viernes, 23 de diciembre de 2011

El padrino.

The Godfather.

Crítica.

“El Padrino” quizá sea, para muchos, la obra maestra en la historia del cine universal. Y es indiscutible que hablar de ella es, por consiguiente, algo serio. Un ejemplar prácticamente impecable, prolijo, minuciosamente montado por un director prodigioso que comienza a debilitarse en la década del 80, sobre los principales valores morales de una sociedad ortodoxa, sobre lo que implica romper con éstos, y sobre los efectos de la violencia desatada, muchas veces imparable. Y digo ejemplar, porque ha servido como molde para la construcción de muchísimos productos culturales, generalmente inferiores, sobre la dinámica de la mafia en las primeras décadas del siglo XX. Otros han sabido captar las intenciones de un gran director, gran perfeccionista, y han renovado y mejorado aún más su versión, como el caso de la reciente “Un Profeta”, de Jacques Audiard.

Lo que prueba esta película es el sentido de la responsabilidad de un artista como Francis Ford Coppola, quien hasta el día de hoy nos trae películas fabulosas (como la reseñada “Juventud sin juventud”, o “Tetro”), su compromiso con la sociedad como espectadora, y su particular inclinación al clasicismo cinematográfico. “El Padrino” es, sobre todas las cosas, una película clásica que a lo largo del tiempo se ha transformado en un clásico. Y no en vano se la llama obra maestra, porque tiene todos los ingredientes para hacerte sentir todo lo que puedas sentir adentro de un cine, y además, es imposible que deje a alguien indiferente. Su cruda violencia, su perverso sentido del humor y sus impecables caracterizaciones hacen que el conjunto, es decir, el producto final, golpee al espectador, influya en él de muchísimas formas.

Pero me cuesta ver esta película como un entero, quizá por la dimensión que abarca en el campo de la cinematografía. Prefiero recordarla como una escena tras otra, ya que comienza muy bien (el jefe acariciando al gato), y cuando llega un punto en que uno cree que una escena no puede ser superada, arriba otra aún mejor. Y principalmente desde la escena de los naranjos, todo lo que viene detrás (cerca de media hora) pocas veces se ha visto en el cine. Ahora bien, si uno logra encajar todas estas piezas, todos estos rostros, todos estos diálogos, se encuentra con un trabajo excepcional de final desarticulado. Desde esa escena mencionada, todas las escenas que siguen son finales extendidos, que siguen aumentando la calidad de la película (insisto, son cada vez mejores), pero que unidos pierden intensidad. No digo que estas escenas sean innecesarias, porque muchas de ellas son imprescindibles, pero no tratadas como la revisión fugaz de un álbum de fotografías, sino como las ideas principales de una posible gran construcción, más precisa, más homogénea, más amalgamada, que le otorgue a “El Padrino” la calidad de producto final que merece. La de obra maestra.

Puntuación: 9/10 (Excelente)

2 comentarios:

Manderly dijo...

Obra maestra!!!
No hace mucho que he vuelto a ver las tres partes casi seguidas (en un par de días).
Saludos.

Arale dijo...

¡PELICULÓN!
Aunque no puedo ser muy imparcial ya que el género mafiosil es una de mis favoritos...

Por cierto Rodrigo, se te echa de menos en el msn... :-p Me he conectado unas cuantas veces estos dias y no te cojo nunca :-(

Ah! muy chulo el nuevo diseño del blog!

Cuídate. Besos.

PD: Por si no caes, soy Anna la españolita XDXD.