protagonista ve que su vida, de haber tenido una fase única (la del cine), habría muerto inmediatamente. Sin embargo, se las ingenia para ir más allá, para conseguir lo que quiere. Pero no concibe esa idea (de ir por lo que ahora le importa) como independiente de su vida, sino que la “añade a su historial”, o mejor dicho a su historia de vida, y comienza otra nueva historia donde nada, o al menos es lo que creemos, ha sido inútil para él.
Dirigida por Federico Veiroj y protagonizada por Jorge Jellinek, Paola Venditto y un fantástico Manuel Martinez Carril, “La vida útil” es una película chiquita pero interesante, con un modelo propio y un discurso a veces serio, y a veces inexplicablemente tonto. Aún así, tiene sus fallas. El hecho de dividir de forma tan espantosa una historia de otra, cuando están tan íntimamente relacionadas una con la otra (falta un cartel que diga “parte 2”, nomás), o el hecho de que no muestre el empleo del tiempo (algo que se vuelve protagonista en la segunda parte) tras el renacimiento del personaje, o que los personajes sean tan poco profundos, lo que no nos da la posibilidad de conectarnos con sus cabezas y con sus corazones. Pese a todo, tiene diálogos buenos, alguna escena espectacular, y lo que quiere contar queda claro. No hay razones por las que deba dejarse pasar, aunque tampoco hay muchas que nos obliguen a ir corriendo por ella. Después de todo, para películas que se quedan en todo a la mitad, hay cientos o miles de mejores que ésta.  
Puntuación: 5/10 (Floja)  

lunes, 24 de octubre de 2011

La vida de los otros.


Das leben der anderen.

Trailer en su version original.

Crítica.

De vez en cuando suena reconfortante hablar de una obra maestra, ¡y qué mejor de la gran película del siglo XXI! “La vida de los otros”, dirigida por Florian Henckel von Donnersmarck, probablemente sea una de las películas más complejas de los últimos tiempos, lo que se debe básicamente al nivel de intérpretes que tiene: Ulrich Mühe, en el rol protagónico, al que muchos recordarán por “Funny Games” de Haneke; Sebastian Koch, que ese mismo año ha sorprendido con su trabajo en “El libro negro”, y Martina Gedeck (o Ulrike Meinhof en “El complejo Baader/Meinhof” de Uli Edel). Acá, componen un triángulo impactante, muy característico, muy peculiar. Un triángulo no necesariamente amoroso, pero con la latente complementariedad de sus vértices y sus aristas en la conformación de una nueva figura. Actuada magistralmente, esta película mezcla tres historias. En primer lugar, la de los años finales de la Alemania Oriental marcada por la caída del Muro de Berlín; en segundo lugar, la historia de dos artistas que son espiados por dos miembros de la Seguridad Estatal (Stasi), y en último lugar, la historia de uno de estos dos miembros, Wiesler (Mühe), que se estructura a partir del vacío existencial del sujeto (vacío que impone, en cierto modo, un régimen que impide a la sociedad ser quien es) y cómo involucrarse en la vida de los otros le sirve para rellenar ese vacío, para sentirse alguien y no sólo un observador de la historia.

A Wiesler lo podemos llegar a comparar, hasta cierto punto, con Hans Landa, el “Cazador de Judíos” de “Bastardos sin Gloria”. Un individuo algo más que hábil para cazar enemigos de estado y extraer de ellos lo que se le antoja, pero que manifiesta esa sensación de querer ser alguien, ese afán de reconocimiento que lo separe de su rol de observador. Ambos quieren jugar el partido, y no ser jugadores suplentes que dependen de otros. De esta forma, justificamos ciertas reacciones de dos personajes emblemáticos para la Europa ficticia de los últimos años, y para el cine en general. Volcándonos, ahora sí, enteramente en “La vida de los otros”, podemos reconocer que el alma de la película está puesta en este personaje, quien se entrega íntegramente al rol que debe personificar. Lo hace con maestría, con elegante minuciosidad, con la perturbadora soledad que lo azota día a día, y que nos golpea con su alma encerrada, con su mirada triste. Luego, las otras dos tramas van permitiendo que la de Wiesler vaya evolucionando a lo largo de la película. Tanto la de los dos artistas, cuya casa está repleta de micrófonos, como la de un país repleto de casas con micrófonos, exilios, suicidios que no se tienen en cuenta, listas negras, censuras, persecuciones y muertes. Aún en el ocaso de la Guerra Fría, el miedo se vive día a día, y estos peligrosos personajes (intelectuales que usan demasiado bien las palabras) son el motor de la tensión con el régimen.

Es difícil hacer una revisión de esta película en tan pocas líneas, porque tiene muchos puntos interesantes para rescatar (quizá el más interesante es el del nombre de la actriz, Christa-Maria Sieland, del que puede sacarse muchísimo), aunque uno se queda con lo que más le impacta. Y en este caso, es el retrato de un personaje extraordinario como el que ha compuesto el fallecido Ulrich Mühe hace 5 años, cuyos virajes nos confunden, pero a la vez nos sorprenden, luego nos son familiares y finalmente nos conmueven. Música estupenda, unos diálogos perfectos, humor macabro, intérpretes grandiosos, una atmósfera fría y despiadada, una tensión sostenida y una resolución conmovedora. Película que no sabe nada sobre titubear, y que realiza una de las mejores reflexiones sobre la Guerra Fría en sus últimos años, en el plano histórico y en lo íntimo, además de cantarle a aquel hombre que quiere ser libre, como su país, cuya mirada partida en dos ansía reconciliarse con su alma, con su verdadera naturaleza.

Puntuación: 10/10 (Sobresaliente)

Actividad paranormal 3


Paranormal activity 3.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

A estas alturas, hablar de “Actividad paranormal” es como ponerse a explicar de qué se trata “Titanic”. La idea, en pocas palabras, es: una familia, obsesionada con grabarse hasta el hartazgo por X o Y razón, comienza a percibir eventos extraños en las cintas, que van agravándose día tras día, hasta desembocar en algún golpe fatal que da cierre a una película de 75 minutos y un éxito impresionante. Lo que nos lleva a algunas reflexiones como: ¿Cuál es el placer que sienten los personajes ante la idea de grabarse? O, sin haber visto la segunda parte (quizá me equivoque), ¿Por qué son siempre los hombres los que quieren ser grabados, y las mujeres se fastidian? Sabemos que en la vida real, a las mujeres les gusta más filmarse que a los hombres. Y, ¿Es necesario recurrir a tantos trucos narrativos para causar el impacto que no causa, por ejemplo, una mesa de té que se mueve sola? Y otras…

Pero hay que admitir algo: “Actividad paranormal” no es una película para cuestionarse cosas. Después de todo, que se desarrollen actividades de tipo paranormal, da cuenta de que no debemos preguntar aquello que no queremos saber. Sólo resta disfrutarla como lo que es, una película que nos pone nervioso, que intenta mantenernos en alta tensión durante todo su metraje, con escenas que hacen reír y con otras que nos hacen asustar. Pochoclera como pocas, “Actividad paranormal” se ha convertido en todo un fenómeno económico, donde poco se gasta y mucho se recauda. Una película mágica, con un resultado sobrenatural. O algo así. En esta ocasión, narra la historia de una familia (pareja, dos hijas, un amigo tonto, seres imaginarios) que es acosada por la misteriosa presencia de Toby, que interactúa noche a noche con una de las niñas, le cuenta secretos y le pide que a cambio le de algo…

La película se mueve sola, por el simple hecho de que su premisa es creativa y genial. Funciona, porque la idea es buena. Algo así sucedió con “El juego del miedo”, hasta que después de su tercera o cuarta entrega, acabó yéndose por las ramas. Y como la idea es buena, seguramente el resultado sea positivo. No significa que la idea esté, en este caso particular, bien planteada. Hay cosas que son muy buenas, más relacionadas con la creatividad (una cámara giratoria sobre un ventilador), pero otras que no lo son realmente (el terror es muy previsible, todos los momentos que asustan tienen una advertencia previa, ya sea con un sonido, con la atmósfera, con las sombras; la primera entrega, en cambio, sorprende más y, por consiguiente, asusta más en menos ocasiones). Aún así, siendo analizada como un producto divertido para jóvenes, es un trabajo mucho mejor de lo esperado. Nos mantiene en la dulce espera, nos hace pasar un buen rato, ¿Qué más puede esperarse?

Puntuación: 5/10 (Floja)

miércoles, 19 de octubre de 2011

Mi tío de América.


Mon oncle d’amérique.

Crítica.

“Mi tío de América” también tuvo su lugar en la 7ª edición del Festival Internacional de Cine Independiente – Festi Freak, producción dirigida por el eterno Alain Resnais y protagonizada por el multifacético Gérard Depardieu. Una comedia dramática con trasfondo psicológico y sociológico sobre la conducta que adopta el ser humano en condiciones tanto individuales y sociales, que propone una teoría explicada a través de tres historias paralelas dispuestas, como casi siempre sucede, a cruzarse. Por un lado, hombre competitivo que acaba luchando por permanecer en su trabajo; por otro, una militante del partido comunista que quiere ser actriz y un hombre que duda entre seguir siendo ministro o arriesgarse a la escritura. Tres personajes de interés descritos desde sus orígenes y a través de sus características, sus complejos, sus aficiones, sus deseos y todo lo que sirva para fundamentar cualquier tipo de acción.
A media máquina y con una alternancia cada vez menos frecuente (al principio, la película no deja de jugar con sus tres historias; luego, va dándoles tiempo para contar qué tienen que decir), “Mi tío de América” va abriéndose al mundo. Nos encontramos con un muy interesante estudio que habla del ser humano, pero como animal hablante. Estudia sus impulsos, la idea de recompensa y castigo y lo que acabará produciendo en el individuo. Al principio, el paralelismo es sutil; luego, inevitable. Paralelismo que no sólo sirve entre el hombre y el animal, sino también entre el hombre de carne y hueso y el ficticio. El hombre es parte de un experimento constante, en el que se halla sujeto a las reglas de quien con él experimente, y cada uno de los seres humanos de la película está rodeado de personas que los ponen a prueba, tanto profesionalmente como en la vida misma. Pero más allá de eso, de la reflexión, también se toma su tiempo para hablar, con la misma sutileza con la que trata de perro o rata al hombre (en la primera mitad de película, insisto), del sistema capitalista y el impacto que ejerce sobre la comunidad, o mejor dicho, sobre el conjunto de personas que sin su existencia, pueden llegar a ser una comunidad. Individualismo, competitividad, aislamiento, nerviosismo, supremacía, economía, todos pequeños indicios de que una teoría, quizá, no puede sostenerse en otro modelo fuera del capitalismo. Aunque claro, es tan sólo una suposición.
La película hace mucho ruido, tiene muchas cosas para decir, y toma las rutas fáciles para hacerlo (una voz que habla, grita, enseña con desesperación), pero no sé si funciona como nogal. Después de todo, “Mi tío de América” no se queda corta, pero acaba oliendo a poco. Todo cobra sentido, sí, pero con tal inabordable teoría, la representación parece absurda. Finaliza como una comedia dramática deliciosa teledirigida por un espíritu crítico con ínfulas de película de culto, de la que deben rescatarse algunas ideas que dan en el blanco, unos personajes humanamente encantadores y una estética incuestionable. Además, está muy bien filmada, y por ser un caballo rebelde, bien domada. Es que da la impresión de que se utilizan todos los recursos (testimonios filosóficos sobre la neurobiología, escenas de películas antiguas, vidas paralelas) para explicar la vida entre unos y otros, pero acaba fallando. Un experimento ambicioso (es que cuando no es ambiciosa, es perfecta) en el que trata de explicarse la vida como red de hombres, animales y propietarios, emboscado en su propia red.
Puntuación: 7/10 (Notable)

domingo, 16 de octubre de 2011

Los pequeños Fockers.

Little Fockers.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

La saga ha muerto, finalmente. Y no me importa nada si harán una cuarta entrega, porque no está en mis planes volver a cruzarme con Gaylord Focker ni con su excéntrica familia. Si quiero ver a Dustin Hoffman, un actor de primera envuelto en un despropósito, puedo verlo en “El Graduado”, que es una película muy buena, o en cualquier otra de las restantes en su filmografía, que son mucho mejores que las de esta saga. La familia ha sido divertida hace una década, pero ya en la segunda parte, totalmente innecesaria, perdió la gracia. De hecho, “Los Fockers: la familia de mi esposo” era un desastre con la mágica presencia de Dustin Hoffman y Barbra Streisand, que ganaban protagonismo y daban un poco de sentido a un bodrio. Los enredos de esta segunda dimensión de la historia eran, siendo generoso, entretenidos.

Sin embargo, una tercera entrega viene a enterrar una historia moribunda, de esas que ya no tiene sentido continuar. Algo muy similar pasa con “Shrek”, esa “no tan popular” historia sobre un ogro verde que se enamora de una princesa. La primera entrega es una maravilla, con todas las sorpresas que puede ofrecer una parodia de cuento de hadas inmersa en un pantano. La segunda parte, se mantiene gracias a los cruces entre un burro y un gato. La tercera directamente es despreciable. La cuarta no la he visto, pero oigo rumores de que es aún peor. Pero volviendo a los Fockers: la continuación está justificada, aparentemente, por el nacimiento de dos hijos. O mejor dicho, por el crecimiento de dos muchachos cercanos a los cinco años. Mellizos, pero opuestos, tanto en su carácter como en su físico. Sólo tienen en común el no aportarle nada de gracia al trabajo de Paul Weitz, director. Son jarrones que adornan una casa repleta de cuadros y retratos pasados.

La verdadera protagonista de “Los pequeños Fockers” es, dirán muchos, “una bebota” llamada Jessica Alba. Su (muy bien logrado) rol de idiota viene a interponerse en una relación amorosa madura y es causante de algún malentendido para finalmente perderse en la neblina. Así lo hacen también los hijos de Gaylord Focker, que según el título son los protagonistas. La esperanza en estas películas es la temerosa relación entre Focker y su suegro, pero acá, entre guiños, desconfianza y ataques, se pierde completamente. Ya no mantiene los mismos códigos de sus antecesoras, y late sin demasiado sentido. Completamente inerte, sin nada de gracia ni contenido, está al borde del colapso. Por suerte, diremos muchos. En estos casos, la eutanasia no debe negarse bajo ningún punto de vista.

Puntuación: 2/10 (Mala)

sábado, 15 de octubre de 2011

El secreto de Vera Drake.

El secreto de Vera Drake.

Crítica.

Hace un tiempo hablaba de “Secretos y mentiras”, esa extraordinaria película de Mike Leigh donde, en un entorno familiar, se gestaba un conflicto que ni ellos mismos parecían comprender. La mencionada película formó parte de una tendencia más “familiar”, que completaría en la actualidad con “Un año más”, actualmente en varias carteleras de cine. Ambas excelentes, dicho sea de paso, y destacadas en la esfera de lo familiar. Por otro lado, sorprendió con “La felicidad trae suerte”, un drama tan divertido que parecía no serlo, en el que se enfocaba en un costado más profundo del ser, sin importar su conexión con la familia o el mundo. Y finalmente, un tercer Leigh, que fue el social (el Leigh de los 90s), esfera en la que se destacó “Naked”. En este cine, se interesaba en las problemáticas que afectaban a los trabajadores británicos en un determinado momento histórico. Habiendo analizado estos tres rostros de Mike Leigh (una división tajante y muy a grandes rasgos), podemos decir que “El secreto de Vera Drake” es, junto a “All or Nothing” y a “Topsy-Turvy”, la propuesta más ambiciosa del director. Quizá, porque son trabajos que comprimen varias facetas de este director: combinan lo humano, lo familiar y/o lo histórico. Vera Drake es una mujer con un concepto particular de la felicidad, que vive para su familia, y que trabaja para poder acceder a un plato de comida en la ciudad de Londres de 1950.

Y es más que fácil incurrir en el desastre cuando se pretende lograr enamorar al espectador en dos horas repletas de gris, con una mujer tan sencilla como Poppy, o tan abierta como Cynthia, pero se logra. Vera Drake es un personaje entrañable, bondadoso y con muy buenas intenciones; quizá algo ingenua, pero dada al resto de las personas que la rodean. Y parte del logro de Mike Leigh es alcanzar una construcción tan realista de un personaje; de hecho, probablemente sea el mejor personaje que haya construido este director. Construcción que se complementa con la habilidad de impactar al espectador con una temática tan fuerte como la del secreto de Vera Drake. La película no podría ser lo que es sin la grandiosa Imelda Staunton, a la altura de las más gloriosas intérpretes de la historia del cine. Su personaje, que podría compararse con el de Charlize Theron en “Monster”, es único, y cuenta con una gracia por momentos amena, y por momentos perturbadora. Excelentísima creación de Vera Drake.

Si tuviéramos que hacer una lista de las cinco cuestiones más polémicas a nivel mundial, ésta sería una de ellas. Y crear la película más polémica sobre uno de los cinco temas más polémicos a escala mundial, puede ser difícil de sostener. Pone en tela de juicio la relación de la “mujer con necesidades” y “el crimen”, analizando las intenciones de quien comete el acto delictivo, pero cuestionando también que sea llamado “acto delictivo”. No nos muestra una mejilla de esta gran problemática, sino que se encarga de dejar en claro que es imposible dar por sentado que hay crimen o no ante tantas variables en juego. ¿Hay necesidad de cometer ese crimen? ¿Hay responsabilidad por parte de “victimarios” y “víctimas”? ¿Cuál es la pena que merece alguien por homicidio? ¿Es homicidio? Y entre tantas preguntas, una conclusión: Mike Leigh es todo un artista, y ofrece un retrato único sobre una mujer de familia acorralada por su propia ideología del crimen, que bien puede ser perfecto o no, como la película en cuestión, pero que está hecho con amor. Y cuando algo está hecho con buenas intenciones, cuando algo tiene alma, la bendición no tarda en llegar.

Puntuación: 9/10 (Excelente)

martes, 11 de octubre de 2011

Destino final 5.

Final destination 5.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Steven Quale propuso un nuevo juego: mientras todas las demás películas sobre los finales inevitables se mataban por ser la peor película de la saga, “Destino Final 5” luchó por ser la mejor. Y muy probablemente lo haya conseguido, alcanzando la calidad de la primera. Porque durante una década, y cada tres años, el lanzamiento de una película suponía la reiteración de los mismos códigos de la versión previa, con las intenciones de ser mejor y los resultados que la dejaban mal parada. Y así, de mal en peor, la saga fue perdiendo brillo, estilo, magia. El factor sorpresa, cada vez más ausente. Todas las películas estaban aferradas a un esquema, lo respetaban al pie de la letra, y como un episodio, tenían principio y fin. No dejaba nada más que una hora y media de sobresaltos, crispaciones y algún que otro momento de asco, dependiendo de la circunstancia. Pero Quale se encarga de que la película no deje indiferente ni vacío a nadie, que tenga un sentido más allá de sí misma.

Siguiendo el mismo estilo, aunque con todas las maneras habidas y por haber de crear un “3D effect”, el evento inicial (muy mal hecho, a decir verdad: me recuerda al inicio de “Más allá de la vida”) origina una serie de muertes inevitables, y el grupo de sobrevivientes al acontecimiento inicial intenta burlar a la muerte. Las desgracias no tienen la complejidad de antes (no son ¡TAN! encadenadas, es decir, no hay un objeto que active otro, que empuje otro, que caiga sobre otro, que…). Son más bruscas, repentinas, algo que le añade algo que otras películas de la saga no han tenido: terror. Luego, el humor sutil adolescente/adulto, los debates morales, que acá son el pan de cada día, pasan a segundo plano. Y ni hablar algunas ridiculeces y ocurrencias bobaliconas, como la palabra “presage”, el color de piel del “ángel negro/de la muerte”, que le restan un poco de seriedad. Son pequeñas cosas que te hacen reflexionar si son en serio, si simplemente son una broma, o si es una ilusión óptica que te está dañando las pupilas. En general, toda la película es tan tonta como el resto del quinteto, y no es nada de otro mundo. Simplemente, ante tanto fracaso en los últimos años, ésta es una oferta alternativa y mejor de lo que puede esperarse.

Evidentemente, “Destino Final 5” homenajea una gran idea (es como una especie de fiesta en tributo a diez, once años de terror-predestinación-sangre-evolución tecnológica), reiterada más veces de las debidas, pero con desgracias interesantes (ojo, hay algunas que son de terror, en el mal sentido). Los créditos finales guardan una sorpresa relacionada con ésto, algo que seguramente todos disfrutarán en tres dimensiones. El final, en sí, está demasiado explicado (hay minutos de más). Pero le da sentido a la película, a la saga en cuestión, y rompe con la estructura que encerraba a las otras películas en sí mismas.

Puntuación: 5/10 (Floja)

domingo, 9 de octubre de 2011

Damas en guerra

Bridesmaids.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Hay películas que demuestran que aman a sus personajes, y ésta es una de ellas. Porque “Damas en Guerra” no puede ser lo que es sin la variabilidad de personalidades que pueden encontrarse en un quinteto de mujeres comiquísimo, dispuestas a acompañar a “La Novia” en uno de los acontecimientos más importantes de su vida: su boda. Éstas no tienen la experiencia de Katherine Heigl, pero sí tienen mucho más orgullo, cosa que comienza a marcar grietas en algunas relaciones de amistad que llevan mucho tiempo y muchas cosas vividas. El orgullo por ser “la mejor amiga”, la incondicional, la eterna, pone a competir a dos mujeres. Una, la “amiga clásica”, que hoy en día está desapareciendo. Es la amiga de la infancia, la que ha oído de novios y amoríos, la que ha estado cuando un abuelo se va. La otra, es la “amiga genial”, la sensual, la divertida, la adulta y, por qué no, la rica. Ellas dos harán lo que esté a su alcance para… ¿Para qué? Para demostrarse a ellas mismas quién es “más que quien”. Aunque en esta competencia, comenzarán a demostrarle a “La Novia” cuál es la que realmente vale, o si alguna de las dos vale lo suficiente para ser su Dama de Honor.

Estamos frente a una comedia de dos horas, que (gracias al cielo) evita bastante el romanticismo (aunque siempre cae en él, es inevitable); no diré que es atípica, porque no lo es, pero sí tiene distintos tipos de comedia. Desde la comedia de los egos encontrados, pasando por la comedia del fracasado, hasta la comedia sexual. Veremos que, en los tres casos, siempre hay un hombre en el medio. Principalmente en la comedia del fracasado: el protagonista es un hombre incapaz de conquistar a una dama a la que ama. Acá, es una mujer la que cree haber tocado fondo, pero que aún no se ha enfrentado a sí misma para descender aún más. Y es esta misma mujer la que quiere conquistar al hombre de sus sueños. “Damas en Guerra” quiere plantear que “el perdedor” es él, cuando en realidad, es ella la que reúne todas las condiciones y todos los requisitos para ser una perdedora con todas las letras.

En la otra esquina del ring, la adinerada y sensual que tratará de despreciarla. Y los choques constantes, batallas encarnizadas que darán forma al resto de la historia. ¿En el medio? Otras tres damas de honor que echan leña al fuego, algunas mejores que otras (Wendi McLendon-Covey supera a cualquier otra, totalmente desaprovechada), pero que van solidificando una película con todas las posibilidades de caer en el convencionalismo o, peor, en el fracaso, sacándola a flote en todo momento. Decepcionan los últimos diez minutos finales, fugaces y poco resueltos, como buscando acortar metraje, aburrir menos y conformar a los espectadores. Lo logra todo, igualmente. La película nunca se hace larga, nunca se hace aburrida y seguramente todos la encontrarán agradable. Porque es éso, ni más ni menos: una guerra de egos donde todos ponen en juego lo que mejor tienen para ganar un juego que no existe. Paul Feig, director, juega con lo suyo. Y no le va nada mal.

Puntuación: 7/10 (Notable)

sábado, 8 de octubre de 2011

Las diabólicas.

Les diaboliques.

Crítica.

Y siguiendo con la 7ª edición del Festival Internacional de Cine Independiente – Festi Freak, se ha proyectado en la muestra internacional la película “Las Diabólicas”, de Henri-Georges Clouzot. El director de “Manon”, película que considero la mejor de los pocos trabajos suyos que he visto, nos ha regalado una experiencia que combina muchísimos géneros, desde el thriller, el terror, el suspenso y hasta la comedia. “Las Diabólicas” comienza in medias res: dos mujeres están vinculadas amorosamente a un hombre, y los tres trabajan en un colegio. Pero en lugar de mostrarse la lucha entre “la mujer y la amante”, se muestra la unión (y la fuerza que la sucede) entre ambas para vengarse por el engaño del hombre de sus vidas. Planean cometer un asesinato, pero esta premeditada misión les costará el regalo sagrado de la tranquilidad y la paz, volviéndolas paranoicas y perturbando la dinámica de sus sencillas vidas ante cualquier movimiento o acontecimiento que ocurra.

Una película capaz de transmitir, a más de medio siglo de su estreno, mucha tensión. Y es algo difícil, ya que el género del suspenso y el terror ha evolucionado a lo largo del tiempo, y este tipo de historias ha sido mostrado hasta el cansancio. Sin embargo, pese a volverse previsible al final (un cartel que ruega que no contemos el final suena un poco tonto a estas alturas), el desarrollo está muy bien organizado. Las diferentes personalidades entre las dos mujeres cobra sentido a lo largo de la película: mientras tanto, se ve como una herramienta esencial para darle forma al trabajo en cuestión. “Las diabólicas” me recuerda mucho a la película “Criaturas salvajes”, con Rachel Weisz, por el modo de implantar sensación de misterio en una historia con tintes de ridículo y en clave de comedia. Pero la francesa es aún mejor: tiene más vueltas de tuerca y es mucho más seria. Un trabajo medido, bien pensado y bien actuado.

Mención especial para Simone Signoret, cuya presencia en escena no deja de ser enigmática en ningún momento. Sus rostros y sus gestos, su frialdad, la destacan sobre el resto. Cosa que no significa que Véra Clouzot se vea opacada por ella. También, con una actuación distinta pero muy bien construida, logra ponerse a su altura, y juntas se potencian. Las escenas que comparten son ácidas y divertidas, inclusive en momentos donde la diversión parece estar lejos de las situaciones que van ocurriendo. El resto del elenco está muy bien, y rellena dos horas que pueden parecer demasiado largas. ¿Por qué? Porque tantas vueltas de ingenio a veces parecen ser excesivas, y comienzan a ser vueltas de tedio. Hay momentos irrelevantes, principalmente en la primera mitad de película: luego, el espectáculo se vuelve mucho más dinámico y gana más poder a la hora de hipnotizar al espectador, que sale conforme.

Puntuación: 7/10 (Notable)

viernes, 7 de octubre de 2011

Quiero matar a mi jefe.

Horrible bosses.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Cuando la sociedad, en su máxima o en sus mínimas expresiones, se organiza a través del verticalismo, el mal humor comienza a rebalsar, algo que trae aparejada una sensación de odio profundo sobre aquellos con el poder o autoridad suficiente para manejarnos a su antojo. Acá, “Quiero matar a mi jefe”, juega con ese sentimiento y lo libera. De alguna manera, muestra la rebelión de los que, en la vida real, han perdido. Quentin Tarantino les ha dado la chance a los judíos de vengarse y Seth Gordon les da las armas a sus empleados para matar a sus jefes. Aunque todos sabemos que en el mundo en que vivimos, estas cosas (que, ojo, no están lejos de ser reales) no suceden de forma constante. Está bien. Sí, suceden. Pero éso no quita que el poder lo sigan teniendo los jefes. Así, este trío de empleados (Jason Bateman, Jason Sudeikis y Charlie Day) le pagan a un presunto asesino a sueldo (Jamie Foxx) para exterminar a sus jefes. Sin embargo, por esos malentendidos de la vida, los que deben hacerse cargo de limpiar a los jefes (Kevin Spacey, Jennifer Aniston y Colin Farrell) son ellos mismos.

La película es una comedia recomendable. Tiene situaciones muy buenas, protagonizadas –en su mayoría- por Kevin Spacey Jennifer Aniston y Jamie Foxx: no es demasiado inteligente pero es divertida. Los jefes se destacan en sus correspondientes roles, aunque sin dejar que se luzca un casi imperceptible Colin Farrell. Los empleados, en cambio, no son exprimidos al máximo, como debe ser. Están todos en una igual medida, como una pequeña comunidad de ebrios inmaduros e idiotas que te sacan un par de risas. Sí, gracias a Kevin Spacey, Jason Bateman logra que te diviertas un poco más que con los otros “pobres desgraciaditos”, que al menos tienen trabajo, mientras una gran parte de la población mundial no lo tiene.

Está lograda, dentro de los parámetros de su trama. Aunque falta la sensación de camaradería que la haría mucho más emocionante, y quizá, aún más disparatada. Igualmente, la película sabe manejar sus virtudes más en el género de la aventura criminal, de tres esclavos intentando liberarse a través de la superación de obstáculos que no son más que su propia estupidez. Lo que parece no saber manejar es el tiempo. Hay una introducción demasiado larga (de prácticamente 40 minutos, sobre un film de 90) que muestra a tres jefes agresivos e insoportables (geniales 40 minutos), pero el movimiento llega demasiado tarde. Cuando llega el momento de los empleados, la gracia ya ha pasado. Sólo resta engancharse con “lo que resta” para ver de qué forma esta pequeña comunidad desgraciada logra desatarse de sus infortunios y logra llegar al poder por la fuerza, que es lo que todos, inconscientemente, queremos. Una comedia que habla del trabajo sin atreverse a tocar temas más profundos que “el odio a los jefes” y que por guardar un bajo perfil acaba siendo mucho más efectiva de lo que se espera.

Puntuación: 6/10 (Buena)

miércoles, 5 de octubre de 2011

El árbol de la vida.

The tree of life.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Desde la creación del universo hasta la concepción de un hombre nuevo, desde lo universal hasta lo microcósmico, “El árbol de la vida” (última ganadora de la Palma de Oro en Cannes, con un estilo narrativo semejante al de “El hombre que podía recordar sus vidas pasadas” de Apichatpong Weerasethakul), es la idea que condensa el evolucionismo darwinista con la presencia de Dios en la vida de las especies, de la tierra y de los hombres, y el amor (factor fundamental) que abarca todas estas cuestiones. Está narrada en dos dimensiones: una que resulta de un extensísimo proceso (pre)histórico, y otra que se ubica en un hogar de clase media a mediados del siglo XX. Con estas dos historias, que se funden en un compuesto poco convencional, se da forma a la película de hoy, dirigida por Terrence Malick (“La delgada línea roja” y “El nuevo mundo”). Aclaro que este sujeto no es santo de mi devoción, pero admito que “El árbol de la vida” es, sin lugar a dudas, la mejor película que ha hecho. Tomándome el atrevimiento de enfrentarme a sus primeros trabajos, he llegado a la conclusión de que con su último trabajo, entrega un producto mucho más detallado, reflexivo y por momentos conmovedor que los anteriores. Un plano tan bien descrito, que impide que las construcciones, pese a sus extrañas e insostenibles formas, no se derrumben nunca.

Un trabajo osado que muchos han tildado de pretencioso, aunque personalmente me inclino a llamarlo alternativo, diferente. Hace uso de los recursos visuales para divertirse dentro de su (presunta) ilimitada libertad, concepto del que se hace mención en la película, con un personaje que cree ser dueño de la vida, de la libertad, y que cree que su libre albedrío no tiene fronteras. Hace hincapié en varias cuestiones: la calidad visual y el esplendor de su representación de la formación del mundo, el tono lírico con el que describe a la vida y a la muerte, el simbolismo (cuya importancia no está ligada a las referencias, es decir, a entender algo relacionándolo con otra cosa, sino a la repetición del símbolo a lo largo de la película), los paralelismos y las asociaciones, las dualidades, además de la acción propiamente dicha. Todo es importante en el universo del cineasta, principalmente la oposición de dos ideas totalmente distintas entre sí. Vemos personajes o acontecimientos a una misma altura, pero con una idea diferente del mundo. Existe un paralelismo entre ellos, pero también existe una enemistad, una discrepancia ideológica. Veremos entonces, a través de imágenes o diálogos, el ascenso-descenso, la vida y la muerte, la naturaleza y la gracia, la libertad y la restricción, representada en distintas figuras, en distintos momentos de la historia, y vinculadas (sobre todo) a circunstancias concretas que justifican, como corresponde, una idea o concepto. Y entre todos los personajes o sucesos, establecemos asociaciones según lo que tengan en común unos con otros, entendiendo (por ejemplo) el origen del mundo y la educación de un niño que no comprende...

Es una película interesante, con una mirada particular del universo. El diálogo y la acción pasa a segundo plano, predominando los soliloquios, los susurros y las miradas. Dentro de ellas, podemos destacar (siempre en lo dramático: en el resto, la película es sobresaliente, imponente, sorprendente) dos escenas muy profundas, una que une los sonidos de dos instrumentos musicales, y otra en la que un personaje pide ser golpeado a otro en respuesta a un error cometido. Dos momentos maravillosos que nos acercan a una resolución perfecta, que (a diferencia del resto de la película, donde se celebra la vida) celebra la muerte (como sucede en “Underground”) en una escena bellísima. En conjunto, es una película compleja, nostálgica, simbólica y humana (una “Rabbit hole” cósmica). Cuestiona (los interrogantes del hombre ante la presencia de Dios), relata (la vida de una familia y la diferencia a la hora de enseñar el mundo) y recuerda (el origen de todos nosotros y todo lo que nos rodea), pero todo lo hace con suma inteligencia, con ambición y con coherencia. Tiene sus fallas: querer explicar un evento pequeño desde el origen del universo, pero omitir el origen de otros pequeños acontecimientos, o excederse en reflexiones que suenan incoherentes, que son palabras sueltas con un sentido cerrado en sí solo, además de ubicar momentos de impacto emocional cuando el espectador aún no acaba de conectar emocionalmente con sus personajes. Pero luego, el profesionalismo de su elenco compensa la fuerza dramática desperdiciada con actuaciones memorables y escenas exquisitas. Además de la audacia del director, que compensa tantos años de espera, tantos minutos de incertidumbre, tantas dudas, tantos momentos de confusión, con un árbol de la vida que quedará en el recuerdo de muchos como una epopeya de la civilización, de la creación, y de todo lo que el tiempo y el espacio han resguardado en el medio. Gran película.

Puntuación: 8/10 (Muy buena)

lunes, 3 de octubre de 2011

El estudiante

El estudiante.

Trailer en su version original.

Crítica.

Y se inauguró el 7º Festival Internacional de Cine Independiente – Festi Freak el día Viernes 30 por la tarde, trayéndonos al público la película “El Estudiante”, de Santiago Mitre, una extraordinaria reflexión política que, por fortuna, no hace ningún tipo de mención concreta en tiempos de elecciones a ninguna personalidad política real, sino que se maneja en el plano de la ficción, con tintes documentales, y narra la historia de una forma generalizada. Es decir, nos regala un ensayo sobre la poderosa influencia que ejerce la política en la juventud, tomando como universo la facultad y mostrando con humor sutil y pasión los diferentes movimientos divergentes y convergentes que rigen, como si de placas tectónicas se tratara, el mundo del interés, de la traición, de los pactos, de las alianzas, de las estrategias, que en un amplio conjunto constituyen la política de hoy. Escrita y dirigida por Santiago Mitre, esta película tiene un espíritu crítico apasionado, que se ve más allá de su correcta realización: se ve en la intención de los personajes más revolucionarios, no dispuestos a rebelarse contra los que gobiernan, sino contra un sistema nacido en el retorno a la Democracia, que no termina de ser transparente y que, por cualquier maniobra, acaba por poner a las mismas personas al poder.

El protagonista se traslada desde el interior hacia la ciudad de Buenos Aires, hecho para nada atípico en nuestro país, que supone un completo cambio de vida. La noche en Buenos Aires nunca se queda quieta, y la tarde mucho menos, por lo que Roque, nuestro personaje principal, debe acostumbrarse. Ese proceso parece ser demasiado veloz, casi imperceptible, o mejor dicho, “desafortunadamente casi imperceptible”. Rápidamente comienza a notar que las discusiones, el poder, el discurso, la ideología, son aspectos que lo rodearán desde que llega a la ciudad, cosas que brotan de la nada. Roque comenzará a notar que en todas las esquinas de las calles, que en todos los salones de la universidad, que en el lugar donde está viviendo, la política florece en cualquier tipo de expresión, y que se llega a ella a través de charlas que, a priori, no tienen nada que ver. Esta intensidad con la que es retratada la política, ya sea desde las fuertes discusiones en torno al poder que se generan, o el vértigo (y el humor) que se vive en tiempos de elecciones dentro de la universidad, es la que magnéticamente convoca a Roque a familiarizarse con la idea.

De alguna forma, “El estudiante” propone que lo político hace al mundo andar, y que la pasión política puede más que la pasión por otro ser humano. Claro, acá no aparece una pelota de fútbol. Pero es sumamente interesante el retrato de ambiciones y traiciones que se realiza, y como Roque va creciendo, va aprendiendo de qué se trata la política. Como dice uno de los personajes, “deben saberse las cosas antes de discutirlas”, y Roque dará un paso al frente cuando realmente se sienta preparado para hacerlo. Así, abrirá sus sentidos e intentará percibir mejor las cosas, para asomar su cabeza y comenzar a militar. Recibiendo los aplausos y las bofetadas que merezca según su correcta (o no) acción, su conocimiento le hará avanzar hacia un final que, con una enorme ambigüedad en su interpretación, es resultado de lo que el personaje ha venido aprendiendo durante casi dos años.

Puntuación: 8/10 (Muy buena)

domingo, 2 de octubre de 2011

Melancholia

Melancholia.

Trailer subtitulado al español.

Crítica.

Lars von Trier me decepcionó con su “Melancholia”, y no precisamente porque fuera mala (de hecho, creo que acabó siendo mejor de lo que podría haber sido), sino porque esperaba otra cosa totalmente distinta. Sin poder ser demasiado exacto a la hora de detallar mis expectativas, dado que sobre Lars von Trier siempre fue imposible hablar de ellas, esperaba que su obra me hiriera, me deprimiera, me aterrorizara. Siempre creí en el fin del mundo, ocasionado por el hombre, y que este cineasta hiciera una película sobre ese tema me generaba muchas ganas de verla. Esperaba sobresaltarme, desesperarme y, quizá, emocionarme. Y no digo que no, muchas de estas cosas las consiguió, pero con cierta debilidad. Sí le alcanzó para desesperar a muchos en los últimos 15 minutos, pero el resto de la película mostró, con su manejo de cámara habitual (tengo un conocido que dice que parece un chico al que le encanta jugar con el “zoom”) el humor de distintos personajes ante circunstancias que ellos consideraban apocalípticas. Desde un personaje que antepone el dinero sobre la felicidad ajena, pasando por otro que antepone el fin del mundo y a su hijo ante todo lo demás, hasta un personaje que antepone la libertad sobre la “vida que debe seguir”.

Este angustioso relato habla del individualismo, del interés personal y de todos los pecados que rodean al ser humano. Con una alarmante aparición de un planeta misterioso que, según los cálculos, pasará cerca del planeta, los personajes (desde la impresión que ésto les genera) irán resolviendo asuntos pendientes y aguardarán el momento en el que el planeta pase cerca de la Tierra, algunos deseando que los cálculos no hayan fallado; otros, tomándoselo con indiferencia. La película narra los cinco días previos al acontecimiento, desde la noche de bodas de Justine y Michael. Divide la trama en dos, algo habitual en el cineasta, con un prólogo bellísimo. Por partes: el prólogo es un resumen de lo que va a pasar, en imágenes simbólicas y en cámara lenta, aunque dándole una atmósfera trágica, haciéndonos creer que estamos más y más cerca de lo peor. De alrededor de siete minutos, los dos mundos (el mundo del universo y el mundo de la familia) se chocan, y con la oscuridad de una noche sin estrellas se nos presenta la primera historia. La de Justine, con las idas y venidas de una noche de Bodas, las tensiones (que están muy bien logradas), los personajes antagónicos, el dolor (emocional traducido en dolor físico) y la resolución. Y la de Claire (una de las mejores actuaciones del año: Charlotte Gainsbourg, bastante superior a la ganadora del premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes), donde conocemos sus miedos, sus impresiones posteriores a la boda, y veremos la evolución de los cuerpos en el cielo, con unas imágenes imponentes.

Un drama psicológico desconcertante, con tres partes totalmente distintas. Sería injusto si dijera que lo mejor de la película fueron los primeros siete minutos, porque toda la película es genial. Sin embargo, se extraña en cada una de sus partes la habilidad del director para generar dudas. Todo está demasiado claro: el impacto del final de cada una de sus partes puede ser mejor, pero el desarrollo se hace reiterativo y a veces molesto. Concluiría en que lo mejor de la película es el modo de resolver cada una de las tres partes: “Melancolía” es incapaz de impedir que el desarrollo de cada una de sus partes se enrede en sus propios discursitos. También las actuaciones y sus personajes, todos muy bien. Y estéticamente, se ve tan hermosa como “Anticristo”. La enorme diferencia con esta última, es que uno puede distinguir entre la locura, la sangre y los animales mutilados a Lars von Trier. Acá, se hace un poco más complicado. Y esa tendencia del año 2011 a “cambiar un estilo clásico” no me gusta.

Puntuación: 7/10 (Notable)