lunes, 10 de enero de 2011

Más allá de la vida.

Una periodista francesa es víctima de un tsunami en el sur asiático y se enfrenta con la muerte para luego volver a la vida algo trastornada, en busca de respuestas. Un niño pierde a su hermano gemelo en un accidente (posterior a un intento de robo), y siente la culpa por no haber sido él quien haya salido en su lugar; buscará, desde su silencio, alguna fuente confiable que aclare sus dudas. Y finalmente, un psíquico capaz de conectarse realmente con el mundo de los muertos decide dejar de lado su labor y empezar un curso, en el que conocerá a la mujer de sus sueños. Son tres historias relacionadas con la muerte, y un destino que las cruzará en el nombre de la literatura. Lo que pudo ser grande, acabó siendo obra menor. Una pequeña falla de Clint Eastwood, uno de los más grandiosos directores americanos, que puede provocar una interminable cantidad de sensaciones. Desde lo personal, desilusión y sed de algo más. Aunque estoy seguro que a muchos les gustará.

Hereafter.



Trailer subtitulado al español.



Crítica.

La incepción de Nolan, que ya viene a ser como una ley dentro del cine, posibilita implantar una idea en el inconsciente de otra persona (o personaje) para que de manera natural (y sin creer que se trata de algo forzado) devenga consciente. Creo que no me queda más alternativa que pensar en que Clint Eastwood, el consagradísimo director de "Sin Perdón", "Cartas desde Iwo Jima", "Gran Torino" y "Million Dollay Baby" (para nombrar cuatro de tantas obras maestras), ha sido víctima de este tipo de trabajitos, por parte de un guión bastante fastidioso, de uno de los guionistas más grandes de la actualidad (Peter Morgan, de "La Reina"). Uno ve las mencionadas cintas y puede observar claramente la mentalidad del cineasta, su estilo no sólo a la hora de dirigir, sino su estilo de vida, sus creencias. Son trabajos mucho más personales, con muchas escenas que parecen rozar una realidad autobiográfica. El problema con "Más allá de la vida" es que, a excepción de una escena dentro de un templo sagrado (que ya es casi una constante en sus más recientes obras), es imposible ver a su director.
Con un forzoso impacto emocional, alguna que otra escena catastrófica genialmente realizada (que son herramientas para hablarnos de señales) y una trama compleja (con historias totalmente distintas dispuestas a entrecruzarse en algún momento, y que lo harán fuera de todo pronóstico -es imposible acusar a esta película de previsible, y éso es buenísimo), quedan conformadas dos horas que no dan lugar al aburrimiento. Es una película divertida, dinámica y las historias están mezcladas de la mejor manera. Lo que hace girar a esta película es la fe. Es cierto que mueve montañas, evidentemente. La película gira. La fe en el más allá, en la existencia de un mundo paralelo (hasta con discurso científico, a cargo de una mujer atea que atiende a Marie y le aclara sus dudas), en el destino mismo. En fin, es más mística que el río, y por momentos hasta parece propagandística. El personaje de Matt Damon, un psíquico que quiere dejar de hablar con los muertos (algunas lecturas, en un punto, son muy poco creíbles), se encarga de vendernos la idea de la película. Es Dios, básicamente (hasta muestra otros psíquicos falsos, para convencernos de que debemos ir a ver al protagonista para hablar con algún fallecido), y todos los que se cruzan con él, salen embobados después de la experiencia. No pueden creer que sea cierto. Lloran, gritan, porque la conexión no sólo ha sido exitosa, sino gloriosa.
"Hereafter" es una película que muy tranquilamente puede hacer M. Night Shyamalan. Es una mezcla de "Señales" con "Sexto Sentido" (bueno, una mala mezcla, acabo de mencionar las dos únicas películas buenas de Shyamalan) sobre el mundo de los muertos, las comunicaciones entre nosotros, el más allá, etc. Es cierto que te deja pensando, es una película con mucho contenido (además de las tres historias principales, hay otras de las que se habla menos, sobre la pérdida y el dolor, que juegan a que alguien se sienta identificado con ellas y acabe llorando, y lo peor, es que ni siquiera tienen un final, o un sentido) y que explora mucho más de lo que parece contarnos. Es bastante similar a "Rabbit Hole", la última película de John Cameron Mitchell, que también habla de otros mundos, de la pérdida de lo que queremos, de cómo compensamos lo que dejamos atrás. Pero "Rabbit Hole" trabaja mejor con los pequeños detalles, con lo sencillo, con lo humano.
Particularmente salí del cine no tan conforme, pero quizá sea producto de mi impacto con algo novedoso. Estamos hablando de un Eastwood irreconocible, que puede significar un pequeño tropezón, o el inicio de un nuevo estilo más popular (la fantástica escena del tsunami, que forma parte de un primer tercio notoriamente superior que el resto) que pueda hacer que el director acabe filmando alguna película en tres dimensiones (¿Por qué no?) para un público más abierto. Creo que no está nada mal actualizarse, ubicarse en "la moda" (porque de ganar se trata, está claro), siempre y cuando pueda encontrarse a sí mismo.
Puntuación: 4/10 (Regular)

Cómo entrenar a tu dragón.

Una sociedad de vikingos debe luchar contra unos dragones que constantemente están invadiendo su territorio para extraer comida. La defensa es violenta, y los más jóvenes entrenan para ser como los adultos: grandes guerrilleros y asesinos que formen parte de la resistencia como en cualquier enfrentamiento. Mientras muchos jóvenes aprenden sobre cómo matar a los dragones, un niño aprende a domarlo, y se hace amigo de un dragón que nadie ha visto: Furia Nocturna. Al estar con él, aprende ciertos trucos y se va convirtiendo en un maestro sin necesidad de matar a nadie. Pero su pueblo lo tomará como una traición, y deberá usar su ingenio para decidir de qué lado está. Nominadísima película a los Premios Annie (cuenta con 15 o 16 nominaciones) de Dreamworks. Una animación que se queda por la mitad, o algo menos que la mitad. No Recomendable.

How to train your dragon.


Trailer subtitulado al español.



Crítica.

Es muy difícil tomarse con sentido del humor una lentísima copia de una de las más grandiosas películas del año pasado, que difícilmente recuerden más de diez personas, ya que ha tenido una pésima distribución. Ésa película es, ni más ni menos, que "Donde viven los monstruos" de Spike Jonze, que (en resumen) narra la historia de un joven muchacho que desobedece las reglas impuestas en su casa y "cruza" unos cuantos paisajes hasta llegar adonde viven los monstruos, una isla implantada en lo más profundo del imaginario colectivo, aquel lugar en el que están ocultas nuestras opiniones sobre, básicamente, aquellos que ponen las reglas. Como he dicho, es una de las más impresionantes metáforas políticas. El problema es que "Cómo entrenar a tu dragón" no tiene la audacia, la técnica ni la inteligencia que ha convertido a "Donde viven los monstruos" en una película placentera y reflexiva. De hecho, tiene muchas intenciones de generar situaciones memorables, un humor negro, negrísimo y una historia compleja que más se parece a una visita al museo (aunque ir es, claro, mucho más divertido) que a una película de acción animada.
No voy a hablar de decepciones u otra cosa parecida. Esta película es de Dreamworks, y con todo respeto, nada de lo que vienen haciendo está siendo bueno. Pero dentro de la experiencia, del duelo entre mis ojos y la pantalla, son pocas las cosas interesantes que he podido sacar de ella, y muchas más las que puedo olvidar.
Por un lado, el humor parece irse de las manos. Entiendo que a veces hay que exagerar para hacer reir, pero esta historia saca lo peor de un humor negrísimo, hasta muchas veces malicioso y ordinario (estamos hablando de algo que tienen que ver niños ansiosos de cinco años). Los momentos más graciosos son muy pocos, y coinciden casi siempre con aquellos momentos en los que la historia no presenta exageración alguna. Por otro lado, el mensaje que quiere transmitir la historia es extraño. No sólo en cuanto a los enfrentamientos entre dragones y vikingos que, claro, son ficticios, sino también en relación a lo sentimental. ¿Qué es lo que atrae a los dos protagonistas? Cuando el muchacho difiere de los ideales de su "especie", nadie lo quiere y la muchacha lo ignora y hasta lo maltrata porque no es capaz de matar a una mosca. Cuando su inteligencia logra ir al origen del mal (que viene a ser un bicho raro que traga dragones, imagínense) hay que exterminarlo, para alcanzar el verdadero amor. Como Kick-Ass, voy a tener el amor si salgo a matar a los malos y a hacer justicia. ¿Alguien sugiere otra explicación?
La audiencia parece contar con el predominio de la juventud. Yo no lo creo así. La película no parece estar hecha para niños. Tampoco hecha para adultos ni ancianos. Parece, más bien, estar hecha para los mismos realizadores, para la cruel "recaudación". Más, considerando que han hecho en 3D una película donde las tres dimensiones no son estrictamente necesarias. ¿Qué me hace pensar en que la película no tiene destinatario? En que sus personajes, al menos éso creo yo, no son atractivos para personas de ninguna edad. Creo que ni a los cinco años, diez, quince, hubiese tenido ganas de ver esta película. Mucho menos ahora. No hay nada emocional, nada que me de ganas de mezclarme entre ellos (como sí con los monstruos de Spike Jonze).
Las tres cosas más destacables (si se quiere) son, por un lado, los enfrentamientos entre dragones y vikingos (principalmente el primero, repleto de la oscuridad de la noche, muy bien creado); por otro, el personaje del padre del protagónico (un viudo rudo y necio, que parece ser el personaje más logrado), con (creo) la voz de Gerard Butler. Finalmente, las voces. Si hay un pleno acierto de la película, son quienes ponen su voz para intentar dar vida y así resucitar a estos muertos personajes.
Puntuación: 4/10 (Regular)

127 horas.

Aron va a pasar un fin de semana en Utah, a fotografiar los desérticos y extensos paisajes y a disfrutar de la naturaleza. Nadie sabe adónde ha ido, pues es un sujeto independiente cuya vida parece estar demasiado separada del mundo y de la gente. En su soledad, tiene un accidente en un lugar prácticamente enterrado, tras el que su brazo derecho queda atrapado por el peso de una roca. Deberá administrar sus alimentos, usar herramientas para escapar y ver pasar los días de sol y lluvia en medio de la nada. Basada en una historia real y dirigida por Danny Boyle (Slumdog Millionaire, La Playa), "127 horas" es una película con un atractivo muy particular y con un actor de primera. Recomendable.

127 Hours.


Trailer subtitulado al español.





Crítica.

Si hay algo totalmente destacable de la película es la musicalización. Una perfecta y compleja mezcla de canciones y melodías que un freak como Aron (el protagonista de esta historia) puede llegar a tener a modo de PlayList en su reproductor de MP3. En un viaje de estos, siempre hacen falta estas combinaciones explosivas para matar el aburrimiento. Claro, no sólo el del protagonista, sino para impedir que el espectador y testigo de su historia acabe aburriéndose. La historia, en sí, no es aburrida en lo absoluto. Pero claro, estar 127 horas anclado en el medio de la nada puede sonar algo tedioso. La música es, entonces, una de las encargadas de hacer de nuestro viaje algo mucho más placentero de lo que puede sonar la soledad, la culpa, el temor y la muerte.
Danny Boyle ha ganado (o arrasado) hace dos años, en la ceremonia de los Oscar, con su gran película Slumdog Millionaire. Básicamente, una historia de amor y superación a partir de condiciones desfavorables (como lo es, claro, la pobreza en India), que al acabar sólo genera  al espectador ganas de querer aferrarse a la vida. Crea obras cinematográficas que hace años han dejado de hacerse, de esas que transmiten una emoción plena, que erizan la piel. Y además, hace que el espectador se entregue a sus creencias, a su propio cuerpo, y que ame su propia existencia. Los contrastes entre la alegría y la tragedia son sutiles, barnizados por una gama interminable de colores brillantes y otros oscuros, y conducen la electricidad y el vértigo de modo inexplicable. Pero, volviendo al eje principal, que es su más reciente película: estos contrastes son demasiado notorios, incluso bastante agresivos. No significa que esté mal tomarse la desgracia con humor (algo que muchos criticaron de la citada triunfadora), pero a veces es demasiado (no está mal el espectáculo imaginario que permite interactuar a la figura de Aron con el conductor del mismo, en el que se oyen aplausos y risas -y que arranca algunas al espectador, claro, pues es un oasis en medio de tanta tensión en el que hasta el mismo personaje quiere sumergirse- pero mostrar la necesidad de tomar un refresco con una serie de imágenes "refrescantes" roza lo perturbador, lo obsceno).
La película es original. Tiene que serlo, está obligada a ello, o mostrar 93 minutos de un cuerpo atrapado en el medio de la nada puede convertirse en un fracaso. Y esta presunta imposición acaba siendo algo mucho más espontáneo. No hay nada forzoso, todo es natural. Es una excursión demasiado real que permite una mejor inmersión en la vida del personaje y en su peripecia. Mezcla deseos e ilusiones, con recuerdos, con pequeñas fantasías y sueños, con sucesos que ocurren de manera simultánea y con, claro, su cruel realidad. Ésa es, nada más y nada menos, que la configuración de una hora y media de entretenimiento (y sufrimiento) dirigida por Danny Boyle.
El sentido del humor (negro) y la sensaciones del personaje (desde la culpa por no atender el teléfono, el arrepentimiento por no haber dicho adonde iría) van interactuando a lo largo de la película. Uno puede introducirse en la mente del protagonista y más o menos sentir muchas de sus emociones. Sin embargo, todo esto (la comedia, la tragedia, la reflexión) acaban en una resolución decisiva y previsible, por supuesto. Ahí es donde el director juega con todos sus recursos, con sus trampas "millonarias" e impone una fuerza de altísima tensión. Son escenas repulsivas, adrenalínicas que apenas atraviesan la línea que, imaginariamente, divide lo necesario de lo innecesario. Pero se contiene y prolonga hasta una conclusión más pacífica, con un final interesante (que no está a la altura del resto) y con ciertas oraciones de más.
James Franco realiza una actuación imponente. Está, claro, ayudadísimo por las cualidades de la historia y de su personaje (es un papel riesgoso que recuerda por muchos aspectos, también en el campo de las historias reales, a Chris McCandless, o "Alexander Supertramp" de "Hacia rutas salvajes", un sujeto que en los 90s se aleja de su casa y familia para conectar de lleno con la naturaleza durante un tiempo, aunque lo natural le juega una mala pasada y no lo pasa nada bien) pero aún así ofrece la interpretación de su carrera, y una de las más destacables del año. Es una película imperdible que, pese a jugar con el público (principalmente con un guión tan bueno como pícaro), da verdaderas ganas de valorar lo que se tiene.
Puntuación: 7/10 (Notable)